Lo que miden los velorios en la Argentina. Milei y el Eden, la confesión de un delincuente y el comienzo del país sin grieta

Lo que miden los velorios en la Argentina. Milei y el Eden, la confesión de un delincuente y el comienzo del país sin grieta

Por: Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.

 

Buenos Aires, lunes 15 junio (PR/26) — La Argentina tiene la costumbre de medir su propia temperatura en los velorios. Cada vez que muere alguien que significó algo —un caudillo, un artista, un mito— el país sale a la calle, forma fila, llora o no llora, y en ese acto colectivo dice algo sobre sí mismo que no podría decir de otra manera.

 Irigoyen: la democracia que aprendió a despedirse

Hipólito Irigoyen murió en julio de 1933, dos años después de ser derrocado por el primer golpe militar del siglo XX. Tenía ochenta y un años, estaba empobrecido y solo. Sin embargo, cuando su cadáver fue expuesto, Buenos Aires salió a la calle de una manera que nadie esperaba. Cientos de miles de personas —algunos hablan de más de un millón— formaron una fila interminable para despedirlo.

¿Qué medía ese velorio?

Irigoyen no era un héroe y su segundo gobierno había sido caótico, su estilo personalista rayaba el caudillismo, y su relación con las instituciones era, en el mejor de los casos, ambigua. Pero era el primer presidente elegido por sufragio masculino universalEl velorio de Irigoyen medía el duelo por la república interrumpida.

 Gardel: la patria sentimental

Carlos Gardel murió en junio de 1935 en un accidente de avión en Medellín. Tenía cuarenta y cuatro años y era el hombre más famoso del mundo de habla hispana. Cuando su cuerpo llegó a Buenos Aires la ciudad entera se detuvo.

Sin embargo, el velorio de Gardel medía otra cosa. No medía política: medía identidad. Su velorio fue masivo porque su muerte no era solo la muerte de un hombre: era la muerte de un espejo. La Argentina lloraba a Gardel porque lloraba la imagen de sí misma que él le devolvía.

Eva Perón: el poder que duele

Eva Perón murió el 26 de julio de 1952. Tenía treinta y tres años y era la figura política más amada y odiada de la Argentina contemporánea. Las colas para verla en el Ministerio de Trabajo duraron más de dos semanas. Se calculan entre dos y tres millones de personas.

El velorio de Evita medía el dolor de los que habían sido reconocidos por primera vez. El velorio de Evita era el velorio del primer populismo argentino en su momento de máxima tensión emocional. Era, también, el primer gran ensayo de la religión peronista.

Perón: el fin de una era que ya había terminado

Juan Domingo Perón murió el 1° de julio de 1974. Tenía setenta y ocho años y había regresado al país después de dieciocho años de exilio. Su tercer gobierno duraba apenas nueve meses y ya era un desastre.

El velorio de Perón medía otra cosa que los anteriores: medía el agotamiento. Las multitudes que fueron a despedirlo eran multitudes confusas, atravesadas por el luto y por la incertidumbre. No había la unidad de Evita ni la melancolía de Irigoyen. Había perplejidad. El Peronismo sin Perón era una ecuación que nadie sabía resolver. El velorio de Perón medía el miedo al vacío.

Alfonsín: el duelo republicano

Raúl Alfonsín murió el 31 de marzo de 2009. Había dejado el poder en 1989 en medio de la hiperinflación, en lo que sus propios partidarios llamaban una derrota.

El velorio de Alfonsín medía el valor de lo que se pierde cuando ya no está. Medía la nostalgia por la política como vocación, por el dirigente que discutía en el Parlamento y no desde el balcón, por el presidente que se fue antes que usar la violencia para quedarse. La Argentina que fue a despedir a Alfonsín no lloraba al radical: lloraba al demócrata.

Kirchner: el poder que se fue antes de terminar

Néstor Kirchner murió el 27 de octubre de 2010, en El Calafate, de un paro cardíaco. Tenía sesenta años y era, en ese momento, secretario general de UNASUR y el hombre más poderoso de la política argentina, aunque no ejerciera ningún cargo ejecutivo nacional. Su muerte fue un shock.

El velorio de Kirchner medía la dependencia. Medía cuánto del proyecto político que él encarnaba dependía de su persona y cuánto había podido transferirse a estructuras, ideas, instituciones. El velorio medía el umbral entre el líder y el movimiento.

Maradona: la deidad popular

Diego Armando Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, en plena pandemia, con el mundo clausurado y los velorios prohibidos. Sin embargo, la Argentina rompió todos los protocolos sanitarios y llevó su cajón a la Casa Rosada para que la gente pudiera despedirlo.

El velorio de Maradona medía algo que ningún velorio anterior había medido con tanta claridad: medía el hambre de trascendencia de un país que se sabe periférico. Maradona le había dado a la Argentina la única victoria que nadie le puede quitar con un decreto ni una devaluación: le había dado la sensación de ser los mejores del mundo en algo.

El Indio Solari: el último profeta de la tribu

 

 

Roberto Patricio Solari murió el 5 de junio de 2026. Tenía más de setenta años, había dejado de tocar en público hacía más de una década, y en sus últimas apariciones era ya una figura casi espectral.

La gente fue. Como siempre. Como en todos los velorios que cuentan.

Sin embargo, el velorio del indio medía algo diferente a todos los anteriores. No medía política partidaria como Irigoyen o Kirchner. No medía identidad nacional como Gardel. No medía el terror al vacío como la muerte de Evita o de Perón. No medía ni siquiera la divinidad popular como Maradona. El velorio del Indio medía el fin de una forma de creer.

El rock nacional argentino había funcionado durante cuarenta años como una religión alternativa para una generación que había perdido la fe en todas las otras religiones disponibles. La política había traicionado. La Iglesia había colaborado con la dictadura. El sindicalismo había sido cooptado. El Estado había defraudado. Pero el Indio cantaba en los estadios ante doscientas mil personas que sabían de memoria cada palabra de cada canción como si fueran versículos.

Los ricoteros no eran un público. Eran una comunidad. Tenían su propia liturgia, su propio calendario, sus propios textos sagrados. Y el Indio era, queriendo o sin querer, su profeta.

Por eso su velorio medía algo que los anteriores no habían medido: medía el orfanato cultural de una generación. No el duelo por un líder que se fue antes de terminar su obra, sino el duelo por una voz que ya no va a volver a decir lo que nadie más sabe decir. El Indio era el último de una estirpe que empezó con Spinetta y Almendra, que continuó con Sui Generis y Serú Girán, que alcanzó su cima en los estadios de Los Redondos.

Hay algo más que el velorio del Indio mide. Mide la distancia infinita entre la Argentina que él cantó y la Argentina que existe. El Indio cantaba sobre una sociedad rota, sobre la injusticia estructural, sobre los que quedan abajo del sistema.

Lo que miden todos juntos

Si uno pone los siete velorios en fila —Irigoyen, Gardel, Evita, Perón, Alfonsín, Kirchner, Maradona— y agrega ahora el del Indio, lo que aparece es una historia paralela de la Argentina. Una historia que dice, en cada caso, qué necesitaba el país y qué sentía que había perdido.

Gardel prometía identidad. Evita prometía justicia. Perón prometía orden. Alfonsín prometía república. Kirchner prometía voluntad política. Maradona prometía gloria. El Indio prometía que había una forma de nombrar la experiencia de vivir en este país sin mentir y sin rendirse.

La divina maquinariaMilei, el Edén y el capitalismo como religión de Estado

Hay discursos que se pronuncian para informar, discursos que se pronuncian para convencer, y discursos que se pronuncian porque no pronunciarlos sería una traición. Javier Milei lo dijo él mismo, el lunes 8 de junio de 2026, ante la comunidad judía reunida en el Palacio Libertad para el tributo al Rebe de Lubavitch.

El Presidente tituló su epílogo con el nombre que resume todo el programa: Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso. El capitalismo no es un sistema económico que los humanos diseñaron, probaron, corrigieron y adoptaron después de siglos de experiencia. Es el sistema que Dios preparó a través de su ley para que después de la Caída el trabajo continuara.

La arquitectura del sermón

Para entender el discurso hay que leerlo en su estructura completa, no en los fragmentos que circularon en los medios. Milei construye un argumento que arranca en el Génesis y llega hasta el mercado de capitales del siglo XXI sin perder el hilo.

El punto de partida es el paraíso original: un mundo de abundancia radical donde no existía la escasez ni el tiempo como restricción. El Edén como el estado de naturaleza económicamente óptimo, donde todos los bienes están disponibles y el tiempo no es un costo. La caída introduce la escasez, el trabajo, el esfuerzo, la mortalidad. El hombre cae del Edén a la economía.

¿Qué sistema económico reconstruye mejor las condiciones del paraíso perdido?

La respuesta de Milei es sin rodeos: el capitalismo de libre empresa. El mercado sin Estado es la aproximación humana más cercana al Edén.

El Paraíso igual a mercado libre. Infierno igual a Estado intervencionista. El capitalismo como camino de vuelta a la abundancia original. El socialismo como camino deliberado hacia la condena eterna. Y los Diez Mandamientos como el código legal que sostiene todo el edificio: no matarás es el derecho a la vida; no robarás es la propiedad privada; no codiciarás los bienes ajenos es la prohibición de la redistribución forzosa. La Torá como el primer tratado de economía liberal de la historia. Moisés como el precursor de Hayek.

No es un presidente que usa metáforas religiosas para ilustrar argumentos económicos: es un presidente que usa argumentos económicos para ilustrar una revelación religiosa.

Si el capitalismo es el sistema que Dios preparó desde el principio como respuesta a la Caída, ¿por qué la humanidad tardó trescientos mil años en descubrirlo? ¿Qué estuvo haciendo Dios durante los doscientos noventa y siete mil años anteriores? ¿Esperando que aparecieran Adam Smith y la Revolución Industrial? ¿O acaso los pueblos que vivieron en sistemas de reciprocidad, caza y recolección, agricultura comunal, feudalismo, mercantilismo y esclavitud estaban todos, sin excepción, en el infierno?

Los textos sagrados que Milei cita —el Génesis, la Torá, los Diez Mandamientos— fueron escritos entre dos mil quinientos y tres mil años antes de que existiera el capitalismo como sistema.

No mencionan el mercado de capitales, la tasa de interés, la propiedad intelectual, las sociedades anónimas ni ninguno de los dispositivos institucionales que hacen funcionar al capitalismo realmente existente.

Si el mandamiento “no robarás” legitima la propiedad privada y la prohíbe redistribuir, ¿cómo se explica que la misma tradición bíblica contenga el año sabático, que mandaba dejar descansar la tierra y perdonar las deudas cada siete años, y el año jubilar, que cada cincuenta años ordenaba devolver las tierras a sus propietarios originales y liberar a los esclavos? ¿Eso era socialismo? ¿Estaba Dios confundido cada siete y cada cincuenta años?

Lo que ocurrió el lunes 8 de junio en el Palacio Libertad no es, en sentido estricto, una novedad en el pensamiento de Milei. Desde sus primeras apariciones televisivas, Milei siempre mezcló economía con moral, y la moral con trascendencia. Por primera vez, un presidente argentino en funciones presentó como epílogo de un libro oficial del Estado una doctrina que sustenta su programa económico en preceptos bíblicos y en la voluntad divina.

Es una teología política. La teología política es la doctrina que legitima el poder político en términos sagrados: el rey por la gracia de Dios, la guerra santa, el manifiesto destino.

La ironía máxima del asunto es que esto lo dice el primer presidente anarcocapitalista de la historia, que llegó al poder criticando al Estado como una organización violenta y coercitiva, que prometió dinamitar el Banco Central y desmantelar la casta política.

Podría objetarse que todo esto es exagerado: que Milei habló en un acto religioso ante una comunidad de fe, que el contexto explica el tono, que sería injusto leer ese discurso como un documento de política de Estado. La objeción sería razonable si el texto no estuviera publicado en la página oficial de la Casa Rosada como discurso presidencial, si Milei no hubiera especificado que es el epílogo de su nuevo libro sobre moral como política de Estado, y si la audiencia en el Palacio Libertad hubiera sido una reunión privada y no un acto oficial transmitido por los canales institucionales del Gobierno.

Pero está publicado. Es oficial. Porque lo que la Argentina tiene desde el lunes 8 de junio de 2026 es un presidente que ha formalizado, en un documento del Estado, la doctrina de que el capitalismo de libre empresa es el sistema que Dios preparó para la humanidad, que seguir sus preceptos conduce a la prosperidad con la misma certeza que dos más dos son cuatro, y que apartarse de ellos conduce a la miseria como consecuencia natural de haberse apartado del orden divino. No es una opinión del Presidente: es, según sus propias palabras, una ley tan rigurosa como cualquier ley económica.

No se trata de hacer equivalencias improcedentes. Se trata de tomarse en serio lo que un presidente dice cuando cree que está diciendo lo más importante que ha dicho en su vida.

Un presidente que cree que su programa es la voluntad de Dios, no tiene, por definición, incentivos para revisarlo cuando los resultados no acompañan. Los resultados son terrestres. La voluntad de Dios es eterna. Si el ajuste duele, el dolor es el precio de la Caída. Si la pobreza persiste, es que no se obedeció suficientemente. Si el mercado no trae el paraíso, es que alguien introdujo una serpiente en el jardín.

¿En qué momento una democracia decide que hay una diferencia entre un presidente que tiene fe y un presidente cuya fe ha reemplazado a la política, y que esa diferencia importa?

O dicho de otra manera: ¿cuándo en la Argentina un presidente que cree haber encontrado la voluntad de Dios en los Diez Mandamientos dejó de ser noticia y empezó a ser paisaje?

Adorni: El hombre que juró ante el Congreso que nunca hubo ocultación, anoche confesó que sí la hubo. Y la ley que lo cubre la votó su Gobierno.

El miércoles 29 de abril, con Javier Milei mirándolo desde el palco como si fuera a comenzar un combate de box, Manuel Adorni miró a los legisladores a los ojos y dijo que en sus declaraciones juradas ante la Oficina Anticorrupción figuraban todos sus bienes “sin ocultación alguna”. El 25 de marzo lo había dicho en conferencia de prensa. El 4 de mayo lo repitió por escrito. Tres veces, misma frase, mismo gesto de republicanismo herido.

El miércoles pasado, ante la inminencia de que el fiscal Gerardo Pollicita avanzara sobre su causa, Adorni presentó su declaración jurada rectificada. E informó, con la misma soltura con que durante dos años explicó los ajustes del Gobierno, que había omitido cientos de miles de dólares porque “ahorramos en negro, como la mayoría de los argentinos”. La ocultación, confirmó, fue intencional. “Para escaparme de la vieja política”, dijo, sin notar que acababa de protagonizarla.

La ley que lo cubre se llama “Inocencia Fiscal”. La aprobó el mismo gobierno que prometió terminar con la Argentina en negro.

El régimen permite regularizar activos sin consecuencias penales. Una herramienta pensada, en teoría, para el pequeño ahorrista que guarda dólares bajo el colchón. Adorni adhirió a ella después de que la Justicia le detectara los números que no cerraban. Timing impecable. Y la oposición, que hasta ahora no consigue los votos para interpelarlo, pide ahora que los funcionarios sean explícitamente excluidos del régimen.

Hay además una contradicción que nadie en el Gobierno se apura a resolver. Milei había declarado en LN+, con convicción presidencial, que Adorni le había mostrado sus papeles y que “las cosas que me presentó estaban en orden”. Adorni, en cambio, dijo que el Presidente “confió ciegamente” en él y que nunca fue necesario mostrarle nada. Dos versiones. Mismo hecho. En una, el Presidente mintió. En la otra, el Jefe de Gabinete le mintió al Presidente. No hay tercera opción.

Villarruel fue escueta: “Me parece una vergüenza”. Nadie del círculo íntimo la desmintió.

En la Argentina, la corrupción tiene una característica que la distingue: no es clandestina por vocación, sino por costumbre. Se ejerce con tal naturalidad que cuando alguien la confiesa en televisión con cara de circunstancias, el escándalo dura exactamente lo que tarda en aparecer el próximo. Adorni contó que ocultó ingresos para “escaparse de la vieja política”. Pero la vieja política no es un lugar al que uno llega. Es un hábito que uno trae.

¿Cuántos otros funcionarios que hoy repiten la misma frase —“todo lo mío lo hice antes de llegar al poder”— están esperando, con la misma serenidad de Adorni, a que la Justicia les encuentre los números que no cierran?

El único altar sin grietaSobre los argentinos, el fútbol y la ilusión de ser un solo pueblo

Hay un fenómeno que se repite en la Argentina con la puntualidad de una ley física: cada cuatro años, cuando arranca el Mundial de fútbol, el país cambia de humor. No gradualmente. De golpe. Como si alguien apagara el ruido y encendiera otra cosa.

Las discusiones sobre el dólar, la inflación, el Kirchnerismo, el anti-kirchnerismo, los que se fueron y los que se quedaron, los que tienen razón y los que mienten se apaga por un rato. Aparece en su lugar algo difícil de nombrar: una fraternidad prestada, una tregua que nadie firmó, pero todos respetan. Durante unas semanas, somos un solo pueblo. O al menos nos gusta creer que lo somos.

 ¿Qué dice de nosotros que necesitemos una pelota para abrazarnos?

La escena más perturbadora de nuestra historia futbolística no ocurrió en una cancha. Ocurrió en las calles de Buenos Aires en junio de 1978, cuando Argentina ganó su primer campeonato del mundo bajo la mirada complaciente de la dictadura militar. Jorge Rafael Videla entregó la copa y las plazas desbordaron. Sin embargo, a pocas cuadras, en la ESMA, en El Olimpo y en cientos de centros clandestinos, se torturaba y se desaparecían personas.

No se trata de juzgar a quienes salieron a festejar. Yo fui uno de ellos. Lo que trato de entender es que esa unidad futbolística nació marcada por una paradoja brutal: el primer abrazo masivo como campeones del mundo fue también una pantalla sobre el horror.

Ocho años después, en México 86, llegó la otra cara de esa moneda. Diego Armando Maradona le metió dos goles a Inglaterra en cuartos de final y el país entero, peronistas y radicales, militares retirados y expresos políticos, se fundieron en el mismo grito.

Nuevamente el milagro, la grieta no existía. No porque se hubiera disuelto, sino porque Maradona la había vuelto irrelevante. Casi un milagro laico, tan argentino como el dulce de leche. Encontrar en el genio de Fiorito lo que la política nunca nos había dado.

Sin embargo, Maradona pagó un costo adicional. Él mismo era la grieta hecha persona, amado y odiado, sublime y autodestructivo, peronista y antiperonista según la lectura de cada uno. Pero cuando tocaba la pelota, todos lo querían. Era, en cierto modo, nosotros mismos.

Lamentablemente, el Mundial pasó y nuevamente en democracia, la grieta no desapareció. Se perfeccionó. Se institucionalizó. Cada proceso electoral la profundiza un poco más.

Hoy vivimos en un país donde es más fácil cambiar de religión que de bando político, donde la familia se divide en la mesa navideña y los amigos se borran en Twitter con la misma facilidad con que antes se saludaban en la esquina.

Sin embargo, cada cuatro años, pasa lo mismo: los que se bloquean mutuamente en redes se encuentran en el mismo bar mirando el mismo partido. Los que no se hablan hace meses se mandan el mismo meme cuando Argentina hace un gol. No es reconciliación. No es amor. Es algo más primitivo y honesto: la necesidad de pertenecer a algo más grande que uno mismo, aunque dure apenas un mes.

Qatar 2022 lo confirmó una vez más, con una intensidad que quizás no habíamos vivido desde el 86. Treinta y seis años de espera, una final interminable contra Francia, y después eso: las calles desbordadas, los cuerpos abrazados sin preguntar a quién votabas, el Obelisco convertido en altar de una religión sin dogma.

El kirchnerista y el libertario en el mismo abrazo. El que tiene trabajo y el que no. Por unas horas, Argentina era un solo país.  Lionel Messi, que durante años soportó el peso absurdo de no ser «suficientemente argentino» para una franja de hinchas que nunca le perdonaron haber crecido en Europa, fue esa noche el argentino más argentino de todos.

Esta semana comienza un nuevo Mundial. Más grande que todos los anteriores, sobrecargado de equipos y partidos, diluido en su propia abundancia. Y sin embargo, la Argentina seguirá siendo la Argentina: un país que durante un mes suspende su guerra civil interior para librar otra, más noble, contra el resto del mundo.

Desde este espacio, hemos dedicado muchas páginas a la política, a la grieta, a los que gobiernan y a los que aspiran a hacerlo. Seguiremos haciéndolo. Pero entendemos que hay momentos en que el análisis político es, simplemente, el género menos urgente. Este es uno de ellos.

Volveremos cuando la ilusión de la unidad se despeje, cuando la pelota deje de rodar y la política retome su carrera hacia el 2027. Hasta entonces, estaremos atentos —como todos los argentinos— pero con el corazón y la cabeza en otro lado.

 

 

Primicias Rurales
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Foro de Inversiones & Negocios de Mendoza

Foro de Inversiones & Negocios de Mendoza

 

El ministro Luis Caputo, en la apertura del Foro de Inversiones & Negocios: “Hay estabilidad por decisión política, no por accidente”

Mendoza, 6 de marzo (PR/26) .-  Más de 800 líderes empresariales participan del encuentro organizado por el Consejo Empresario Mendocino (CEM) y el Gobierno de Mendoza, con el objetivo de impulsar nuevos negocios estratégicos para la Argentina.

Bajo la mirada de más de 800 líderes empresariales que se reunieron ayer jueves y hoy viernes en Mendoza en el marco del 7° Foro de Inversiones y Negocios en esta ciudad, el ministro de Economía Luis Caputo dio un discurso de apertura y destacó que en la Argentina “hay estabilidad por decisión política, no por accidente.”

“Reconstruir la confianza es esencial. Esta es la primera vez que hay orden macroeconómico por decisión política. Hoy tenemos resultados a la vista: estabilidad, baja sustancial de la inflación, nivel más alto de la actividad, drástica reducción de la pobreza y rebaja de impuestos”, remarcó el ministro, quien cerró el acto luego de las palabras del gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y el presidente del Consejo Empresario Mendocino (CEM), Martín Clément.

“Formalizar empleos y ahorros son la base para poder reconstruir la confianza. Es por eso que enviamos los proyectos de ley de Reforma laboral y de Inocencia fiscal”, explicó Caputo, y subrayó que “la velocidad a la que nos recuperemos es importante”.

Los números del RIGI

Durante su exposición, Caputo mostró gráficos y proyecciones de inversión que entrarán al país a través del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).

El ministro destacó que, desde la implementación del régimen, ya se presentaron 32 proyectos por un total cercano a los 70 mil millones de dólares, con posibilidad de crear 134.000 nuevos puestos de trabajo y un potencial exportador de 40 mil millones de dólares.

De esa estimación, ya se aprobaron efectivamente 12 proyectos, que significaron 35.000 puestos de trabajo.

 

 

Minutos antes, el gobernador Cornejo se había referido a la constancia con la que Mendoza fue generando certidumbre como materia prima para generar confianza e inversión. En ese sentido, destacó el rol del equilibrio fiscal como piso estructural.

Por otro lado, remarcó las reglas de juego claras y transparentes para permitir acelerar los tiempos y generar equidad en su provincia. El gobernador explicó también que “la Argentina que viene exige eficiencia real y competitividad” y ponderó las políticas de reducción de inflación y apertura económica, junto a la reducción de la presión fiscal para impulsar la creación de puestos de trabajo.

A su vez, el presidente del CEM y anfitrión del evento, Martín Clément, tuvo a su cargo la apertura y señaló: “La Argentina y Mendoza necesitan imperiosamente crecer de manera sustentable”.

“Consideramos que para crecer se debe confiar y que ha llegado un nuevo tiempo para hacerlo realidad”, manifestó. “Un reciente estudio realizado por nuestro Consejo, muestra que en Mendoza hay alrededor de 12 empresas registradas cada 1000 habitantes, un valor muy por debajo al de países vecinos como Chile. Esto también nos advierte de un preocupante estancamiento durante los últimos 30 años”, indicó Clément, quien sin embargo advirtió que “cuando los ciudadanos desconfían de las empresas y del Gobierno, son más propensos a reclamar una regulación excesiva, que suprime el crecimiento”.

“Queda muy claro entonces, que abordar el asunto de la confianza es clave para desarrollarnos como sociedad. Reconocemos los esfuerzos del gobierno nacional para ir resolviendo los graves inconvenientes para movilizar el capital y el trabajo producto del desorden macroeconómico que recibió, y las restricciones de todo tipo que dificultan utilizarlos en forma productiva”, destacó el presidente del CEM.

“Este proceso de cambio no sólo traerá las condiciones mínimas e indispensables para poder planificar y proyectar el futuro, necesarias para cualquier decisión de inversión, sino que permitirá contar con un marco de previsibilidad para que los negocios puedan desarrollarse de manera sostenible, robustecer el mercado de capitales doméstico e incrementar nuestras exportaciones”, agregó Clément.

Acerca del Foro de Inversiones & Negocios de Mendoza

La séptima edición del Foro de Inversiones & Negocios se realiza en el contexto de la Fiesta Nacional de la Vendimia el 5 y 6 de marzo en el hotel Hilton Mendoza. Bajo el nombre “Nuevo tiempo para confiar y crecer”, se dan cita los referentes de distintos sectores empresarios, inversores nacionales y extranjeros, así como funcionarios provinciales y nacionales.

La agenda del día

Durante la mañana de esta primera jornada, se desarrollaron paneles sobre el rol del Fondo de Innovación, una conferencia sobre presente y futuro del negocio del vino, a cargo de especialista vitivinícola Javier Merino, otra sobre Perspectivas 2026, con un análisis de la macro y la microeconomía y la destacada presentación de uno de los referentes más influyentes en capital humano y neurociencia: Estanislao Bachrach, quien aportó herramientas disruptivas a la comunidad empresarial.

Por la tarde, luego de la apertura, el plato fuerte fue la discusión de negocios estratégicos con la participación de especialistas reconocidos en inteligencia artificial, telecomunicaciones, biotecnología y gobernanza prospectiva, para debatir qué futuro está creando nuestro país.

Bajo el nombre Diálogos de Futuro, el eje del debate fue anticipar escenarios y orientar decisiones, y prever el impacto de la IA en los negocios, en la institucionalidad y en la cultura. Proyectar los desafíos de la automatización y la infraestructura crítica y definir qué decisiones permitirán que la matriz productiva mendocina siga siendo competitiva en 2030 y 2050.

 

Primicias Rurales

Inocencia fiscal: el cambio de enfoque que propone el Gobierno y el desafío clave para que funcione

Inocencia fiscal: el cambio de enfoque que propone el Gobierno y el desafío clave para que funcione

Buenos Aires, miércoles 17 noviembre (PR/25) — El Poder Ejecutivo envió al Congreso un proyecto de ley que propone un giro profundo en la relación entre el Estado y los contribuyentes.

La iniciativa actualiza el régimen penal y el procedimiento tributario e incorpora un régimen opcional de declaración jurada simplificada del Impuesto a las Ganancias, con un objetivo central: reducir la carga administrativa, incentivar el cumplimiento voluntario y focalizar la fiscalización en los casos realmente relevantes.

El proyecto, presentado el 3 de junio de 2025, se apoya en el llamado principio de inocencia fiscal, que busca dejar atrás la lógica de controles extensivos y presunción generalizada de evasión. Sin embargo, su éxito no depende solo del texto legal, sino de una transformación profunda de ARCA, el organismo recaudador.

Por qué se plantea un nuevo paradigma

El diagnóstico es contundente. El esquema actual, basado en controles masivos, no logró reducir la evasión. En el IVA, se evade más de un tercio del potencial recaudatorio y la informalidad laboral alcanza aproximadamente al 42% del empleo privado. Esta situación no solo debilita las cuentas públicas, sino que también genera desigualdad y distorsiona la competencia entre empresas.

Frente a este escenario, el proyecto propone cambiar el enfoque: facilitar el cumplimiento para quienes quieren pagar y concentrar los recursos del Estado en fiscalizar conductas graves y deliberadas.

Cambios clave en el régimen penal y tributario

Entre las principales modificaciones, se actualizan los umbrales a partir de los cuales una infracción tributaria se convierte en delito penal, evitando que la inflación transforme errores menores en causas judiciales. Además, se refuerza el incentivo al pago voluntario: si la deuda se cancela antes de una denuncia, el fisco puede abstenerse de iniciar una causa penal.

También se aclara que no debe haber denuncia cuando no existe intención dolosa, cuando hay diferencias interpretativas fundadas o cuando el contribuyente presentó su declaración antes de ser fiscalizado. En materia de prescripción, se busca mayor previsibilidad: si el Estado deja vencer el plazo para cobrar un impuesto, tampoco podrá continuar la acción penal.

Ganancias simplificada: menos trámites, más confianza

Uno de los puntos más novedosos es la declaración jurada simplificada de Ganancias, de adhesión voluntaria. Este esquema elimina la obligación de informar patrimonio y consumo y otorga efecto liberatorio al pago del impuesto, siempre que no se detecten “discrepancias significativas”.

Su funcionamiento, no obstante, dependerá de una reglamentación precisa y de que ARCA cuente con herramientas tecnológicas adecuadas para elaborar declaraciones confiables y detectar inconsistencias sin recurrir a presunciones automáticas.

¿Es un nuevo blanqueo?

 

No. El proyecto no incorpora un régimen de blanqueo ni modifica las reglas sustantivas del Impuesto a las Ganancias. Por lo tanto, no cambia de manera sustancial los incentivos para incorporar dólares al circuito formal. Se trata de un nuevo mecanismo de liquidación del impuesto, no de una amnistía fiscal.

El desafío decisivo: transformar ARCA

El cambio de enfoque exige que ARCA evolucione hacia un organismo más moderno, con mayor uso de tecnología, análisis de datos y fiscalización inteligente. Sin esa transformación, advierten los especialistas, la reforma corre el riesgo de no cumplir sus objetivos e incluso de profundizar los problemas actuales.

Tratamiento en el Congreso

El proyecto ya ingresó al Congreso y se espera que sea analizado en comisiones en las próximas semanas. Allí se debatirá no solo el alcance de las reformas, sino también los márgenes de mejora y los detalles que deberán definirse en la reglamentación.

En el PAL 110 se analiza en profundidad el alcance, las implicancias y los posibles ajustes del proyecto.

Primicias Rurales / IA

Fuente: IERAL. Fundación Mediterránea