Hoy 7 de julio recordamos a la Beata María Romero, la religiosa que unió a Nicaragua y Costa Rica

Hoy 7 de julio recordamos a la Beata María Romero, la religiosa que unió a Nicaragua y Costa Rica

Buenos Aires, martes 7 de julio (PR/26) .- Cada 7 de julio la Iglesia conmemora a la Beata María Romero Meneses, religiosa salesiana nicaragüense, quien dedicó su vida al servicio de los pobres y desposeídos. Sor María fue beatificada a inicios del milenio por el Papa San Juan Pablo II y es, por el momento, la segunda mujer originaria de Centroamérica en recibir tal dignidad. Hoy, su proceso de  canonización continúa en curso.

Sor María vivió 75 años, de los cuales cuarenta y seis fueron dedicados al servicio de Nuestro Señor, presente en los que sufren. Y es que Sor María fue capaz de encontrar en el prójimo el rostro de Cristo mismo cuando se hallaba sumido en su hora más difícil.

Promoción de la persona, promoción de la paz

La vida de la Beata María Romero está llena de ejemplos sencillos de cómo poner en práctica la caridad, de esos capaces de iluminar la manera como nosotros católicos debemos comprometernos en las causas sociales, es decir, anunciando a Jesús, siempre cercano, siempre presente.

En ese sentido, Sor María trabajó esperanzada en hacer de este mundo -tantas veces injusto- un lugar mejor, ‘un adelanto’ del Reino de Dios. Para eso -y ella lo sabía muy bien-  no es necesaria ni la violencia ni avivar heridas o acrecentar rupturas, como tampoco son necesarios los discursos grandilocuentes, ni las arengas estrepitosas. Ella fue la prueba fehaciente de que es la sencillez evangélica el camino más seguro para conseguir el objetivo.

Vocación de servicio a la sociedad

En 1910 llegaron a Nicaragua las Hijas de María Auxiliadora (FMA), misioneras salesianas, congregación que conquistaría el corazón de una joven María Romero, quien se vincularía a ellas para siempre. Gracias a las hermanas, María sintoniza inmediatamente con la figura del gran apóstol de la juventud, Don Bosco, en cuya obra encuentra la un modelo y y una realización de los ideales más profundos de su corazón.

Nicaragua y Costa Rica unidas

En 1921 la joven recibió el hábito religioso -hizo el noviciado en la República de El Salvador- y pasó a llamarse Sor María Romero. Sus votos perpetuos los realizó en 1929. Un año y medio después (1931) fue enviada a Costa Rica. Allí sirvió como asistente en los consultorios médicos de la congregación, trabajó en internados de jóvenes y en la Asociación de Ayuda a los Necesitados. Esta última estaba integrada por familias que alguna vez vivieron en condiciones infrahumanas y que después, liberadas de tal situación, se dedicaban a ayudar a otras familias en mayor necesidad.

Además, Sor María se encargaba de la capacitación de las jóvenes y señoras en estado de abandono, a quienes instruía en las labores domésticas -cocina, costura y otros oficios- y así pudieran conseguir un trabajo que contribuya al sustento de sus familias. También ofrecía, a precios simbólicos o de forma gratuita, prendas de vestir nuevas y usadas que ella misma recolectaba; y repartía canastas con alimentos básicos.

Por otro lado, su vitalidad contagiosa y la solidez de sus emprendimientos apostólicos favorecieron la formación de círculos de donantes -empresarios, familias pudientes- para solventar su extensa obra. Mientras tanto, se organizaban grupos de voluntarias a quienes Sor María llamaba cariñosamente “misioneritas”. Fue así que se concretaron obras de la magnitud de la ‘Casa de la Virgen’ en San José.

Sin lugar a duda, los años en Costa Rica produjeron frutos abundantes. Dios le concedió también la bendición de ver cómo la labor social que realizaba muchas veces recaía en sus compatriotas nicaragüenses, quienes conformaban la comunidad migrante más grande del país y el porcentaje mayoritario entre los pobres. Sor María siempre vivió preocupada por ellos.

“Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6, 21)

El ideal de la beata fue siempre amar profundamente a Jesús y a la Virgen María, y su alegría mayor, acercar la verdad del Evangelio a los niños, los pobres, los que sufren, los marginados, y a todos aquellos a quienes Dios ama con pasión. Su recompensa: ser testigo del retorno de la paz entre sectores de la sociedad que se hallaban enfrentados, así como de la vuelta de la fe a muchas almas habitualmente consideradas perdidas.

El milagro

Sor María Romero falleció el 7 de julio de 1977 de un infarto al miocardio, durante un periodo de descanso.

En el año 2002 fue beatificada por el Papa San Juan Pablo II, tras comprobarse el milagro de la niña costarricense María Solís. Estando aún en el vientre de su madre, a la pequeña María se le realizaron una serie de estudios que apuntaban a un diagnóstico negativo. Los médicos concluyeron que nacería con labio leporino y otras múltiples deformaciones. Gracias a las oraciones ofrecidas por la madre de la niña a la Beata María Romero, la pequeña María Solis nació completamente sana.

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Fuente: Aciprensa
Sostenemos la fe de la gente desde “las catacumbas de la prudencia”, dice sacerdote en Nicaragua

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Desde el corazón de Nicaragua un sacerdote afirma que la Iglesia sostiene la fe de la gente desde “las catacumbas de la prudencia”, ante la feroz persecución de la dictadura de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

 

Nicaragua, domingo 5 julio (PR/26).– Un sacerdote en Nicaragua, que pidió mantenerse anónimo por razones de seguridad y para evitar represalias, habló con ACI Prensa el 3 de julio tras la segunda detención del Obispo Emérito de Estelí, Mons. Abelardo Mata.

De acuerdo a una fuente cercana a la Iglesia consultada por ACI Prensa, el obispo “no estaría en casa por cárcel y no se sabe dónde está”, ya que no habría vuelto a su residencia.

El presbítero dijo luego que “es verdad que desde afuera se puede percibir un aparente silencio, pero éste no debe confundirse con indiferencia o con temor paralizante. Es en realidad un silencio de prudencia, de profunda responsabilidad pastoral”.

Tras recordar que la dictadura “ha relegado la fe al espacio privado” o “intramuros en las iglesias”, el sacerdote recordó que hay varios obispos exiliados.

“La ausencia de obispos en sedes tan importantes como Estelí, Jinotega, Matagalpa y Siuna también es un golpe directo a nuestra Iglesia, nuestra comunidad. Aunque confiamos plenamente en la guía del Espíritu Santo, la falta de una figura pastoral visible dificulta la administración, dificulta el acompañamiento, dificulta esa cohesión eclesial”, indicó el sacerdote.

El presbítero destacó que “caminamos entonces, pero con el peso de la fragmentación y vivimos también en una constante incertidumbre”.

“Hasta las paredes oyen”

 

“La vigilancia es real, es constante. Decimos aquí que ‘hasta las paredes oyen’. Y esto ha fragmentado incluso la comunicación interna, sembrando muchas veces desconfianza, algo casi lógico en un entorno donde el control es la norma”, añadió.

En efecto, la policía asedia a los sacerdotes, les toma fotos y exige ser informada sobre cada salida de sus parroquias o los movimientos fuera de su territorio. Si se menciona algún problema social en homilías, se arriesgan a sufrir cárcel o destierro.

 

El “silencio” de la Iglesia

 

El presbítero también explicó a ACI Prensa que “los obispos, los sacerdotes que permanecemos en el país, debemos actuar de manera sigilosa, con un sigilo extremo. Esto no es cobardía, no. Es astucia, diría yo, como la astucia de la serpiente y la sencillez de las palomas de las que nos habla Jesucristo en el Evangelio”.

“Cada paso, cada palabra, deben ser calculados para no cruzar esa línea invisible que justifique una acusación de sublevación y poder seguir acompañando al pueblo que se nos ha confiado. En definitiva, la Iglesia en Nicaragua no ha desaparecido. No, no se ha rendido. Está resistiendo. Estamos resistiendo en el silencio”, subrayó.

“Estamos sosteniendo la fe de la gente desde las catacumbas de la prudencia, esperando tiempos de mayor libertad”.

El sacerdote dijo también que entiende “el silencio del Vaticano. En este sentido, la comunión eclesial no depende sólo de comunicados públicos. Sabemos que hay oraciones, hay gestos diplomáticos que no hacen ruido y en este momento lo que menos necesita el pueblo de Nicaragua es generar más divisiones, sino mantener la esperanza viva en la Iglesia”.

 

“No nos sentimos solos”

 

“Cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre con él. No nos sentimos solos. Por eso sabemos que la Iglesia sufre con nosotros. La Iglesia siente con nosotros y toda la Iglesia universal nos sostiene, aunque las formas, las maneras de ese sostenimiento deban ser discretas, eso tiene que comprenderse”, reflexionó el sacerdote nicaragüense.

“Eso lo deberían comprender también quienes presionan o dicen que desde adentro no hacemos nada. Estamos protegiendo la misma labor pastoral, sobre el terreno, para que el pueblo de Dios no quede en el abandono”, añadió.

Para concluir, el sacerdote dijo que espera “un día poder actuar desde la libertad y podamos vivir nuestra fe desde la libertad, pero por ahora esta es la realidad que estamos viviendo”.

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