El vicepresidente de Federación Agraria Argentina, José Luis Volando, advirtió que el campo enfrenta una crisis estructural que amenaza la continuidad de miles de pequeños y medianos productores y, con ellos, la vida de los pueblos del interior.

 

 

Buenos Aires, lunes 7 de septiembre (PR/26) .- La advertencia de José Luis Volando no fue una más. El vicepresidente de Federación Agraria Argentina puso en palabras una preocupación que atraviesa a buena parte del interior productivo: si desaparecen los pequeños productores, no solo se pierde producción, también se vacían los pueblos y se rompe una parte fundamental del entramado social argentino.

En diálogo con LU9 Radio Mar del Plata, Volando describió una situación cada vez más difícil para quienes trabajan superficies menores, particularmente para los productores de menos de 300 hectáreas. Problemas de escala, costos elevados, créditos inaccesibles y una profunda distancia entre lo que recibe quien produce y lo que finalmente paga el consumidor conforman un escenario que, según advirtió, ya no puede ser considerado coyuntural.

El dirigente fue contundente al referirse a la cadena láctea. Mientras el tambero recibe alrededor de $500 por litro, en la góndola el consumidor llega a pagar $2.500. La diferencia expone una de las grandes dificultades que enfrenta el productor: trabajar, invertir y asumir todos los riesgos de la actividad sin lograr una participación acorde en el valor final de lo que produce.

Pero detrás de los números hay una realidad mucho más profunda.

Volando recordó que desde 1990 el país pasó de contar con unos 400.000 productores a alrededor de 200.000. La caída refleja décadas de dificultades para sostener explotaciones familiares y pequeñas empresas agropecuarias. Y cada productor que abandona la actividad representa mucho más que una hectárea que cambia de manos.

Es una familia que deja el campo, un comercio que pierde un cliente, una escuela que pierde alumnos y un pueblo que comienza a quedarse sin movimiento.

Por eso, la advertencia del vicepresidente de Federación Agraria adquiere una dimensión territorial. Los pequeños y medianos productores son, en muchos casos, quienes mantienen viva la economía de las localidades del interior. Su desaparición favorece un proceso de concentración de la tierra y de la producción que puede transformar definitivamente el mapa rural argentino.

A esta situación se suman las dificultades climáticas y las obras que todavía permanecen pendientes, particularmente en la cuenca del Salado. Para quienes producen, cada inundación, sequía o evento extremo puede significar años de esfuerzo perdidos, especialmente cuando no existen herramientas financieras suficientes para recuperarse y volver a producir.

El escenario que plantea Volando es, entonces, una señal de alarma sobre el futuro que se avecina.

Si no aparecen políticas capaces de mejorar el acceso al crédito, reducir las asimetrías dentro de las cadenas productivas, sostener al productor familiar y avanzar con las obras de infraestructura necesarias, la tendencia puede profundizarse: menos productores, más concentración y pueblos del interior cada vez más vacíos.

La discusión, en definitiva, excede ampliamente al campo. Se trata de decidir qué modelo de interior quiere tener la Argentina en los próximos años.

Porque detrás de cada pequeño productor hay una comunidad. Y si esas comunidades pierden a quienes las sostienen, el riesgo no es solamente que desaparezcan productores: es que desaparezca el futuro de buena parte del interior argentino.

 

 

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Fuente: FAA