Abrirnos al don de la gracia durante la Semana Santa

Abrirnos al don de la gracia durante la Semana Santa

Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, dijo el Papa León XIV, dirigiendo la mirada hacia nuestro tiempo ocupado por veleidades que terminan en un vacío existencial.

 

Ciudad del Vaticano, miércoles 25 marzo (PR/26) — EL papa León XIV indicó que, este tiempo nos invita a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.

“De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida”.

 

Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior

Y dirigiendo su mirada a nuestro tiempo, el Papa dijo que la gracia de Cristo ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales.

“Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1)”.

Liberar nuestros corazones del egoísmo

Es en este contexto, precisó el Santo Padre que, el relato de la resurrección de Lázaro nos invita, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad.

“En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad”.

Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43)

Antes de invocar la materna intercesión de la Virgen María para que nos ayude a vivir la Semana Santa “con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado”, el Papa León XIV dijo que, Jesús nos invita a amar sin límites.

“Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites”.

 

 

 

Primicias Rurales

Fuente: Vatican News

“ Venid a la luz ”

“ Venid a la luz ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 5, 17-30

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».

Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor 
“ Dame de beber ”

“ Dame de beber ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42

 

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:
«No tengo marido».

Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».

Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Palabra del Señor 
“Os mando como corderos en medio de lobos”

“Os mando como corderos en medio de lobos”

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 46-49

 

En aquellos días, Pablo y Bernabé dijeron a los judíos:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región.

 

Salmo de hoy

Salmo 116, 1. 2 R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

 

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1-9

 

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”».

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Creyeron los que estaban destinados a la vida eterna”

Los Hechos de los Apóstoles nos narran todo el proceso de evangelización de la primera comunidad cristiana de una forma entrañable.

Un proceso que no fue para nada fácil y en el que se fue conjugando la limitación humana con la gracia del Espíritu Santo, para que de esta manera se alcance a ver la salvación.

Hay una tarea larga y complicada en los primeros discípulos afanados por predicar la Buena Noticia, sin embargo, no terminan de que ese mensaje fuese acogido.

La intuición y el soplo del Espíritu los lleva a abrir nuevos caminos.

El mensaje es universal, por tanto, debe de cruzar todo tipo de barreras y abrirse a la humanidad. La predicación toma un nuevo rumbo, con horizontes amplios, que llega a aquellas personas que tienen la sensibilidad suficiente para abrirse a la Vida Eterna.

Los gentiles entran a formar parte de la Iglesia, porque así lo quiere el Señor. No hay exclusión ni acepción de personas. Desde los inicios de la creación, todos estamos destinados a la Vida Eterna.

“Mirad que os mando como corderos en medio de lobos”

Jesús sigue con la actividad de predicar el Reino de Dios aquí en la tierra. De alguna manera se vuelca en hacer visible la realidad del rostro del Padre, la realidad de la compasión y la ternura por la humanidad que anda un poco descarriada, sin rumbo, sin ilusiones o norte que centren su existir.

Lucas presenta este envío misionero que Jesús hace al discipulado. Congrega a «setenta y dos» y les manda ponerse en camino. Les anima a que sean capaces de prepararse para una misión que es compleja. Jesús quiere un grupo de discípulos capaces de la entrega total de la vida para cambiar la realidad que impera, que en muchos contextos es realmente desgarradora.

Por ello, es significativo, la comparación de elementos que emplea: «cordero, lobo». Un par de contrarios con una gran densidad a la hora de entender la fe, el proyecto del Reino de Dios y la complicación que tiene la misión.

Pares de contrarios entretejidos en la historia de la humanidad desde siempre. Grupos que viven escenarios de luz y otros de sombras. Grupos que viven en las tinieblas y otros en la luz. Grupos que reciben con gusto la Palabra de Dios y otros que la rechazan. Grupos que viven marginación, sufrimiento, pobreza, indiferencia, hambre, sed, violencia… Y otros que viven derrochando, sin sensibilidad alguna para valorar el sentido de las cosas, que explotan, extorsionan, manipulan, usan a las personas: «corderos o lobos». De alguna manera se puede catalogar así dicha simbología.

La esencia del grupo convocado y enviado por Jesús no es otra cosa que el servicio. Aparece también la palabra «obrero». Ese enviado debe realizar la misma tarea que Jesucristo, que nos dejó un dibujo fiel del rostro del Padre compasivo.

«Cordero» es el animal que se emplea para el sacrificio en el templo. Del cual, se dan unas categorías de mansedumbre, humildad, inocencia, sin mancha, que rápidamente pasaron a representar el sacrificio de entrega total que hace Cristo por la humanidad. El Cordero por antonomasia al cual debemos imitar los cristianos.

Jesús en Getsemaní tiene una lucha humana importante: dolor y sufrimiento, frente a cumplir la voluntad de Dios. La invitación que Jesús hace es a imitar su propia entrega. La donación total de la vida como fuente plena de sentido. No tener reservas ningunas a la hora de anunciar el Reino de Dios.

Esta actitud lleva consigo la impronta del testimonio de vida. Coherencia, fidelidad y exigencia: «El celo de tu casa me devora» (Jn 2,17).

La radicalidad del seguimiento hará que otros se cuestionen el sentido de la entrega. La vivencia profunda de la fe hace cuestionarse a los demás y que cambien la dureza del corazón.

Eso es lo que hace el cordero frente al lobo. El lobo continuamente pone excusas, se burla, se ríe, critica todo lo que hace el cordero. Sin embargo, no es capaz de cambiar la pobreza de su vida. El cordero debe de llevar al lobo a su terreno para que comprenda la grandeza del Reino de Dios y el sentido profundo de la fe en Jesucristo.

Por ello, la nota clave, de la que habla Jesús es la «paz» símbolo de reconciliación universal. Símbolo perfecto del Génesis en el equilibrio de la creación: «Y vio Dios que todo era bueno». Lo que nos anuncia el profeta Isaías, que espera toda la humanidad: «Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo» (Is 11,9).

Aquí llega la función del obrero que, mediante la predicación, siendo vocero de Dios, es capaz de llenar de conocimiento al auditorio. Es decir, tratar de reconciliar los dos «animales», cordero y lobo, para que vivan en plenitud la paz deseada.

Una humanidad que entienda el proyecto de Jesucristo para buscar los caminos de la paz, la compasión, el bien común, la belleza y la vida, que todos llevamos dentro. Así lo expresa bellamente san Pablo como ideal a la comunidad: «Pero, cuidado, pues mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente» (Gál 5,15).

 

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Convento de Santo Domingo (Caleruega)

Soy fraile dominico. Nací en Gorafe un pequeño pueblo de Granada, de una familia humilde y cristiana en la cual viví los valores fundamentales que sostienen mi vida. Eso va unido a la gente de mi pueblo, también sencilla y trabajadora, que tiene una forma particular de vivir y forjar su carácter. En ese ámbito fui descubriendo la experiencia del amor de Dios en mi vida y la vocación. A través de la vida contemplativa, en el Monasterio de la Santísima Trinidad de Baza, descubrí la Orden de Predicadores. De Nuestro Padre santo Domingo me llama mucho la atención su compasión y el ser un enamorado de la Palabra de Dios. Entré en la Orden el 15 de septiembre de 2013 y actualmente soy coordinador de la pastoral juvenil y vocacional.

Evangelio de hoy en audio

“ El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros ”

“ El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

 

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor