Perú, lunes 18 agosto (PR/25) — Una imagen de la Virgen de la Puerta y su urna de vidrio resultaron intactas tras un atentado ocurrido el 14 de agosto, que dejó 10 heridos y decenas de casas afectadas en Trujillo, una de las ciudades del norte del Perú donde sirvió el Papa León XIV.
Imagen intacta de la Virgen de la Puerta en Trujillo, intacta luego del atentado.. | Crédito: ANDINA/Luis Puell.
Una imagen de la Virgen de la Puerta y su urna de vidrio resultaron intactas tras un atentado ocurrido el 14 de agosto, que dejó 10 heridos y decenas de casas afectadas en Trujillo, una de las ciudades del norte del Perú donde sirvió el Papa León XIV.
El atentado
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La noche del jueves fue para muchos trujillanos un volver al pasado de los atentados que perpetraban, en las décadas de 1980 y 1990, los terroristas de Sendero Luminoso, aunque esta vez los responsables pertenecerían a una banda dedicada, entre otros crímenes, a la extorsión.
Lugar del atentado del 14 de agosto en la ciudad de Trujillo. Crédito: ANDINA / Luis Puell.
Según informa la agencia oficial ANDINA del gobierno peruano, el objetivo del atentado era un edificio ubicado en el número 831 de la Av. Perú; y se habría dado como el cumplimiento de una amenaza de la banda “Los pepes”, que le pedían al dueño del inmueble un millón de soles –unos 280.000 dólares-, para no atentar contra él y su familia.
El ministro de Vivienda, Durich Whittembury, explicó que serían unas 90 viviendas las que resultaron afectadas por la explosión y que su cartera va a “reponer el 100% de las condiciones de todas las familias que se han visto afectadas, es decir, va a haber una reposición de los vidrios, de las puertas”.
“En el caso de las viviendas que han sido afectadas de manera significativa y que han quedado en una condición de colapso, vamos a aplicar un bono de reforzamiento para reconstruir estas viviendas. Estimamos que son entre cuatro y seis viviendas”, agregó.
El ministro del Interior, Carlos Malaver en el lugar del atentado, supervisa el despliegue de la Policía Nacional. Crédito: ANDINA/ Mininter
La imagen intacta de la Virgen de la Puerta
En medio del caos y del horror vivido el jueves, la imagen intacta de la Madre de Dios alienta la esperanza de los lugareños. Esta se conserva en la casa de Ana María Almadoz, en donde todos los vidrios quedaron destruidos, menos los de la urna de la Virgen de la Puerta.
«Estábamos en casa. Mi hija estaba en su habitación cuando escuchamos la explosión y todo se oscureció. Fue terrible. Corrí a ver a mi hija y demás familiares», recuerda la mujer, según informa ANDINA.
«Como todo estaba oscuro no nos percatamos de la urna, pero luego fue mi hija quien se dio cuenta que los vidrios de la urna estaban intactos, pese a que todos los demás estaban destruidos. Nosotros pensamos que es un milagro de la ‘mamita’ que nos protege», comenta.
«Esta imagen se la regalaron hace 30 años a mi papá. Todos aquí somos muy devotos de la Virgen de la Puerta y, aunque no podemos ir a Otuzco, hacemos Misa y celebración su fiesta en casa», añade la fiel devota.
La Virgen de la Puerta tiene su principal santuario en Otuzco, ciudad ubicada a unos 75 kilómetros al noreste de Trujillo. En 1942 el Papa Pio XII le entregó el título de «Reina de la Paz Universal». En enero de 2018 el Papa Francisco la declaró «Madre de la Misericordia y de la Esperanza» durante su visita apostólica al Perú.
Vivimos tiempos que huelen a Apocalipsis. Pero ¿lo son? ¿Y si no estamos al borde del fin… sino al umbral de una promesa?
Buenos Aires, lunes 18 agosto (PR/25) — Guerras que estallan por el mundo. Terremotos y otras catástrofes climáticas. Economías rotas. Niños y familias enteras con hambre, iglesias atacadas, cristianos desplazados. Voces que gritan “esto ya no tiene remedio” y otras que apenas susurran “¿hasta cuándo, Señor?”.
Ante las realidades mundiales, las personas, especialmente en los cristianos, puede surgir la duda o la inquietud de sí estamos ante el final de los tiempos, pero… ¿qué significa el final? ¿Qué connotación le damos, cuál es su significado para nosotros?
En el Monte de los Olivos Jesús habló ante sus discípulos sobre el final de los tiempos: “Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá hambres y terremotos por todas partes…” (Mt 24,7). Jesús también advierte sobre falsos profetas y persecuciones a todos aquellos que le sigan.
El escenario mundial parece sacado de los titulares del Apocalipsis —guerras, hambre, persecución y odio—; en verdad que, muchas manifestaciones del fin del mundo profetizado se hacen ver en nuestros días pero, con todo esto, hay una verdad que los cristianos no podemos olvidar: los signos de los tiempos no son anuncios de derrota, sino oportunidades de despertar.
El Papa Francisco advirtió claramente sobre la «policrisis” que, para él, es “el entrelazamiento de estos temas críticos, que actualmente tocan varias dimensiones de la vida y nos lleva a preguntarnos sobre el destino del mundo y nuestra comprensión del mismo”. Para el Santo Padre, este momento histórico, más que un evento catastrófico, debe ser relacionado como una llamada a la conversión y a vivir en comunión con Dios y con mayor solidaridad con los hermanos.
El mundo ha vivido en convulsión
En la historia, la humanidad ha vivido pestes, imperios que se derrumbaron, persecuciones feroces, cristianos en catacumbas, ciudades devastadas por conquistas imperialistas o por bombas atómicas; genocidios silenciosos y otros muy visibles y, en medio del caos, de la incertidumbre, del miedo, han surgido grandes santos, innumerables mártires; madres heróicas, jóvenes valientes, comunidades enteras que han abrazado la cruz sin soltar la esperanza.
Hoy, como ayer, las señales están ahí. Pero la clave no está en temerlas, sino en leerlas con ojos de fe. Porque si hay “signos”, es porque Dios aún habla.
Jesús usa el lenguaje apocalíptico, muy utilizado en el Antiguo Testamento, lleno de imágenes fuertes no para dar una “fecha del fin”, sino para recordarnos que la historia no es un ciclo de destrucción sin sentido, sino un camino con dirección, con sentido… y con una promesa final:
“Cuando vean todas estas cosas, sabrán que el Hijo del Hombre está cerca” (Mt 24,33). Lo cual tampoco es una mala noticia, es decir, los cristianos esperamos a Jesús quien, finalmente, redimirá a toda la creación. Lo decimos en cada Misa: “Ven Señor Jesús” (Ap 22,20).
Y es que Jesús no habla del final del mundo en el sentido de miedo o escándalo, sino como un llamado a permanecer firmes y fieles cuando llegue la tormenta pues, el Señor, insiste: “Pero el que persevere hasta el final, ese se salvará” (Mt 24,13).
¿A qué nos llama el final de los tiempos o los signos actuales?
El final del mundo no implica, necesariamente, una destrucción de parte de Dios de la humanidad y el planeta, como muchas películas muestran o nos hacen creer. No es destrucción, es renovación, un cambio radical en el mundo, cuando el mal será definitivamente vencido… ¡es un motivo para alegrarnos y llenarnos de esperanza!
Para el Papa Benedicto XVI, la escatología ha de leerse como “lámpara y espejo” —es decir, ilumina la vida cristiana y exige una lectura que oriente la esperanza, no la histeria. Por lo tanto, para la Iglesia, hablar del final de los tiempos es consuelo teológico, no panfleto apocalíptico.
Los signos de los tiempos, son, entonces, un llamado a la conversión individual y colectiva; a vivir con mayor vigilancia, compasión y fe pues, Jesús no dice: “calculen”, dice “velen y hagan oración”. En lugar de adivinar fechas o llenarnos de temor, Cristo nos invita a reconocer su presencia en medio del caos del mundo. A no desesperar. A no ceder al miedo. A ver el dolor como preámbulo de algo nuevo, como dolores de parto, no de muerte (cf. Mt 24,8).
El Papa León XIV durante la Misa que celebró en el Santuario de Santa Maria della Rotonda, en la localidad italiana de Albano. | Crédito: Vatican Media.
Albano, lunes 18 agosto (PR/25) — El Papa León XIV visitó este domingo 17 de agosto la localidad italiana de Albano y celebró una Misa en el Santuario de Santa Maria della Rotonda. En su homilía dijo que cuando Cristo afirma que “vino a traer fuego a la tierra”, se refiere al “fuego del amor” que se opone a la indiferencia y a la prepotencia.
A continuación, el texto completo de la homilía pronunciada por el Papa León XIV:
Queridos hermanos y hermanas:
Es una alegría estar juntos, para celebrar la Eucaristía dominical, que nos brinda un gozo aún más profundo. Si ya es un don estar hoy cerca y vencer la distancia mirándonos a los ojos, como auténticos hermanos y hermanas, es un don más grande vencer la muerte en el Señor. Jesús ha vencido la muerte —el domingo es su día, el día de la resurrección— y nosotros ya comenzamos a vencerla con Él. Es así, cada uno de nosotros llega a la iglesia con ciertos cansancios y miedos —a veces más pequeños, a veces más grandes— y de repente estamos menos solos, estamos juntos y encontramos la Palabra y el Cuerpo de Cristo. De esa manera, nuestro corazón recibe una vida que va más allá de la muerte. Es el Espíritu Santo, el Espíritu del Resucitado, el que hace esto entre nosotros y en nosotros, silenciosamente, domingo tras domingo y día tras día.
Nos encontramos en un antiguo santuario cuyos muros nos abrazan. Se llama “Rotonda” y la forma circular, como en la Plaza de San Pedro y como en otras iglesias antiguas y nuevas, nos hace sentir acogidos en el seno de Dios. La iglesia por fuera, como algunas realidades humanas, puede parecernos áspera; pero su realidad divina se manifiesta cuando atravesamos la puerta y encontramos acogida. Entonces nuestra pobreza, nuestra vulnerabilidad y sobre todo los fracasos por los que podemos ser despreciados y juzgados —y en ocasiones nosotros mismos nos despreciamos y nos juzgamos— son finalmente acogidos en la dulce fuerza de Dios, un amor sin asperezas, un amor incondicional. María, la madre de Jesús, es para nosotros signo y anticipación de la maternidad de Dios. En ella nos convertimos en una Iglesia madre, que genera e regenera no en virtud de un poder mundano, sino con la virtud de la caridad.
Quizás puede habernos sorprendido, en el Evangelio que acabamos de leer, lo que dice Jesús. Nosotros buscamos la paz, pero hemos escuchado: «¿Piensan ustedes que he venido a traer paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división» (Lc 12,51). Y casi le responderíamos: “Pero cómo, Señor, ¿también tú? Ya tenemos demasiadas divisiones. ¿No eres precisamente tú el que dijo en la última cena: «Les dejo la paz, les doy mi paz»?”. “Sí —nos podría responder el Señor— soy yo. Pero recuerden que esa tarde, mi última tarde, agregué inmediatamente a propósito de la paz: «Les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!» (Jn 14,27)”.
Queridos amigos, el mundo nos acostumbra a intercambiar la paz con la comodidad, el bien con la tranquilidad. Por eso, para que su paz venga entre nosotros, el shalom de Dios, Jesús debe decirnos: «Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!» (Lc 12,49). Quizás nuestros mismos familiares, como preanuncia el Evangelio, e incluso los amigos se dividirán en esto. Y alguno nos aconsejará que no arriesguemos ni nos desgastemos, porque lo importante es estar tranquilos y los demás no merecen ser amados.
Jesús, en cambio, se sumergió en nuestra humanidad con valentía. Este es el «bautismo» del que habla (v. 50): es el bautismo de la cruz, una inmersión total en los riesgos que conlleva el amor. Y nosotros, cuando —como se dice— “hacemos la comunión”, nos alimentamos de este audaz don suyo. La Misa fortalece esta decisión; es la decisión de ya no vivir para nosotros mismos y de llevar fuego al mundo. No el fuego de las armas, ni tampoco el de las palabras que incineran a los demás. Esto no. Más bien, el fuego del amor, que se abaja y sirve, que opone el cuidado a la indiferencia y la mansedumbre a la prepotencia; el fuego de la bondad, que no cuesta como los armamentos, sino que renueva el mundo gratuitamente. Puede costar incomprensión, burlas, e incluso persecución, pero no hay mayor paz que la de tener su llama en nosotros.
Por eso hoy quisiera agradecer, junto vuestro obispo Vincenzo, a todos ustedes, que en la diócesis de Albano se comprometen para llevar el fuego de la caridad. Y los animo a no distinguir entre el que asiste y el que es asistido, entre el que parece dar y el que parece recibir, entre el que se presenta pobre y el que siente la necesidad de ofrecer tiempo, capacidades y ayuda. Somos la Iglesia del Señor, una Iglesia de pobres, todos preciosos, todos partícipes, cada uno portador de una Palabra única de Dios.
Cada uno es un don para los demás. Derribemos los muros. Agradezco a quienes trabajan en cada comunidad cristiana para facilitar el encuentro entre personas distintas por su procedencia, por su situación económica, psicológica, afectiva. Sólo juntos, sólo siendo un único Cuerpo en el que aun el más frágil participa en plena dignidad, seremos el Cuerpo de Cristo, la Iglesia de Dios. Esto sucede cuando el fuego que Jesús ha venido a traer quema los prejuicios, las cautelas y los miedos que siguen marginando a quienes llevan escrita la pobreza de Cristo en su propia historia.
No dejemos al Señor fuera de nuestras iglesias, de nuestras casas y de nuestra vida. Más bien, dejémoslo entrar en los pobres, y entonces haremos paz también con nuestra pobreza, a la que tememos y negamos cuando buscamos a toda costa tranquilidad y seguridad.
Que interceda por nosotros la Virgen María, quien escuchó al santo anciano Simeón que señalaba a su Hijo Jesús como «signo de contradicción» (Lc 2,34). Que sean reveladas las intenciones de nuestros corazones, y que el fuego del Espíritu Santo los cambie de corazones de piedra en corazones de carne.
Antonio Barrio, docente de la UBA, enfrenta la Esclerosis Lateral Amiotrófica con pasión por la enseñanza y un objetivo claro: acercar las ciencias agrarias y ambientales a las nuevas generaciones.
Por Leo Mirenda
Buenos Aires, 17 de agosto (PR/25) Antonio Barrio, durante su participación en el Congreso de Aapresid, compartió su pasión por la Agronomía y el compromiso de motivar a nuevas generaciones. .- A sus 56 años, Antonio Barrio sigue transmitiendo su pasión por la agronomía a través de charlas, visitas y experiencias que comparte con estudiantes, aunque actualmente se encuentra de licencia por la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa que afecta las neuronas motoras y debilita progresivamente los músculos.
Lejos de rendirse, encontró en la docencia y la agronomía una fuente de propósito y felicidad que continúa compartiendo incluso desde fuera del aula.
Barrio, que participó del Congreso de Aapresid, subrayó la importancia de acercar las ciencias agrarias y ambientales a los jóvenes con un mensaje cargado de corazón.
“Cuando le contás lo que se hace, los chicos dicen ‘¡Está bueno!’. Hay un prejuicio con los agrónomos, piensan que usamos solo agroquímicos, y les cuento que es una herramienta usada con conciencia”, le explicó a TN. Su motivación va más allá de enseñar: busca inspirar y abrir puertas para que nuevas generaciones se enamoren de la agronomía.
Antonio Barrio acompaña a estudiantes mientras recorren un predio de la FAUBA, mostrando el trabajo en el campo y compartiendo su pasión por la Agronomía. (Foto: Antonio Barrio).
La docencia se convirtió en su mayor satisfacción
Su camino hacia los ámbitos de la biología estuvo marcado por la constancia y la pasión. “Cuando me fui de viaje a Bariloche me quedé enganchado con el bosque, el paisaje más lindo que había visto”, recordó.
A pesar de trabajar en un empleo que no le gustaba y criar a sus hijos, nunca abandonó su sueño: “Siempre tuve ese signo de pregunta de la Agronomía, y mi esposa le puso el agua para sacarla a luz”. Finalmente, “a ritmo lento” logró recibirse de ingeniero agrónomo, mostrando que la perseverancia y el amor por lo que uno hace pueden transformar la vida.
“Todo se enseña en la UBA, cómo acercarse a los productores; la carrera da un abanico de posibilidades”, destacó. Con emoción en su voz también recordó las oportunidades que recibió gracias a la universidad: “Soy primera generación de mi familia que terminó una carrera, me becaron para hacer cursos en China y obtuve una beca para ir a Alemania, todo eso gracias a la UBA”.
Y su mensaje a los estudiantes es directo y esperanzador: “Les digo que se formen y aprovechen la posibilidad de estudiar, porque les cambia la vida”.
Antonio Barrio en clase en un aula de la FAUBA, transmitiendo su pasión por la Agronomía a los estudiantes. (Foto: Antonio Barrio).
“Cuando quería estudiar Agronomía me parecía que era demasiado para mí. Entré a un profesorado de química, pero al año lo abandoné. No fue tan malo porque ahí conocí a mi esposa. Nos casamos, tuvimos dos hijos y valió la pena”, relató.
Antonio Barrio participa de la charla en Aapresid Aprender, compartiendo su experiencia y motivando a los estudiantes pese a la ELA. (Foto: Aapresid).
Su historia profesional es un ejemplo de constancia y pasión por la educación
Con el tiempo, y con el apoyo de su esposa, decidió inscribirse en la carrera de Ingeniería Agronómica, cursando las materias de noche, de 18 a 21, mientras criaba a sus hijos.
“Siempre que entraba a la facultad decía: ‘¡Ay, qué alivio que estoy acá!’”, recordó. “Antes trabajaba como administrativo en un tostadero de café, un empleo que no me gustaba nada, pero cuando llegaba el momento de cursar mis materias de Agronomía me sentía muy bien, muy feliz”, confesó.
Su vínculo con la docencia se consolidó al ser invitado por la cátedra de Cultivos Industriales a colaborar en las clases. “Fue tan grande para mí porque tuve como compañeros a profesores que me enseñaron muchísimo. Entendí que la agronomía no solo es producir: implica economía, sociología, curar y cuidar nuestros ambientes”, afirmó.
Antonio Barrio comparte su pasión por la Agronomía con un grupo de estudiantes de escuela, mostrando experiencias prácticas y motivándolos a conocer la carrera. (Foto: Antonio Barrio).
Antonio comenzó trabajando ad honorem, pero pronto obtuvo un puesto full time, donde asegura que su felicidad se consolidó. Desde entonces, se dedicó a acercar la carrera de Agronomía a estudiantes de escuelas secundarias, especialmente urbanos, que desconocen el alcance de esta profesión. “Hacemos biotecnología, rotación de cultivos, cuidamos el ambiente. Enseñamos ecología de malezas para entender el ciclo y tener otras herramientas”, detalló.
Su vocación por inspirar a otros se refleja en anécdotas que lo llenan de orgullo. “Una vez vino una chica a una charla y después me escribió que quería volver. Vino con su hermana, que estudiaba profesorado de biología. Un año después me las encuentro y las dos se habían anotado. Para mí, fue un momento de mucha felicidad”, contó.
En total, más de 2100 estudiantes visitaron la FAUBA en 2023, mientras que más de 75.000 participaron en ferias educativas y encuentros virtuales. Las visitas guiadas, charlas y conversatorios permiten a los jóvenes vivir la experiencia universitaria, tocar el suelo, observar cultivos y aprender sobre clonación y rotación, demostrando que la facultad ofrece un abanico de posibilidades más amplio de lo que se suele imaginar.
El profesor dicta clase en un aula de la FAUBA, transmitiendo su entusiasmo por la Agronomía a los estudiantes.(Foto: Antonio Barrio).
Pese a la ELA, Barrio mantiene un mensaje de esperanza y motivación: “Estoy en una etapa complicada de la vida, pero mi idea es seguir sembrando. Quiero invitar a las empresas y a los agrónomos a abrir las puertas de sus establecimientos y fábricas, porque los chicos no saben lo que hacemos. Nuestra forma de vivir es hermosa, y tenemos que cambiar el modelo de que sin campo no tiene sentido estudiar Agronomía”.
Antonio enfatizó que la tarea del sector agropecuario es fundamental: “No somos malos, nos gusta producir más y mejor para un mundo que no deja de crecer en población, pero con una superficie escasa”.
A los jóvenes les dijo con convicción: “Son maravillosos, necesitan ser escuchados, tener donde reflejarse. El valor de una vida no es lo que producimos, sino lo que se deja sembrado”.
Con cada charla, visita de estudiantes y anécdota compartida, Antonio Barrio demuestra que la pasión, la vocación y el compromiso pueden superar cualquier adversidad, dejando una huella a las nuevas generaciones de agrónomos a soñar y comprometerse con la educación, el ambiente y la ciencia.
Casados por 8 años, divorciados por 4 y con una nulidad matrimonial. Karina y Joaquín tuvieron un camino largo y nada sencillo antes de conocer al Amor, quien los capacitó para amarse verdaderamente
España, domingo 17 agosto (PR/25) — Joaquín y Karina comenzaron su camino como esposos desde muy jóvenes; ella tenía 20 y él 24. Tras ocho años juntos decidieron separarse y comenzar el trámite de su nulidad matrimonial.
Karina cuenta para Aleteia que, aunque al tomar la decisión de casarse había mucho amor y amistad, también había heridas muy profundas que no sabían que tenían, pero que necesitaban ser sanadas.
“Nos escondíamos detrás de la diversión y del alcohol. No teníamos idea de lo que significaba realmente el compromiso del matrimonio. Al llegar los problemas, no teníamos herramientas para enfrentarlos. No nos conocíamos a nosotros mismos, ni sabíamos por qué reaccionábamos de ciertas formas”.
Pronto se toparon con una realidad: no estaban listos para un amor maduro, ni para el compromiso que conlleva el matrimonio.
“Nuestras heridas no trabajadas comenzaron a chocar, y sin una relación viva con Dios, sin ese trabajo personal, simplemente no pudimos sostenernos. Fue necesario detenernos y que todo se rompiera para volver a construir”.
Courtesy of Karina y Joaquín
Tras un tiempo, y con una hija de ocho años, tomaron la decisión de separarse, manteniendo una relación de cuidado y respeto, aún cuando cada uno rehízo su vida con nuevas parejas.
Un encuentro con el Amor para aprender a amarse entre sí
Llegó entonces el momento que lo cambió todo. Conocieron al Señor.
“Al conocer al Señor, todo cambió. Dejamos nuestras relaciones porque queríamos vivir en gracia. Joaquín no quería regresar en ese momento, así que se inició el proceso de nulidad matrimonial”.
Sin embargo, al llegar a firmar su nulidad, tuvieron un encuentro poderoso con el Espíritu Santo.
“Oramos y le entregamos la decisión a Dios, y Él hizo un milagro. Joaquín dice que se le quitó una venda de los ojos. Entendimos que Dios no quería que dejáramos la familia que Él había formado. Fue un nuevo sí, pero no fue fácil. Tuvimos que sanar, hacer mucha terapia, tener muchos encuentros personales con Dios. Tuvimos que morir a lo que fuimos, para que Él pudiera hacernos nuevos”.
Karina reconoce que el proceso fue difícil, pues el enemigo usaba esos miedos y heridas para llenarlos de dudas, para hacerles creer que las cosas no cambiarían y que, de volver a elegirse, la historia se repetiría. “En mi caso, yo ya venía rota, con una depresión profunda aunque aparentaba estar bien. Cuando tuve un encuentro con el amor verdadero —el amor que es Dios— entendí que nunca había sabido amar porque nunca lo había conocido a Él. Al conocerlo, pude ver a Joaquín con Sus ojos, y empezar a amarlo como Él lo amaba”.
Guiados por Dios, decidieron volver a casarse, con Jesús en el centro.
Hoy su vida matrimonial es completamente diferente.
“Sabemos que si lo amamos a Él, Él nos da el amor para amarnos entre nosotros”.
“Ahora no buscamos que el otro llene nuestros vacíos. Ante cualquier problema, vamos primero a Dios. Nuestra roca es Jesús, por eso nuestra relación es nueva. Dios nos hizo nuevos. No hay vuelta atrás a la antigua versión de nosotros”.
En su día a día buscan activamente el bien del otro, su crecimiento y desarrollo para que lleguen a convertirse en lo que Dios soñó y cumplan su propósito de vida. “Queremos ser ese faro, ese apoyo en los momentos difíciles, esa persona sana, que sostiene desde el amor, y no desde la necesidad”.
Ya no se trata solo de “nosotros”, aseguran, “sino de amar tanto al otro que anhelas que florezca, que cumpla su llamado. Y todo eso solo es posible porque el amor viene de Dios”.
Crisis como oportunidad para ser transformados por Dios
Desde esta experiencia, Karina enfatiza en que, si bien el matrimonio es de dos, el trabajo interior y la relación con Dios son personales, y sin estos aspectos individuales, la relación puede fracturarse.
“Si no hay un encuentro profundo con Él, si no se sanan las heridas internas con Su luz, es muy difícil sostener una relación sana y verdadera”.
“Las heridas más peligrosas son las heridas de la infancia no sanadas, porque las proyectamos en la relación. Esperamos que el otro las cure, pero eso solo puede hacerlo Dios. Si no las trabajamos, terminamos cargando al otro con algo que no le corresponde”, advierte Karina.
Y reconoce también que hacer un espacio para el divorcio, para otras personas, vicios o ídolos como el trabajo, divide al corazón y abre una puerta de entrada al enemigo.
Karina y Joaquín volvieron a celebrar su matrimonio y animan a otras parejas en crisis a buscar un encuentro profundo con Dios, a buscar ayuda profesional y no perder la esperanza.
“Queremos decirles, desde nuestra experiencia, que sí hay luz al final del túnel. Aunque en este momento todo se sienta oscuro, aunque parezca que ya no hay salida, la hay. Pero se necesita valentía. Se necesita fe. Se necesita estar dispuestos a trabajar, a mirar hacia adentro, a dejarse moldear por Dios. La restauración es real, pero no sucede sin decisión, sin humildad y sin proceso.
Y si solo uno de los dos cree en la restauración, con uno basta. Uno que ore. Uno que se rinda. Uno que sane desde la raíz. Uno que busque a Dios con todo el corazón. Porque ese ejemplo transforma. Ese ejemplo arrastra. Ese ejemplo puede ser la chispa que despierte algo nuevo en el otro. El cambio no se impone, se inspira”.
Ambos enfatizan en que la crisis, más que un final, es una oportunidad, pues el punto de quiebre es el lugar perfecto para que Dios reconstruya desde cero.
“La crisis puede ser una puerta de salida o una puerta de entrada a una nueva historia, a una sanación más profunda de la que jamás imaginamos. Si la tomamos como camino, puede ser el inicio de algo muchísimo más bello de lo que fue antes. Pero tenemos que caminar juntos”.
Además, aconsejan: “En medio de la tormenta, no olviden lo bueno que han vivido. Es fácil ver lo negativo cuando todo duele, pero hagan memoria del amor que los unió. Escríbanlo, recen con eso y pídanle a Jesús que les muestre el camino. No se trata de volver solo por costumbre o necesidad; se trata de permitir que Dios haga nuevo ese matrimonio, que lo limpie, que lo purifique y lo eleve”.
Tras todo este camino, concluyen que «Dios es un Dios que cumple sus promesas y que hace todo nuevo, pero tenemos que dejarnos ser moldeados por El».
El Cardenal Pizzaballa recorre con el párroco de Gaza, P. Gabriel Romanelli, los alrededores de la iglesia de la Sagrada Familia afectados por la guerra. | Crédito: Patriarcado Latino de Jerusalén.
Buenos Aires, domingo 17 agosto (PR/25) — La continua violencia que experimenta Tierra Santa, sobre todo ahora con la guerra en Gaza, fue abordada por el Patriarca Latino de Jerusalén, Cardenal Pierbattista Pizzaballa, en la homilía que pronunció durante la Solemnidad de la Asunción de María.
Como parte de su labor, el Cardenal Pizzaballa no sólo vela por los católicos de Israel, sino también por los que habitan los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania. Esto le ha permitido conocer de primera mano las consecuencias de la violencia, especialmente la que en los últimos dos años golpea la Franja y que requiere palabras verdaderas de paz y no discursos “edulcorados y abstractos”.
Desde el Monasterio Benedictino de Abu Gosh (Israel), el purpurado manifestó que si bien todos desean que termine el conflicto, su término no marcará “el final de las hostilidades y del dolor que causarán”, pues subsistirá el deseo de venganza y “tendremos que lidiar con las consecuencias causadas por esta guerra en la vida de las personas”.
En ese sentido, el cardenal recordó en su homilía la importancia que tiene Tierra Santa para los cristianos y para la humanidad, al ser la región donde María dijo sí a la voluntad de Dios y en el que Cristo nació. Además de ser el lugar donde el Señor derrotó al pecado con su Resurrección.
“Realmente parece que esta Tierra Santa nuestra, que custodia la más alta revelación y manifestación de Dios, es también el lugar de la más alta manifestación del poder de Satanás. Y quizás precisamente por esta misma razón, porque es el Lugar que custodia el corazón de la historia de la salvación, que se ha convertido también en el lugar en el que ‘el Antiguo Adversario’ trata de imponerse más que en ningún otro lugar”, indicó.
El patriarca latino de Jerusalén dijo estas palabras al reflexionar sobre el pasaje del Apocalipsis que menciona al enorme dragón con siete cabezas y diez diademas, que “es una representación muy clara del poder del mal en el mundo, de Satanás”.
“Me impresiona que de ese pasaje se deduzca claramente que el dragón, Satanás, nunca dejará de afirmarse y asolar el mundo, en particular ‘contra los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús’”, indicó.
Esto, explicó, lleva a los cristianos a tener conciencia de que “el poder del mal seguirá estando presente en la vida del mundo y en la nuestra”, pero ello no significa resignarse, pues la Solemnidad de la Asunción “también nos dice que existe alguien ante quien ese mal es impotente”.
“El poder del dragón no puede prevalecer ante un nacimiento, ante una madre que da a luz, que genera vida. Sobre la semilla de la vida, fruto del amor, el dragón no puede prevalecer”, aseguró.
En ese sentido, el patriarca latino de Jerusalén señaló que la Iglesia llamada a “sembrar una semilla de vida en el mundo”. “El mal seguirá expresándose, pero nosotros seremos el lugar, la presencia que el dragón no puede vencer: una semilla de vida”, afirmó.
El Cardenal Pierbattista Pizzaballa señaló que si bien “sabemos que tarde o temprano el dragón será vencido”, hoy los cristianos están llamados a perseverar, “conscientes que el dragón seguirá devastando la historia”.
Sin embargo, aseguró que “la sangre causada por todo este mal” en cualquier parte del mundo “fluye bajo el altar, mezclada con la sangre del Cordero, partícipe también en la obra de redención con la que estamos asociados”.
“La Asunción de la Virgen María, que estamos celebrando, su participación plena, en cuerpo y alma, en la victoria de Cristo, es también un anticipo de nuestro destino como hijos de Dios, bautizados y redimidos por la sangre de Cristo”, afirmó.
Finalmente, expresó: “Al levantarnos hoy de la mesa eucarística, llevamos con nosotros la certeza de la victoria de Cristo sobre la muerte, la convicción de que nuestra vida, por muy trastocada que esté por los dramáticos acontecimientos de hoy, es sin embargo el lugar en el que el dragón no prevalecerá, porque es una vida bañada en la sangre del Cordero, en el amor infinito de Dios”.