Mons. Jorge Ignacio García Cuerva presidió la misa central de San Cayetano en Liniers, donde reclamó por el trabajo digno, criticó a la clase dirigente y advirtió sobre la resignación social y la situación económica.
Buenos Aires, viernes 7 de agosto (PR/26) — El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, presidió la misa central de la Fiesta de San Cayetano, a las 11, en el santuario de Liniers.
En su homilía aseguró que “Hay un pacto de amistad entre el Santo y su pueblo, nosotros somos tuyos y tú eres nuestro».
La misa reunió a miles de fieles bajo el lema «San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo». Fue el momento central de la Fiesta Grande, que empezó la noche anterior y que este año volvió a poner el trabajo y la dignidad en el centro del mensaje eclesial.

«Estamos un poco paralíticos»: el diagnóstico del Arzobispo
El arzobispo destacó que hoy, como aquel gentío de paralíticos, lisiados, ciegos y mudos que se acercó a Jesús. «Estamos un poco paralíticos cuando perdemos las ganas de seguir adelante y de buscar caminos de fraternidad y paz entre los argentinos». Y agregó: «Estamos lisiados porque nos duelen las heridas del odio, de la descalificación constante y de la discriminación».
El Arzobispo también habló de la resignación. Dijo que muchos se vuelven «mudos» cuando ya no reclaman lo que les duele. Mencionó los aumentos del transporte, las tarifas, los alquileres y los alimentos; los sueldos que no alcanzan y los hermanos que revuelven la basura para comer. Nos volvemos mudos, “atragantados de bronca porque parece que el bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común”.
Pese a ese diagnóstico, García Cuerva no cerró la homilía en la queja. Remarcó que el pueblo sigue siendo «esperanzado» y que no pierde la fe pese a las dificultades. Pidió a Dios «la empatía y la solidaridad, el compromiso y la amistad social» como respuesta.

El trabajo digno, el reclamo central
La dignidad del trabajo fue el eje más fuerte del discurso. García Cuerva habló de un pueblo «que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes«. También mencionó la «trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias».
García Cuerva no se detuvo en el diagnóstico económico. Apuntó directamente a quienes toman las decisiones: «Dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida», dijo. Sostuvo que la responsabilidad de una solución concreta «la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles».
Multiplicar el diálogo, de cara a la visita del Papa

El arzobispo retomó la escena evangélica de la multiplicación de los panes para proponer un cierre esperanzador. Pidió que «se multiplique el diálogo, se multiplique la búsqueda de consensos, se multipliquen las oportunidades laborales para los jóvenes”.
Manifestó su deseo de que, al finalizar la Fiesta grande de San Cayetano, “volver a nuestros hogares, llenos de Dios; desbordantes de esperanza, llenos de alegría y profundamente agradecidos, porque tenemos la certeza de que Jesús nos conoce y se compadece de nuestros sufrimientos, y no se desentiende de nosotros”.
Finalmente agregó: “Tenemos la convicción irrenunciable, como pueblo creyente, que San Cayetano escucha nuestro clamor, nos sostiene en la esperanza, y nos anima a seguir apostando por una Argentina grande, por trabajo para todos, por salarios dignos, por paz para nuestras familias”.
Con la mirada puesta en noviembre, cuando el Papa León XIV visitará la Argentina, García Cuerva cerró su prédica con una definición sobre el trabajo que atraviesa toda la Doctrina Social de la Iglesia: en el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse «ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien».

















