Feb 5, 2026 | Especial
Buenos Aires, jueves 5 febrero (PR/26) – Enero marcó el inicio de una nueva vendimia en Argentina, un ritual que se extiende hasta marzo, pero que este año se desarrolla en un escenario de profunda complejidad económica para el sector vitivinícola.
Con precios estancados, costos en alza y un consumo en baja, la búsqueda de diferenciación se ha convertido en una estrategia de supervivencia.
En este contexto, un proyecto científico liderado por el microbiólogo argentino Germán González Riachi, propone una solución innovadora: encontrar en el corazón de la bodega y en sus levaduras nativas, la clave para la autenticidad y el futuro del vino argentino.
En un año marcado por la incertidumbre económica, la ciencia ofrece una herramienta concreta para fortalecer la industria vitivinícola argentina.
“La cosecha de uva, es un momento culminante del ciclo de la vid y es también el punto de partida de un proceso invisible pero decisivo: la fermentación”, comenta Riachi y agrega, “es acá donde la microbiología del vino juega un papel fundamental. En un mercado globalizado que tiende a la homogeneización de los sabores, la identidad de un vino, su capacidad de contar la historia de su terroir, se ha vuelto un valor invaluable”.

Según informes recientes, los precios de la uva no se han actualizado en los últimos dos años, mientras que los costos de cosecha y transporte han aumentado más del 100%.
A esto se suma una caída del consumo interno de entre un 2% y un 3% anual, y un excedente de producción que presiona aún más los precios a la baja.
La desregulación del mercado ha dejado a los productores en una posición de desventaja frente a los grandes formadores de precios, y la crisis hídrica amenaza la viabilidad de los viñedos.
Juan José Ramos, presidente de la Asociación de Viñateros Independientes de San Juan, manifestó que “es uno de los peores años de la historia”. En este escenario, la estandarización del perfil sensorial de los vinos, producto del uso de un puñado de levaduras comerciales seleccionadas por su eficiencia, se convierte en un obstáculo para el crecimiento. El consumidor actual, sediento de autenticidad y de historias, busca en el vino una experiencia que vaya más allá del sabor.

Frente a esta encrucijada, Germán, con su proyecto Ciencia del Vino, emerge como una visión transformadora para la industria. Se trata del primer laboratorio móvil de microbiología enológica de Latinoamérica, diseñado para llevar la ciencia directamente a las bodegas y trabajar en colaboración con los productores. La iniciativa propone un estudio a escala nacional para mapear la diversidad microbiológica del país y su impacto en el terroir vitivinícola.
El corazón del proyecto es el estudio y la selección de levaduras nativas, los microorganismos autóctonos de cada viñedo y bodega. “Estas levaduras, a diferencia de las comerciales, son únicas de cada lugar y confieren al vino características sensoriales distintivas y particulares. Son, en esencia, la “firma” microbiológica del terroir”, explica Riachi.
“Las levaduras nativas son el resultado de un fascinante proceso de selección natural. Cada viñedo y bodega alberga su propia comunidad microbiana única, una suerte de ‘huella digital’ invisible moldeada por factores como el clima, la composición del suelo, las variedades de uva cultivadas, las prácticas agrícolas, los métodos de vinificación y la propia historia del lugar”.
El inicio de la cosecha 2026 es el momento ideal para que los productores adopten este enfoque científico. Aplicar la ciencia microbiológica desde este primer momento permite capturar y preservar la identidad única del terroir, sentando las bases para la creación de vinos con una personalidad inigualable.
El laboratorio móvil de Ciencia del Vino permite realizar un monitoreo microbiológico en tiempo real, aislar y caracterizar las levaduras nativas de cada finca, y crear un banco de levaduras propio para cada productor.
Esto no sólo permite diferenciarse de la competencia, sino que también brinda un mayor control sobre el proceso de fermentación, agregando valor a los vinos al poder comunicar al consumidor la historia detrás de su terroir, una historia que ahora incluye a sus propios microorganismos.
Primicias Rurales
Ene 25, 2026 | Aventura y Turismo
El Wine Lodge ofrece promociones de alojamiento para descansar en el verano entre viñedos y conocer la Vendimia en el Valle de Uco.
Mendoza, domingo 25 enero (PR/26) –Este verano Andeluna ofrece propuestas especiales para disfrutar del imponente paisaje de la montaña, la gastronomía y sus vinos haciendo honor al lema que la define: “Somos vinos de montaña”.
Visitas guiadas, degustaciones, talleres, las propuestas de su reconocido restaurante y la posibilidad de alojarse entre sus viñedos en el exclusivo Andeluna Winery Lodge.
La promoción Verano entre viñedos y montañas ofrece un 20% de descuento en el alojamiento y un menú “Tardecitas” de regalo para disfrutar de la puesta del sol con una selección de sabores caseros y sus excelentes vinos de montaña.

Además, para vivir la magia de la Vendimia en Andeluna y disfrutar de la mejor época de Mendoza, la bodega ofrece un 15% de descuento en el alojamiento entre los meses de marzo y abril.
Las promociones son exclusivas con reserva directa, con una estadía mínima de 2 noches, desde la web Andeluna Winery Lodge o WhatsApp +549 261 717 4650.
En el corazón de Gualtallary, a 1.300 metros sobre el nivel del mar y rodeado de viñedos propios con imponentes vistas a la Cordillera de los Andes, emerge Andeluna Winery Lodge. Un total de 8 unidades independientes de 45 m², con deck y jardín propio, ubicadas estratégicamente entre los viñedos para tener cada una la mejor vista panorámica de las montañas y a la vez mantener la privacidad visual entre cada unidad. Diseñadas para ofrecer una experiencia inmersiva en el excepcional paisaje, cuidando cada detalle para ofrecer el perfecto equilibrio de lujo y confort.
La experiencia se completa con las propuestas gastronómicas de su reconocido restaurante y un amplio programa de actividades enoturísticas.
El restaurante de Andeluna, premiado nuevamente en 2025 por Tripadvisor Traveler’s Choice Awards como uno de los 3 mejores de Mendoza, está abierto todos los días con diferentes propuestas gastronómicas, siendo uno de los pocos restaurantes de Gualtallary en ofrecer cena en la bodega.
Entre sus destacados hay opciones de almuerzo como el Menú Pasos por la Montaña -4 pasos- en los que se marida cada plato con un vino específicamente seleccionado por la enóloga, también se pueden disfrutar de las experiencias más informales de los Sabores Andinos o las Tardecitas en Andeluna con una variada selección de productos caseros y los mejores vinos para deleitarse de modo distendido frente a la imponente Cordillera de los Andes.
El área de turismo de la bodega ofrece un programa integral para los visitantes, una invitación a disfrutar del vino y la montaña, de la mañana a la noche, con diferentes actividades como las tradicionales Visitas guiadas y Degustaciones o divertirse aprendiendo en el Taller de Vinos y Chocolates o el Juego del Blend.
Andeluna elabora Vinos de Montaña. Está ubicada en Gualtallary, una de las regiones más destacadas de la provincia de Mendoza para elaborar vinos de alta gama y con identidad propia.
La bodega se encuentra bajo la conducción de la Familia Barale desde el año 2013, siguiendo principios de responsabilidad y sustentabilidad de los recursos, y orientando sus vinos a las tendencias internacionales de consumo.
DATOS DE CONTACTO Y RESERVAS:
Andeluna Winery Lodge: (54 9) 2617 17-4650/ winerylodgereservas@andeluna.com.ar
www.andelunawinerylodge.com
Primicias Rurales
Ene 23, 2026 | Especial, Opiniones
Frente a la circulación de versiones que hablan de una “crisis profunda” en la vitivinicultura, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines desmiente que el sector atraviese una situación de colapso y advierte sobre operaciones especulativas en la previa de paritarias
Buenos Aires, 23 de enero (PR/26) .- En los últimos días crecieron las noticias que dan por sentado que la vitivinicultura argentina está “en rojo” y atravesando una crisis profunda. Si bien la actividad enfrenta desafíos derivados de la caída del consumo interno y de un contexto económico complejo, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) expresa su total desacuerdo y entiende que estos factores no constituyen una crisis terminal, sino condiciones que vienen siendo gestionadas y analizadas por los actores del sector.
En este sentido, el reconocido referente de la industria Walter Bressia – presidente de Bodegas de Argentina – afirmó recientemente que “el 2026 va a ser un año de crecimiento mesurado, hay que ser cautos y no perder el foco”, subrayando que la vitivinicultura no está en situación de colapso, sino transitando un proceso en el que se observan señales de repunte y estabilidad relativa tras un período difícil.
Desde FOEVA también se destaca que la caída del consumo no implica necesariamente quiebras generalizadas ni pérdida de empleos, y que situaciones empresariales particulares —como la de algunas bodegas que están en reestructuración o negociación de deudas— deben analizarse como casos aislados y no como diagnóstico de la industria en su conjunto.
“Hasta el momento ni FOEVA ni los sindicatos de base hemos recibido comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas, ni ningún informe oficial que demuestre una caída estructural de la actividad que amerite tal nivel de alarma”, afirma Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA
.
Desde FOEVA reconocen que la baja del consumo interno y el contexto económico general generan dificultades, pero remarcan que esto no puede ser presentado como una crisis estructural del sector.
“No nos resulta llamativo que en esta instancia del año el sector empresario instale discursos de crisis profunda. Es parte del folclore de la cosecha, en la previa de la paritaria y del inicio del año productivo propiamente dicho”, señala Romero.
En ese sentido, el gremio advierte que la instalación de escenarios alarmistas suele coincidir con el inicio de las negociaciones salariales, con el objetivo de condicionar las discusiones y limitar los reclamos de recomposición salarial.
“Cuando se habla livianamente de crisis, lo que muchas veces se busca es justificar la falta de voluntad para pagar salarios dignos a los trabajadores y trabajadoras del sector”, agregaron desde la Federación.
Respecto a casos puntuales de grandes bodegas, FOEVA aclaró que no pueden extrapolarse situaciones empresariales individuales a toda la vitivinicultura.
“La situación de Bodegas Bianchi es el resultado de una administración basada en la especulación y con escasa proyección al momento de endeudarse. Incluso la propia empresa ha manifestado que existe una propuesta de regularización de sus deudas, lo que demuestra que no se trata de un escenario de derrumbe generalizado, sino de un problema puntual”, explicó Romero.
Asimismo, desde FOEVA manifestaron su preocupación por la falta de un abordaje integral por parte de las autoridades provinciales. “Nos llama la atención que el ministro de Producción de Mendoza, con pleno conocimiento de la realidad del sector, no presente un plan de contingencia ante estas situaciones, más allá de amplificar diagnósticos alarmistas que no reflejan la totalidad de la actividad”, señalaron.
Finalmente, FOEVA ratificó su compromiso con la defensa del empleo, los salarios y la sustentabilidad real del sector vitivinícola: “estamos atentos y en estado de alerta permanente, pero hasta el momento no hemos sido notificados oficialmente de ninguna crisis que justifique el clima que se intenta instalar”, concluyó Romero, y llamó a dar discusiones responsables, basadas en datos concretos y no en operaciones coyunturales que terminan generando incertidumbre innecesaria entre los trabajadores y la sociedad.
Fuente: FOEVA
Primicias Rurales
Ene 20, 2026 | Especial
Buenos Aires, 20 de enero (PR/26) .- . En un sector donde cada botella cuenta, un enemigo invisible amenaza las ganancias y la reputación de las bodegas. Las paradas o detenciones de fermentación y la contaminación microbiana, problemas a menudo subestimados, pueden costar a los productores cientos de miles de dólares por un solo tanque de vino. Sin embargo, la ciencia ofrece una solución rentable que transforma la prevención en una inversión inteligente.
“El vino es un producto vivo, y su elaboración, un delicado equilibrio biológico. “Desde la vendimia hasta el fraccionamiento, una compleja comunidad de levaduras y bacterias
trabaja para crear el vino que disfrutamos”, comenta el microbiólogo argentino Germán Gonzalez Riachi, especializado en el sector vitivinícola. “Pero en este universo microscópico, no todos los actores son beneficiosos. La presencia de microorganismos no deseados puede desencadenar una cascada de problemas que van desde sutiles desviaciones aromáticas hasta la pérdida total de la producción”
El impacto económico puede ser devastador. En Argentina, un fallo microbiológico en un tanque de una bodega mediana puede significar un riesgo de más de USD 300.000. Uno de los problemas más graves son las paradas de fermentación, que pueden provocar pérdidas de hasta el 70% o incluso la totalidad del valor de un lote. Estas detenciones inesperadas del proceso fermentativo pueden deberse a múltiples factores, como una baja carga de levaduras, la competencia con otros microorganismos que contaminan el mosto, o una deficiencia de nutrientes que debilita a las levaduras responsables de la fermentación. Todos estos elementos impactan directamente en la calidad final del vino, y subrayan la importancia de un monitoreo constante de la fermentación.
«Generalmente, en la práctica, es muy difícil arreglar un vino que se alteró o perdió su calidad. Se descarta o se corta con vino de menor calidad, o se vende a granel para otros fines a un precio muchísimo menor», comparte Riachi. La prevención, por tanto, no es una opción, sino una necesidad. “Siempre se busca prevenir y sumar a la calidad del vino sin intervenir en el estilo enológico de cada bodega”, agrega.
Las causas de la contaminación microbiana en bodega pueden originarse en la falta de validación de los protocolos de limpieza, en la desinfección y en acciones correctivas. Estos suelen ejecutarse de manera empírica, sin evaluar su eficacia microbiológica. A esto se suman una insuficiente estabilización de los vinos durante la crianza y previa al fraccionamiento, junto con otros factores intrínsecos de cada vino.
Entre los microorganismos contaminantes más notorios se encuentra la levadura del género Brettanomyces. Este microorganismo es responsable de aromas desagradables descritos como “sudor de caballo” o “cuero”, que arruinan la expresión frutal y la elegancia de un vino. Un estudio en California reveló que el 73% de las bodegas había experimentado una reducción de la calidad debido a “Brett”, y un 13% había tenido que retirar productos del mercado por esta causa. Pero Brettanomyces no está solo. Otras levaduras como Zygosaccharomyces, entre otros, pueden causar refermentaciones en la botella, generando turbidez y gas. Ciertas bacterias lácticas pueden producir “gusto de ratón” mientras que las bacterias acéticas, como su nombre indica, pueden avinagrar el vino, transformándolo literalmente en vinagre, provocando una pérdida total del lote.
Frente a la magnitud de las posibles pérdidas, el costo de la prevención es, en palabras de Riachi, “infinitamente menor”. La inversión en un monitoreo microbiológico no es un gasto, sino un seguro de calidad y rentabilidad. El costo de un equipo de laboratorio o monitoreo microbiológico externo es insignificante en comparación con el valor de un solo tanque de vino premium.
La clave está en un enfoque proactivo. Esto implica implementar y validar protocolos de limpieza y desinfección rigurosos para todas las superficies, desde los tanques y mangueras hasta la línea de embotellado. Además, es fundamental realizar análisis microbiológicos preventivos en puntos críticos de control. Durante la vendimia y la fermentación, el monitoreo ideal es diario o semanal. Luego, se pueden establecer controles mensuales y un análisis exhaustivo previo al embotellado para asegurar la estabilidad del vino.
La figura del microbiólogo enológico, un especialista dedicado a entender y gestionar el ecosistema microbiano de la bodega, está ganando terreno. En Argentina, por ejemplo, iniciativas como “Ciencia del Vino” están llevando laboratorios móviles directamente a las bodegas para realizar análisis in situ y ofrecer resultados inmediatos. Esta aproximación permite tomar decisiones informadas al instante, corrigiendo desviaciones antes de que se conviertan en problemas irreparables. Más allá de la prevención, la microbiología abre la puerta a la diferenciación. Al aislar y utilizar levaduras nativas, propias de cada viñedo,
las bodegas pueden reforzar la identidad de su terroir, creando vinos únicos que se destacan en un mercado global competitivo.
En definitiva, la microbiología ha dejado de ser un tema exclusivo de laboratorios para convertirse en una herramienta de gestión indispensable en la bodega moderna. Ignorar a los microorganismos es dejar la puerta abierta a pérdidas económicas significativas y a un daño reputacional difícil de reparar. Invertir en su control y comprensión no solo protege la producción, sino que potencia la calidad, la identidad y, en última instancia, la rentabilidad de cada botella.
Primicias Rurales
Fuente: Ciencia del Vino
Dic 9, 2025 | Especial
En un mercado global cada vez más competitivo, la diferenciación se ha convertido clave para las bodegas. La búsqueda de una identidad única, de un vino que hable del lugar donde nace, ha llevado a la industria a mirar más allá de las barricas y a sumergirse en un universo invisible a los ojos, pero de un poder transformador: el de las levaduras nativas.
Buenos Aires, martes 9 diciembre de (PR/25) – – El sector vitivinícola de Argentina enfrenta una encrucijada. Por un lado, goza de un merecido prestigio internacional, con el Malbec argentino, consolidado en todo el mundo.
Por otro, se enfrenta a desafíos significativos como la caída del consumo interno, una fuerte carga impositiva y la necesidad de conquistar el mercado actual, tanto interno como de exportación.
En este escenario, la homogeneización de los sabores representa una amenaza latente. Durante décadas, la industria ha confiado en un puñado de levaduras comerciales seleccionadas por su eficiencia y previsibilidad.

Estas cepas, verdaderas «obreras» de la fermentación, cumplen su trabajo de manera impecable, pero a un costo: la estandarización del perfil sensorial de los vinos.
En un momento sediento de autenticidad, donde el consumidor busca historias y experiencias en lo que consume y toma, esta uniformidad se convierte en un obstáculo para el crecimiento y la diferenciación.
Es en este contexto que surge un ambicioso proyecto de investigación científica, liderado por el microbiólogo argentino Germán Gonzalez Riachi y creador de Ciencia del Vino, un proyecto que busca transformar la elaboración de vinos, promoviendo mayor identidad, sustentabilidad y autonomía para cada productor.
La iniciativa propone llevar adelante por primera vez en el país un estudio a escala nacional para mapear la diversidad microbiológica del país y su impacto en el terroir vitivinícola.

El corazón de este proyecto es un laboratorio móvil de última generación, diseñado para recorrer las principales regiones productoras de la Argentina y trabajar en colaboración directa con las bodegas.
La metodología del estudio se centra en una premisa fundamental: en lugar de depender completamente de levaduras genéricas, la investigación busca aislar, identificar y caracterizar los microorganismos que ya existen de forma natural en cada viñedo y bodega. Estos microorganismos, conocidos como levaduras nativas, son, en esencia, la «firma» microbiológica del terroir.
Pero, ¿qué son exactamente las levaduras nativas? Son microorganismos autóctonos de una región, viñedo o bodega, capaces de fermentar y producir vino. A diferencia de las levaduras comerciales, que son seleccionadas y producidas para ser utilizadas en cualquier parte del mundo, las levaduras nativas son únicas de cada lugar.
“Las levaduras nativas son el resultado de un fascinante proceso de selección natural. Cada viñedo y bodega alberga su propia comunidad microbiana única, una suerte de «huella digital» invisible moldeada por factores como el clima, la composición del suelo, las variedades de uva cultivadas, las prácticas agrícolas, los métodos de vinificación y la propia historia del lugar”, comenta Germán.
En el caso específico del vino, esta comunidad microbiana se ve influenciada por la presencia de alcohol, un pH bajo y la alta concentración de azúcar del mosto, condiciones extremas que solo los microorganismos mejor adaptados logran superar. Las levaduras nativas son, en este sentido, la «firma» microbiológica del terroir.
“La diferencia fundamental con las levaduras comerciales radica en la identidad que confieren al vino. Mientras que la mayoría de las bodegas fermentan cepas similares genéricas, lo que inevitablemente conduce a una cierta similitud en los perfiles aromáticos y gustativos, las levaduras nativas aportan características sensoriales distintivas y particulares a cada vino. Son ellas las que permiten que un vino de una región se diferencia de otro, no solo por el clima o el suelo, sino también por su microbiología”, explica German.
“Existe un riesgo cuando fermentamos de manera espontánea con levaduras nativas ya conocidas por los bodegueros, por ello muchas veces para lograr seguridad los enólogos optan por la siembra de levaduras” alerta Germán y agrega: “lo novedoso es que ahora los productores tienen la posibilidad de sembrar con sus propias levaduras seleccionadas, obteniendo seguridad fermentativa por inocular una buena cantidad de levaduras .pero también logrando un perfil sensorial único ya que la levadura que fermentó es una levadura única de ese terroir”.
El laboratorio móvil, núcleo de esta investigación de campo, aplicará un protocolo para el muestreo y selección de levaduras nativas directamente en cada bodega participante. De esta manera, los productores podrán descubrir y utilizar cepas propias de alto desempeño, adaptadas a su entorno y a su estilo de vinificación, logrando un carácter único del vino.

Un equipo de microbiólogos tomará muestras de las uvas, del suelo, de las instalaciones y del ambiente de la bodega para construir un perfil microbiológico completo del terroir. En el laboratorio, se aplicarán protocolos de caracterización y selección, sometiendo la cepa a condiciones de estrés propios de la fermentación y evaluación de capacidades fermentativas de la levadura nativa seleccionada.
Posteriormente, se realizarán microvinificaciones para evaluar el comportamiento fermentativo de las cepas nativas en bodega, su resistencia al alcohol, su perfil de producción de aromas y su impacto sensorial general. Las cepas con mayor potencial enológico serán seleccionadas y criopreservadas, creando un valioso banco de levaduras para la bodega.
“Este enfoque ofrece una serie de ventajas competitivas para las bodegas. En primer lugar, les permite diferenciarse de la competencia, ofreciendo vinos con una identidad única e irrepetible. En segundo lugar, les brinda un mayor control sobre el proceso de fermentación, ya que la levadura nativa se siembra igual que las levaduras comerciales. Y en tercer lugar, les permite agregar valor a sus vinos, al poder comunicar al consumidor la historia detrás de su terroir, una historia que ahora incluye a sus propios microorganismos”, agrega German.

La participación en este estudio representa una oportunidad para que las bodegas no sólo accedan a tecnología de punta, sino que también se conviertan en colaboradoras activas de una investigación que busca profundizar el conocimiento del terroir argentino. Es una invitación a ser pioneros en la exploración de nuevas fronteras sensoriales y en la creación de vinos que expresen, con una fidelidad sin precedentes, la identidad de su origen.
El proyecto invita a las bodegas a sumarse como centros de investigación asociados y explorar el universo de sus levaduras nativas y contribuir a este mapeo nacional del microbioma vitivinícola. Esta colaboración no solo ofrece la posibilidad de desarrollar vinos con una personalidad única, sino que también representa una oportunidad para fortalecer la marca a través de la innovación y el conocimiento científico.

El futuro del vino, y su más profunda expresión, reside en el estudio de sus raíces microbiológicas.
Primicias Rurales
Fuente: Ciencia del Vino