Investigadores del INTA evalúan 12 variedades de pitahaya para identificar cuáles se adaptan mejor a las condiciones del norte argentino y acompañar a productores que ya empezaron a comercializar este fruto tropical de alto valor.
Buenos Aires, martes 30 junio (PR/26)–Hace apenas unos años, la pitahaya era casi un misterio para la mayoría de los argentinos. Hoy, este fruto tropical de piel escamada y pulpa vibrante —conocido en todo el mundo como fruta del dragón— está ganando terreno en las chacras de Jujuy, Salta, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos. Y con él, crece también el interés de productores que ven en este cultivo una oportunidad real de negocio.
Proviene de un cactus trepador y destaca por su piel vibrante, su pulpa jugosa repleta de pequeñas semillas comestibles (similar al kiwi) y su sabor suave y dulce.
Un cactus que puede transformar el mapa productivo regional
La pitahaya pertenece a la familia de las cactáceas: es perenne, rústica y capaz de adaptarse a distintos ambientes. Pero hay una trampa. “A pesar de ser un cactus que tolera la sequía, para producir necesita calor, humedad y alta luminosidad. Si no tiene esas condiciones puede sobrevivir, pero no florece ni produce frutos”, advierte Carina Armella, especialista del INTA Yuto. En otras palabras: sobrevive con poco, pero para dar frutos de calidad exige lo mejor.

En el norte argentino esas condiciones existen, y el INTA lo sabe. Por eso, desde la Estación Experimental de Yuto, en Jujuy, un equipo de investigadores trabaja para generar la información técnica que los productores necesitan antes de dar el salto a este cultivo emergente.
12 variedades bajo la lupa: la ciencia al servicio del productor
Actualmente, el INTA evalúa 12 variedades pertenecientes a cuatro especies del género Selenicereus: S. monocanthus, S. undatus, S. megalanthus y S. purpusii. Entre ellas hay pitahayas de pulpa blanca, pulpa roja o fucsia y la variedad amarilla tipo palora, cada una con particularidades bien distintas en cuanto a planta, calidad de fruta y rendimiento.
Uno de los aspectos más críticos que se está analizando es la compatibilidad para la fecundación. Algunos clones son totalmente autoincompatibles: sin polinización cruzada, directamente no fructifican. Otros son parcialmente compatibles, pero producen pocos frutos y de bajo peso. Y los más buscados son los completamente autofértiles, que presentan mayor porcentaje de cuajado sin depender de polinización manual.

El problema es que esta característica no se puede detectar a simple vista. Dos plantas de la misma especie pueden verse idénticas y comportarse de manera completamente distinta a la hora de producir. Por eso Armella insiste en la importancia de adquirir plantas certificadas y contar con evaluaciones previas antes de escalar el cultivo.
La luz, la temperatura y el truco del LED para extender la cosecha
Para que la pitahaya florezca, necesita aproximadamente 12 horas de luz, temperaturas diurnas en torno a los 30 °C y nocturnas de 20 °C. En Jujuy, esas condiciones se dan durante la primavera y el verano. Cuando el otoño avanza y las horas de luz disminuyen, la planta interrumpe su floración.

Para ganarle tiempo al calendario, el INTA ensaya el uso de iluminación artificial con luces LED. La estrategia permite prolongar la floración durante algunas semanas más en otoño, hasta que las temperaturas caen por debajo de los 15 °C, punto en el que la planta reduce su actividad fisiológica de manera natural. Un pequeño margen que, en términos comerciales, puede marcar una diferencia importante.
Del nicho asiático al mercado nacional: una demanda que crece
La pitahaya ya no es un producto exótico reservado a mercados de Buenos Aires frecuentados por comunidades asiáticas. Hoy, productores jujeños están comercializando pitahaya en distintos puntos del país y cada vez más interesados se suman a la cadena, buscando incorporar nuevas variedades para ampliar la diversidad y extender la época de cosecha.
El trabajo del INTA apunta precisamente a reducir la incertidumbre en ese proceso. Con información técnica sólida sobre biología floral, comportamiento en cruzamientos y calidad de frutos, la institución busca que los productores del norte argentino puedan tomar decisiones informadas y convertir a la pitahaya en un cultivo rentable y sustentable a largo plazo.
Primicias Rurales
Fuente: INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria)
















