El papa León XIV saludó y bendijo a los más de 2500 participantes al UNIV 2026
Al saludar y bendecir a los cerca de 2.500 participantes en la Conferencia universitaria internacional UNIV 2026, el pontífice los animó a ser «alegres testigos de la resurrección».
Buenos Aires, 2 de abril (PR/26) .- León XIV saludó hoy, durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, a los más de 2.500 participantes de la Conferencia universitaria internacional UNIV 2026, reunida en Roma para vivir la Semana Santa junto al Papa.
La UNIV es un encuentro internacional de estudiantes universitarios que se realiza cada año en Roma durante la Semana Santa, impulsado en 1968 por san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Reúne a jóvenes de los cinco continentes que buscan profundizar en su fe, participar en las celebraciones litúrgicas junto al Papa y reflexionar, a través de conferencias y espacios de diálogo, sobre los desafíos culturales y sociales de su tiempo.
Además de los actos litúrgicos, los participantes asistirán a varios encuentros con el prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, y a dos espacios académicos -UNIV Forum y UNIV Lab- que tendrán lugar en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, para profundizar y debatir sobre «Construir puentes: el arte del diálogo».
«Queridos hermanos y hermanas», saludó el pontífice a los jóvenes universitarios y les dijo: «En esta catequesis reflexionamos sobre el cuarto capítulo de la constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a los laicos. Con el nombre de ‘laicos’, el Concilio designa a todos los fieles cristianos que, en cuanto incorporados al Pueblo de Dios por el bautismo, son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde».
Y añadió: «Los laicos, llamados a profundizar en la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de su vocación bautismal, hacen posible, con su testimonio de fe, esperanza y caridad, que la belleza de la vida cristiana se extienda por distintos lugares y ámbitos de la sociedad».
«De ese modo, explicó el Papa, forman parte activa de una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta al anuncio de Cristo, en la que todos estamos llamados a ser discípulos misioneros, apóstoles del Evangelio y testigos del Reino de Dios».
«Pidamos al Señor Jesús -expresó dirigiéndose a los participantes de la UNIV- que el misterio pascual, que nos disponemos a celebrar en estos días santos, renueve nuestro compromiso bautismal e impulse a ser alegres testigos de su resurrección. Que Dios los bendiga. Muchas gracias».
El reto de dialogar de verdad
El programa de la UNIV 2026 incluye conferencias, muestras artísticas y clases magistrales con ponentes de perfiles muy distintos: Hope Kean, neurocientífica cognitiva del MIT (Estados Unidos); Santiago Martínez, director de Inter-Cultur; Jack Valero, cofundador de Catholic Voices; Caitlin West, creadora del podcast Crash Course Catholicism; y Juana Acosta, profesora en la Universidad de La Sabana (Colombia) y experta en litigio estratégico para la defensa de los derechos humanos, entre otros.
Esta edición tiene también una dimensión solidaria, marcada por el llamado a la paz del Santo Padre y la situación de tantos países inmersos en conflictos, persecuciones o desastres naturales. En ese espíritu, los participantes del UNIV 2026 promoverán iniciativas de apoyo al proyecto Be Do Care, que impulsa propuestas de impacto social, profesional y sostenible en todo el mundo.+
En su primera homilía de Semana Santa, el Papa León XIV lanzó un contundente mensaje por la paz desde la Plaza de San Pedro. Ante miles de fieles, el pontífice definió a Cristo como un «Rey de la Paz» que rechaza la violencia y exhortó a las potencias a deponer las armas, asegurando que nadie puede invocar el nombre de Dios para justificar conflictos bélicos.
Ciudad del Vaticano, martes 31 marzo (PR) — «Dios no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra», declaró el Papa León XIV en su homilía del 29 de marzo de 2026, durante la Misa del Domingo de Ramos, la primera semana de la Semana Santa.
Al describir a Jesús en la Cruz como un «Rey de la Paz» a quien «nadie puede invocar para justificar la guerra», hizo un llamado a escuchar los «clamores» de las víctimas del conflicto.
Al día siguiente de su segundo viaje apostólico al extranjero, que lo llevó al Principado de Mónaco por un solo día, el Papa celebró la primera Misa de Domingo de Ramos de su pontificado en una soleada Plaza de San Pedro.
Esta festividad da inicio a la Semana Santa, el corazón del año litúrgico para los católicos. Un año antes, al final de la Semana Santa, el día después de Pascua, el Papa Francisco falleció el 21 de abril de 2025.
Con motivo de esta festividad que conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, se distribuyeron 120.000 ramas de olivo y palmas entre los fieles que acudieron en gran número a la misa. Estos obsequios procedían de la región italiana de Umbría, de una asociación de olivicultores y del Camino Neocatecumenal. Alrededor de un centenar de fieles, entre sacerdotes, obispos y cardenales, participaron en procesión portando los palmurelli , grandes palmas trenzadas a mano.
Finalmente, se exhibieron grandes ramas en el atrio de la iglesia, en recuerdo de las que la multitud ondeó a la llegada de Cristo.
En su homilía —que tradicionalmente es breve el Domingo de Ramos para compensar la larga lectura cantada de la Pasión— el papa estadounidense invitó a los fieles a seguir los pasos de Jesús en su camino a la cruz. «Contemplamos su pasión por la humanidad, su corazón quebrantado, su vida entregada como un don de amor», enfatizó.
Al llegar a Jerusalén, Cristo «se presenta como el Rey de la Paz, mientras la guerra se gesta a su alrededor», declaró León XIV. En efecto, explicó, «quiere reconciliar al mundo en el abrazo del Padre y derribar los muros que nos separan de Dios y de nuestro prójimo».
El Papa enfatizó cómo, a lo largo de su Pasión, Cristo fue «cargado con nuestros sufrimientos y traspasado por nuestros pecados». «No tomó las armas, no se defendió, no libró ninguna guerra», insistió, mostrando el «rostro bondadoso de Dios, que siempre rechaza la violencia, y en lugar de salvarse […] se dejó clavar en la cruz».
De este modo, afirmó León XIV, Jesús vino «a abrazar todas las cruces plantadas en todas las épocas y en todos los lugares a lo largo de la historia de la humanidad». «Este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la Paz. Un Dios que rechaza la guerra, a quien nadie puede invocar para justificarla, que no escucha las oraciones de quienes la libran», explicó.
Invitando a los fieles a contemplar a Cristo en la cruz, el Papa les exhortó a ver en él a todos «los crucificados de la humanidad», las «llagas de tantos hombres y mujeres hoy en día» y, sobre todo, a escuchar «el gemido de dolor de todos los oprimidos por la violencia y de todas las víctimas de la guerra». «Cristo, Rey de la Paz, clama aún desde la cruz: ¡Dios es amor! ¡Tened piedad! ¡Deponed las armas, recordad que sois hermanos!», afirmó.
El Papa concluyó citando las palabras del Venerable Monseñor Tonino Bello (1935-1996), obispo italiano de Molfetta, profundamente comprometido con los pobres, los drogadictos y la promoción de la paz mundial: «Santa María, mujer del tercer día, danos la certeza de que, a pesar de todo, la muerte ya no tendrá poder sobre nosotros. Que las injusticias cometidas por los pueblos tienen los días contados […] Y que, finalmente, las lágrimas de todas las víctimas de la violencia y el sufrimiento pronto se secarán, como la escarcha bajo el sol de primavera».
La policía israelí bloqueó el ingreso del cardenal Pierbattista Pizzaballa y desató una fuerte reacción internacional en pleno inicio de la Semana Santa.
Impiden misa de Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro.
Foto: Agencia NA (Redes)
Buenos Aires, 29 marzo (NA) — La policía israelí impidió este domingo al cardenal Pierbattista Pizzaballa celebrar la tradicional misa de Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro, en un episodio calificado como “grave” que empañó el inicio de la Semana Santa para millones de fieles en todo el mundo.
Según un comunicado conjunto del Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa, el religioso, junto al custodio Francesco Ielpo, fue interceptado por las autoridades cuando se dirigía al templo en la Ciudad Vieja, sin procesión ni acto ceremonial, y obligado a regresar.
Por primera vez en siglos, las máximas autoridades católicas no pudieron oficiar la misa en el lugar considerado uno de los más sagrados del cristianismo, según se informó la Agencia Noticias Argentinas.
La reacción internacional no tardó en llegar.
El canciller italiano Antonio Tajani calificó el hecho como “inaceptable” y convocó al embajador de Israel para exigir explicaciones, mientras que la primera ministra Giorgia Meloni lo definió como una “ofensa no sólo para los creyentes”, remarcando la importancia de preservar el Santo Sepulcro como espacio de libertad religiosa.
En la misma línea, el vicepremier italiano Matteo Salvini expresó su rechazo al episodio, al que consideró “inaceptable y ofensivo”.
Desde el Patriarcado, en tanto, denunciaron que la decisión constituye una medida “irrazonable y desproporcionada”, que vulnera principios básicos como la libertad de culto y el respeto al statu quo en los lugares santos.
Durante la jornada, también se expresó el papa León XIV, quien aludió al hecho en su misa de Domingo de Ramos en el Vaticano y pidió por la paz en Medio Oriente.
El Pontífice sostuvo que los conflictos impiden a muchos cristianos vivir plenamente los ritos de Semana Santa y llamó a la comunidad internacional a trabajar por la reconciliación, en un contexto marcado por la violencia y la tensión creciente en la región.
En Mónaco, el Pontífice cuestionó las “razones falsas” para matar y llamó a rechazar el poder convertido en dominio.
Mónaco, domingo 29 marzo (PR/26) — El Papa León XIVcelebró una multitudinaria misa en el Estadio Louis II de Mónaco, donde dejó un fuerte mensaje contra la violencia y cuestionó los argumentos utilizados para justificar la muerte de inocentes.
Dijo que las guerras son fruto de la idolatría.
Durante su homilía, el Pontífice denunció los “cálculos” y las “razones falsas” que, según afirmó, se utilizan en el mundo actual para eliminar vidas. “¡Cuántos cálculos se hacen para matar a inocentes!”, expresó, al tiempo que vinculó estas conductas con una lógica de poder y miedo.
En ese sentido, sostuvo que la condena a muerte de Jesús respondió a un “cálculo político”, basado en la percepción de amenaza por parte de quienes detentaban el poder. Según explicó, se trató de una decisión “precisa y meditada” nacida del temor a quien transformaba “el dolor del pueblo en alegría”.
El Papa remarcó que este contraste sigue vigente: por un lado, la acción de Dios que da vida, y por otro, la de quienes están dispuestos a “matar sin escrúpulos”. En ese cruce, señaló, aparece el mensaje central de Cristo: dar la vida por los demás.
Cuestionamiento a líderes religiosos
Asimismo, cuestionó la actitud de líderes religiosos de la época, a quienes acusó de distorsionar los principios fundamentales, incluso el mandato de “no matarás”. Para el Pontífice, estas conductas reflejan una visión reducida y deformada de la realidad.
Uno de los ejes centrales del mensaje fue la misericordia, a la que definió como la verdadera expresión del poder de Dios. “La misericordia salva al mundo”, afirmó, al destacar que implica cuidar toda vida humana, desde su inicio hasta su final, en todas sus etapas y fragilidades.
También advirtió sobre los peligros de la idolatría moderna, entendida como la adhesión a “pequeñas ideas” que reducen la mirada del ser humano. En esa línea, criticó el poder convertido en dominio, la riqueza transformada en codicia y la belleza degradada en vanidad.
En ese marco, el Pontífice fue más allá y sostuvo que “las guerras son fruto de la idolatría”, al señalar que nacen de visiones estrechas que colocan intereses, poder o bienes materiales por encima de la dignidad humana.
“El problema no es carecer de bienes, sino aferrarse a ellos hasta convertirlos en formas de esclavitud”, explicó, al tiempo que llamó a una liberación interior que permita recuperar una mirada más amplia y solidaria.
«No nos acostumbremos al estruendo de las armas»
En otro tramo de su mensaje, el Papa pidió no naturalizar la violencia y exhortó a rechazar la lógica de la guerra. “No nos acostumbremos al estruendo de las armas”, sostuvo, y subrayó que la paz no es solo equilibrio de fuerzas, sino el resultado de corazones transformados.
Ante miles de fieles —cerca de 15.000 personas—, el Pontífice también destacó el valor de la alegría auténtica, que, según dijo, “no se gana, sino que se comparte” a través de la caridad.
La celebración contó con la presencia de autoridades religiosas y civiles, entre ellas el príncipe Alberto II de Mónaco, en un estadio colmado que combinó símbolos religiosos con el entusiasmo propio de los grandes eventos.
El Papa concluyó su mensaje con un llamado a defender la vida en todas sus formas y a construir una sociedad basada en el amor, la fe y la solidaridad, como camino para superar las tensiones y conflictos del presente.
León XIV felicitó a Sarah Mullally por su toma de posesión como máxima autoridad espiritual de la Iglesia anglicana y alentó a profundizar el diálogo ecuménico en un contexto de desafíos globales y eclesiales.
Ciudad del Vaticano, viernes 27 marzo (PR/26) — El Papa León XIV envió un mensaje de felicitación a la nueva arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, con motivo de su toma de posesión oficial, celebrada el día anterior en una ceremonia que reunió a líderes religiosos y figuras públicas, entre ellas los príncipes William y Kate.
En su carta, el Pontífice expresó sus buenos deseos para un ministerio que definió como «arduo» y alentó a continuar el camino del diálogo “en la verdad y el amor”.
La misiva fue entregada por el cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, al término de una oración conjunta celebrada en la Catedral de Canterbury.
La ceremonia conmemoró además el 60° aniversario del histórico encuentro entre Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey en Roma, en 1966.
Mullally, de 63 años, casada y madre de dos hijos, se convirtió en la primera mujer en asumir este cargo dentro de la Iglesia anglicana. Durante su sermón, destacó el papel de las mujeres en la Biblia y subrayó la necesidad de buscar siempre la verdad y la justicia en la vida eclesial.
En su mensaje, León XIV recordó que la nueva arzobispa asumía sus funciones en un momento exigente para la Comunión Anglicana, tras la renuncia en 2024 de su predecesor, Justin Welby, en medio de cuestionamientos por la gestión de casos de abuso. Por ello, el Papa expresó su deseo de que sea fortalecida con sabiduría y guiada por el Espíritu Santo en su servicio pastoral.
La jornada incluyó una oración conjunta entre Koch y Mullally en la Capilla de Nuestra Señora del Martirio, donde ambos rezaron de rodillas utilizando el mismo reclinatorio empleado en 1982 durante el encuentro entre Juan Pablo II y el entonces arzobispo Robert Runcie.
El Pontífice también evocó el encuentro entre Pablo VI y Ramsey como un hito que abrió una nueva etapa en las relaciones entre católicos y anglicanos, basada en la caridad cristiana. A partir de ese acercamiento surgió la Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC), cuyo trabajo fue valorado por haber contribuido significativamente al entendimiento mutuo durante las últimas seis décadas.
El diálogo entre anglicanos y católicos
León XIV reconoció que el camino ecuménico no estuvo exento de dificultades, pero destacó la continuidad del diálogo incluso frente a nuevos desacuerdos. En ese sentido, recordó la relación entre el Papa Francisco y Justin Welby, quienes, pese a las diferencias, mantuvieron una colaboración activa, incluso compartiendo una misión conjunta en Sudán del Sur en 2023.
“El diálogo debe continuar en la verdad y el amor”, afirmó el Papa en su carta, subrayando que solo así es posible ofrecer al mundo los dones de la gracia, la misericordia y la paz.
Finalmente, remarcó que la unidad entre los cristianos no es un fin en sí mismo, sino un testimonio necesario para anunciar el Evangelio con mayor claridad. En esa línea, retomó palabras de Francisco, quien había advertido que las divisiones entre cristianos representan un obstáculo para cumplir la misión común de dar a conocer a Cristo.
La delegación católica presente en Canterbury estuvo integrada por autoridades del Vaticano y del Reino Unido, incluyendo al arzobispo Flavio Pace, los cardenales Vincent Nichols y Timothy Radcliffe, y otros representantes eclesiásticos comprometidos con el diálogo anglicano-católico.