Por primera vez en la temporada invernal, el célebre chef argentino abre las puertas de La Soplada, su mítica cabaña sin wifi ni señal celular, para una desconexión absoluta y una odisea culinaria de once días entre cenizas, nieve y grandes vinos.
Buenos Aires 22 de junio (PR/26)–En el corazón más remoto de la región austral, el Lago La Plata cobija un santuario de naturaleza indómita. Allí, rodeada de montañas imponentes y bosques densos, emerge la isla privada de Francis Mallmann.
Este rincón inexplorado se transformará este invierno en el escenario de una odisea culinaria de once días, una propuesta sin precedentes donde el cocinero más famoso del país invita a vivir la Patagonia desde su concepción más pura.
La Soplada: El arte de volver a lo esencial
El refugio principal tiene nombre propio: La Soplada. Se trata de la cabaña rústica del chef, una construcción que se integra de manera orgánica con el entorno custodiado por majestuosas lengas. En su interior habita una elegancia despojada y cálida, dominada por estanterías crujientes llenas de libros elegidos y el crepitar constante de la **leña en la chimenea**, que se vuelve la respuesta perfecta para combatir el frío extremo.
El verdadero lujo de la experiencia radica en un detalle radical: no existe cobertura celular ni wifi. En un planeta hiperconectado, este pedazo de tierra firme se convierte en uno de los últimos refugios de desconexión absoluta. Sin pantallas, el confín patagónico se vuelve verdaderamente infinito, obligando a los sentidos a volcarse por completo hacia el paisaje, el silencio y el fuego.
Clases magistrales entre la nieve y las brasas
La rutina diaria desafía las comodidades modernas. Mallmann guiará a sus exclusivos huéspedes en **clases magistrales diarias de cocina a fuego abierto en la nieve, transmitiendo una filosofía culinaria elemental basada en el aire, la sal, la carne y el vino.
Durante el día, la aventura se complementa con jornadas de esquí de fondo y caminatas con raquetas de nieve de la mano de guías expertos, para luego culminar en campamentos invernales donde se cena junto a las brasas bajo un firmamento completamente estrellado.
Para el chef, este entorno evoca los hilos dorados de su propia historia. El invierno patagónico activa sus recuerdos de infancia junto a su hermano Carlos, cuando contemplaban las ventanas intentando predecir el clima del día siguiente. Aquella libertad festiva, basada en construir casas de nieve y esquiar hasta el cansancio, es el espíritu de alegría y libertad que hoy busca compartir a cielo abierto con los viajeros.
El lenguaje sagrado del fuego y la alta bodega
Para Mallmann, la gastronomía no acepta pretensiones artificiales. Su premisa es clara: el fuego es un lenguaje culinario y un sabor esencial impregnado en verduras, pescados, carnes e incluso postres.
La propuesta invita a una sofisticación natural, sin sorderas ni modismos, rescatando el acto primitivo de sentarse sobre una manta en la nieve, con una hoguera crepitando cerca y una hermosa mesa puesta en medio del blanco absoluto.
Una de las joyas más cuidadas del refugio es una imponente selección de grandes vinos argentinos. La colección abarca etiquetas exclusivas traídas desde Salta, Mendoza y por supuesto de la bodega austral Otronia, ubicada en las cercanías de la isla.
Con una mística muy propia de su estilo, el cocinero celebra la tradición de abrir botellas de gran formato para disfrutarlas pausadamente durante la cena y redescubrirlas en el almuerzo del día siguiente, potenciando las conversaciones profundas.
Aunque el refugio opera de manera sustentable utilizando energía solar y agua cristalina del lago, sostener este paraíso requiere una logística titánica, trasladando desde el combustible hasta los guías de pesca con mosca desde tierra firme.
En este punto geográfico difuso, donde una caminata matutina puede cruzar la frontera con Chile, Mallmann busca que los viajeros se desprendan de lo cotidiano.
Compartir los lugares amados con desconocidos es su receta para crecer, apostando a que cada visitante regrese a su rutina con el corazón lleno y una experiencia imborrable grabada en el alma.
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Fuente: mdzol

















