Entre la caída global del consumo de vino y severos problemas de competitividad interna, Argentina enfrenta el reto estratégico de redefinir sus mercados clave para reconquistar el valor y la presencia de sus etiquetas emblemáticas.

 

 

 

Buenos Aires domingo 6 septiembre (PR/26)– La industria vitivinícola de Mendoza atraviesa un escenario sumamente complejo. En el primer semestre de 2026, la provincia exportó un 36% menos de vino varietal fraccionado en comparación con los registros históricos alcanzados en 2010.

A esta fuerte traba en las cantidades vendidas se le suma que el precio real obtenido cayó un 7% respecto a ese mismo año, impactando de forma directa en los ingresos globales de las bodegas exportadoras.

La reciente recuperación en los despachos aporta ciertos matices a la foto actual: en el primer semestre de 2026, los despachos externos aumentaron 14% en volumen, pero solo crecieron un 3% en valor total.Esto ocurre porque el incremento se sostuvo principalmente en la tracción del vino a granel, cuyo precio medio resultó casi un 10% más bajo, confirmando el freno persistente en los fraccionados.

 

Un mercado internacional que achica sus compras

 

Mirar hacia afuera permite comprender la primera gran hipótesis del fenómeno. El consumo global de vino atraviesa un proceso de retroceso continuo: entre 2017 y 2025 cayó un 15% a nivel planetario.

En números concretos, la demanda mundial pasó de unos 244 a 208 millones de hectolitros. Un dato llamativo de esta dinámica es la drástica caída en China; al aislar ese país, el desplome global se matiza al 10%.

 

 

Asimismo, las importaciones globales también sienten el golpe de la retracción. Aunque el comercio internacional se duplicó en las últimas décadas superando los 100 millones de hectolitros, la tendencia de los últimos tres años marca contracción.

 

Retroceso relativo en las góndolas del mundo

 

Sin embargo, el problema nacional no obedece únicamente al entorno externo. La participación de Argentina en los despachos globales sufrió una pronunciada caída, pasando de un máximo del 4,7% en 2008 a solo 2,1% en 2025.

El comportamiento en sus dos destinos principales deja ver claramente la paradoja. En Estados Unidos —mercado que absorbe el 24% de las ventas argentinas— la cuota nacional retrocedió del 8,2% histórico al 3,7% en 2026.

 

 

Por su parte, Brasil representa un destino fuertemente expansivo que pasó de importar USD 44 millones a cerca de USD 299 millones. Allí Argentina perdió terreno relativo, pasando del 26% al 19% actual.

 

Estrategias comerciales y costos más allá del dólar

 

La competitividad cambiaria influye fuertemente pero no explica la totalidad del problema. Aunque el dólar real oficial en torno a $1.537 otorga mayor oxígeno que en periodos de atraso, no alcanza la ventaja post 2002.

Los elevados costos internos y la logística condicionan las márgenes. Además, la demanda global se desplaza hacia blancos, rosados, vinos frescos, de menor graduación alcohólica y nuevos formatos packaging.

Adaptarse rápido a estas preferencias requiere una renovada estrategia comercial que permita sostener la presencia en EE.UU. y recuperar aceleradamente cuota en el prometedor mercado brasileño.

 

El mapa de acción para la industria vitivinícola

 

En síntesis, recuperar exportaciones supone un trabajo doble: sortear una demanda global menos dinámica y reconquistar el valor por litro en las góndolas. Brasil emerge como prioridad comercial directa.

En la plaza estadounidense, la premisa pasa por defender y sostener la cuota alcanzada. Por último, las bodegas deberán accionar sobre la logística, la eficiencia interna y la innovación tecnológica de productos.

 

 

 

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Fuente: IERAL