La historia de la bandera de Malvinas que terminó en manos de los jugadores argentinos

La historia de la bandera de Malvinas que terminó en manos de los jugadores argentinos

El trozo de tela con la frase “Las Malvinas son argentinas” habría sido hecho sobre una sábana de hotel y llegó al campo desde la tribuna tras el triunfo ante Inglaterra.

 

 

La bandera, confeccionada sobre una sábana de hotel.

 

 

 

Buenos Aires, 16 julio (NA) — La bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” que mostraron los jugadores de la Selección argentina tras eliminar a Inglaterra del Mundial 2026 tuvo una historia tan improvisada como simbólica: según una versión viral en redes sociales, fue pintada sobre una sábana de hotel y terminó en manos del plantel después de ser arrojada desde la tribuna.

La imagen recorrió el mundo apenas finalizó el 2 a 1 de Argentina sobre Inglaterra en Atlanta. En medio de los festejos por el pase a la final ante España, Giovani Lo Celso desplegó sobre el césped una bandera blanca con letras negras, rodeado por varios compañeros, en una escena que rápidamente se transformó en una de las postales de la noche.

La pregunta que se hizo viral fue cómo había llegado ese trapo al campo, ya que en la previa se había advertido que no podrían ingresar banderas o elementos con mensajes políticos. La explicación más fuerte surgió en X: una usuaria identificada como miuchi (@Milo20154) respondió que “la pintó el primo de mi cuñada, es un pedazo de sábana del hotel”, en referencia a la bandera que terminó en manos de los futbolistas.

 

 

 

 

La versión coincide con lo que contó Gonzalo Montiel luego del partido. Consultado por la aparición de la bandera, el defensor reveló: “Justo cayó una ahí y los chicos la agarraron. Así que nada, contento”.

Por su parte, Nelson Castro, en Telenoche, agregó que alguien la había tirado al campo de juego y que luego se la dieron a los jugadores.

La escena tuvo una carga especial por el rival y por la historia. Argentina e Inglaterra volvieron a cruzarse en un Mundial en un partido atravesado por el recuerdo de Malvinas, la guerra de 1982 y la rivalidad futbolística que tuvo su capítulo más fuerte en México 1986, con los goles de Diego Maradona.

 

 

 

Después del encuentro, Leandro Paredes fue consultado por la bandera y respondió: “Y siempre serán argentinas”. Lautaro Martínez, autor del gol del triunfo, también reconoció que para el plantel no había sido un partido más: “Tratamos de dejarlo atrás, pero para nosotros era un partido especial”.

Lisandro Martínez también se refirió al impacto emocional de la imagen y aseguró: “Me imagino a un veterano de Malvinas viendo eso y llorando”. Además, remarcó que los jugadores “mostraron esa bandera y afirmaron que las islas nos pertenecen”.

El gesto generó repercusión inmediata en Inglaterra y podría derivar en una sanción de FIFA, ya que el Código de Conducta de los Estadios prohíbe el ingreso de banderas, pancartas o elementos de contenido político, ofensivo o discriminatorio.

De hecho, en la previa del partido, la ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, había advertido que los hinchas no podrían ingresar con elementos que tuvieran mensajes provocativos, políticos, raciales o religiosos, y aclaró que “Las Malvinas son argentinas” era considerado un mensaje político para el operativo del estadio.

No es la primera vez que la consigna aparece vinculada a la Selección: AP recordó que Argentina ya había mostrado el mismo lema en un amistoso de preparación antes del Mundial 2014 y que, en aquella oportunidad, la AFA fue multada por FIFA con 30.000 francos suizos.

Milei confirmó que no viajará a la final y mantendrá su cábala en Olivos

La cuestión Malvinas, según la postura oficial argentina, tiene origen en 1833, cuando el Reino Unido ocupó las islas y expulsó a las autoridades argentinas. Cancillería sostiene que la recuperación de la soberanía constituye un objetivo “permanente e irrenunciable” del pueblo argentino, tal como expresa la Constitución Nacional.

Así, una bandera presuntamente pintada de apuro sobre una sábana de hotel pasó de la tribuna al césped, de las manos de los hinchas a las de los jugadores, y de Atlanta a una postal mundial cargada de historia, emoción y polémica.

 

 

 El árbitro esloveno Slavko Vincic fue el elegido para impartir justicia en la final del Mundial 2026, que enfrentará a la Selección argentina con su par español.

 

Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el juez, que había pitado en el infructuoso debut argentino en Qatar 2022 ante Arabia Saudita, estará acompañado por una terna repartida entre eslovenos y emiratíes, con el VAR aún sin designar.

La final en la que se medirán argentinos y españoles, en búsqueda de la cuarta y segunda estrella respectivamente, se disputará este domingo 19 de julio en el estadio MetLife de Nueva Jersey, Estados Unidos, desde las 16:00 (horario argentino).

 

Exasesor de Margaret Thatcher pidió expulsar a los argentinos de la Premier por la bandera sobre Malvinas

Nile Gardiner, excolaborador de la ex primera ministra británica, cuestionó el mensaje exhibido por los futbolistas argentinos tras la final y reclamó que se les retire la visa de trabajo a quienes juegan en la Premier League.

 

 

La bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» que exhibieron los jugadores de la Selección argentina tras la final del Mundial 2026 generó una fuerte reacción en el Reino Unido.

Uno de los primeros en pronunciarse, según pudo confirmar la Agencia Noticias Argentinas, fue Nile Gardiner, exasesor de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, quien pidió sanciones contra los futbolistas que militan en la Premier League.

A través de su cuenta en la red social X, Gardiner publicó un duro mensaje en el que reclamó que los jugadores argentinos sean expulsados del fútbol inglés por haber participado de la manifestación.

«Todo jugador argentino en la Premier League inglesa que participó en esta fea exhibición anti-británica debería ser despojado de su visa de trabajo del Reino Unido. Debería haber tolerancia cero para esto», escribió.

El mensaje del exasesor de la llamada «Dama de Hierro» se viralizó rápidamente y abrió un intenso debate entre usuarios británicos y argentinos, con miles de comentarios a favor y en contra de su postura.

La polémica surgió luego de que varios integrantes del seleccionado argentino ingresaran al campo de juego con una bandera blanca en la que podía leerse la frase «Las Malvinas son argentinas», una histórica consigna vinculada al reclamo de soberanía que mantiene Argentina sobre las islas.

Entre los futbolistas que actualmente juegan en la Premier League aparecen figuras de la Selección como Emiliano «Dibu» Martínez (Aston Villa), Cristian Romero (Tottenham), Marcos Senesi (Tottenham), Lisandro Martínez (Manchester United), Alexis Mac Allister (Liverpool) y Enzo Fernández (Chelsea), quienes podrían quedar en el centro de la controversia impulsada por Gardiner.

 

 

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Fuente: Agencia NA.
Primicias Rurales
No fue un partido más, subyacía una convicción entre hinchas y jugadores: Las Malvinas son argentinas

No fue un partido más, subyacía una convicción entre hinchas y jugadores: Las Malvinas son argentinas

Con goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, Argentina remontó un 0-1 ante Inglaterra y se clasificó a la final del Mundial 2026. Tras el triunfo, los jugadores homenajearon a las Malvinas en el campo de juego; ahora, el equipo de Scaloni buscará el título ante España. La Virgen entró a la cancha con el ingreso de Lautaro Martínez que lleva estampas de la Patrona de Argentina en sus canilleras y el partido se revirtió a favor de Argentina. Un guiño para los que creen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 15 julio (PR/26)– La Selección argentina le ganó 2-1 a su par de Inglaterra en un partido para el infarto y se metió en la gran final del Mundial 2026, donde se enfrentará con España.

Tras el pitazo final, los jugadores Lisandro Martínez y Giovani Lo Celso desplegaron en el campo de juego una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas», desacatando una prohibición previa impuesta por la organización.

 

 

 

Inglaterra se había puesto en ventaja en el inicio del complemento a través de Anthony Gordon, mientras que los dirigidos por Lionel Scaloni dieron vuelta la historia gracias a los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, asistidos por el capitán Lionel Messi. 

El encuentro comenzó muy parejo, en un primer tiempo que fue un verdadero juego de ajedrez, con prácticamente ninguna jugada clara. La única la tuvo la Argentina, con un remate desde afuera del área que pasó muy cerca del arco defendido por Jordan Pickford.

En el inicio del segundo tiempo Inglaterra se puso en ventaja a los 10 minutos en una jugada aislada cuando Gordon definió solo en el área chica tras un preciso centro de Morgan Rogers.

Luego de ponerse en ventaja, Inglaterra quiso replegarse atrás con el objetivo de defender el resultado y la Selección argentina comenzó a acechar el área rival con un coraje impresionante.

Allí fue cuando apareció la figura de Pickford, quien se lució con unas atajadas impresionantes que hacían parecer imposible una remontada argentina.

 

Sin embargo, la Selección argentina logró llegar a la igualdad a los 40 minutos del segundo tiempo a través de un tremendo remate desde afuera del área de Fernández.

No conformes con la igualdad, los vigentes campeones del mundo siguieron presionando y así consiguieron el gol del triunfo recién a los 47 de la segunda mitad, cuando el “Toro” Martínez se impuso en las alturas con un gran cabezazo tras un centro preciso de Messi.

De esta manera, la Argentina consiguió la clasificación a la gran final, donde se enfrentará con España, que este martes dio una cátedra de fútbol para derrotar 2-0 a la Francia de Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y compañía.

 

 

 

Se dice que la La Virgen entró a la cancha con el ingreso de Lautaro Martínez que lleva estampas de la Patrona de Argentina en sus canilleras y el partido se revirtió a favor de Argentina. Un guiño para los que creen.

 

 

 

Gabriel C envió a Primicias Rurales esta reflexión: Otra vez jugadores argentinos con agradecimiento al cielo….el festejo de Enzo luego de su gol…. primero de pie y luego de rodillas!!! Creer!!! 🙌🏼🙏🏼🇦🇷❤️

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El emotivo video que publicó el Gobierno de Tierra del Fuego: “Las Malvinas fueron, son y serán argentinas”

El video contó con la Marcha de Malvinas de fondo y varias imágenes de Río Grande, que es la Capital Nacional de la Vigilia.

 

 

 

 

El Gobierno de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur compartió un emotivo posteo en sus redes sociales, a horas del partido entre la Selección argentina e Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026: «Las Malvinas fueron, son y serán argentinas».

 

El video, de casi dos minutos y medio de duración, tiene en todo momento la Marcha de Malvinas de fondo y cuenta con imágenes tanto de las Islas Malvinas, como de las ciudades de Ushuaia y Río Grande.

«Hay símbolos que no se dejan afuera. Desde Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, sostenemos una certeza irrenunciable, escrita en nuestra geografía y en el corazón de todo un pueblo. Las Malvinas fueron, son y serán argentinas«, fue el mensaje que compartió el Gobierno fueguino.

 

 

 

 

“Es muy lindo vivirlo otra vez”: la alegría de Messi por disputar su tercera final en una Copa del Mundo

“Gracias a Dios lo pudimos conseguir. Fue un día muy feliz para todos los argentinos”, expresó el capitán de la Selección argentina.

 

 

 

 

 

El capitán de la Selección argentina, Lionel Messi, expresó hoy su alegría y emoción por la infartante victoria en la semifinal ante Inglaterra que selló la clasificación a la final del Mundial de Canadá, Estados Unidos y México 2026:«Es muy lindo vivirlo otra vez».

«Gracias a Dios lo pudimos conseguir. Fue un día muy feliz para todos los argentinos», expresó el mejor jugador de todos los tiempos que asistió a Enzo Fernández y Lautaro Martínez.

Además, el astro argentino remarcó que durante el himno empezaron a “sentir cosas diferentes y especiales” y se alegró de haber podido “dejar afuera” al representativo inglés.

La final del Mundial enfrentará al combinado argentino con España el próximo domingo 19 de julio en el estadio MetLife, en la ciudad estadounidense de Nueva York, a las 16:00 (horario argentino), en búsqueda de la cuarta estrella y segunda consecutiva, para Argentina, mientras que la “Roja” tiene como objetivo ganar su segundo Mundial.

“Todas las finales del mundo son especiales”, comenzó a declarar el delantero del Inter Miami, que catalogó de “muy lindo” el hecho de “poder vivirlo otra vez”, para luego destacar que “es una locura lo que consiguió este grupo: jugar dos finales seguidas”.

Tras mostrarse también orgulloso por jugar su tercera final mundialista, el astro se centró en “cómo se dio todo el Mundial y el partido de hoy”, enfatizando en el rival y en la forma en la que se consiguió el triunfo, algo que calificó de “increíble”.

Sobre el contexto social del encuentro, con la Guerra de Malvinas latente en la memoria de todos los argentinos, el destacado atacante recordó que habían dicho que era “solo un partido de fútbol”, pero reconoció que durante la entonación del himno, tanto él como sus compañeros sintieron “cosas diferentes y especiales”, ya que “ninguno quería perderlo”.

Afirmando que “la gente de Argentina quería esta alegría y no quería perder contra Inglaterra”, el “10” aseguró que desde adentro de la cancha lo vivieron de la misma manera, en un “día muy lindo para los argentinos”, del que remarcó la importancia de: “dejarlos afuera a ellos y jugar otra final del mundo”.

 

Fiesta en el Obelisco: los hinchas festejan el pase de Argentina a la final del Mundial

 

Para garantizar la seguridad, se movilizaron 800 efectivos de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires además de funcionarios pertenecientes a las áreas de Orden Urbano, la División Despliegue de Intervenciones Rápidas (DIR) y patrullas en moto del Grupo de Apoyo Motorizado (GAM), junto con brigadas de la Superintendencia de Investigaciones y personal de las Comisarías Vecinales 1B y 1D.

Por la gran aglomeración de gente, las autoridades recomendaron a los automovilistas evitar por completo la circulación por la zona céntrica y desviar sus recorridos desde la altura de la Avenida Callao.

Tras comenzar perdiendo, el equipo de Lionel Scaloni se metió en la gran final, donde enfrentará a España el próximo el domingo en Nueva York, a las 16.

El partido entre la Selección Argentina y España, por la final del Mundial, se disputará el domingo 19 de julio, a las 16, hora argentina en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.

 

Una multitud festeja en el Obelisco. (Foto: TN)
Una multitud festeja en el Obelisco. (Foto: TN)

 

 

Lionel Scaloni brindó una conferencia donde aseguró: “Vamos a dejar todo para intentar ganar la final”.

Sobre el valor que tiene el plantel albiceleste, Scaloni dijo: “Somos únicos, no es de arrogancia, es de corazón. La camiseta amerita dar todo hasta el final”.

El DT se abrazó con Lionel Messi cuando terminó el compromiso en Atlanta y el plantel se enfoca en la final que disputará este domingo.

 

 

Un festejo especial

 

En un día donde las Malvinas estuvieron presentes en la memoria colectiva de los argentinos, nos gustaría destacar un festejo en especial porque lo compartió la hija de un combatiente, piloto de Pucará que llegó en su avión a Puerto Argentino cuando los ingleses bombardeaban la pista.

Jimena Martínez Chaves, hija del vicecomodoro Luis Alberto Martínez Chaves vivió este histórico partido con ese recuerdo familiar y con un grupo y ocasionales viajeros y puesteros presentes en un refugio en la montaña, en Jujuy donde se encuentra en travesía a pie, hasta las yungas, en el Parque Nacional de Calilegua.

 

Caminan 16 kilómetros diarios y son cinco que partieron desde Mendoza donde cursan en la Escuela de Montaña.

 

 

Jimena Martínez Chaves y grupo viendo el partido de Argentina e Inglaterra, en el Refugio «El Cokena». Luego festejarían, alli en las alturas.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Agencia Noticias Argentinas/ PR / TN/IA

 

 

 

“El deporte no es una guerra, no es una revancha, es sólo un partido”: el sentido mensaje de los veteranos de Malvinas antes de la semi Argentina-Inglaterra

“El deporte no es una guerra, no es una revancha, es sólo un partido”: el sentido mensaje de los veteranos de Malvinas antes de la semi Argentina-Inglaterra

A sólo horas del histórico partido en el que la selección argentina buscará la clasificación a la final del Mundial 2026, la Federación de Veteranos de Guerra “2 de Abril” emitió un documento en el que planteó reflexiones de cara al evento deportivo del próximo miércoles

Nota de Infobae
Imagen IA

Buenos Aires,  lunes 13 julio (¨R/26) —  A sólo horas del histórico partido en el que la selección argentina buscará la clasificación a la final del Mundial 2026la Federación de Veteranos de Guerra “2 de Abril” emitió un documento en el que planteó reflexiones de cara al evento deportivo del próximo miércoles.

La entidad compartió un comunicado en el que expresó que el partido de semifinales de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre la selección argentina y el seleccionado de Inglaterra debe entenderse como un evento deportivo y no como una revancha histórica.

En el documento publicado este lunes, la organización señaló que el cruce futbolístico con Inglaterra adquiere relevancia especial por “el profundo lazo en la historia, la diplomacia y el reclamo de soberanía” sobre las Islas Malvinas.

El escrito está dirigido a la opinión pública, los medios de comunicación y la sociedad argentina en general. Se da, además, en un marco de gran expectativa por el partido que definirá el nombre de un clasificado a la gran final del Mundial 2026.

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La Federación de Veteranos de Guerra de Malvinas remarcó que el fútbol representa una de las mayores expresiones de la cultura popular argentina y reconoció la pasión generada por la clasificación de la selección entre los cuatro mejores equipos del torneo. Sin embargo, advirtió sobre la importancia de diferenciar el fervor deportivo de la causa nacional vinculada a las Islas Malvinas y los 649 argentinos fallecidos durante el conflicto de 1982.

Según la entidad, “el partido de semifinales es un evento deportivo de alcance mundial, no una revancha armada ni una compensación histórica”. Insistió en que el reclamo de soberanía se sostiene en los ámbitos internacionales a través de la diplomacia, “la verdad histórica y el reclamo pacífico e irrenunciable” establecido por la Constitución Nacional.

“El deporte no es una guerra, no es una revancha, es solo un partido”: el sentido mensaje de los veteranos de Malvinas antes de la semi Argentina-Inglaterra
“El deporte no es una guerra, no es una revancha, es solo un partido”: el sentido mensaje de los veteranos de Malvinas antes de la semi Argentina-Inglaterra

El documento también afirma que, aunque el fixture del campeonato enfrente a la Argentina con “la nación usurpadora” y otras potencias con intereses geopolíticos en las islas, el valor central es que la consigna “¡Malvinas Argentinas!” esté presente como símbolo de memoria y soberanía, “sin caer en la xenofobia ni en el odio”.

La Federación solicitó a la sociedad, a los comunicadores y a quienes asistan o sigan el partido que acompañen a la selección argentina manteniendo “el respeto por quienes dieron su vida por la Patria”, y pidió que el fútbol sirva para recordar al mundo la continuidad del reclamo de soberanía.

La entidad concluyó que la motivación deportiva y el apoyo a la selección pueden convivir con la defensa “de la verdad histórica y la memoria”, subrayando el carácter pacífico y democrático del reclamo argentino.

 

El comunicado completo

 

 

EL SENTIMIENTO MALVINERO NO SE NEGOCIA: LA MEMORIA SE DEFIENDE EN CADA CANCHA

Ante las instancias finales de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que sitúan a nuestra Selección Nacional en una semifinal de alto impacto histórico frente a Inglaterra, junto a los cruces de Francia y España en el cuadro europeo— naciones con un profundo lazo en la historia, la diplomacia y el reclamo de soberanía de nuestro archipiélago—, la Federación de Veteranos de Guerra de Malvinas emite el presente comunicado a la opinión pública, a los medios de comunicación y al pueblo argentino.

El fútbol, como máxima expresión de la cultura popular de nuestra patria, despierta pasiones que a menudo se entrelazan con nuestra identidad nacional. Entendemos y compartimos la emoción de estar entre los cuatro mejores equipos del planeta. Sin embargo, como custodios de la memoria de los 649 héroes que quedaron en las islas y en las aguas del Atlántico Sur, consideramos fundamental trazar una línea inquebrantable entre el fervor deportivo y la causa nacional.

Desde esta Federación queremos manifestar:

• El deporte no es la guerra: El partido de semifinales es un evento deportivo de alcance mundial, no una revancha armada ni una compensación histórica. La soberanía se defiende en los foros internacionales, con la diplomacia, la verdad histórica y el reclamo pacífico e irrenunciable que dicta nuestra Constitución Nacional.

• Honor y Gloria eternos: Pedimos a la sociedad, a los comunicadores y a la hinchada que acompaña a la Albiceleste que, al alentar al equipo, mantengan en lo más alto el respeto por quienes dieron su vida por la Patria. Que el fútbol sea un puente para malvinizar y para recordar al mundo que nuestro reclamo sigue más vigente que nunca.

La pelota rueda, el orgullo por nuestros colores se multiplica, pero la memoria permanece intacta. Jugamos por la gloria deportiva, pero marchamos todos los días por la verdad histórica.

 

La divertida revelación de la mamá de Mac Allister cuando se canta “el que no salta es un inglés” en los partidos de Argentina

 

(Infobae en Vivo)Silvina Riela junto a Alexis Mac Allister en la consagración de Argentina en Qatar 2022 (@alemacallister)

En la antesala de la semifinal entre la selección argentina e Inglaterra por el Mundial 2026Silvina Riela, la madre de Alexis Mac Allister, uno de los pilares del combinado de Lionel Scaloni, realizó una entrevista en la que palpitó el partido previo a la final. Además de hablar del presente de su hijo, brindó su punto de vista sobre el país británico y contó su experiencia.

“Lo que me sucedió es que iba con una imagen bastante fea en sí de Inglaterra en cuanto vivir allí. Por el tema del frío y la falta de sol. Yo decía, en mi ignorancia, que no nos toque Inglaterra nunca. Pero ahora que lo conocí, cambió todo. Incluso la forma de ver a la gente. Pensé que me iba a encontrar con gente fría, son muy educados y respetuosos. Hemos sido acobijados por un país que nos trató de la mejor manera”, explicó la mujer en diálogo con el programa Alguien tiene que decirlo de Radio Mitre, conducido por el periodista Eduardo Feinmann.

Con este panorama, la madre de Alexis Mac Allister lanzó una divertida frase sobre cómo vive los partidos de la Selección y su peculiar reacción durante uno de los temas más cantados por los hinchas albicelestes. “El tema que existe en Inglaterra, es un poco el historial que tenemos con la mirada de las Malvinas. Lo que dijo Scaloni, es un partido de fútbol. Mi nieta nació en Inglaterra. Así que cuando todos cantan, el que no salta es un inglés, yo me quedo sentada con ella. No puedo decir lo mismo. En ese sentido, no me acoplo a eso”, contó entre risas.

 

Primicias Rurales

Fuente: INFOBAE

¡El estandarte de la soberanía!: El fuego eterno de Belgrano que desafía al conformismo moderno

¡El estandarte de la soberanía!: El fuego eterno de Belgrano que desafía al conformismo moderno

Por Redacción Primicias Rurales

En este conmovido 20 de junio, la patria entera se rinde ante el máximo símbolo de nuestra libertad e identidad. Lejos de quienes sólo recuerdan los colores nacionales durante el mundial de fútbol, lo cual no está mal, el verdadero heroísmo del campo y del pueblo trabajador reivindica el legado indomable de Manuel Belgrano, el prócer que fundó nuestra soberanía en las orillas del Paraná.

 

 

Un manto sagrado nacido en el combate

Buenos Aires, sábado 20 junio (PR/26) — La historia de nuestra insignia nacional comenzó a escribirse con la valentía de Manuel Belgrano, un abogado que asumió el mando militar del Regimiento de Patricios para defender la independencia americana.

En un contexto de pura resistencia en 1810, la Primera Junta encomendó la urgente misión de diseñar un símbolo que unificara a las tropas patriotas y marcara una clara distinción frente al enemigo realista.

Fue así como la confección artesanal de María Catalina Echeverría dio vida a la primera bandera, izada con orgullo eterno el 27 de febrero de 1812 a orillas del Río Paraná, en la histórica ciudad de Rosario.

El verdadero patriotismo frente a la pasión mundialista

Hoy resulta imperioso reflexionar sobre el significado profundo de nuestros colores patrios, los cuales no pertenecen únicamente a la emoción pasajera de quienes alientan en un mundial de fútbol.

Los verdaderos héroes de la nación, aquellos que de sol a sol labran la tierra argentina y defienden la producción local, llevan la bandera grabada en el alma como un compromiso diario con la soberanía alimentaria.

Mientras el fútbol despierta un fervor de noventa minutos, el Día de la Bandera nos convoca a un juramento perpetuo de lealtad, honrando la memoria de Belgrano, quien pasó a la inmortalidad el 20 de junio de 1820.

Secretos e hitos del sol incaico y el diseño oficial

El diseño definitivo que hoy cobija a nuestro territorio fue aprobado oficialmente por el Congreso de Tucumán en 1816, tras haber acompañado a las huestes patriotas en las duras campañas del Alto Perú.

Dos años más tarde, en 1818, el director supremo Martín de Pueyrredón incorporó de forma definitiva el imponente Sol de Mayo, un tributo directo a la Revolución de 1810 y al dios solar de las raíces incas.

Actualmente, el sol brilla en un radiante color oro con 32 rayos flamígeros y rectos alternados, coronando un diseño ceremonial que por ley exige estrictas proporciones de 1,40 metros de longitud por 0,90 metros de altura.

El altar de la patria y el derecho de todo un pueblo

Para honrar este recorrido, el imponente Monumento Histórico Nacional a la Bandera fue inaugurado en Rosario en el año 1957, materializando un viejo anhelo popular gracias al arte de los escultores Bigatti y Fioravanti.

Asimismo, la historia legal dio un vuelco fundamental mediante la Ley 23.208 sancionada en 1985, la cual democratizó el uso del símbolo patrio para todas las instituciones civiles y ciudadanos particulares.

Hoy, desde cada rincón del interior productivo y en cada escuela del país, los argentinos renovamos el grito sagrado de libertad, bajo el amparo de la enseña que Belgrano nos legó para custodiar nuestra independencia.

Primicias Rurales/ Foto IA

Lo que miden los velorios en la Argentina. Milei y el Eden, la confesión de un delincuente y el comienzo del país sin grieta

Lo que miden los velorios en la Argentina. Milei y el Eden, la confesión de un delincuente y el comienzo del país sin grieta

Por: Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.

 

Buenos Aires, lunes 15 junio (PR/26) — La Argentina tiene la costumbre de medir su propia temperatura en los velorios. Cada vez que muere alguien que significó algo —un caudillo, un artista, un mito— el país sale a la calle, forma fila, llora o no llora, y en ese acto colectivo dice algo sobre sí mismo que no podría decir de otra manera.

 Irigoyen: la democracia que aprendió a despedirse

Hipólito Irigoyen murió en julio de 1933, dos años después de ser derrocado por el primer golpe militar del siglo XX. Tenía ochenta y un años, estaba empobrecido y solo. Sin embargo, cuando su cadáver fue expuesto, Buenos Aires salió a la calle de una manera que nadie esperaba. Cientos de miles de personas —algunos hablan de más de un millón— formaron una fila interminable para despedirlo.

¿Qué medía ese velorio?

Irigoyen no era un héroe y su segundo gobierno había sido caótico, su estilo personalista rayaba el caudillismo, y su relación con las instituciones era, en el mejor de los casos, ambigua. Pero era el primer presidente elegido por sufragio masculino universalEl velorio de Irigoyen medía el duelo por la república interrumpida.

 Gardel: la patria sentimental

Carlos Gardel murió en junio de 1935 en un accidente de avión en Medellín. Tenía cuarenta y cuatro años y era el hombre más famoso del mundo de habla hispana. Cuando su cuerpo llegó a Buenos Aires la ciudad entera se detuvo.

Sin embargo, el velorio de Gardel medía otra cosa. No medía política: medía identidad. Su velorio fue masivo porque su muerte no era solo la muerte de un hombre: era la muerte de un espejo. La Argentina lloraba a Gardel porque lloraba la imagen de sí misma que él le devolvía.

Eva Perón: el poder que duele

Eva Perón murió el 26 de julio de 1952. Tenía treinta y tres años y era la figura política más amada y odiada de la Argentina contemporánea. Las colas para verla en el Ministerio de Trabajo duraron más de dos semanas. Se calculan entre dos y tres millones de personas.

El velorio de Evita medía el dolor de los que habían sido reconocidos por primera vez. El velorio de Evita era el velorio del primer populismo argentino en su momento de máxima tensión emocional. Era, también, el primer gran ensayo de la religión peronista.

Perón: el fin de una era que ya había terminado

Juan Domingo Perón murió el 1° de julio de 1974. Tenía setenta y ocho años y había regresado al país después de dieciocho años de exilio. Su tercer gobierno duraba apenas nueve meses y ya era un desastre.

El velorio de Perón medía otra cosa que los anteriores: medía el agotamiento. Las multitudes que fueron a despedirlo eran multitudes confusas, atravesadas por el luto y por la incertidumbre. No había la unidad de Evita ni la melancolía de Irigoyen. Había perplejidad. El Peronismo sin Perón era una ecuación que nadie sabía resolver. El velorio de Perón medía el miedo al vacío.

Alfonsín: el duelo republicano

Raúl Alfonsín murió el 31 de marzo de 2009. Había dejado el poder en 1989 en medio de la hiperinflación, en lo que sus propios partidarios llamaban una derrota.

El velorio de Alfonsín medía el valor de lo que se pierde cuando ya no está. Medía la nostalgia por la política como vocación, por el dirigente que discutía en el Parlamento y no desde el balcón, por el presidente que se fue antes que usar la violencia para quedarse. La Argentina que fue a despedir a Alfonsín no lloraba al radical: lloraba al demócrata.

Kirchner: el poder que se fue antes de terminar

Néstor Kirchner murió el 27 de octubre de 2010, en El Calafate, de un paro cardíaco. Tenía sesenta años y era, en ese momento, secretario general de UNASUR y el hombre más poderoso de la política argentina, aunque no ejerciera ningún cargo ejecutivo nacional. Su muerte fue un shock.

El velorio de Kirchner medía la dependencia. Medía cuánto del proyecto político que él encarnaba dependía de su persona y cuánto había podido transferirse a estructuras, ideas, instituciones. El velorio medía el umbral entre el líder y el movimiento.

Maradona: la deidad popular

Diego Armando Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, en plena pandemia, con el mundo clausurado y los velorios prohibidos. Sin embargo, la Argentina rompió todos los protocolos sanitarios y llevó su cajón a la Casa Rosada para que la gente pudiera despedirlo.

El velorio de Maradona medía algo que ningún velorio anterior había medido con tanta claridad: medía el hambre de trascendencia de un país que se sabe periférico. Maradona le había dado a la Argentina la única victoria que nadie le puede quitar con un decreto ni una devaluación: le había dado la sensación de ser los mejores del mundo en algo.

El Indio Solari: el último profeta de la tribu

 

 

Roberto Patricio Solari murió el 5 de junio de 2026. Tenía más de setenta años, había dejado de tocar en público hacía más de una década, y en sus últimas apariciones era ya una figura casi espectral.

La gente fue. Como siempre. Como en todos los velorios que cuentan.

Sin embargo, el velorio del indio medía algo diferente a todos los anteriores. No medía política partidaria como Irigoyen o Kirchner. No medía identidad nacional como Gardel. No medía el terror al vacío como la muerte de Evita o de Perón. No medía ni siquiera la divinidad popular como Maradona. El velorio del Indio medía el fin de una forma de creer.

El rock nacional argentino había funcionado durante cuarenta años como una religión alternativa para una generación que había perdido la fe en todas las otras religiones disponibles. La política había traicionado. La Iglesia había colaborado con la dictadura. El sindicalismo había sido cooptado. El Estado había defraudado. Pero el Indio cantaba en los estadios ante doscientas mil personas que sabían de memoria cada palabra de cada canción como si fueran versículos.

Los ricoteros no eran un público. Eran una comunidad. Tenían su propia liturgia, su propio calendario, sus propios textos sagrados. Y el Indio era, queriendo o sin querer, su profeta.

Por eso su velorio medía algo que los anteriores no habían medido: medía el orfanato cultural de una generación. No el duelo por un líder que se fue antes de terminar su obra, sino el duelo por una voz que ya no va a volver a decir lo que nadie más sabe decir. El Indio era el último de una estirpe que empezó con Spinetta y Almendra, que continuó con Sui Generis y Serú Girán, que alcanzó su cima en los estadios de Los Redondos.

Hay algo más que el velorio del Indio mide. Mide la distancia infinita entre la Argentina que él cantó y la Argentina que existe. El Indio cantaba sobre una sociedad rota, sobre la injusticia estructural, sobre los que quedan abajo del sistema.

Lo que miden todos juntos

Si uno pone los siete velorios en fila —Irigoyen, Gardel, Evita, Perón, Alfonsín, Kirchner, Maradona— y agrega ahora el del Indio, lo que aparece es una historia paralela de la Argentina. Una historia que dice, en cada caso, qué necesitaba el país y qué sentía que había perdido.

Gardel prometía identidad. Evita prometía justicia. Perón prometía orden. Alfonsín prometía república. Kirchner prometía voluntad política. Maradona prometía gloria. El Indio prometía que había una forma de nombrar la experiencia de vivir en este país sin mentir y sin rendirse.

La divina maquinariaMilei, el Edén y el capitalismo como religión de Estado

Hay discursos que se pronuncian para informar, discursos que se pronuncian para convencer, y discursos que se pronuncian porque no pronunciarlos sería una traición. Javier Milei lo dijo él mismo, el lunes 8 de junio de 2026, ante la comunidad judía reunida en el Palacio Libertad para el tributo al Rebe de Lubavitch.

El Presidente tituló su epílogo con el nombre que resume todo el programa: Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso. El capitalismo no es un sistema económico que los humanos diseñaron, probaron, corrigieron y adoptaron después de siglos de experiencia. Es el sistema que Dios preparó a través de su ley para que después de la Caída el trabajo continuara.

La arquitectura del sermón

Para entender el discurso hay que leerlo en su estructura completa, no en los fragmentos que circularon en los medios. Milei construye un argumento que arranca en el Génesis y llega hasta el mercado de capitales del siglo XXI sin perder el hilo.

El punto de partida es el paraíso original: un mundo de abundancia radical donde no existía la escasez ni el tiempo como restricción. El Edén como el estado de naturaleza económicamente óptimo, donde todos los bienes están disponibles y el tiempo no es un costo. La caída introduce la escasez, el trabajo, el esfuerzo, la mortalidad. El hombre cae del Edén a la economía.

¿Qué sistema económico reconstruye mejor las condiciones del paraíso perdido?

La respuesta de Milei es sin rodeos: el capitalismo de libre empresa. El mercado sin Estado es la aproximación humana más cercana al Edén.

El Paraíso igual a mercado libre. Infierno igual a Estado intervencionista. El capitalismo como camino de vuelta a la abundancia original. El socialismo como camino deliberado hacia la condena eterna. Y los Diez Mandamientos como el código legal que sostiene todo el edificio: no matarás es el derecho a la vida; no robarás es la propiedad privada; no codiciarás los bienes ajenos es la prohibición de la redistribución forzosa. La Torá como el primer tratado de economía liberal de la historia. Moisés como el precursor de Hayek.

No es un presidente que usa metáforas religiosas para ilustrar argumentos económicos: es un presidente que usa argumentos económicos para ilustrar una revelación religiosa.

Si el capitalismo es el sistema que Dios preparó desde el principio como respuesta a la Caída, ¿por qué la humanidad tardó trescientos mil años en descubrirlo? ¿Qué estuvo haciendo Dios durante los doscientos noventa y siete mil años anteriores? ¿Esperando que aparecieran Adam Smith y la Revolución Industrial? ¿O acaso los pueblos que vivieron en sistemas de reciprocidad, caza y recolección, agricultura comunal, feudalismo, mercantilismo y esclavitud estaban todos, sin excepción, en el infierno?

Los textos sagrados que Milei cita —el Génesis, la Torá, los Diez Mandamientos— fueron escritos entre dos mil quinientos y tres mil años antes de que existiera el capitalismo como sistema.

No mencionan el mercado de capitales, la tasa de interés, la propiedad intelectual, las sociedades anónimas ni ninguno de los dispositivos institucionales que hacen funcionar al capitalismo realmente existente.

Si el mandamiento “no robarás” legitima la propiedad privada y la prohíbe redistribuir, ¿cómo se explica que la misma tradición bíblica contenga el año sabático, que mandaba dejar descansar la tierra y perdonar las deudas cada siete años, y el año jubilar, que cada cincuenta años ordenaba devolver las tierras a sus propietarios originales y liberar a los esclavos? ¿Eso era socialismo? ¿Estaba Dios confundido cada siete y cada cincuenta años?

Lo que ocurrió el lunes 8 de junio en el Palacio Libertad no es, en sentido estricto, una novedad en el pensamiento de Milei. Desde sus primeras apariciones televisivas, Milei siempre mezcló economía con moral, y la moral con trascendencia. Por primera vez, un presidente argentino en funciones presentó como epílogo de un libro oficial del Estado una doctrina que sustenta su programa económico en preceptos bíblicos y en la voluntad divina.

Es una teología política. La teología política es la doctrina que legitima el poder político en términos sagrados: el rey por la gracia de Dios, la guerra santa, el manifiesto destino.

La ironía máxima del asunto es que esto lo dice el primer presidente anarcocapitalista de la historia, que llegó al poder criticando al Estado como una organización violenta y coercitiva, que prometió dinamitar el Banco Central y desmantelar la casta política.

Podría objetarse que todo esto es exagerado: que Milei habló en un acto religioso ante una comunidad de fe, que el contexto explica el tono, que sería injusto leer ese discurso como un documento de política de Estado. La objeción sería razonable si el texto no estuviera publicado en la página oficial de la Casa Rosada como discurso presidencial, si Milei no hubiera especificado que es el epílogo de su nuevo libro sobre moral como política de Estado, y si la audiencia en el Palacio Libertad hubiera sido una reunión privada y no un acto oficial transmitido por los canales institucionales del Gobierno.

Pero está publicado. Es oficial. Porque lo que la Argentina tiene desde el lunes 8 de junio de 2026 es un presidente que ha formalizado, en un documento del Estado, la doctrina de que el capitalismo de libre empresa es el sistema que Dios preparó para la humanidad, que seguir sus preceptos conduce a la prosperidad con la misma certeza que dos más dos son cuatro, y que apartarse de ellos conduce a la miseria como consecuencia natural de haberse apartado del orden divino. No es una opinión del Presidente: es, según sus propias palabras, una ley tan rigurosa como cualquier ley económica.

No se trata de hacer equivalencias improcedentes. Se trata de tomarse en serio lo que un presidente dice cuando cree que está diciendo lo más importante que ha dicho en su vida.

Un presidente que cree que su programa es la voluntad de Dios, no tiene, por definición, incentivos para revisarlo cuando los resultados no acompañan. Los resultados son terrestres. La voluntad de Dios es eterna. Si el ajuste duele, el dolor es el precio de la Caída. Si la pobreza persiste, es que no se obedeció suficientemente. Si el mercado no trae el paraíso, es que alguien introdujo una serpiente en el jardín.

¿En qué momento una democracia decide que hay una diferencia entre un presidente que tiene fe y un presidente cuya fe ha reemplazado a la política, y que esa diferencia importa?

O dicho de otra manera: ¿cuándo en la Argentina un presidente que cree haber encontrado la voluntad de Dios en los Diez Mandamientos dejó de ser noticia y empezó a ser paisaje?

Adorni: El hombre que juró ante el Congreso que nunca hubo ocultación, anoche confesó que sí la hubo. Y la ley que lo cubre la votó su Gobierno.

El miércoles 29 de abril, con Javier Milei mirándolo desde el palco como si fuera a comenzar un combate de box, Manuel Adorni miró a los legisladores a los ojos y dijo que en sus declaraciones juradas ante la Oficina Anticorrupción figuraban todos sus bienes “sin ocultación alguna”. El 25 de marzo lo había dicho en conferencia de prensa. El 4 de mayo lo repitió por escrito. Tres veces, misma frase, mismo gesto de republicanismo herido.

El miércoles pasado, ante la inminencia de que el fiscal Gerardo Pollicita avanzara sobre su causa, Adorni presentó su declaración jurada rectificada. E informó, con la misma soltura con que durante dos años explicó los ajustes del Gobierno, que había omitido cientos de miles de dólares porque “ahorramos en negro, como la mayoría de los argentinos”. La ocultación, confirmó, fue intencional. “Para escaparme de la vieja política”, dijo, sin notar que acababa de protagonizarla.

La ley que lo cubre se llama “Inocencia Fiscal”. La aprobó el mismo gobierno que prometió terminar con la Argentina en negro.

El régimen permite regularizar activos sin consecuencias penales. Una herramienta pensada, en teoría, para el pequeño ahorrista que guarda dólares bajo el colchón. Adorni adhirió a ella después de que la Justicia le detectara los números que no cerraban. Timing impecable. Y la oposición, que hasta ahora no consigue los votos para interpelarlo, pide ahora que los funcionarios sean explícitamente excluidos del régimen.

Hay además una contradicción que nadie en el Gobierno se apura a resolver. Milei había declarado en LN+, con convicción presidencial, que Adorni le había mostrado sus papeles y que “las cosas que me presentó estaban en orden”. Adorni, en cambio, dijo que el Presidente “confió ciegamente” en él y que nunca fue necesario mostrarle nada. Dos versiones. Mismo hecho. En una, el Presidente mintió. En la otra, el Jefe de Gabinete le mintió al Presidente. No hay tercera opción.

Villarruel fue escueta: “Me parece una vergüenza”. Nadie del círculo íntimo la desmintió.

En la Argentina, la corrupción tiene una característica que la distingue: no es clandestina por vocación, sino por costumbre. Se ejerce con tal naturalidad que cuando alguien la confiesa en televisión con cara de circunstancias, el escándalo dura exactamente lo que tarda en aparecer el próximo. Adorni contó que ocultó ingresos para “escaparse de la vieja política”. Pero la vieja política no es un lugar al que uno llega. Es un hábito que uno trae.

¿Cuántos otros funcionarios que hoy repiten la misma frase —“todo lo mío lo hice antes de llegar al poder”— están esperando, con la misma serenidad de Adorni, a que la Justicia les encuentre los números que no cierran?

El único altar sin grietaSobre los argentinos, el fútbol y la ilusión de ser un solo pueblo

Hay un fenómeno que se repite en la Argentina con la puntualidad de una ley física: cada cuatro años, cuando arranca el Mundial de fútbol, el país cambia de humor. No gradualmente. De golpe. Como si alguien apagara el ruido y encendiera otra cosa.

Las discusiones sobre el dólar, la inflación, el Kirchnerismo, el anti-kirchnerismo, los que se fueron y los que se quedaron, los que tienen razón y los que mienten se apaga por un rato. Aparece en su lugar algo difícil de nombrar: una fraternidad prestada, una tregua que nadie firmó, pero todos respetan. Durante unas semanas, somos un solo pueblo. O al menos nos gusta creer que lo somos.

 ¿Qué dice de nosotros que necesitemos una pelota para abrazarnos?

La escena más perturbadora de nuestra historia futbolística no ocurrió en una cancha. Ocurrió en las calles de Buenos Aires en junio de 1978, cuando Argentina ganó su primer campeonato del mundo bajo la mirada complaciente de la dictadura militar. Jorge Rafael Videla entregó la copa y las plazas desbordaron. Sin embargo, a pocas cuadras, en la ESMA, en El Olimpo y en cientos de centros clandestinos, se torturaba y se desaparecían personas.

No se trata de juzgar a quienes salieron a festejar. Yo fui uno de ellos. Lo que trato de entender es que esa unidad futbolística nació marcada por una paradoja brutal: el primer abrazo masivo como campeones del mundo fue también una pantalla sobre el horror.

Ocho años después, en México 86, llegó la otra cara de esa moneda. Diego Armando Maradona le metió dos goles a Inglaterra en cuartos de final y el país entero, peronistas y radicales, militares retirados y expresos políticos, se fundieron en el mismo grito.

Nuevamente el milagro, la grieta no existía. No porque se hubiera disuelto, sino porque Maradona la había vuelto irrelevante. Casi un milagro laico, tan argentino como el dulce de leche. Encontrar en el genio de Fiorito lo que la política nunca nos había dado.

Sin embargo, Maradona pagó un costo adicional. Él mismo era la grieta hecha persona, amado y odiado, sublime y autodestructivo, peronista y antiperonista según la lectura de cada uno. Pero cuando tocaba la pelota, todos lo querían. Era, en cierto modo, nosotros mismos.

Lamentablemente, el Mundial pasó y nuevamente en democracia, la grieta no desapareció. Se perfeccionó. Se institucionalizó. Cada proceso electoral la profundiza un poco más.

Hoy vivimos en un país donde es más fácil cambiar de religión que de bando político, donde la familia se divide en la mesa navideña y los amigos se borran en Twitter con la misma facilidad con que antes se saludaban en la esquina.

Sin embargo, cada cuatro años, pasa lo mismo: los que se bloquean mutuamente en redes se encuentran en el mismo bar mirando el mismo partido. Los que no se hablan hace meses se mandan el mismo meme cuando Argentina hace un gol. No es reconciliación. No es amor. Es algo más primitivo y honesto: la necesidad de pertenecer a algo más grande que uno mismo, aunque dure apenas un mes.

Qatar 2022 lo confirmó una vez más, con una intensidad que quizás no habíamos vivido desde el 86. Treinta y seis años de espera, una final interminable contra Francia, y después eso: las calles desbordadas, los cuerpos abrazados sin preguntar a quién votabas, el Obelisco convertido en altar de una religión sin dogma.

El kirchnerista y el libertario en el mismo abrazo. El que tiene trabajo y el que no. Por unas horas, Argentina era un solo país.  Lionel Messi, que durante años soportó el peso absurdo de no ser «suficientemente argentino» para una franja de hinchas que nunca le perdonaron haber crecido en Europa, fue esa noche el argentino más argentino de todos.

Esta semana comienza un nuevo Mundial. Más grande que todos los anteriores, sobrecargado de equipos y partidos, diluido en su propia abundancia. Y sin embargo, la Argentina seguirá siendo la Argentina: un país que durante un mes suspende su guerra civil interior para librar otra, más noble, contra el resto del mundo.

Desde este espacio, hemos dedicado muchas páginas a la política, a la grieta, a los que gobiernan y a los que aspiran a hacerlo. Seguiremos haciéndolo. Pero entendemos que hay momentos en que el análisis político es, simplemente, el género menos urgente. Este es uno de ellos.

Volveremos cuando la ilusión de la unidad se despeje, cuando la pelota deje de rodar y la política retome su carrera hacia el 2027. Hasta entonces, estaremos atentos —como todos los argentinos— pero con el corazón y la cabeza en otro lado.

 

 

Primicias Rurales
Por Sergio Marcelo Mammarelli