El cultivo de sorgo experimenta una importante ganancia genética de más de 70 kilos de grano por hectárea al año, pero los rindes a campo siguen relegados. De cara a la nueva campaña, el ajuste técnico, la rotación de suelos y su tolerancia a plagas posicionan al cereal como un pilar agronómico y ganadero clave para la Argentina.

 

 

Buenos Aires martes 8 septiembre (PR/26)– La ganancia genética del sorgo en Argentina viene creciendo a pasos agigantados, sumando más de 70 kilos de grano por hectárea cada año.

Este avance permitió alcanzar potenciales superiores a los 15.000 kilos por hectárea. Sin embargo, el promedio nacional apenas ronda los 3.500 kilos, cifra inferior a los 5.000 kilos alcanzados hace 15 años.

 

 

La explicación a este desfasaje responde a múltiples factores, situando al manejo agronómico en el centro de la escena. La histórica expansión del maíz y la soja desplazó al sorgo hacia ambientes de menor potencial.

A esa pérdida de superficie de calidad se sumaron menores niveles de inversión y fertilización. Por ello, capturar el verdadero techo productivo exige cuidar decisiones clave como las ventanas de siembra y la densidad de plantas.

Asimismo, resulta fundamental monitorear el carryover de herbicidas en el suelo y planificar con precisión la cosechadora. Evitar que el cultivo quede postergado al final de la siembra le permite expresar de lleno todo su potencial productivo.

 

El regreso del cereal como aliado ambiental y sanitario

 

La campaña 2026/27 abre una oportunidad inmejorable para dar el salto. Diversos productores están reincorporando el sorgo por su enorme contribución a la rotación de cultivos y al aporte de materia orgánica.

Su potente sistema radicular mejora sensiblemente la estructura del suelo y fortalece la sustentabilidad global. En el contexto actual de las cadenas de verano, se transforma en una herramienta estratégica indispensable.

Una de sus mayores fortalezas agronómicas es que no es hospedante de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), ofreciendo un esquema mucho más estable, diversificado y seguro.

 

La chicharrita del maíz avanzó en casi todas las regiones y se torna crucial reforzar los monitoreos

 

A la par del grano comercial, el sorgo cobra un protagonismo decisivo en la producción ganadera. Los materiales destinados a forraje y silaje destacan por generar grandes volúmenes de biomasa de alta calidad.

 

Biotecnología e innovación al servicio del campo

 

Esta plasticidad le permite desplegar una gran adaptación ambiental en múltiples regiones del país. En simultáneo, el mercado se renueva con la incorporación constante de entre 65 y 70 nuevos híbridos cada año.

Entre los principales avances biotecnológicos sobresalen las tecnologías de tolerancia a herbicidas imidazolinonas, representadas en plataformas comerciales como iGrowth, Suron y Palladium.

 

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También se han logrado progresos trascendentales en la resistencia al pulgón amarillo y notables mejoras en la digestibilidad de silajes mediante tecnologías como la nervadura marrón (materiales BMR).

El verdadero desafío para esta campaña 2026/27 pasa por consolidar esa genética de vanguardia en mayores márgenes de rentabilidad y valor agregado para todo el sistema agropecuario.

 

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Fuente: Maizar