El secreto del Papa para dormir en paz: «Señor, la Iglesia es Tuya»

El secreto del Papa para dormir en paz: «Señor, la Iglesia es Tuya»

En un encuentro cargado de sencillez, el Papa León XIV reveló a un misionero español la breve oración de Juan XXIII que le permite descansar pese a las crisis globales; un testimonio de fe que cobra fuerza tras el reciente nombramiento del sacerdote como administrador apostólico en la Amazonía peruana.

Por Daniel Esparza

España, domingo 26 abril (PR/26) — Un sacerdote misionero recuerda que el Papa León compartió en una audiencia privada la sencilla oración que le mantiene en paz a pesar del peso de la Iglesia.

El papa León XIV ofreció una visión personal de su vida espiritual durante una audiencia privada con un sacerdote misionero español de Extremadura: «Rezo la oración de Juan XXIII: “Señor, me voy a dormir. La Iglesia es tuya; cuídala tú”. Y me duermo».

Una audiencia con un misionero

Según se lee en el artículo de Álex Navajas para El Debate, el intercambio tuvo lugar el 26 de enero en el Vaticano, durante la visita ad limina de los obispos de Perú. Entre los presentes se encontraba el padre César Luis Caro, un sacerdote de Mérida (España) que lleva once años ejerciendo como misionero en Perú.

Caro estaba allí en representación de su obispo, Javier Travieso, a quien se le había concedido una audiencia pero que no pudo viajar a Roma. En un testimonio publicado posteriormente en su blog y recogido por el semanario de la Arquidiócesis de Mérida-Badajoz, el sacerdote describió lo que siguió como un encuentro único en la vida.

La audiencia comenzó con un pequeño malentendido cultural. Un funcionario señaló que el P. Caro no llevaba sotana. El misionero explicó que en la Amazonía el calor hace que eso sea poco habitual. La tensión se disipó rápidamente y pronto fue conducido a reunirse con el Papa.

 

Una realidad conocida por el Papa

Caro trajo un regalo del Amazonas: un pequeño delfín de río tallado en madera de palisangre. A continuación, la conversación se tornó seria.

Habló sobre la vida del Vicariato de San José del Amazonas y las dificultades a las que se enfrenta la región, que el Papa conoce bien: economías ilegales, deforestación, pobreza extrema, violaciones de los derechos humanos, la expansión de las operaciones de dragado, la escasez de misioneros, la fragilidad financiera y las enormes distancias entre las comunidades.

Según Caro, León XIV escuchó con atención, hablando poco y haciendo preguntas reflexivas. El sacerdote lo describió como «discreto, silencioso, prudente, experto en escuchar», con una mirada «clara, tranquila y perspicaz». También recordó momentos de calidez, como una sonrisa e incluso un tranquilo «Dios mío» en respuesta a una parte de la conversación.

La respuesta sincera

Entonces llegó la pregunta que el P. Caro casi se olvida de hacer: ¿Cómo está?

El comentario sugiere un estilo pastoral basado en la confianza más que en la ansiedad, en la oración más que en la constante autoafirmación. León XIV se presenta como un hombre que se toma en serio las cargas de la Iglesia sin actuar como si todo dependiera de él.

Confianza en Dios

La historia cobró mayor relevancia unos días más tarde. El 4 de febrero, la Nunciatura Apostólica en Perú anunció que el papa León XIV había nombrado al padre César Caro administrador apostólico del Vicariato de San José del Amazonas, tras aceptar la renuncia del obispo Travieso.

 

 

Esto convierte la reunión en el Vaticano en el comienzo de un nuevo capítulo en la vida de un sacerdote misionero —y en una rara ventana a cómo este papa afronta el peso de su cargo: con atención, serenidad y profunda confianza en Dios.

 

 

 

Fuente: Aleteia

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León XIV al Regnum Christi: El Señor no hace ruido, pero su Reino brota y crece en todos los rincones

León XIV al Regnum Christi: El Señor no hace ruido, pero su Reino brota y crece en todos los rincones

Audiencia del Papa con el Regnum Christi | Crédito: Vatican Media

Ciudad del Vaticano, viernes 30 noviembre (PR/26) — El Papa León XIV recibió en el Vaticano a los participantes en la Asamblea General de las consagradas y laicos consagrados del Regnum Christi, a quienes exhortó a redescubrir su carisma, a ejercer un gobierno orientado al servicio y a fortalecer la comunión entre todos sus miembros.

En un cercano y alentador discurso, que leyó en español, el Santo Padre invitó al Regnum Christi a redescubrir el propio don que lo define, el carisma “que cualifica y hace reconocible” su presencia en la Iglesia y en el mundo.

Para el Santo Padre, “hoy más que nunca es necesario saber quiénes somos, si queremos dialogar de manera auténtica con la sociedad sin ser absorbidos o uniformados”. Por ello, animó a los consagrados a clarificar su identidad, convencido de que una conciencia más nítida de la propia vocación les permitirá anunciar el Evangelio con mayor fecundidad.

En este contexto, subrayó que quien recibe el carisma “está llamado a mantenerlo vivo en sí mismo, para que no se vuelva algo estático”, sino que se convierta en una “fuerza vital, que fluye creativa y libremente”.

“Son un cuerpo vivo donde la energía carismática atraviesa cada célula y cada miembro, de la cual a su vez son portadores y transmisores. Y esta energía debe animar la misión que llevan adelante e iluminar el camino a recorrer, para legarla después como herencia viva a las generaciones futuras, llamadas asimismo a enamorarse de ella y a convertirla en fuente de su servicio”, agregó.

Un gobierno orientado al servicio

El Papa León XIV reflexionó a continuación sobre el gobierno de la sociedad apostólica, al que definió como un servicio imprescindible y “un auténtico ministerio eclesial, llamado a acompañar a las hermanas y a los hermanos hacia una fidelidad consciente, libre y responsable en el seguimiento de Cristo”.

El Pontífice insistió en que toda forma de gobierno debe estar siempre orientada al servicio, ya que su misión es “sostener, acompañar y ayudar a cada miembro a configurarse cada día más con la persona del Salvador”.

En esta línea, subrayó la importancia del discernimiento comunitario y animó a los consagrados a “no tener miedo de explorar nuevas formas de gobierno”, en fidelidad al carisma y atentos a la llamada del Espíritu.

Comunión en la diversidad

Al concluir su discurso, el Papa León XIV subrayó la necesidad de promover una “comunión cada vez más profunda” entre todos los miembros de la Familia Regnum Christi, sin perder de vista la riqueza y la diversidad de sus distintas vocaciones.

Finalmente, señaló que Dios “continúa sorprendiéndonos y dejándose encontrar por caminos que no son los nuestros”, una fidelidad que —afirmó— no deja de asombrar y renovar la esperanza de los creyentes.

“Algo realmente relevante para lo que estamos discerniendo”

Mary Patt Pirie, de Estados Unidos, es la encargada general de estudios de las consagradas del Regnum Christi. Tras la audiencia con el Papa León XIV, compartió en declaraciones a EWTN News que fue “una audiencia realmente hermosa” y un “encuentro muy íntimo”.

Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

De acuerdo al Papa Benedicto XVI, “en el Renacimiento, Santa Ángela de Mérici propone un camino de santidad también para quien vive en un ámbito laico”, lo que constituyó un importante paso en el camino de comprensión del papel de quienes no están llamados a la vida consagrada dentro de la Iglesia.

La ‘pequeña amiga’ de Santa Úrsula

Santa Ángela nació el 21 de marzo de 1474 en Desenzano del Garda, localidad cercana a Brescia, en el norte de Italia. Pasó su primera infancia en el campo, al lado de sus padres, unos sencillos agricultores que trabajaban en el valle.

Fue su padre, Giovanni Merici, quien gustaba contarle historias de la vida de los santos. Ángela lo disfrutaba muchísimo mientras empezaba, casi sin querer, a desarrollar un sentimiento de cercanía por quienes siguieron los pasos de Jesús. Con mucha naturalidad, la niña empezó a relacionarse con ellos a través de la oración. De ahí el vínculo cordial que tenía con Santa Úrsula, la doncella que murió martirizada en el siglo IV, a quien Ángela terminó profesando un gran cariño y devoción. A través de los santos, o gracias a ellos, en el corazón de Ángela iba naciendo el deseo de entregar la vida a Dios por completo.

Mística precoz

Sin embargo, poco después, la hermana mayor moriría de manera intempestiva. Esto produjo una gran desazón en Ángela porque su hermana había muerto sin haber recibido los sacramentos. Grande sería el sufrimiento de la niña al no saber cuál había sido la suerte de su hermana frente a Dios.

En esas circunstancias, la santa se aferró a la intercesión de la Virgen María y a la figura de San Francisco de Asís. Se refugió por completo en la oración y en la práctica de la penitencia. En su corazón de niña, había brotado un deseo cada vez más grande de agradar a Dios y pedir su misericordia, en caso Él dispusiese conceder la salvación eterna a su hermana.

Terciaria franciscana

A los 13 años Ángela se hace terciaria franciscana. Previamente había hecho saber a sus tíos, quienes querían casarla, que ella deseaba permanecer virgen y ser religiosa.

A la muerte de su tío, cuando tenía 20 años, Santa Ángela vuelve a su tierra natal, Desenzano, donde se dedica a asistir a los pobres y a catequizar a las niñas. Convierte su casa en una suerte de escuela, convencida de que la instrucción es la mejor ayuda para quienes poseen poco o nada, de que era la herramienta más adecuada para una vida feliz, ayudar a la Iglesia y, por supuesto, obtener la vida eterna.

Ángela no era religiosa en ese momento, como corresponde a todo miembro de una tercera orden, pero había encontrado un camino de entrega total al Señor y de servicio a sus hijos más necesitados. Sin duda, un maravilloso precedente, tal como lo señalaba el Papa Benedicto XVI.

En 1516, los franciscanos le pidieron a la santa que fuera a Brescia a acompañar a una mujer que había perdido a su esposo e hijos en la guerra, y que pasaba por una experiencia de tristeza indecible. Ángela permanece dos años con ella, ayudándola material y espiritualmente. Luego decide permanecer en esa ciudad, hasta que en 1524 parte a Jerusalén con un grupo de peregrinos que se sentían convocados por su testimonio de santidad. Estando de paso en Creta, sufre de una ceguera temporal, que la obliga a ser guiada a Tierra Santa, a donde logra llegar. Milagrosamente, durante el viaje de regreso recupera la vista.

En 1525, parte a Roma y se entrevista con el Papa Clemente VII, quien la invita a hacerse cargo de un grupo de enfermeras; Ángela rechaza la oferta: «Es en Brescia donde Dios me quiere».

La santa le confiesa al Papa que había tenido una visión en la que unas doncellas ascendían al cielo en una escalera de luz. En la visión, las santas vírgenes estaban acompañadas por ángeles que tocaban dulces melodías. Todas portaban coronas con piedras preciosas. De pronto, la música cesó y Jesús la llamó por su nombre y le pidió que creara una sociedad de mujeres. De esta manera, el Santo Padre le otorgó el permiso para formar una comunidad de vida consagrada.

En una nueva visión, Santa Úrsula, su mayor inspiración, se le aparece a la santa y la nombra patrona de la fundación.

El 25 de noviembre de 1535, en la Iglesia de San Afra en Brescia, Ángela y 28 compañeras  consagraron sus vidas al servicio de la educación de las niñas. El nombre de la nueva familia espiritual fue “Compañía de Santa Úrsula”, que con el tiempo terminaría aglutinando varios institutos de vida activa y contemplativa.

El 27 de enero de 1540, Santa Ángela partió a la Casa del Padre. Las ursulinas recibieron el reconocimiento pontificio en 1544 por voluntad del Papa Pablo III. Posteriormente se establecieron como congregación en 1565. Tres años más tarde, en 1568, San Carlos Borromeo convocó a las ursulinas a Milán, persuadiéndolas de formar una rama de clausura, siguiendo la inspiración del Concilio de Trento (1545-1563).

Herederas de Santa Ángela de Mérici, sus hijas espirituales se han dedicado a la formación y educación de la juventud femenina a lo largo de los siglos.

Si deseas conocer más sobre Santa Ángela de Merici, puedes consultar la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Angela_Merici.

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Fuente: aciprensa

 

Hoy celebramos a Santa Margarita de Hungría, quien abrazó la cruz por amor a su patria

Hoy celebramos a Santa Margarita de Hungría, quien abrazó la cruz por amor a su patria

Margarita fue princesa de Hungría, hija del rey Bela IV y de María Láscaris -quien, por su parte, era hija del emperador de Constantinopla y ostentaba el título de princesa de Nicea-.

Una nación envuelta en el dolor

La princesa Margarita nació el 27 de enero de 1242. Solo un año antes, su nación había caído en manos de los ejércitos mongoles, lo que había traído tristeza, hambre y destrucción.

En esas trágicas circunstancias, Bela y María, pidiendo por la liberación de Hungría, prometieron a Dios que si les concedía una niña, esta sería consagrada a su servicio como monja.

Poco después, se produjo la inesperada retirada de los mongoles de las tierras invadidas, tras la muerte del gran kan mongol Ogodei. Los bárbaros se replegaron hasta sus tierras de origen hasta que un nuevo líder fuera elegido.

La vocación es un don de lo alto

Cuando Margarita tenía solo tres años fue confiada a las dominicas de Veszprém. A los doce, sería trasladada al nuevo monasterio que su padre, el rey, había edificado en la pequeña isla del Danubio que está cerca de la Ciudad de Buda (Budapest). En ese monasterio la santa pasaría el resto de su corta vida. Allí profesó sus votos ante fray Humberto de Romans, maestro general de la Orden de Predicadores (dominicos) entre 1254 y 1263.

Cada vez más enamorada de su vocación y de la misión que tenía con su patria, la joven princesa se dedicó con fervor heroico a recorrer el camino de la perfección. La ascesis conventual -silencio, soledad, oración y penitencia- se fue armonizando de a pocos con su celo por la paz, su valentía natural para denunciar la injusticia y el afecto hacia sus compañeras, a las que sirvió en las labores más humildes. El claustro se había convertido en el lugar perfecto para que Margarita viva y se desviva por la tierra de sus padres. Jesús y la Virgen habrían de escuchar siempre su oración.

Cristo nos da la libertad

Margarita asumió como propia la decisión que sus padres tomaron en su nombre antes de que naciera. Llegó a serle claro, sin resquicio de duda, que si estaba en un monasterio era por amor al Señor y no para agradar a los hombres.

Su permanencia allí, había dejado de ser voluntad humana y se evidenciaba como deseo divino; no era monja por la corona, lo era porque había descubierto su camino para ser feliz y agradar a Dios, su creador.

En algunas oportunidades sus padres le enviaron fastuosos regalos, los que nunca quiso para sí. Apenas podía, se deshacía de ellos donándolos para beneficio de los pobres que estaban bajo el cuidado de su monasterio.

Y cuando el rey y la reina quisieron dar marcha atrás y cambiar por completo la dirección de la vida de su hija -negando la promesa hecha al Señor- y quisieron casarla; ella, con toda libertad, se negó.

No cambiaría por nada lo que le llenaba el alma y le daba el mayor consuelo: rezar, contemplar a Jesús crucificado, amar cada día más la Eucaristía y gozar de los cuidados de la Virgen María.

Amar la cruz

No obstante, con un poco de apertura de espíritu nos es posible entender aquello que movió a Margarita a amar a Dios con tal intensidad.

La santa había logrado percibir algo que nos es casi siempre ajeno: la gravedad de nuestras faltas y pecados.

Ella quiso, a través del dolor físico, acompañar al Señor en su sacrificio redentor, la cruz, asumido por amor a la humanidad: a Cristo se le ama por completo, también con el madero a cuestas.

Margarita procuró la paz para su patria desde el lugar que le tocaba: ayudando a cargar el peso de los pecados de sus compatriotas con su propio sacrificio.

Esa vida de intensidad espiritual estuvo adornada con numerosas historias de milagros y hechos portentosos obrados por la joven monja. La mayoría de ellos aparecen en la Compilación medieval de los milagros de Santa Margarita.

No sólo para Hungría, sino para todo el mundo

Santa Margarita de Hungría murió con solo 28 años, el 18 de enero de 1270. Su cuerpo permaneció sepultado en el monasterio donde vivió hasta 1526. Después de diversas vicisitudes, sus reliquias fueron reubicadas en la iglesia de las clarisas de Bratislava (1618), pero fueron removidas de allí, décadas más tarde, cuando la supresión del monasterio de las clarisas fue decretada por la corona en 1782.

El proceso de canonización de la santa sufrió retrasos e interrupciones por siglos, hasta que el Venerable Papa Pío XII finalmente la canonizó el 19 de noviembre de 1943.

En la homilía de la Misa de canonización, el Pontífice declaró a Santa Margarita “mediadora de la tranquilidad y la paz, fundadas en la justicia y la caridad en Cristo, no solo para su patria, sino para todo el mundo”.

 

«Protejan la dignidad de los menores vulnerables» pidió el Papa

«Protejan la dignidad de los menores vulnerables» pidió el Papa

«En cada rostro humano, se refleja la bondad del Creador», escribió León XIV a los participantes en un encuentro organizado por la Pontificia Comisión para la Protección de Menores.

 

Ciudad del Vaticano, miércoles 19 noviembre (PR/25) — El papa León XIV anima a los religiosos consagrados a construir comunidades que respeten la dignidad de cada persona, en un mensaje enviado a una conferencia promovida por la Comisión Pontificia para la Protección de Menores.

En su mensaje a los participantes a la conferencia titulada «Construyendo comunidades que salvaguarden la dignidad«, el pontífice animó a los representantes de diversas conferencias religiosas y numerosos institutos de vida consagrada, apostólica y contemplativa, que asistieron al Encuentro a reflexionar sobre cómo construir comunidades que respeten la dignidad de todas las personas, especialmente de las más vulnerables.

La dignidad humana es un don de Dios

«La dignidad es un don de Dios, que creó al hombre a su imagen y semejanza. No se adquiere por mérito ni por la fuerza, ni depende de lo que poseamos o logremos. Es un don que nos precede: nace de la mirada de amor con la que Dios nos ha querido a cada uno de nosotros, y sigue queriéndonos», escribió el Santo Padre.

Añadió: «En cada rostro humano, incluso cuando está marcado por las dificultades o el sufrimiento, se refleja la bondad del Creador, una luz que ninguna oscuridad puede extinguir».

 

El pontífice señaló que el cuidado y la protección de los demás son fruto de una mirada perspicaz y un corazón atento. Surgen del deseo de acercarse con respeto y ternura, de compartir las cargas y las esperanzas ajenas. «Es al asumir la responsabilidad por la vida del prójimo que aprendemos la verdadera libertad: aquella que no domina sino que sirve, que no posee sino que acompaña», puntualizó León XIV.

Amar a los demás con respeto, dulzura y un corazón libre

El Sucesor de Pedro añadió que la vida consagrada, expresión de entrega total a Cristo, está llamada de manera especial a ser un hogar acogedor, un lugar de encuentro y gracia. «Quien sigue el camino de la castidad, la pobreza y la obediencia descubre que el verdadero amor nace del reconocimiento de las propias limitaciones: de la certeza de ser amado incluso en la debilidad, y esto es precisamente lo que permite amar a los demás con respeto, ternura y un corazón abierto», escribió el Santo Padre.

Para concluir, León XIV expresó su apoyo a la labor de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores y animó a los religiosos consagrados a trabajar juntos para promover el «crecimiento de la Iglesia en una cultura de protección».

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Fuente: AICA