La histórica láctea santafesina, en concurso preventivo y con un pasivo de $118.496 millones, intenta evitar la quiebra con la venta de sus plantas de Clason y Suardi. ATILRA cuestiona la operación y advierte por el futuro laboral.

 

Santa Fe, lunes 7 septiembre (PR/26) — Lácteos Verónica atraviesa una de las crisis más profundas de su historia. La empresa se encuentra en concurso preventivo de acreedores, con un pasivo declarado de $118.496 millones, equivalente a aproximadamente US$80 millones, mientras sus principales plantas permanecen sin actividad por la falta de materia prima e insumos.

En medio de este escenario, la compañía acordó la venta de sus establecimientos industriales de Clason y Suardi, en la provincia de Santa Fe, por un total de US$15,5 millones. La operación representa una de las principales medidas adoptadas para intentar generar recursos y evitar que la crisis termine en una declaración de quiebra.

El acuerdo, sin embargo, todavía debe recibir la aprobación definitiva de la Justicia, debido a que Lácteos Verónica se encuentra atravesando el proceso concursal. Mientras tanto, más de 300 trabajadores permanecen en una situación de enorme incertidumbre.

 

La venta de Clason y Suardi por US$15,5 millones

 

 

La operación contempla la venta de la planta de Clason por US$9 millones y del establecimiento de Suardi por US$6,5 millones.

Los boletos de compraventa fueron suscriptos el 2 de julio, poco antes de que la empresa recurriera a la Justicia para formalizar su ingreso al concurso preventivo de acreedores.

La planta de Clason fue ofrecida por Lacterra S.A.S., mientras que la operación correspondiente a Suardi quedó en manos de Copalac S.A.S.. Ambas sociedades aparecen como las nuevas estructuras empresariales vinculadas con la adquisición de los establecimientos.

Uno de los aspectos que despertó mayor preocupación entre los trabajadores y representantes gremiales está relacionado con la fecha de constitución de las sociedades compradoras. Copalac fue creada el 11 de junio de 2026, mientras que Lacterra registró su inicio de operaciones el 19 de junio de 2026.

 

Trabajadores denuncian sospechas sobre la operación

 

Las fechas de creación de las empresas compradoras generaron interrogantes y sospechas entre los trabajadores y representantes sindicales, especialmente porque fueron constituidas pocas semanas antes de concretarse los acuerdos de compraventa.

El planteo sindical se produce en un contexto particularmente delicado, porque la venta de los establecimientos no solamente implica un cambio de titularidad de activos industriales, sino que también abre interrogantes sobre el futuro de los trabajadores, la continuidad productiva y las condiciones laborales.

La preocupación aumenta debido a que la actividad de las plantas ya se encontraba fuertemente deteriorada y la empresa acumulaba meses de dificultades para afrontar sus compromisos económicos y laborales.

 

 

Suardi funciona a fasón, pero con una dotación mínima

 

En Suardi, la situación adquirió una particularidad adicional. La planta comenzó a trabajar bajo un esquema a fasón, pero la reincorporación de trabajadores fue muy reducida.

De los 85 operarios que pertenecían a la nómina, solamente entre 12 y 18 trabajadores habrían reingresado a la planta.

Desde ATILRA se advirtió que esta modalidad constituye una salida coyuntural y provisoria, pero no representa una solución definitiva para el conflicto que atraviesa la compañía.

La situación genera especial preocupación porque la reapertura parcial de una planta no garantiza por sí misma la recuperación de la totalidad de los puestos de trabajo ni resuelve las obligaciones salariales acumuladas durante los meses de paralización.

 

Más de 300 trabajadores esperan una respuesta

 

El aspecto laboral constituye uno de los puntos más críticos de la crisis de Lácteos Verónica.

Los trabajadores denuncian que no cobran sus salarios desde diciembre de 2025, mientras también permanece pendiente el pago del aguinaldo y se produjo la pérdida del beneficio de la obra social.

A esto se suma la interrupción de los aportes jubilatorios, agravando una situación que ya dejó de ser exclusivamente empresarial para convertirse en un problema que afecta directamente a cientos de familias.

Más de 300 trabajadores continúan vinculados formalmente con la compañía y permanecen a la espera de una definición sobre sus salarios, sus puestos de trabajo y el futuro de la empresa.

 

Una empresa que llegó a procesar más de un millón de litros diarios

 

 

La magnitud de la crisis adquiere mayor dimensión si se observa el lugar que Lácteos Verónica llegó a ocupar dentro de la industria.

La compañía llegó a procesar más de un millón de litros de leche diarios y logró desarrollar una estructura industrial con presencia en diferentes mercados.

También llegó a exportar productos lácteos, formando parte de una cadena productiva que vinculaba a productores tamberos, trabajadores industriales, transportistas, proveedores y mercados nacionales e internacionales.

La caída de la actividad y la reducción de la disponibilidad de leche fueron disminuyendo progresivamente la utilización de la capacidad instalada, hasta desembocar en la actual paralización de las plantas.

 

Lehmann quedó fuera de la venta y permanece inactiva

 

La operación acordada con Lacterra y Copalac comprende solamente las plantas de Clason y Suardi.

El establecimiento ubicado en Lehmann no fue incluido en la venta y permanece inactivo.

Esta situación agrega otro interrogante al futuro de la empresa, porque todavía no está definido qué ocurrirá con esa unidad industrial y cuál será la estructura que conservará Lácteos Verónica una vez concretado el desprendimiento de sus dos principales establecimientos.

La incógnita central es si la compañía conservará capacidad suficiente para retomar una actividad industrial sustentable o si la venta de los activos constituye solamente una estrategia para afrontar parte de sus obligaciones dentro del concurso.

 

 

El impacto sobre la cuenca lechera santafesina

 

La crisis de Lácteos Verónica excede los límites de la empresa porque se desarrolla en una provincia con una fuerte tradición de producción lechera.

Santa Fe constituye uno de los principales núcleos de la cuenca lechera argentina, con una extensa red de productores tamberos, industrias, trabajadores, transportistas, proveedores y comercios vinculados con la actividad.

La paralización de establecimientos industriales puede generar consecuencias sobre toda esa estructura productiva, especialmente cuando se reduce la capacidad de recepción y procesamiento de leche.

Para los productores, contar con industrias próximas representa un factor fundamental para sostener la comercialización de su producción. La reducción de capacidad industrial puede generar mayores distancias de traslado, cambios en los destinos de la leche y nuevas presiones sobre los márgenes de los tambos.

Por eso, el futuro de Clason, Suardi y Lehmann adquiere importancia no solamente para los trabajadores de Lácteos Verónica, sino también para el entramado productivo de la cuenca lechera santafesina.

 

ATILRA cuestiona una solución que considera provisoria

 

La posición de ATILRA se encuentra marcada por la preocupación ante el futuro de los trabajadores.

El gremio considera que la modalidad implementada en Suardi, con una cantidad muy limitada de trabajadores reincorporados, constituye una solución transitoria, pero no una respuesta estructural frente a la crisis.

La organización sindical pone el foco en la necesidad de resolver la situación de quienes permanecen sin percibir sus salarios y en la preservación de las fuentes de trabajo.

La venta de las plantas, además, obliga a determinar cómo quedará la situación de los trabajadores frente a los nuevos titulares de los establecimientos y cuáles serán las condiciones en las que continuará la actividad.

 

El conflicto también golpea a las localidades

 

La crisis de una industria láctea de estas características tiene un efecto que va mucho más allá de sus portones.

En localidades como Clason y Suardi, la actividad de una planta industrial genera movimiento económico a través de los trabajadores, proveedores, transportistas, comercios y servicios que dependen directa o indirectamente de la fábrica.

Cuando una planta queda paralizada, ese circuito económico también se reduce.

Por eso, la eventual recuperación de la producción no representa solamente una cuestión vinculada con el balance de Lácteos Verónica, sino también con la actividad económica de las localidades y la preservación del entramado productivo regional.

 

Un concurso preventivo con una deuda de US$80 millones

 

El ingreso al concurso preventivo de acreedores formalizó judicialmente una crisis que venía profundizándose desde 2025.

El pasivo declarado de $118.496 millones, equivalente aproximadamente a US$80 millones, muestra la dimensión del problema financiero que enfrenta la compañía.

La venta de Clason y Suardi por US$15,5 millones puede aportar recursos para afrontar parte de las obligaciones, pero representa solamente una fracción del pasivo total.

Por eso, el concurso deberá determinar cómo se ordenarán las obligaciones de la empresa y si existe una alternativa capaz de garantizar su continuidad sin llegar a una quiebra.

 

La gran incógnita: ¿salida productiva o venta de activos?

 

La operación sobre las dos plantas abre un escenario decisivo para Lácteos Verónica.

Por un lado, la venta puede generar recursos y permitir avanzar dentro del proceso concursal. Por otro, el desprendimiento de dos establecimientos industriales estratégicos reduce la estructura productiva de una empresa que ya se encuentra prácticamente paralizada.

El futuro dependerá de si los nuevos propietarios logran recuperar la actividad de las plantas, de qué manera se resolverá la situación de los trabajadores y de cuál será el destino de la estructura que permanezca en manos de Lácteos Verónica.

Mientras tanto, Lehmann permanece inactiva, cientos de trabajadores esperan cobrar sus salarios y la Justicia deberá definir sobre la operación de venta.

 

Una crisis que todavía está lejos de terminar

 

Lácteos Verónica enfrenta una crisis que combina deuda, paralización productiva, conflicto laboral y venta de activos.

La operación por US$15,5 millones sobre Clason y Suardi constituye una de las principales apuestas para evitar un desenlace de quiebra, pero todavía requiere autorización judicial y no resuelve el conjunto de los problemas que enfrenta la compañía.

Para los trabajadores, la prioridad es recuperar sus ingresos y preservar sus fuentes laborales. Para la región, el desafío pasa por evitar una mayor pérdida de capacidad industrial dentro de una de las principales cuencas lecheras del país.

El caso de Lácteos Verónica queda así instalado como uno de los conflictos más importantes de la industria láctea santafesina, con una definición que tendrá consecuencias para la empresa, sus trabajadores, los productores tamberos y las localidades donde durante décadas se desarrolló su actividad.

 

 

 

 

Primicias Rurales   
Fuente: Varios