Hoy celebramos a San Juan Francisco Régis, incansable apóstol del campo

Hoy celebramos a San Juan Francisco Régis, incansable apóstol del campo

Juan Francisco fue discípulo directo de San Francisco Javier -quien le ayudó a encontrar su vocación misionera- y entre sus devotos se cuentan santos legendarios como San Juan María Vianney o San Marcelino Champagnat. El primero de estos dos, el Cura de Ars, en la última etapa de su vida llegó a decir: “Todo lo que he hecho se lo debo a él».

Discernimiento

Juan Francisco nació el 31 de enero de 1597 en una pequeña aldea de la región de Languedoc en Francia. En 1611 ingresó al prestigioso colegio jesuita de la ciudad de Béziers, en donde integraría la Congregación Mariana (hoy, Comunidades de Vida Cristiana, CVX).

Con los otros miembros de la Congregación empezó a trabajar en el servicio directo a los más pobres. Esta experiencia lo llevaría a cuestionar el sentido de su vida y particularmente de su futuro. Juan Francisco quería servir al pobre, en quien está Cristo sufriente, y, al mismo tiempo era consciente de que Dios podría estar llamándolo a un compromiso de vida. Entonces, empezó una etapa de reflexión y discernimiento vocacional con la ayuda de algunos jesuitas mayores. Juan Francisco terminaría descubriendo que el Señor lo llamaba a ser sacerdote.

El 8 de diciembre de 1616, a los 19 años, ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en Toulouse. Allí dio muestra de que se estaba tomando las cosas muy en serio. Juan Francisco suscitó la admiración de sus compañeros, testigos de su fervor y entusiasmo. Alguna vez uno de ellos comentó: «Juan Francisco se humilla él mismo hasta el extremo, pero demuestra por los demás un aprecio admirable”.

En 1630, a los 33 años, fue ordenado sacerdote y al año siguiente fue enviado como misionero a su pueblo natal. Juan Francisco se sintió muy contento por aquel encargo, algo que deseaba de corazón y donde podía poner al servicio de los demás todas sus capacidades, incluyendo la fortaleza física con la que Dios lo había dotado. Se sentía servidor del pueblo, al que amaba como Cristo amó al suyo. Fue también el inicio de un largo itinerario misionero en las más diversas zonas rurales de Francia. Para 1633 ya había realizado los cuatro votos de los jesuitas.

A diario, el santo se entregaba con toda generosidad a sus labores. Sus compañeros solían decir de él: «Juan Francisco hace el oficio de cinco misioneros», y no les faltaba razón. Al jesuita le tocó hacer misión en momentos en los que los hugonotes -protestantes franceses- habían aumentado su presencia en muchos pueblos y comunidades rurales. Estuvo primero en Montpellier, luego en la diócesis de Viviers y después en Le Cheylard. El número de pueblos en los que estuvo es incontable.

Servidor de la humanidad, defensor de la dignidad

El P. Juan Francisco SJ construyó varios refugios para mujeres rescatadas de la prostitución. Constituyó un grupo de mujeres acaudaladas para que financien esta obra, y organizó talleres -especialmente de costura- en los que las mujeres rescatadas pudieran trabajar dignamente y agenciarse de lo necesario para vivir. Esto le valió ser blanco de enemigos violentos y poderosos: en más de una ocasión fue golpeado y amenazado de muerte por grupos de proxenetas.

El jesuita también desempeñó un papel muy importante durante la plaga de Toulouse (1631), durante la cual trabajó como enfermero. En esa oportunidad creó la Confraternidad del Bendito Sacramento; y junto con sus miembros constituyó una cadena de solidaridad entre los fieles, cuya ayuda sirvió para recaudar dinero y comida para los hambrientos.

El santo falleció en 1640 e inmediatamente apareció un movimiento popular que lo aclamaba como santo. Fue beatificado el 18 de mayo de 1716 y canonizado el 16 de junio de 1737.

Si deseas conocer más de San Juan Francisco Regis, te recomendamos que leas este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_Francisco_Regis.

Más información de este santo aquí:

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy se celebra a Santa María Micaela, quien rescató a muchas mujeres de la prostitución

Hoy se celebra a Santa María Micaela, quien rescató a muchas mujeres de la prostitución

Buenos Aires, lunes 15 de junio (PR/26) .- Cada 15 de junio la Iglesia celebra a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, religiosa española, fundadora de la congregación femenina de las ‘Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad’.

“Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan sus constructores” (Sal 126)

Santa María Micaela tenía una máxima de vida que pidió colocar en cada una de las casas de la congregación: “Mi Providencia y tu fe mantendrán la casa en pie”. Con esto, la Madre quería que sus hijas fueran siempre conscientes de la necesaria colaboración entre la gracia de Dios y el esfuerzo humano, si es que ha de librarse cristianamente tanto las pequeñas como las grandes batallas de la vida.

Y es que la santa aprendió mucho de esas luchas espirituales porque dedicó su vida entera, con sacrificado espíritu apostólico, a rescatar mujeres de las garras de la prostitución.

Ser noble es servir al vulnerable

Santa María Micaela nació en Madrid (España) en 1809, en el seno de una familia aristocrática. Su nombre completo -extensísimo, por cierto- fue María de la Soledad Micaela Agustina Antonia Bibiana Desmaissières y López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán.

Por algunos años, María Micaela tuvo que acompañar a su hermano mayor mientras este se desempeñaba como embajador -primero en París y después en Bruselas-. Solía madrugar a diario para no dejar de cumplir con sus prácticas de piedad, ir a Misa, y después tener el tiempo suficiente para las obras de caridad entre pobres y enfermos. A partir del mediodía, María Micaela cambiaba completamente de actividad: cambiaba de atuendo y se presentaba en los eventos a los que asistía su hermano, tal y como correspondía a la hermana de un embajador. Asistía a los banquetes diplomáticos y las actividades protocolares, exhibiendo la misma sonrisa, la sencillez y la amabilidad con las que empezaba su día, pues para ella todo tenía que ser hecho con caridad.

Premisa para el apostolado: la dignidad de la mujer

Al volver a Madrid, María Micaela visita el hospital San Juan de Dios acompañada por María Ignacia Rico. En el hospital se encontró con una dura realidad: el nosocomio estaba lleno de prostitutas enfermas de viruela y otras terribles enfermedades.

María Micaela quedó impresionada con aquella condición horrorosa y cruel que sufrían aquellas mujeres. No solo estaban abandonadas, violentadas en su dignidad y rechazadas socialmente, sino que además padecían los dolores y síntomas producidos por las infecciones y carecían de alimento e higiene.

«Cuanto hicisteis a uno solo, el más pequeño de mis hermanos, a Mí lo hicisteis» (Mt 25, 40)

Micaela e Ignacia consiguieron una casita para albergar a aquellas mujeres, la mayoría muy jóvenes, y así empezar a protegerlas, salvarlas del meretricio y redimirlas en su dignidad humana y cristiana.

Semejante tipo de ayuda -impensable para la mayoría- generó habladurías e incomprensiones de parte de la alta sociedad española y, aunque parezca absurdo, también de una parte del clero. La condena social sobre María Micaela se tradujo en un abierto rechazo, incluso de sus amistades cercanas y de algún antiguo director espiritual. La santa, entonces, decide dejar la casa familiar, ubicada en un elegante barrio, e irse a vivir al lado de aquellas a las que había decidido servir como Cristo sirvió a los hombres.

“Mi Providencia y tu fe mantendrán la casa en pie” (Santa María Micaela)

Santa María Micaela fue una mujer de profunda oración, sensible a las mociones del Espíritu Santo y muy obediente. Ninguna de estas cosas le resultaba fácil, pero su deseo de que “la casa se mantuviera en pie” era muy grande. Tuvo distintos y buenos directores espirituales aunque, probablemente, quien mejor la supo acompañar en su itinerario espiritual fue San Antonio María Claret.

Muchas historias dan cuenta del celo que la impulsaba en el cuidado de las almas. Cierto día, por ejemplo, acudió a un prostíbulo decidida a rescatar a una muchacha retenida a la fuerza. María Micaela recibió insultos y golpes, le lanzaron piedras y la agredieron con gestos obscenos. Nada logró disuadirla de su objetivo. María Micaela sacó a la chica abriéndose paso a empellones entre quienes la agredían.

Fundación

La reina de España -enterada de la obra espiritual de María Micaela- mandó llamarla para pedirle consejo. La santa acudió solícita a brindar su ayuda.

En agradecimiento, la reina la apoyó en su proyecto más ambicioso: la fundación de la comunidad de Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento -congregación cuyas integrantes se consagran a la adoración de Jesús Eucaristía y a asistir a mujeres en situación de riesgo o víctimas de abuso-.

Al encuentro del Señor

La Madre María Micaela socorrió por años a gente enferma sin contagiarse, incluso cuando la peste de tifus negro asoló Madrid. Lamentablemente, en 1865, durante un viaje para ayudar a los enfermos del cólera de Valencia, contrajo la mortal enfermedad y falleció.

La Madre María Micaela murió el 24 de agosto de aquel año. Fue canonizada en 1934 por el Papa Pío XI.

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Hoy recordamos a los Santos Mártires de Córdoba, España

Hoy recordamos a los Santos Mártires de Córdoba, España

La Iglesia conmemora hoy a los Santos Mártires de Córdoba, un grupo de 48 cristianos mozárabes ejecutados en el siglo IX durante el Emirato de Córdoba por defender públicamente su fe.

Buenos Aires, domingo 14 junio (PR/26) — Cada 14 de junio se recuerda a los santos Mártires de Córdoba. Ellos fueron un grupo de cristianos mozárabes que fueron ejecutados por no abdicar de su fe cristiana. Vivieron en tiempos de los reyes musulmanes del Emirato de Córdoba, Abderramán II (822-852) y Mohamed I (852-886).

 

Contexto

 

Un Emirato era un territorio de dominación política administrado por un “Emir” -autoridad islámica monárquica característica de Oriente Medio-.
El Emirato de Córdoba fue el territorio de ocupación política árabe en Europa, establecido en la península Ibérica (Al-Ándalus) entre los años 756 y 929. Se denominó “mozárabes” a los cristianos que vivían dentro de dicho territorio.
Estos conformaban una población numéricamente importante, de origen hispano-visigodo.

Gracias a la hagiografía San de Eulogio de Córdoba (800-859) se ha podido conservar el registro de la ejecución de 48 cristianos mozárabes, quienes desafiaron la ley islámica en los tiempos de la invasión.

En su mayoría, estos mártires hicieron declaraciones públicas de rechazo a las imposiciones del islam y proclamaron su fidelidad a Cristo.

 

Unidad en la diversidad

 

Todos, menos dos de ellos, vivieron en Córdoba o en los monasterios aledaños de la sierra, por lo que entre ellos hubo monjes eremitas. En total fueron 38 hombres y 10 mujeres de diversas edades, con predominio de los jóvenes. Al mismo Eulogio se le cuenta en este grupo de mártires.

Del total de mártires, 35 fueron clérigos —sacerdotes, diáconos o monjes— y 12 seglares.

El grupo de los seglares se dividía de la siguiente manera: cuatro eran conversos procedentes de familias musulmanas, cinco venían de matrimonios mixtos (cristiano-musulmanes) y los tres restantes, antiguos cristianos islamizados que habían vuelto al seno de la Iglesia. Todos, excepto dos, Sancho y Argimiro, fueron decapitados.

 

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Fuente: ACI Prensa
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Este sábado, San Antonio de Padua: El maestro de la palabra que entregó su vida a los milagros y a los pobres

Este sábado, San Antonio de Padua: El maestro de la palabra que entregó su vida a los milagros y a los pobres

Cada 13 de junio se celebra el Día de San Antonio de Padua, uno de los santos más venerados del catolicismo. Conocido como Doctor Evangélico y además por el milagro de su lengua incorrupta, su protección a los necesitados y su auxilio para hallar objetos perdidos, este fraile franciscano sigue transformando vidas a través de su inmenso legado espiritual y social.

 

 

Buenos Aires, sábado 13 junio (PR/26) — Cada 13 de junio la Iglesia Católica celebra la fiesta de uno de los santos más queridos, populares y venerados en el mundo entero: San Antonio de Padua (1195-1231).

La devoción y el afecto de millones de fieles a lo largo de los siglos lo han convertido en un santo “omnipresente”, cuyo nombre identifica a innumerables iglesias, parroquias y escuelas. Considerado “muy milagroso”, los creyentes acuden a su intercesión ante las más diversas necesidades cotidianas y espirituales.

Juventud y los años agustinos (1195 – 1220)

 

Nació en Lisboa, Portugal, probablemente en 1195, bajo el nombre de Fernando Martins de Bulhões. Al pertenecer a una familia de la nobleza, recibió una sólida educación académica desde su niñez.

A los 15 años ingresó con los Canónigos Regulares de San Agustín, habitando primero en el monasterio de San Vicente de Fora y trasladándose luego a Santa Cruz de Coímbra. En este último lugar se convirtió en un consumado experto en las Sagradas Escrituras y en la teología de San Agustín.

El giro misionero y el encuentro con Francisco (1220 – 1221)

 

En 1220, la vida de Fernando cambió por completo al llegar a Coímbra, Portugal, los restos de los Protomártires Franciscanos, los primeros frailes decapitados en misiones en Marruecos.

Conmovido por su heroísmo y deseando el martirio, solicitó su pase a la naciente orden de los Frailes Menores (Franciscanos), momento en el cual cambió su nombre por el de Antonio.

Partió inmediatamente como misionero hacia África, pero una grave enfermedad tropical frustró sus planes.

Al intentar regresar en barco a Portugal, una fuerte tempestad desvió la nave hacia las costas de Sicilia, Italia. Desde allí viajó a Asís, donde participó en el famoso Capítulo de las Esteras en 1221, logrando ver y escuchar en persona a San Francisco de Asís quien lo reconoció especialmente al saber que era sacerdote.

El predicador oculto y «Mi Obispo» (1222 – 1227)

 

Antonio fue asignado a la ermita de Montepaolo en la Romaña, donde vivió una rutina oculta realizando tareas domésticas sencillas.

Su brillantez intelectual se descubrió por accidente en 1222 durante una ordenación sacerdotal en Forlì: ante la falta de un orador preparado, se le pidió improvisar un sermón. Su elocuencia, profundidad teológica y unción espiritual dejaron atónitos a los presentes.

Al enterarse del hecho, San Francisco de Asís le envió una célebre carta autorizándolo formalmente a enseñar teología a los frailes, llamándolo cariñosamente «mi obispo».

Antonio combinó desde entonces la cátedra teológica en las universidades de Bolonia, Montpellier y Toulouse con una masiva predicación para combatir las herejías de la época.

Los últimos años en Padua (1227 – 1231)

 

Pasó sus últimos años en Padua, donde transformó las estructuras sociales de la ciudad a través de sus sermones de Cuaresma. Atacó con dureza la usura, defendió a los pobres, reconcilió familias enemistadas y consiguió que se reformaran las leyes de deudas para que los desvalidos no terminaran en prisión.

Agotado físicamente por su incansable labor y por la hidropesía, se retiró a Camposampiero donde fue descubierto un día con el Niño Jesús en brazo por eso se lo representa así.

Falleció el 13 de junio de 1231 a los 36 años en el convento de las Clarisas de Arcella, a las afueras de Padua, exclamando antes de expirar: «Veo a mi Señor».

Canonización, legado y Doctor de la Iglesia

 

Debido a la inmensa cantidad de milagros presenciados tras su muerte, el Papa Gregorio IX lo canonizó el 30 de mayo de 1232, apenas 11 meses después de su fallecimiento, siendo uno de los procesos más rápidos de la historia de la Iglesia.

En 1946, el Papa Pío XII lo declaró oficialmente Doctor de la Iglesia con el título de «Doctor Evangélico».

Hoy en día, la Provincia de los Frailes Franciscanos Conventuales preserva su memoria custodiando sus restos en la célebre Basílica del Santo en Padua, Italia, editando la revista internacional El Mensajero de San Antonio y administrando las obras de caridad asociadas a su «Pan de los Pobres».

El milagro de la lengua incorrupta

 

El prodigio más famoso en torno a sus reliquias ocurrió en 1263, exactamente 32 años después de la muerte del santo. Debido a la construcción de la imponente Basílica del Santo en Padua, los frailes decidieron trasladar sus restos a una nueva tumba-altar bajo la cúpula central. El proceso fue presidido por San Buenaventura, entonces Ministro General de los Franciscanos.

Al abrir la tumba de madera, descubrieron que todo el cuerpo de San Antonio se había reducido a cenizas y huesos, con la excepción de su lengua, la cual se conservaba fresca, intacta, húmeda y con un color vivo, tal como si perteneciera a una persona viva.

Al presenciar el milagro, San Buenaventura tomó la reliquia con reverencia y exclamó:

«¡Oh lengua bendita, que siempre has bendecido al Señor y has hecho que otros lo bendigan! Ahora queda de manifiesto cuántos méritos has adquirido ante Dios».

Para la Iglesia Católica, este hecho inexplicable para la ciencia fue un signo divino que honraba el extraordinario don de la predicación de Antonio, quien usó su voz incansablemente para defender la verdad y consolar a los afligidos.

Actualmente, la lengua (junto con su mandíbula y el aparato vocal) se expone de forma permanente en un relicario de oro tallado en la Capilla del Tesoro de la Basílica.

Cada 15 de febrero, los Franciscanos Conventuales celebran de forma solemne la «Fiesta de la Lengua» (Traslado de las Reliquias).

¿De qué es patrono San Antonio?

 

Debido a la inmensa cantidad de favores atribuidos a su intercesión, se lo conoce mundialmente como el «santo de todo el mundo». Sus patronazgos principales incluyen:

  • Objetos perdidos y extraviados: Este patronazgo proviene de una historia real. Un novicio huyó del convento robando un valioso salterio que Antonio usaba para sus clases. El santo oró fervientemente para recuperar el libro; de inmediato, el ladrón tuvo una visión aterradora que lo obligó a regresar, devolver el manuscrito y pedir perdón.

  • Quienes buscan pareja y matrimonios: Se lo invoca tradicionalmente para encontrar un buen esposo o esposa. En vida, Antonio ayudaba de forma activa a las mujeres de familias muy pobres consiguiéndoles dotes dignas para que pudieran casarse legalmente y no caer en la marginación.

  • Los pobres y necesitados: Es el protector por excelencia de los desvalidos. De aquí nace la antigua costumbre franciscana del «Pan de los Pobres», que consiste en realizar donaciones de alimentos en nombre del santo.

  • Viajeros, marineros y pescadores: Se le encomiendan los viajes debido a sus constantes travesías misioneras y marítimas. También es el patrono principal de Portugal y de la ciudad de Padua, Italia.

  • Gremios específicos: Es el protector de los panaderos, albañiles, constructores y papeleros.

  • Condiciones de salud: En años recientes, se ha extendido con fuerza su patronazgo sobre las mujeres estériles y las personas que padecen de enfermedad celíaca.

 

 

 

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Hoy 12 de junio celebramos a San Juan de Sahagún, el predicador que salvó a su pueblo de una epidemia

Hoy 12 de junio celebramos a San Juan de Sahagún, el predicador que salvó a su pueblo de una epidemia

Primero sacerdote

Juan González Martínez -nombre de pila del santo- nació en el municipio de Sahagún (España), en 1430. Fue hijo de Juan González del Castrillo y Sancha Martínez, matrimonio poseedor de una gran fortuna. Su educación estuvo a cargo de los monjes del monasterio de San Benito de Sahagún. Como demostró inclinación hacia la vida sacerdotal, recibió del obispo de Burgos la autorización para estudiar teología.

Juan fue ordenado presbítero en 1454, a los 23 años de edad, tras lo cual fue nombrado secretario y canónigo de la catedral de Burgos. Cuatro años más tarde, concluiría sus estudios en la Universidad de Salamanca.

La gran promesa

A fines de 1462 o principios de 1463, cayó enfermo. Los médicos le recomendaron que se sometiera a una cirugía -en aquellos tiempos, cualquier procedimiento quirúrgico implicaba un riesgo incalculable, considerando, para empezar, que ni siquiera los diagnósticos eran confiables-. Juan, con temor, se encomendó al Señor y le prometió que si sobrevivía al tratamiento, buscaría con ganas renovadas cumplir su voluntad. La cirugía acabó bien y el P. Juan se recuperó.

Juan se convirtió en un predicador elocuente y con sus sermones ayudó a muchas personas. El valor que mostraba en el púlpito tocó el corazón de muchos: pobres y ricos se reconocían pecadores, todos interpelados en aquello que los separaba de Dios. Por otro lado, ahí donde Juan se enteraba de alguna injusticia, la denunciaba sin rubor -como cuando tuvo noticia del maltrato de algunas familias pudientes a sus sirvientes y trabajadores- ganándose el respeto de propios y extraños.

Sus preferidos fueron los huérfanos, enfermos, necesitados y ancianos, para quienes recogía limosnas y buscaba refugio. A las mujeres que sufrían algún tipo de abuso, como aquellas atrapadas en la prostitución, les conseguía familias dignas que les dieran sanas ocupaciones y las protegieran.

Los milagros

De San Juan de Sahagún se recuerdan en Salamanca dos milagros. El primero ocurrió cuando un niño cayó a un pozo profundo y el santo echó su cíngulo para salvarlo. El cíngulo llegó hasta donde estaba el niño, pero el pequeño ya no tenía fuerzas para asirse a este. Entonces, el santo rogó a Dios para que subiera el nivel del agua y así sucedió, de manera que el niño alcanzó la superficie. La gente empezó a gritar «¡Milagro! ¡Milagro!», pero él se escondió para no causar mayor alboroto.

El segundo milagro sucedió cuando un toro bravísimo se escapó y empezó a correr por las calles de Salamanca aterrorizando a la gente. El P. Juan lo detuvo y lo amansó diciéndole: «Tente, necio». También se le atribuye que, con sus oraciones, logró librar a Salamanca de la peste del tifus negro.

Víctima inocente

Nuestro santo murió envenenado a los 49 años de edad, en 1479. Se dice que fue víctima de una conspiración arreglada por una mujer adúltera llena de odio contra él porque su amante la dejó después de escuchar uno de sus sermones.

San Juan de Sahagún fue beatificado por el Papa Clemente VIII en 1601 y luego canonizado por el Papa Alejandro VIII en 1691. La iconografía suele representarlo con la Eucaristía en la mano, contemplando a Jesús Sacramentado.

 

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy jueves 11 de junio celebramos al Apóstol San Bernabé, cuyo nombre significa “el que anima y entusiasma”

Hoy jueves 11 de junio celebramos al Apóstol San Bernabé, cuyo nombre significa “el que anima y entusiasma”

Buenos Aires, jueves 11 de junio (PR/26) .- Cada 11 de junio la Iglesia celebra a San Bernabé, Apóstol, considerado así por los primeros Padres de la Iglesia y por San Lucas, aunque no fuera parte del grupo inicial de los doce elegidos por Jesús.

Llamado a la tarea apostólica

Una vez convertido a la causa de Cristo, el Espíritu Santo le fue confiando a Bernabé misiones específicas, las que cumplió con celo y generosidad. Esto le valió, en los hechos, ser contado entre los Apóstoles de manera muy similar a la de San Pablo.

Bernabé era apreciado por ser “hombre bondadoso, lleno de Espíritu Santo y de mucha fe” (Hechos 11, 24). Nació en Chipre y perteneció a la tribu de Levi; su verdadero nombre fue “José”. Quienes le cambiaron de nombre fueron los otros apóstoles, quienes empezaron a llamarlo “Bernabé”, que según San Lucas significa “el que anima y entusiasma”, o “el esforzado”; aunque etimológicamente, dada la raíz aramea del término, podría entenderse también como “el hijo del profeta”.

En los Hechos de los Apóstoles aparece en el capítulo 4, donde está el relato según el cual vendió su finca y entregó el dinero recaudado a los Doce, para que sea distribuido entre los pobres.

Lo propio del apóstol es hacer ‘apostolado’

Bernabé colaboró muy de cerca con el Apóstol de los gentiles, y con él aprendió a dar testimonio y a anunciar la Buena Nueva de Jesús. Ambos estuvieron por un tiempo en Antioquía, lugar que se transformó en el epicentro de la evangelización del Asia Menor, y donde por primera vez se llamó “cristianos” a los seguidores de Cristo. Desde Antioquía, Pablo y Bernabé fueron enviados a Jerusalén llevando la colecta para los que pasaban hambre en Judea. Estando allí, el Espíritu Santo les encomendó a los dos el anuncio entre los maestros de la Ley, de quienes recibieron la imposición de manos para luego partir acompañados por el Evangelista Marcos, primo de Bernabé.

Después de recorrer diferentes ciudades, confirmar a los convertidos y ordenar presbíteros, regresaron a Antioquía; luego participaron del Concilio de Jerusalén, en el que se declaró que los gentiles no estaban sometidos al mandato de la circuncisión. Este Concilio, con esta medida, dio por cerrada la controversia que el tema había causado en la joven Iglesia y que, así como había producido una disputa entre Pablo y Pedro, suscitó también cierto distanciamiento entre Pablo y Bernabé.

Pastor de la Iglesia naciente

Lo que sucedió con San Bernabé después de aquél encuentro es más o menos incierto. Hay fuentes que señalan que acompañó a San Pedro a Roma, y que viajó luego al norte, donde fundó la Iglesia en Milán. Otras fuentes lo ubican de retorno a Chipre, donde habría sido obispo. Como fuera, hoy ambos lugares lo reconocen como fundador de sus respectivas comunidades eclesiales y como primer obispo.

Se dice que Bernabé murió lapidado a causa de una acusación hecha por un grupo de maestros judíos de la diáspora, celosos de su sabiduría. Sus restos fueron sepultados cerca de Salamina -isla de Chipre- y encontrados en el año 488. Los testimonios del hallazgo dan cuenta de que el apóstol llevaba sobre su pecho una copia del Evangelio de San Mateo, escrito por propia mano. Posteriormente sus restos fueron trasladados a Mancheras (Chipre).

Si deseas saber un poco más sobre San Bernabé, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Bernabé.

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Fuente: Aciprensa