“ No se turbe vuestro corazón ”

“ No se turbe vuestro corazón ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

 

Palabra del Señor
Cuando el corazón se enfría: señales silenciosas para volver a Dios

Cuando el corazón se enfría: señales silenciosas para volver a Dios

El ruido, las preocupaciones y el activismo pueden alejarnos de lo esencial sin que lo notemos. Pequeñas actitudes cotidianas revelan cuándo la fe empieza a volverse superficial. Una invitación a mirar hacia adentro y recuperar un corazón abierto a Dios.

 

 

Buenos Aires, lunes 20 abril (PR/26) — Los cristianos de hoy solemos vivir con con demasiado ruido en nuestra cabeza. Las preocupaciones de la vida nos llevan a alejarnos de lo verdaderamente importante y muchas veces no queremos detenernos a escuchar lo que nos dicta nuestra conciencia: «Le perteneces a Dios y un día volverás a Él». Lo sabemos, pero se plantea una lucha entre el activismo y la espiritualidad o la práctica de la fe que muchas veces pueden endurecernos el corazón.

Nuestra Señora Reina de la Paz al inicio de sus apariciones (que continúan hasta el presente) en  Medjugorje, Bosnia – Herzegovina, dijo que quería corazones de carne y no de piedra como hay una cita al respecto en la Biblia.

Y, como cualquier enfermedad, estos son los síntomas que deben mantenerle alerta.

Señales que invitan a revisar el corazón

A veces creemos que estamos haciendo lo correcto, pero hay pequeñas actitudes que pueden indicar que nos estamos alejando sin darnos cuenta. No se trata de juzgar, sino de mirarnos con sinceridad.

1. Estar demasiado ocupado para Dios

Todo cristiano sabe que la oración es esencial. Sin embargo, muchas veces aparecen excusas para no dedicarle ni siquiera unos minutos al día. Nos sentimos ocupados, y sin notarlo, Dios queda en último lugar.

Incluso en los momentos de calma, evitamos el silencio interior. Es como cuando alguien deja de interesarnos: evitamos el encuentro. Y sin querer, podemos hacer lo mismo con el Señor.

2. Confesarse por costumbre y no desde el corazón

La confesión es una oportunidad de encuentro y conversión verdadera, pero a veces puede vivirse de manera automática, solo por cumplir.

Cuando falta el arrepentimiento sincero y el deseo de cambiar, el gesto pierde profundidad. Más que un trámite, está llamado a ser un momento de gracia, donde el corazón realmente se abre.

3. Vivir la Eucaristía con indiferencia

Asistir a la Eucaristía es mucho más que estar presentes físicamente. Puede pasar que estemos ahí, pero con la mente en otro lado, sin participar, sin orar, sin unirnos a la comunidad.

La Misa es un encuentro vivo, y cuando se vive con distancia o distracción, su riqueza no logra llegar plenamente al alma.

4. Mirar con distancia al que necesita

En la vida cotidiana, nos cruzamos con personas que necesitan ayuda. A veces, el cansancio o los prejuicios nos llevan a mirar para otro lado o a juzgar rápidamente.

Sin embargo, cada persona merece al menos una mirada, una palabra, un gesto humano. No sólo en la calle: también cerca, en casa o en el entorno, puede haber alguien esperando atención.

5. Creer que “ser buena persona” es suficiente

Puede aparecer la idea de que, como no hacemos daño a nadie, ya estamos bien. Pero la vida cristiana es más que evitar el mal: implica amar activamente, crecer, convertirse, darse.

Cuando surge la autosuficiencia, el corazón puede cerrarse sin darse cuenta. Y entonces dejamos de escuchar, de revisar, de abrirnos a lo más profundo.

Una invitación a mirar hacia adentro

No son condenas, sino llamados de atención. Todos estamos en camino, y siempre hay posibilidad de volver a empezar.

¿Te reconocés en alguna de estas situaciones?
Tal vez sea una oportunidad para reconectar, hacer silencio y volver a poner a Dios en el centro.

Mientras tengas vida hay oportunidad

Es necesario que tomemos conciencia de lo que estamos haciendo con nuestra vida interior y pidamos perdón a Dios, fomentando en nosotros lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica:

«El corazón del hombre es torpe y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones: ‘Conviértenos, Señor, y nos convertiremos’ (Lm 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo» (CEC 1432).

Recordemos que mientras vivamos tendremos oportunidad de convertirnos, que Dios nos bendiga.

 

 

Primicias Rurales

Fuente: basado en un artículo del sitio católico Aleteia

El Papa León XIV criticó la violencia y afirmó que las guerras son fruto de la idolatría

El Papa León XIV criticó la violencia y afirmó que las guerras son fruto de la idolatría

En Mónaco, el Pontífice cuestionó las “razones falsas” para matar y llamó a rechazar el poder convertido en dominio.


Mónaco, domingo 29 marzo (PR/26) — El Papa León XIV celebró una multitudinaria misa en el Estadio Louis II de Mónaco, donde dejó un fuerte mensaje contra la violencia y cuestionó los argumentos utilizados para justificar la muerte de inocentes.

Dijo que las guerras son fruto de la idolatría.

Durante su homilía, el Pontífice denunció los “cálculos” y las “razones falsas” que, según afirmó, se utilizan en el mundo actual para eliminar vidas. “¡Cuántos cálculos se hacen para matar a inocentes!”, expresó, al tiempo que vinculó estas conductas con una lógica de poder y miedo.

En ese sentido, sostuvo que la condena a muerte de Jesús respondió a un “cálculo político”, basado en la percepción de amenaza por parte de quienes detentaban el poder. Según explicó, se trató de una decisión “precisa y meditada” nacida del temor a quien transformaba “el dolor del pueblo en alegría”.

El Papa remarcó que este contraste sigue vigente: por un lado, la acción de Dios que da vida, y por otro, la de quienes están dispuestos a “matar sin escrúpulos”. En ese cruce, señaló, aparece el mensaje central de Cristo: dar la vida por los demás.

Cuestionamiento a líderes religiosos

Asimismo, cuestionó la actitud de líderes religiosos de la época, a quienes acusó de distorsionar los principios fundamentales, incluso el mandato de “no matarás”. Para el Pontífice, estas conductas reflejan una visión reducida y deformada de la realidad.

Uno de los ejes centrales del mensaje fue la misericordia, a la que definió como la verdadera expresión del poder de Dios. “La misericordia salva al mundo”, afirmó, al destacar que implica cuidar toda vida humana, desde su inicio hasta su final, en todas sus etapas y fragilidades.

También advirtió sobre los peligros de la idolatría moderna, entendida como la adhesión a “pequeñas ideas” que reducen la mirada del ser humano. En esa línea, criticó el poder convertido en dominio, la riqueza transformada en codicia y la belleza degradada en vanidad.

En ese marco, el Pontífice fue más allá y sostuvo que “las guerras son fruto de la idolatría”, al señalar que nacen de visiones estrechas que colocan intereses, poder o bienes materiales por encima de la dignidad humana.

“El problema no es carecer de bienes, sino aferrarse a ellos hasta convertirlos en formas de esclavitud”, explicó, al tiempo que llamó a una liberación interior que permita recuperar una mirada más amplia y solidaria.

«No nos acostumbremos al estruendo de las armas»

En otro tramo de su mensaje, el Papa pidió no naturalizar la violencia y exhortó a rechazar la lógica de la guerra. “No nos acostumbremos al estruendo de las armas”, sostuvo, y subrayó que la paz no es solo equilibrio de fuerzas, sino el resultado de corazones transformados.

Ante miles de fieles —cerca de 15.000 personas—, el Pontífice también destacó el valor de la alegría auténtica, que, según dijo, “no se gana, sino que se comparte” a través de la caridad.

La celebración contó con la presencia de autoridades religiosas y civiles, entre ellas el príncipe Alberto II de Mónaco, en un estadio colmado que combinó símbolos religiosos con el entusiasmo propio de los grandes eventos.

El Papa concluyó su mensaje con un llamado a defender la vida en todas sus formas y a construir una sociedad basada en el amor, la fe y la solidaridad, como camino para superar las tensiones y conflictos del presente.

Highlights
“ Cambiaste mi luto en danzas ”

“ Cambiaste mi luto en danzas ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 43-54

 

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».

Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».

El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».

Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».

El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

 

Palabra del Señor
“ Él nos hace capaces de amar ”

“ Él nos hace capaces de amar ”

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6

 

En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.

Entonces le dice al hombre que tenia la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio».

Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».

Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».

La extendió y su mano quedó restablecida.

En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

Palabra del Señor