El arzobispo católico de Leópolis, Mieczysław Mokrzycki, describe a una población agotada por el conflicto, donde la oración se convirtió en el último refugio mientras la paz sigue sin asomar en el horizonte.

 

 

 

 

 

Buenos Aires 20 julio (PR/26)–Han pasado casi cuatro años y medio desde que la guerra estalló en Ucrania, y todavía no hay señales de que vaya a terminar. Así lo describe el arzobispo de rito latino de Leópolis, monseñor Mieczysław Mokrzycki, quien esta semana acompaña al enviado del Vaticano en su misión por el país.

El obispo cuenta que todos los ucranianos arrastran, de una u otra forma, el peso del conflicto: familiares que combaten en el frente, vecinos que ya no volvieron, compañeros de trabajo que se fueron a pelear. A eso se suman las noticias que llegan cada día desde las líneas de combate, casi nunca buenas.

 

Archbishop Metropolitan Mieczysław Mokrzycki

 

Muchas familias, además, se ven obligadas a emigrar. No por elección, sino por necesidad: buscan reencontrarse con maridos o esposas que partieron hacia Europa hace cuatro o cinco años, cuando la falta de trabajo y el hambre empezaron a apretar.

 

Vivir entre alarmas y refugios

 

En Leópolis, ciudad cercana a la frontera con Polonia, no hay combates a diario, pero sí alarmas constantes que obligan a interrumpir todo: el trabajo, las clases, la vida cotidiana. La gente baja a los refugios una y otra vez, y vuelve a subir cuando el peligro pasa.

La ciudad ya fue blanco de bombardeos en más de una ocasión, dejando heridos, muertos y casas destruidas. Volver a la normalidad después de cada ataque nunca es sencillo, reconoce el arzobispo.

 

Abp Mieczysław Mokrzycki spotkał się z papieżem Leonem XIV

 

Pese a todo, la fe no se apaga. Mokrzycki recuerda las palabras que Juan Pablo II dejó en su visita a la ciudad, hace ya 25 años, sobre no tener miedo y confiar en que, junto a Cristo, las dificultades se pueden vencer.

 

La oración como refugio y la visita de Gallagher

 

Cada día, después de la misa, los fieles se reúnen para cantar súplicas y pedir misericordia y paz para su país. Es, según el arzobispo, la única esperanza que les queda.

En ese contexto llega la visita de monseñor Paul Richard Gallagher, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados, quien recorre Ucrania como enviado especial del papa León con motivo del 35.º aniversario de la reapertura de las estructuras de la Iglesia católica de rito latino en el país.

 

Gallagher: en tiempos de calamidad, imploramos el don de la paz - Vatican News

 

El domingo, Gallagher viajará a Berdychiv, el santuario nacional ucraniano, donde miles de fieles de todo el país piden a la Virgen que interceda por ellos. Para el arzobispo, esta segunda visita de Gallagher —la primera fue en mayo de 2022, apenas semanas después de comenzada la guerra— es una forma de que el papa se haga presente, a través de él, con paz, alegría y esperanza.

 

Un llamado a no acostumbrarse a la guerra

 

Mokrzycki advierte que Occidente parece haberse acostumbrado al conflicto, como si ya formara parte del paisaje. Frente a eso, la Iglesia ucraniana insiste en salir a hablar: obispos y sacerdotes viajan al exterior para visitar a otras comunidades y pedirles que no miren para otro lado.

 

 

El arzobispo pide no quedarse indiferente ante el sufrimiento de otros pueblos, también en Tierra Santa, y llama a sostener la unidad entre hermanos cristianos. El pedido final es concreto: acompañar con la oración, pero también con ayuda humanitaria, que en Ucrania sigue siendo indispensable.

 

 

 

 

 

 

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Fuente: Vatican News