May 21, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Especial, Horticultura
Mientras la discusión económica se concentra en la inflación y el tipo de cambio, miles de productores regionales enfrentan una pelea más silenciosa: producir cada vez cuesta más y vender al mundo deja menos margen.
Buenos Aires, jueves 21 de mayo (PR/26) .- Durante años, gran parte de la economía argentina vivió pendiente del dólar. Si subía, parecía que exportar volvía a ser negocio. Si bajaba, aparecían las quejas por pérdida de competitividad. Pero hoy la realidad muestra algo más profundo: para muchas economías regionales, el problema ya no pasa solamente por el tipo de cambio.
El productor de peras en Río Negro, el viñatero mendocino, el citricultor del NEA o quien trabaja la aceituna y el ajo en Cuyo enfrentan un escenario mucho más complejo. Los costos de transporte aumentan, los impuestos pesan, el crédito casi no existe y competir en el exterior exige inversiones constantes en tecnología, calidad y presentación.
Mientras tanto, los precios internacionales ya no acompañan como antes. El mundo compra, pero compra barato y exige mucho. Y ahí aparece una diferencia clave con el agro pampeano: no es lo mismo exportar soja a gran escala que producir frutas, vino o alimentos regionales que requieren más mano de obra, más logística y más cuidado.
La discusión económica argentina suele simplificarse demasiado. Se instala la idea de que todo se resuelve con un dólar más alto. Pero en muchas actividades eso ya no alcanza. Si producir sigue siendo caro, transportar cuesta una fortuna y no hay infraestructura ni financiamiento, la competitividad desaparece igual.
Por eso el desafío es otro: invertir, modernizarse y ganar productividad. Parece fácil decirlo, pero implica riego eficiente, maquinaria, rutas, energía, acceso a mercados y estabilidad para planificar a largo plazo. Sin eso, muchas economías regionales quedan atrapadas entre costos argentinos y precios internacionales que no perdonan.
El riesgo no es solamente económico. Detrás de cada producción regional hay pueblos enteros que viven de esa actividad. Cuando una economía regional cae, no cierra sólo una empresa: se enfría una ciudad, se pierden empleos y se debilita el interior productivo.
Argentina necesita entender que no todo el campo es igual y que el verdadero desarrollo no se construye únicamente desde los grandes complejos exportadores. También depende de sostener vivas esas actividades que generan trabajo, arraigo y valor agregado en cada rincón del país.
Porque al final, la competitividad no se declama. Se construye todos los días.
Primicias Rurales
Fuente: Fundación Mediterránea – IERAL Jorge Day
Abr 21, 2026 | Actualidad, Agricultura, Maquinarias
La segunda edición del encuentro puso el foco en la capacitación, la medición y el uso estratégico de la tecnología, en un contexto donde el desafío ya no es acceder a herramientas, sino utilizarlas correctamente.
Buenos Aires, martes 21 de abril (PR/26) .- Con una amplia convocatoria, el jueves 16 de abril se realizó la segunda edición de Pulverización Inteligente, un encuentro que volvió a posicionar en agenda la necesidad de profesionalizar las aplicaciones en el agro.
La jornada fue organizada por la Fundación Benet, la Mesa de BPA de Entre Ríos y el Ministerio de Desarrollo Económico de Entre Ríos, y reunió a más de 400 asistentes entre asesores técnicos, ingenieros agrónomos, aeroaplicadores, aplicadores y operadores de drones; y representantes de organismos públicos y privados. Participaron además instituciones como el SENASA, el INTA y la FAO, consolidando el evento como un espacio de articulación técnica e institucional.
Capacitación y conocimiento en el centro de la escena
Durante el encuentro, los especialistas coincidieron en que mejorar la calidad de aplicación no depende solo de la tecnología, sino de incorporar herramientas de gestión, capacitación continua e información permanente. En ese sentido, se destacó la necesidad de una mirada integral que contemple a todos los actores involucrados, desde operarios hasta comunidades y organismos de control.
“El desafío es capacitarse, generar y compartir conocimiento”, sostuvo Ezequiel Baus, Presidente de la Fundación Benet, al remarcar el eje central de la jornada.
Nuevas herramientas y formación técnica

En el marco del evento se presentó Agroformar, una plataforma de capacitación abierta que permite acceder a contenidos técnicos de manera libre y gratuita, con el objetivo de mejorar las prácticas de aplicación.
Además, se anunció la creación del primer Centro de Instrucción de Drones en Urdinarrain, que estará a cargo de la Fundación Benet con el apoyo de Drones VIP, ampliando las posibilidades de formación presencial para operarios y empresas.
El problema de fondo: se mide poco y se aplica mal
Uno de los ejes más relevantes de la jornada fue la presentación del informe del Programa de Mejora del Grupo APC, que expuso una realidad preocupante: el 70% de los aplicadores no mide sus pulverizaciones.
Este dato explica gran parte de las fallas en la calidad de aplicación, ya que sin medición no es posible ajustar variables clave como cobertura, tamaño de gota o volumen aplicado.
Tecnología disponible, pero subutilizada
El informe también dejó en claro que el sector cuenta con tecnología avanzada, pero esto no se traduce necesariamente en mejores resultados. “Hoy el desafío ya no es acceder a la tecnología. El desafío es usarla con criterio”, fue una de las definiciones centrales que atravesó la jornada.
En el informe, se detectan grandes diferencias en los índices de calidad entre aplicaciones terrestres, aéreas y con drones, incluso con niveles bajos en tratamientos de herbicidas, fungicidas e insecticidas, lo que impacta directamente en la eficiencia productiva y los costos.
Tres pilares para mejorar las aplicaciones
Desde el Programa APC se planteó un enfoque basado en tres ejes fundamentales: el conocimiento, el estado del equipo y la medición a campo. Este último punto se vuelve clave, ya que herramientas como las tarjetas hidrosensibles permiten evaluar la calidad real de cada aplicación y tomar decisiones basadas en datos.
La jornada dejó una conclusión clara: no existe una única herramienta que garantice buenos resultados, sino una estrategia inteligente que combine tecnología, conocimiento y objetivos claros. Cuando estos elementos se aplican correctamente, los resultados pueden alcanzar niveles de calidad cercanos al 100%, demostrando que el problema no es la tecnología, sino su uso.
Acerca de la Fundación Benet
La Fundación Benet nace del espíritu de colaboración entre distintos actores del agro, con la misión de integrar innovación, conocimiento y sustentabilidad en los procesos productivos. Su propósito es fortalecer una agricultura más responsable, eficiente y colaborativa, generando soluciones colectivas para los desafíos actuales y futuros del sector.
https://www.fundacionbenet.org/
Fuente: Florencia Lucero Heguy
Primicias Rurales
Abr 7, 2026 | Agricultura, Economía / Economía del Agro, Ganadería
Durante las últimas tres décadas, el sector agropecuario argentino ha visto cómo su histórico liderazgo regional se veía opacado por el crecimiento exponencial de Brasil.
Buenos Aires, 7 de abril ( PR/26) . -Un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) encendió las alarmas al evidenciar que las diferencias productivas entre ambos países se han profundizado de manera sostenida, configurando una brecha cada vez más amplia tanto en cultivos como en ganadería.
Sin embargo, frente a este escenario desafiante, la agrotecnología nacional comienza a ofrecer respuestas concretas. Empresas emergentes como Cycle F se posicionan hoy como alternativas estratégicas para recuperar el terreno perdido, apostando por la nanotecnología y la economía circular.
Los números detrás del desfasaje productivo
En la década de los noventa, las trayectorias de Argentina y Brasil mostraban cierta paridad. En aquel entonces, la producción brasileña de soja, maíz y trigo superaba a la argentina en un 53%, una diferencia que nuestro país logró reducir al 45% en los años 2000 gracias a una fuerte adopción tecnológica. No obstante, esa inercia innovadora no logró sostenerse en el tiempo.
Hoy, las proyecciones para la campaña 2025/26 estiman que Brasil alcanzará los 319 millones de toneladas de granos, mientras que Argentina proyecta unos moderados 140 millones. La divergencia es aún más dramática en el sector ganadero: Brasil pasó de producir 5,8 millones de toneladas de carne vacuna en los noventa a proyectar 12,4 millones, mientras que Argentina se mantuvo prácticamente estancada en torno a las 3 millones de toneladas.
El informe de la BCR identifica factores estructurales claros detrás de este fenómeno: políticas macroeconómicas desincentivadoras, el regreso de los derechos de exportación y, fundamentalmente, una asimetría abismal en el acceso al financiamiento. Mientras que en Brasil el crédito al sector privado representa cerca del 76% del PBI, en Argentina apenas alcanza el 15%.
La tecnología como puente hacia la competitividad
Frente a la falta de financiamiento masivo y las dificultades macroeconómicas, la adopción de nuevas tecnologías eficientes se vuelve no solo una opción, sino una necesidad de supervivencia para el productor argentino. Es en esta intersección donde la propuesta de Cycle F emerge de manera orgánica como una solución integral al problema de la competitividad.
Cycle F es una compañía agrotecnológica argentina que ha logrado traducir más de 20 años de conocimiento científico en soluciones rentables y sustentables para el campo. Su enfoque se basa en la integración de la biotecnología, la nanotecnología y la economía circular, revalorizando efluentes y residuos para convertirlos en fertilizantes regenerativos.
En un contexto donde el productor argentino necesita maximizar cada dólar invertido debido a las limitaciones de crédito, Cycle F ofrece una respuesta directa a la estructura de costos. Sus líneas de productos como los bioestimulantes y los fertilizantes organominerales permiten reducir hasta un 30% el uso de fertilizantes químicos tradicionales, logrando al mismo tiempo un mayor rendimiento en las cosechas.
Existen factores que los productores no pueden mejorar tales como la oferta de semillas con nueva genética, o reducir retenciones. Lo que es una realidad es que sí pueden mejorar su situación incorporando tecnología de punta en insumos como es el caso de los fertilizantes y bioestimulantes de alta performance, que mejoran los rindes y protegen los cultivos de eventos climáticos extremos.
Resultados que transforman la realidad del campo
La adopción tecnológica que permitió a Argentina acortar la brecha con Brasil en los años 2000 debe encontrar su equivalente en la década actual. Las soluciones de Cycle F no son meras promesas de laboratorio, sino realidades medidas en el campo.
En recientes ensayos realizados en cultivos de soja en Miramar, provincia de Buenos Aires, la aplicación de su línea OrganoMax demostró incrementos de rendimiento superiores al 21% en comparación con estrategias de fertilización mineral tradicional. Además de elevar la productividad, estos productos aumentan la resiliencia de los cultivos frente a sequías, heladas y estrés hídrico, factores climáticos que han golpeado duramente al agro argentino en los últimos años.
En protección contra el stress climático y por uso de fitosanitarios, factores de reducción de rendimiento que el productor NO puede contralar, Cycle F desarrollo una solución a tarevs de un bio estimulante nanotecnológico que se encuentra probado por el mercado con aumentos de rendimiento que van de 9% al 32 % en casos donde el clima golpea fuerte.
Este nivel de innovación no ha pasado desapercibido. Recientemente, en el marco de Expoagro 2026, Cycle F fue galardonada por ArgenINTA como un caso de éxito en nanotecnología argentina, y ha consolidado alianzas estratégicas con instituciones de prestigio como la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA).
“El verdadero salto cualitativo provendrá de la capacidad del agro argentino para integrar innovaciones disruptivas. Al reducir costos, mejorar rendimientos y promover una agricultura regenerativa, se demuestra que la tecnología nacional está lista para liderar el próximo capítulo del agro sudamericano. La brecha existe, pero las herramientas para cerrarla ya están dando resultados concretos”, comenta Rodrigo Pontiggia, director general y co-fundador de Cycle F.
Primicias Rurales
Fuente: Cycle F
Mar 17, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro
Un estudio del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School sostiene que, con alivio fiscal e inversión en infraestructura y tecnología, el sector podría alcanzar 251 millones de toneladas y convertirse en el principal vector estructural de crecimiento de la economía argentina.
Rosario, Santa Fe martes 17 marzo (PR/26) – En un contexto en el que la economía argentina necesita consolidar generación genuina de divisas y crecimiento sostenido, un nuevo informe elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School plantea que el sector agroindustrial podría expandirse un 90% en la próxima década si se eliminan los derechos de exportación y se corrigen los principales cuellos de botella estructurales.
La economía argentina podría dar un salto productivo: el agro podría crecer 90% en diez años y llevar su aporte al 45% del PBI si se eliminan las retenciones.

Según el estudio, realizado en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario bajo el modelo Agmemod, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas en diez años, impulsando una expansión significativa del PBI y de las exportaciones.
Actualmente, el complejo agroindustrial aporta el 23% del Producto Bruto Interno y genera el 60% de las exportaciones totales del país. Solo los complejos oleaginosos y cerealeros explican el 45% de las divisas que ingresan a la economía argentina.
“Argentina cuenta con una base productiva agroindustrial extraordinaria, pero su potencial está condicionado por factores macroeconómicos que limitan la inversión y el crecimiento”, señala Guillermo D’Andrea, profesor del IAE Business School.
Para la campaña 2025/26 se estima que habrá 27,7 millones de toneladas en cosecha fina, con ingresos superiores a 4.500 millones de dólares, y 154 millones de toneladas en cosecha gruesa, con un ingreso estimado de entre 32.000 y 37.000 millones de dólares.
En las últimas tres décadas, la producción se triplicó mientras el área sembrada sólo se duplicó, impulsada por biotecnología, agricultura de precisión, digitalización y mejoras logísticas.

El costo macroeconómico de la presión fiscal
El informe advierte que la presión sobre la renta agrícola alcanza el 55,5% y llegó al 63,6% en junio de 2025 al ponderar cultivos clave como soja, maíz, trigo y girasol.
En contraste, los productores de la Unión Europea reciben apoyos equivalentes al 16%, en China al 13% y en Estados Unidos al 7%. En Brasil, el respaldo promedio al sector ronda el 0,5% del PBI.
Entre 1997 y 2023, Argentina extrajo del sector recursos equivalentes al -1,6% del PBI anual.
“La presión fiscal actual reduce fuertemente los incentivos a invertir y adoptar tecnología en el agro. Corregir ese esquema impositivo es clave para liberar el potencial productivo del sector”, explica Daniel Mamone, investigador del IAE Business School.
“Eliminando las retenciones y mejorando infraestructura y adopción tecnológica, el agro podría convertirse en el principal motor estructural del crecimiento argentino”, sostiene Bernardo Piazzardi, investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

Daniel Mamone
Al respecto de la infraestructura e inversión, ahí se presenta otro cuello de botella. El 90% del transporte de granos se realiza por camión y solo el 10% por tren. De los 640.000 km de red vial, el 62% corresponde a caminos municipales, mayormente sin pavimentar. Apenas el 6% son rutas nacionales y sólo 3.200 km son autopistas o autovías.
El sector aportó 28.686 millones de dólares en tributos en 2023. Mantener en condiciones adecuadas la red vial demandaría entre 3.200 y 6.500 millones de dólares anuales, equivalente a apenas el 17% de su aporte tributario.
“Si se corrigen los déficits de infraestructura y se incentiva la inversión tecnológica, el agro puede convertirse en un vector central de crecimiento para toda la economía”, afirma Ernesto Ruete Güemes, investigador del IAE Business School.
En paralelo, el parque de maquinaria presenta atraso tecnológico: el 73% de los tractores y el 46% de las cosechadoras superan los 15 años de antigüedad. Mientras la productividad total de factores cayó 6% en Argentina en los últimos 20 años, en Brasil creció 45%.

A pesar de todas las trabas, la última encuesta AgBarometer Austral, conocida como el índice de confianza del campo que elabora el Centro de Agronegocios y Alimentos, indica que el 80% de los productores estaría dispuesto a modernizar su maquinaria si mejoran las condiciones de rentabilidad y financiamiento.
Según el estudio, la modernización tecnológica no es consecuencia del crecimiento, sino condición previa para impulsarlo.
El potencial impacto en la economía argentina
Bajo un escenario de eliminación de retenciones, mejora de infraestructura, adopción tecnológica y expansión de 6,5 millones de hectáreas adicionales, el sector podría crecer 90% en diez años.
En ese contexto, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas, lo que aumentaría significativamente su participación en el PBI, aceleraría la generación de divisas para la economía argentina y permitiría financiar la reconstrucción integral de la red vial en apenas tres años.
La clave no es sólo sectorial sino macroeconómica. “Reemplazar la lógica extractiva por una estrategia de inversión y productividad permitiría transformar al agro en el eje estructural del crecimiento argentino”, concluye Piazzardi.
Primicias Rurales
Fuente: Universidad Austral
Mar 15, 2026 | Actualidad, Agricultura, Economía / Economía del Agro
Según estimaciones de las principales bolsas del país, la campaña agrícola podría alcanzar entre 147,9 y 160 millones de toneladas, con exportaciones superiores a los US$36.000 millones.
Buenos Aires, domingo 15 diciembre (PR/26) — La Argentina se encamina hacia una cosecha récord de granos en la campaña 2025/2026, con estimaciones que ubican la producción total entre 147,9 y 160 millones de toneladas.
Así lo consignó el periodista Fernando Bertello, del diario La Nación, a partir de informes de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Bolsa de Comercio de Rosario.
De acuerdo con la Bolsa de Cereales porteña, la producción total de los principales cultivos alcanzaría las 147,9 millones de toneladas, lo que representaría un aumento del 13% respecto del ciclo anterior y superaría el récord previo de 140,1 millones de toneladas registrado en la campaña 2018/2019.
Por su parte, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) proyectó un escenario aún más optimista, con una cosecha de 160 millones de toneladas, lo que implicaría un incremento de 21,2 millones de toneladas frente a la campaña pasada.
El crecimiento de la producción está impulsado principalmente por el trigo, el maíz y el girasol, que presentan buenas perspectivas de rendimiento.

Según el informe elaborado por el economista Ramiro Costa para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el trigo fue el cultivo con mayor crecimiento relativo, pasando de 18,6 a 27,8 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 49%.
En el caso del maíz, la producción alcanzaría 57 millones de toneladas, con una mejora del 16%, mientras que el girasol registraría un aumento del 24%, con una cosecha estimada en 6,2 millones de toneladas.
La soja, en tanto, comenzará a recolectarse en las próximas semanas, aunque las estimaciones muestran un volumen menor en comparación con otras campañas, en gran parte debido a una reducción del área sembrada.
Según Bertello, el escenario de una cosecha récord representa una buena noticia para el gobierno de Javier Milei, que busca fortalecer el superávit fiscal y aumentar el ingreso de divisas al Banco Central.
En términos comerciales, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyecta exportaciones por 106,79 millones de toneladas, lo que implicaría un incremento del 8% respecto de la campaña anterior.

Entre los principales productos exportados se destacan:
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Trigo: 17,3 millones de toneladas (+37%).
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Maíz: 37,5 millones de toneladas (+25%).
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Harina de soja: 28,54 millones de toneladas, en niveles similares al ciclo anterior.
En términos de valor, las exportaciones del complejo agrícola podrían alcanzar US$36.386 millones, lo que significaría un aumento del 7,3% respecto del ciclo pasado, equivalente a unos US$2464 millones adicionales.
No obstante, este monto todavía se ubicaría por debajo del récord histórico alcanzado en la campaña 2021/2022, cuando las ventas externas del complejo agrícola superaron los US$39.800 millones.
El desarrollo de la campaña agrícola estuvo marcado por condiciones climáticas variables. Si bien el ciclo comenzó con buenas reservas de humedad, entre fines de diciembre y enero se registró una interrupción de las lluvias que afectó el potencial de algunos cultivos. Posteriormente, las precipitaciones permitieron mejorar las condiciones en varias zonas productivas.
Según el último relevamiento de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el 76,2% de los cultivos se encuentra en condición normal a excelente, reflejando una mejora tras las lluvias recientes.

Por su parte, la Bolsa de Comercio de Rosario estima que el crecimiento productivo permitirá alcanzar exportaciones por 113 millones de toneladas de granos y derivados, lo que marcaría un volumen sin precedentes para el comercio exterior argentino.
De concretarse estas proyecciones, la campaña agrícola 2025/2026 podría convertirse en una de las más importantes de la historia del país, consolidando al sector agroindustrial como uno de los principales generadores de divisas para la economía argentina.
Primicias Rurales
Fuente: La Nación / Otras