Un equipo de geólogos chilenos registró más de 800 microsismos imperceptibles que confirman que la precordillera andina continúa acomodándose y evolucionando de manera constante.
Buenos Aires, martes 25 agosto (PR/26)– Un grupo de geólogos de la Universidad de Chile detectó una deformación activa en la cordillera de Los Andes, específicamente a la altura del Gran Mendoza, tras registrar un total de 803 microsismos en la comuna de San Esteban, dentro de la Región de Valparaíso.
Esta área minuciosamente estudiada se localiza del otro lado del límite internacional, ubicándose prácticamente a la misma latitud geográfica que el territorio mendocino. Los movimientos telúricos presentaron magnitudes muy bajas —que oscilaron entre 1 y 2 grados— y fueron detectados entre fines de 2023 y comienzos de 2024.

La actividad sísmica se concentró en una superficie aproximada de 100 kilómetros cuadrados, focalizándose en las inmediaciones del sistema de fallas de Cariño Botado a profundidades sumamente superficiales, de entre 2 y 6 kilómetros.
La investigación científica fue encabezada por Luisa Pinto, académica del Departamento de Geología de la Universidad de Chile. Para captar esta sismicidad diminuta, el equipo empleó una avanzada red de sensores, análisis de gravedad, magnetotelúrica e inteligencia artificial.
¿Qué implica realmente que la cordillera se esté deformando?
Aunque la expresión puede sonar preocupante a primer impacto, esto no significa en absoluto que las montañas estén cambiando de forma a simple vista. El fenómeno responde a un proceso natural de acomodamiento de esfuerzos tectónicos en la corteza.
Así lo aclaró Álvaro Peña, ingeniero geotécnico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quien enfatizó que no existe un riesgo visible en el terreno. Por ende, las edificaciones e infraestructuras de la zona no corren peligro alguno ante estos movimientos microestructurales.

La corteza terrestre continúa liberando y redistribuyendo energía mediante microfracturas vinculadas a las estructuras subterráneas. Este hallazgo confirma con evidencia científica que el frente andino de la región se deforma de manera constante pero completamente imperceptible.
El descubrimiento desmiente de forma categórica la vieja hipótesis de que este sector de la precordillera se encontraba totalmente inactivo. Además, estos eventos aportan información clave para entender la subducción de la placa de Nazca debajo de la placa Sudamericana.

A su vez, los expertos señalan que el origen y dinamismo de esta actividad sísmica particular podría estar estrechamente vinculado con la influencia tectónica que ejerce la dorsal de Juan Fernández en el margen continental.
Monitoreo constante y valor de la investigación científica
Por su parte, José Estay, geólogo especialista de Xterrae Geología Limitada, detalló que la falla Cariño Botado representa una amenaza geológica permanente que requiere un seguimiento técnico riguroso, ya que a futuro podría generar eventos con ruptura superficial.
No obstante, el especialista remarcó con énfasis que la detección de estos microsismos no constituye un anuncio ni una predicción sobre un terremoto inminente en la región. El objetivo del informe es promover el conocimiento y la concientización sísmica.
Lejos de causar alarma social, el hallazgo nos invita a comprender que la región forma parte del dinámico Cinturón de Fuego del Pacífico. La bajísima magnitud de los eventos no genera riesgos actuales y su valor radica en revelar procesos tectónicos profundos.
Los resultados detallados de este importante trabajo técnico fueron publicados formalmente en la reconocida revista científica Geology, perteneciente a la Geological Society of America, bajo el título oficial First evidence of shallow crustal seismicity around the Cariño Botado Fault System.

















