El comercio electrónico argentino no deja de crecer, pero ese crecimiento trajo una pregunta incómoda: ¿está la logística preparada para acompañarlo?
Buenos Aires, viernes 7 de agosto agosto (PR/26) — El e-commerce dejó de ser, hace rato, un canal secundario. Hoy es parte estructural del consumo en la Argentina, con compradores cada vez más habituados a comprar online y marcas que compiten por algo más que precio.
Ese cambio abre una discusión clave para cualquier negocio digital: cómo construir una operación logística preparada para crecer. La pregunta ya no es solo cómo vender más, sino cómo cumplir cuando el volumen se dispara.
Bajo el eje “Fulfillment estratégico: cómo construir una operación logística preparada para crecer”, Tertzakian propone repensar por qué muchas operaciones logísticas no están listas para escalar, y cómo la tecnología, las métricas y el diseño operativo pueden transformar al fulfillment en una ventaja competitiva.

“El error más común es pensar que la logística se resuelve cuando el problema ya apareció. Muchas empresas empiezan a revisar su operación cuando las entregas se atrasan, los costos se disparan o el equipo interno ya no puede absorber el volumen”, señala el ejecutivo.
Y para ese momento, agrega, la logística dejó de ser una oportunidad de eficiencia y se convirtió en una fuente de fricción para el negocio.
Números que explican la urgencia
La magnitud del fenómeno se explica con datos. Según el Estudio Anual de Comercio Electrónico 2025 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, el sector facturó $34.033.238 millones, con un crecimiento del 55% respecto del año anterior.
El relevamiento también registró 253 millones de órdenes de compra, 645 millones de unidades vendidas y un ticket promedio de $134.519.
Esos números muestran un mercado en expansión, pero también una tensión: a medida que el e-commerce se vuelve más masivo, la exigencia operativa crece sobre el stock, los depósitos, el picking, la coordinación con transportistas y la atención postventa.
“Cuando una marca crece, la logística suele ser una de las primeras áreas donde se nota si el negocio está realmente preparado. Crecer bien implica diseñar una operación que pueda sostener el volumen sin perder control sobre la experiencia del cliente”, agrega Tertzakian.
La entrega ya no es el último paso
Durante años, muchas compañías trataron a la logística como una función de back office: el cliente compra, el depósito prepara y el paquete se despacha. Esa mirada hoy resulta insuficiente.
La logística incide antes, durante y después de la compra: impacta en la promesa de entrega, en la disponibilidad de productos, en la confianza del consumidor y en la recompra.

El usuario ya no evalúa solo el producto: evalúa la experiencia completa. Y muchas veces, la mayor fuente de frustración no es la demora en sí, sino la incertidumbre de no saber dónde está su pedido.
“La entrega no es el último paso de una venta; es una parte central de la experiencia. Una marca puede invertir mucho en performance, contenido o promociones, pero si después no cumple bien, todo ese esfuerzo pierde impacto”, sostiene el CEO de shipnow.
Ahí aparece el concepto de fulfillment estratégico: no se trata solo de almacenar y despachar, sino de diseñar una arquitectura operativa capaz de acompañar el crecimiento del negocio, desde la recepción hasta la trazabilidad.
Cuando el volumen se multiplica
La diferencia entre una operación reactiva y una preparada para crecer se nota en los momentos de mayor presión: Hot Sale, Cyber Monday, lanzamientos, acciones con influencers o picos inesperados de demanda.
Cuando el volumen se dispara, las debilidades que parecían menores se vuelven críticas: un stock mal sincronizado, una promesa de entrega poco realista o un proceso demasiado manual pueden derivar en sobrecostos, reclamos y pérdida de clientes.
“Los picos de demanda no deberían vivirse como una emergencia permanente. La clave no es correr detrás de cada pedido, sino construir una operación que funcione incluso cuando el negocio acelera”, afirma Tertzakian.
Tecnología, sí, pero a medida
A medida que una marca vende en más canales —tienda propia, marketplaces, redes sociales, locales físicos o venta mayorista—, la gestión manual deja de ser sostenible.
La integración entre plataformas, sistemas de inventario y operadores logísticos se vuelve determinante para reducir errores y ganar visibilidad sobre la operación.
Pero la tecnología, por sí sola, no alcanza si no está alineada con el momento del negocio: una pyme en expansión no necesita lo mismo que una marca con alto volumen y campañas recurrentes.
“No existe una única solución logística para todas las empresas. Lo importante es entender en qué etapa está cada negocio y qué necesita para dar el próximo salto”, explica el ejecutivo.
Medir para no gestionar a ciegas
Las métricas ocupan un lugar cada vez más relevante. Cumplimiento de la promesa de entrega, tiempos de preparación, errores de picking, devoluciones y costos por orden permiten detectar problemas antes de que escalen.
Sin datos, la logística se gestiona por percepción. Con datos, puede convertirse en una fuente de mejora continua.
El impacto directo en la rentabilidad
En un contexto donde las marcas buscan vender más sin resignar margen, la logística aparece como una variable decisiva: almacenamiento, preparación, embalaje, transporte y devoluciones pueden modificar de forma significativa el resultado final de una venta.

“El fulfillment no debería ser visto solamente como un costo. Bien gestionado, puede mejorar la conversión, reducir reclamos, aumentar la recompra y ordenar el crecimiento”, destaca Tertzakian.
Anticiparse, la clave para escalar bien
Para las marcas en etapa de crecimiento, el desafío es anticiparse: profesionalizar la operación antes de que el volumen se vuelva inmanejable evita soluciones de emergencia y reduce la dependencia de procesos manuales.
Eso implica revisar la promesa de entrega, ordenar el inventario, automatizar procesos e integrar sistemas, pero también entender que la logística ya no puede pensarse de forma aislada.
Marketing, ventas, atención al cliente, tecnología y operaciones deben trabajar con información compartida: una campaña puede generar demanda, pero si la operación no está lista para absorberla, el resultado puede ser contraproducente.
“El crecimiento saludable ocurre cuando las áreas del negocio están alineadas. La logística tiene que estar sentada en la mesa estratégica, especialmente en empresas donde el canal digital ya representa una parte relevante de las ventas”, remarca el CEO y co-founder de shipnow.
En el e-commerce actual, la competencia se define cada vez más por la capacidad de ejecutar bien. El tráfico es más caro, los consumidores comparan más y las expectativas de entrega son más altas que nunca.
“Vender más siempre es una buena noticia, pero solo si el negocio puede cumplir. La diferencia entre crecer y escalar está en la capacidad de sostener el volumen con eficiencia, control y una buena experiencia para el cliente. Ahí es donde el fulfillment se vuelve estratégico”, concluye Tertzakian.
En un mercado donde el comercio electrónico ya no es una promesa futura sino una realidad consolidada, la logística se posiciona como uno de los factores que puede definir qué empresas logran crecer de manera sostenible.
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Fuente: shipnow

















