Tras retirarse de la docencia, María Cecilia Fittipaldi volcó toda su pasión al trabajo de la tierra, apostando fuertemente al mejoramiento genético bovino y al desarrollo del turismo rural en la provincia de Buenos Aires.

 

 

 

Buenos Aires miércoles 2 septiembre (PR/26)– Con boina y mate en mano, María Cecilia Fittipaldi reconoce que lleva el ADN de la tierra profundamente marcado en sus genes. Heredó de su padre la vocación por la enseñanza y de su madre, un amor incondicional hacia el trabajo agropecuario.

Luego de compartir su vida entera entre ambas vocaciones, hoy se dedica por completo a la actividad ganadera. Su enfoque principal está puesto en el mejoramiento genético de una destacada raza bovina de origen francés.

 

Cumple un rol clave: una raza está en la Rural con animales que certifican la presencia de un importante gen - LA NACION

 

En los últimos meses cobró gran notoriedad pública por ser la docente jubilada que presentó por primera vez una vaca y un ternero en la prestigiosa Exposición Rural de Palermo, un hito inolvidable.

Sin embargo, su vínculo con el sector pecuario no es una novedad reciente, sino una constante vital. «Mi mamá y mi abuela me hicieron este traspaso de ADN del campo que hace que me guste con tanta fuerza», expresa con entusiasmo.

Para ella, el haber crecido rodeada de animales le permitió desarrollar un refinado ojo clínico. Esta valiosa capacidad cotidiana hace que su verdadera vocación se renueve día tras día con renovada energía.

 

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A pesar de esta vocación rural, la vida la llevó a ejercer la carrera docente al igual que su padre. Tuvo el privilegio de desempeñarse en diversos cargos educativos de manera ininterrumpida hasta el año 2023.

«Estuve en los dos mundos en forma simultánea y, a partir de que me jubilé, me dedico 100% al campo y estoy feliz», confiesa la productora sobre su gratificante presente.

 

La apuesta firme por la raza Limousin

 

María Cecilia se define como una auténtica enamorada de la raza Limousin. Desarrolla su actividad en la cabaña El Estybo, un establecimiento ubicado estratégicamente en la localidad bonaerense de Tapalqué.

Allí trabaja con dedicación en la cría y producción de rodeos puros, además de realizar esquemas de cruzamiento planificado con la tradicional raza Hereford para potenciar sus virtudes.

«Con Limousin comencé hace unos 9 años cuando compré los dos primeros toros en un remate en Tapalqué sin saber sus características. Investigué y me enamoré», recuerda sobre sus inicios.

A pesar de no ser la opción más masiva entre los criadores argentinos, asegura enfáticamente que la Limousin es excelente para implementar sistemas cruzados y sumar calidad carnicera.

 

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Se trata de un biotipo de origen francés que logra un asombroso rendimiento al gancho superior al 60%. Estas cifras la posicionan muy favorablemente frente a los estándares comerciales habituales.

«Terminado un novillo de 630 kilos ha superado el 62% de rendimiento. Es una carne ubicada en la categoría PRIME, la máxima distinción del Departamento de Agricultura de EE.UU.»

Esta rigurosa clasificación internacional resalta de manera sobresaliente atributos gastronómicos fundamentales como la terneza, jugosidad y sabor incomparables de sus cortes cárnicos.

En el plano institucional, Fittipaldi es socia activa de la Sociedad Rural Argentina e integra la comisión directiva de la Asociación de Criadores Limousin en el país.

Junto a sus colegas, comparte la sólida misión institucional de seguir promoviendo la difusión de la raza y multiplicar la cantidad de productores dedicados a su cría.

 

El valor de la gestión tranqueras adentro

 

Como pequeña productora, disfruta plenamente cada una de las etapas productivas. «Ser chica tiene sus debilidades, pero la fortaleza es involucrarme en todo el proceso hasta el plato», remarca.

Gracias a esa presencia constante, optimizó la alimentación, el manejo sanitario y las instalaciones. Hoy atraviesa una profunda reorganización de su hacienda mediante incorporación de genética de vanguardia.

 

Generalidades de la Ganadería Bovina.: Limousin

 

 

«El año pasado compré unas vaquillonas puras controladas que actualmente están teniendo sus primeras crías con un destacado toro de pedigree», detalla orgullosa sobre sus avances.

Fittipaldi supervisa de cerca cada detalle cotidiano y se enorgullece de que sus rodeos se críen en un entorno de áreas naturales y manejo ambientalmente respetuoso.

En invierno, de ser necesario, recurre al aporte de granos naturales, verdeo de avena, rollos de pastura o mijo. Su esquema evita intencionadamente las metodologías del feedlot intensivo.

Trabaja en lotes reducidos sin sobrecarga ganadera. Su objetivo comercial es claro: comercializar los terneros terminados y vender vaquillonas preñadas a colegas para expandir la raza.

 

Capacitación constante y proyección a futuro

 

A sus 55 años, sostiene con convicción que la formación profesional permanente resulta indispensable. «Me sirve para corroborar mis conocimientos y saber hacia dónde avanzar», afirma con seguridad.

Suele aprovechar diversos cursos sobre genética bovina. Esas instancias formativas le permiten afinar el ojo al seleccionar reproductores y entablar un diálogo más fluido con los profesionales.

Entre sus asignaturas pendientes se encuentra cursar la Tecnicatura en Inseminación. Su meta no es necesariamente inseminar ella misma, sino tomar las decisiones de compra más certeras.

A la par de la ganadería, María Cecilia despliega su talento culinario preparando deliciosos cortes en una parrilla móvil durante diversos eventos gastronómicos públicos y privados.

 

Su exitoso paso por Palermo impulsó nuevos proyectos ligados al turismo rural. Proximamente abrirá las puertas de su chacra para recibir a grupos de turistas con almuerzos camperos.

Los visitantes podrán recorrer las instalaciones y conocer a Tinkerbell y Bell, la vaca y su ternero que cautivaron a todos en la gran muestra ganadera nacional.

Asimismo, proyecta crear espacios de intercambio entre pares y sueña con viajar en 2027 a la cuna de la raza en Francia para profundizar sus conocimientos directos.

Con el recuerdo de las vivencias junto a su madre Irma Guidice, se asombra a diario. «Siempre la acompañé y ahora ella me acompaña a mí con sus 81 años», resalta visiblemente emocionada.

Aunque reconoce que ser mujer productora no siempre fue sencillo, demuestra que es totalmente posible liderar con éxito. «Siento al campo desde las entrañas; soy plenamente feliz con esta elección», concluye.

 

Primicias Rurales
Fuente: expoagro