Especialistas del INTA revelan el poder oculto bajo la superficie en el sudoeste bonaerense. Una investigación clave demuestra cómo esta pastura estratégica se adapta a la escasez de agua, inyecta carbono y sostiene la producción en ambientes semiáridos.

 

 

 

 

 

 

 

Bueno Aires, domingo 15 de junio (PR/26)–En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde el cielo suele ser mezquino y las lluvias llegan de forma irregular, los productores ganaderos enfrentan un reto que se repite cada temporada: cómo sostener la producción de alimento para el ganado.

En este escenario complejo, una planta rústica y noble se consolida como la aliada perfecta.

Hablamos del agropiro alargado, una especie estratégica para los sistemas ganaderos extensivos que esconde su mayor secreto allí donde nadie lo ve, bajo la superficie.

 

Ranquel, el nuevo agropiro del INTA

 

Un equipo de investigadores del INTA, en colaboración con la Universidad Nacional del Sur, decidió excavar para entender el verdadero éxito de esta pastura en ambientes semiáridos.

Analizando campos en Villarino y Patagones, llegaron a una conclusión contundente: las raíces son el motor invisible del sistema productivo. No solo sostienen la planta, sino que determinan por completo su capacidad para captar agua, acumular reservas y mantener la estabilidad de todo el establecimiento.

 

Una estrategia subterránea contra la sequía

 

El estudio arrojó datos sorprendentes. El agropiro logra mantener una masa subterránea impresionante y sumamente estable, promediando unas 14 toneladas de raíces por hectárea hasta chocar con la tosca.

Lo fascinante es que este volumen no cambia significativamente entre un campo y otro, lo que demuestra que la planta prioriza con firmeza el desarrollo de su sistema radicular como un mecanismo de supervivencia clave para asegurar el suministro hídrico en épocas críticas.

Pero la verdadera genialidad de esta pastura radica en su plasticidad radicular, es decir, su habilidad para moldear su arquitectura subterránea según el agua disponible.

El monitoreo reflejó que el 62% de las raíces se concentra en los primeros 20 centímetros del suelo. Esta distribución superficial es perfecta para absorber de inmediato las lluvias ligeras y eventuales, típicas de las regiones secas.

 

 

 

Esta adaptación cambia según la zona. En Patagones, donde el agua es aún más escasa, la planta aprieta sus raíces contra la superficie para no perder ni una gota de humedad.

En cambio, en Villarino, donde el perfil lo permite, el agropiro se anima a explorar las capas más profundas. Esta flexibilidad es lo que le permite sobrevivir y seguir produciendo donde otras pasturas fallarían.

El rol clave del manejo humano

 

Al analizar cómo trabajan los productores, los técnicos del INTA encontraron un abanico enorme de estrategias.

No hay recetas únicas: se usa desde siembra directa hasta labranza convencional, con fechas y densidades muy variadas. En el pastoreo pasa algo similar, con intensidades y tiempos de descanso sumamente diversos.

Lejos de ser un problema, esta disparidad dejó a la vista la tremenda resiliencia del agropiro, capaz de tolerar esquemas de manejo muy diferentes e incluso subóptimos.

Sin embargo, el potencial máximo se alcanza con buenas prácticas. Respetar los tiempos de implantación, cuidar las fechas clave y, sobre todo, evitar el sobrepastoreo, son decisiones que permiten lograr un sistema de raíces mucho más robusto. Cuidar lo de abajo es la única garantía de tener pasto arriba de forma sostenida.

 

Sembrando fertilidad para el futuro

 

Los beneficios del agropiro van mucho más allá de llenar la panza de los animales. Al desarmar su entramado bajo tierra, los científicos estimaron que esta especie inyecta cerca de 6 toneladas de carbono por hectárea al suelo. Esto funciona como una inyección directa de vida: mejora notablemente la materia orgánica, optimiza la estructura de la tierra y eleva su capacidad para retener el agua.

En tiempos donde el cambio climático golpea con más fuerza y la variabilidad ambiental es la norma, la ganadería del semiárido no puede pensar solo en el corto plazo.

 

 

El agropiro demuestra, una vez más, que para encontrar las soluciones productivas más sólidas, muchas veces hay que mirar literalmente bajo tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: INTA Informa