Expertos internacionales advierten en el Congreso Aapresid sobre el desgaste extremo de la tierra.
Buenos Aires, mércoles 12 agosto (PR/26)–Durante décadas, los campos argentinos sostuvieron una producción envidiable gracias a su fertilidad natural. Sin embargo, ese modelo extractivo comenzó a pasar una factura preocupante: estamos debilitando la resiliencia de la agricultura al consumir sus nutrientes esenciales.
El alerta resonó con fuerza durante la XXXIV edición del Congreso Aapresid, donde especialistas de escala mundial advirtieron que la tierra está al límite, aunque remarcaron que aún estamos a tiempo de revertir este deterioro.
El fantasma del déficit nutricional: nos estamos comiendo el fósforo
El especialista brasileño Leonardus Vergütz explicó que la extracción continuada de minerales redujo drásticamente la sustentabilidad del sector, ya que el país figura entre los que poseen las menores tasas de reposición de fósforo.

En los últimos 30 años se han extraído más de 4,5 millones de toneladas de este elemento clave, dejando un saldo sumamente negativo que atenta de forma directa contra la materia orgánica y la estructura del suelo.
Para dar vuelta la página, Vergütz propuso aplicar con rigor la regla de las 4 Rs de la nutrición: identificar con precisión qué nutriente se necesita, en qué dosis exacta, en qué momento justo y mediante qué forma de aplicación.
Salud del suelo y resiliencia: la mejor defensa contra el clima
Por su parte, la investigadora estadounidense Cristine Morgan destacó que un buen manejo agronómico es la herramienta más eficaz para generar un escudo protector ante los desafíos del cambio climático.
Entre las acciones fundamentales para recuperar la salud vital del recurso, la experta recomendó evitar la perturbación física, garantizar raíces vivas todo el año, proteger la superficie y sumar diversidad vegetal e integración ganadera.

Asimismo, enfatizó que para escalar estas soluciones a nivel continental es clave medir indicadores precisos como el carbono orgánico y la capacidad de retención de agua, demostrando que la salud del suelo equivale directamente a estabilidad productiva.
















