En la audiencia general de este martes, el Sumo Pontífice invitó a redescubrir la oración como verdadero encuentro con Dios, y no como una técnica de bienestar personal.
Buenos Aires, viernes 7 de agosto agosto (PR/26)–En su catequesis de este martes, el Papa León XIV invitó a los fieles a redescubrir la oración en su verdadero sentido. No se trata, dijo, de una forma de evasión ni de una técnica psicológica orientada al bienestar personal, sino de una dimensión fundamental de nuestra humanidad.
La audiencia general se realizó en la Basílica de San Pedro, ante unos 5.000 fieles, tras la pausa de julio por el intenso calor que atraviesa Roma. Fue la quinta catequesis dedicada a la Sacrosanctum Concilium, la constitución del Concilio Vaticano II sobre la liturgia.
El Espíritu Santo, maestro de la oración
Citando la Carta a los Efesios, el Papa recordó que es el Espíritu Santo quien nos enseña a orar, morando en la Iglesia desde el día de Pentecostés. Desde entonces, señaló, la comunidad cristiana nunca dejó de reunirse para celebrar el misterio pascual.
Leer las Escrituras, celebrar la Eucaristía y dar gracias a Dios por su don en Cristo Jesús forman parte de ese gesto ininterrumpido que sostiene la vida de la Iglesia desde sus orígenes.
Cuando la fe ya no se transmite en las familias
León XIV advirtió que, en muchas familias cristianas, la oración ya no se transmite de generación en generación. Cada vez más personas corren el riesgo de confundirla con una simple técnica psicológica orientada al bienestar personal.

Frente a esta mentalidad eficientista y consumista, el Papa fue contundente: la oración merece ser redescubierta en su verdad, como una dimensión que nos constituye como seres humanos.
La liturgia como lugar de encuentro
El Pontífice recordó las palabras de San Pablo VI al promulgar la Sacrosanctum Concilium: Dios en primer lugar, la oración como primera obligación y la liturgia como primera fuente de la vida espiritual del pueblo de Dios.
Para León XIV, la Constitución conciliar otorgó a la participación activa de los fieles un lugar central en la reforma litúrgica. La liturgia, explicó, es ante todo el lugar del encuentro, donde Dios mismo se acerca a la humanidad a través de su Hijo.
La Liturgia de las Horas, escuela de vida
El Papa evocó el deseo de Pablo VI de que la Liturgia de las Horas, la oración pública diaria de la Iglesia, impregnara y alimentara toda la oración cristiana. Esa plegaria, inseparable de la Eucaristía, guía la vida espiritual del pueblo de Dios.

Hoy ese deseo pide ser acogido en la vida cotidiana de los bautizados. Para quienes buscan aprender a orar, especialmente los catecúmenos, la Liturgia de las Horas ofrece un camino concreto hacia la oración cristiana.
Citando a San Agustín, el Papa recordó que cuando hablamos con Dios no debemos separar de Él a su Hijo, y que cuando ora el cuerpo del Hijo, no debe separarse de sí misma la Cabeza. Reconocemos así nuestra voz en Cristo, y su voz en nosotros.
Cada hora, un acto de esperanza
León XIV cerró la catequesis describiendo cómo la Liturgia de las Horas santifica el tiempo de la vida cotidiana. Por la mañana comenzamos el día con fe y gratitud; al mediodía pedimos fuerza para sostener la fidelidad en medio del trabajo.
Por la tarde, las Vísperas acompañan el atardecer, y por la noche nos dormimos confiando en la paz de Dios. Así, concluyó el Papa, cada hora se convierte en un acto de esperanza que nos permite velar junto a toda la Iglesia, esperando el regreso glorioso del Señor.

















