Hoy celebramos al Beato Juan Dominici, Arzobispo de Ragusa y Cardenal

Hoy celebramos al Beato Juan Dominici, Arzobispo de Ragusa y Cardenal

Hoy, 10 de junio, la Iglesia Católica celebra la fiesta del Beato Juan Dominici, un humilde florentino que superó la tartamudez para convertirse en uno de los teólogos, predicadores y reformadores dominicos más influyentes de su tiempo.

 

 

Buenos Aires, miércoles 10 de junio (PR/26) — Entre los registros del Beato Juan Dominici, cuya festividad se celebra hoy 10 de junio, que han llegado a nosotros, hay una breve biografía escrita por San Antonino, Arzobispo de Florencia, así como un retrato pintado del famoso Fra Angelico, en los muros de la catedral de San Marcos.

San Juan era un florentino de origen humilde que vino al mundo en 1376. A los 18 años recibió el hábito de los dominicos, en el priorato de Santa María Novella, pese a cierta oposición causada por su falta de educación y su tendencia a tartamudear. Pero aquellas carencias quedaron compensadas por su extraordinaria capacidad de retener en la memoria lo que aprendía. El Santo se convirtió en poco tiempo en uno de los mejores teólogos de su época y en un predicador elocuente.

Escribió los ‘laudi’ o himnos en la lengua vernácula. Después de terminar sus estudios en la Universidad de París, dedicó 12 años a la enseñanza y la predicación en Venecia. Se le nombró prior en Santa María Novella. En Fiésole y en Venecia, fundó nuevas casas para monjes y estableció un convento para monjas dominicas, llamado Corpus Christi. Desde aquí trabajó para introducir o restablecer la estricta regla de Santo en varios prioratos.

Asimismo, se preocupó muchísimo para que se impartiese una educación cristiana a la juventud y fue el primero en combatir las perniciosas tendencias de la nueva herejía que comenzaba ya a ser un peligro: el humanismo. En 1406, asistió al cónclave que eligió al Papa Gregorio XII. Después fue el confesor y consejero del Pontífice y éste le consagró Arzobispo de Ragusa y Cardenal de San Sixto.

Murió en Buda, Hungría, el 10 de junio de 1419. Su culto fue confirmado en 1832.

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Hoy 9 de junio recordamos a la Beata Ana María Taigi, patrona de las madres de familia y amas de casa

Hoy 9 de junio recordamos a la Beata Ana María Taigi, patrona de las madres de familia y amas de casa

Ana María estuvo casada y se santificó como esposa y madre. Hoy es considerada patrona de las madres de familia y las amas de casa.

“Aquella mujer era una felicidad para mí y un consuelo para todos… Con su maravilloso tacto, era capaz de mantener una paz celestial en el hogar”, con estás cálidas palabras describía Domingo Taigi a la Beata Ana María, su esposa, con quien tuvo siete hijos.

Una infancia dura

 

Anna Maria Gesualda Antonia Gianetti fue el nombre de pila de la beata. Nació en Siena (Italia) en 1769. Sus padres tenían una posición económica acomodada, pero lo perdieron todo y se vieron obligados a emigrar a Roma en busca de una situación más favorable. Ambos se dedicaron a trabajar en el servicio doméstico, mientras que Ana María fue internada en una institución educativa para niños sin recursos. Lamentablemente, las carencias económicas de la familia crearon en casa un clima de permanente tensión, en el que la pequeña Ana María sufriría las consecuencias -insultos y maltratos constantes-.

A los trece años la beata empezó a ganarse el pan con su propio trabajo. Primero laboró en un taller de tejido de seda y luego pasó a integrar el servicio doméstico del palacio de una de las familias más acaudaladas y prestigiosas del momento, los Chigi.

 

A punto de cumplir los veinte años, Ana María conoce a Domingo Taigi, mandadero de los Chigi. Ambos se enamoran y contraen matrimonio. Domingo era un buen cristiano, pero de carácter colérico y muchas veces agrio. Pese a ello, era un hombre muy trabajador y responsable.

Por aquellos días, Dios suscitaba otras cosas, santas y nuevas, en el corazón de Ana.

La llamada de Dios

Las cosas nunca fueron fáciles para la familia Taigi. Por eso, Ana María frecuentaba una iglesia cercana a su casa donde se sumergía en la oración por largos periodos; allí encontraba el consuelo y la fuerza que buscaba.

Un día, tratando de encontrar un sacerdote para confesarse, encontró al Padre Ángel, el mismo que la había visto en San Pedro. El cura le dijo: “La estaba aguardando. Dios la quiere guiar hacia la santidad. No desatienda esta llamada de Dios». Desde ese día, el sacerdote se convertiría en director espiritual de Ana María.

Con la ayuda del Padre Ángel, la beata conoció nuevas formas y caminos para enfrentar las dificultades o mortificaciones de la vida cotidiana. Dedicada a Dios, nunca descuidaría su papel de esposa y ama de casa; al contrario, Ana María se desvivía por sus hijos. No obstante, se sentía cada vez más atraída por la idea de un compromiso mayor con Dios, por lo que ingresó a la Tercera Orden Trinitaria.

 

Vida ordinaria hecha de manera extraordinaria

 

Ana cuidaba mucho de su familia, empezando por su quisquilloso esposo, sus siete hijos -tres de los cuales fallecieron siendo pequeños- y de sus padres, que vivían también con ella.

Solía juntar a todos cada mañana para rezar, luego los llevaba a Misa y por la noche, los volvía a reunir para escuchar alguna lectura espiritual y terminar el día en oración. Este era su “secreto” para mantener unida a su familia: estar siempre cerca de Dios.

Ana, además, se daba tiempo para trabajar en costura y reunir un dinero extra y ayudar a su marido con los gastos del hogar.

Siempre que podía, guardaba algo de lo que ganaba para ayudar a alguien que estuviese más necesitado que ella.

Su esposo no siempre la comprendía en esto y, más de una vez, preso de la ira y la frustración, llegó a maltratarla verbalmente.

Pese a todo, en lo cotidiano y ordinario del hogar, Ana María logró algo extraordinario: que Dios fuese el centro de la familia, y que siempre hubiera tiempo para la oración. La beata tuvo, en ese contexto, intensas experiencias místicas.

Además, Dios le concedió los dones de la intuición espiritual y la ciencia infusa. Era capaz de hablar con propiedad sobre los designios divinos en relación a los peligros que siempre acechan a la Iglesia, sobre los misterios de fe y sobre acontecimientos futuros -a San Vicente Strambi le predijo la fecha exacta de su muerte-.

La beata experimentó también agonías físicas y mentales, especialmente cuando rezaba por la conversión de algún pecador contumaz; asimismo, descubrió más de una vez las intenciones y pensamientos de algunas de las personas que recurrían a ella en busca de consejo -se dice que todos los días había alguien tocando la puerta de los Taigi en busca de ayuda espiritual-.

En los últimos años de su vida su salud se resquebrajó. Fue una etapa en la que se abrazó a la cruz. Por si fuera poco, tuvo que enfrentar la prueba de las murmuraciones y las calumnias. Pese a todo, nadie pudo quitarle su sonrisa serena, expresión de su confianza y paciencia ejemplares.

 

Legado y patronazgos

 

Después de una agonía de siete meses, Ana María Taigi partió a la Casa del Padre el 9 de junio de 1837. Fue beatificada el 30 de mayo de 1920 por el Papa Benedicto XV. Sus restos se encuentran en la Iglesia San Crisógono de Roma.

Es patrona de la Acción Católica Italiana y de las mujeres víctimas de abusos por parte de sus esposos o parejas.

Si deseas conocer un poco más sobre Ana María Taigi, puedes leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Beata_Ana_María_Taigi.

 

 

 

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Fuente: Aciprensa
Cada 8 de junio recordamos a la Beata María del Divino Corazón, apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

Cada 8 de junio recordamos a la Beata María del Divino Corazón, apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

Buenos Aires, lunes 8 de junio (PR/26) .- Cada 8 de junio la Iglesia recuerda a María Droste zu Vischering, conocida universalmente como la Beata María del Divino Corazón, religiosa de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, quien influyó de manera decisiva para que el Papa León XIII consagrara el mundo al Sagrado Corazón de Jesús.

“Es imposible resistirse a la voz de Dios”

María Droste zu Vischering nació en Münster (Alemania) el 8 de septiembre de 1863, día de la Solemnidad de la Natividad de la Virgen María. Junto a ella vino al mundo un hermano mellizo, Max. Sus padres eran fervientes católicos y pertenecían a la nobleza germana, manteniéndose fieles incluso durante los difíciles años del “Kulturkampf” (“Combate cultural”, 1871-1878), en los que el Imperio Alemán hostilizó jurídica y culturalmente a los católicos del país.

En su primera infancia, María aprende a tocar el piano y vive una niñez serena al lado de su familia. De estos días proviene su encuentro con la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Recibe la Primera Comunión junto a Max en abril de 1875 y meses después, en septiembre, también la Confirmación. Por su cabeza pasan las primeras inquietudes religiosas, aunque sin mayor solidez.

En 1878, María queda impactada por un sermón en torno al gran mandamiento de la Ley, del que habla Jesús en el Evangelio de San Mateo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma». Relata ella misma lo que esas palabras suscitaron en su alma: «En ese momento pensé: ¡Tengo que llegar a ser religiosa! Hubiera preferido que mis oídos no lo hubieran escuchado, pero es imposible resistirse a la voz de Dios».

Un corazón abierto al Espíritu

Al cumplir los 20 años, María escucha mientras reza una voz que le dice: «Tú serás la esposa de mi Corazón». El 5 de agosto de ese mismo año, 1883, María le expresa a sus padres el deseo definitivo de hacerse religiosa.

«Tú serás la esposa de mi Corazón»

En 1889 tomó los hábitos religiosos, el mismo día -10 de enero- en el que en Lisieux hacía lo propio la carmelita Santa Teresita del Niño Jesús. La beata adopta el nombre de “Sor María del Divino Corazón».

Consagración del mundo al Sagrado Corazón

En algún momento entre 1887 y 1888, Sor María, por pedido expreso del mismo Jesús -quien le continuó revelando su voluntad por medio de locuciones interiores-, escribió una carta dirigida al Papa León XIII para pedir la consagración de la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús.

El Papa León XIII no sólo accedió a la petición, sino que señaló expresamente que aquella había sido “la decisión más importante de su pontificado”. El 25 de mayo de 1899 el Papa publica la encíclica “Annum sacrum” (Año sagrado), en la que explica la necesidad de consagrar el mundo al Sagrado Corazón de Cristo. Sor María recibió la noticia con profunda alegría. Sin embargo, su salud estaba deteriorada y no viviría el día en que la consagración se realizó.

El 8 de junio de 1889 Sor María entregó su alma al Señor en Oporto (Portugal), en la casa madre de la Congregación, después de haber padecido una parálisis durante tres años. Solo 3 días después, el 11 de junio, el Santo Padre presidió la ceremonia de consagración del mundo al Sagrado Corazón de Jesús.

El día de la Solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre de 1975, Sor María fue beatificada por el Papa San Pablo VI, al cumplirse los 300 años de las revelaciones del Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque, a cuyo lado la Beata María del Divino Corazón se distingue como gran apóstol de la misericordia del Sagrado Corazón de Cristo.

 

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Fuente: Aciprensa
Cada 7 de junio recordamos a la Beata Ana de San Bartolomé, discípula de Santa Teresa de Jesús

Cada 7 de junio recordamos a la Beata Ana de San Bartolomé, discípula de Santa Teresa de Jesús

 

Buenos Aires, domingo 7 junio (PR/26) — Cada 7 de junio se recuerda a la Beata Ana de San Bartolomé, religiosa carmelita, mística y discípula de Santa Teresa de Jesús. Sor Ana impulsó, con grandes frutos, la expansión de la reforma carmelita descalza en Francia y los Países Bajos.

Fue proclamada “Libertadora de Amberes” (Bélgica) ya que la antigua ciudad de Flandes, que había sido escenario de los enfrentamientos entre católicos y protestantes durante buena parte del siglo XVI, ganó en paz y prosperidad gracias a la fundación del monasterio carmelita descalzo liderado por la Beata Ana.

El monasterio le dio nueva vida a la ciudad, la que alguna vez fue llamada “la más bella de las ciudades” en los siglos anteriores. Posteriormente, Amberes se salvaría de la destrucción a manos de los holandeses, gracias a que los católicos de allí se encomendaron a la beata.

Tiempos aciagos

 

Ana de San Bartolomé nació el 1 de octubre de 1549 con el nombre Ana García Manzanas en Almendral de la Cañada (Toledo, España).

Vivió durante el periodo que se denomina el «siglo de oro» español, cuando en América se llevaban a cabo los primeros grandes esfuerzos evangelizadores en el nuevo continente. España libraba una dura y sangrienta batalla en el marco de lo que se conoce como “guerras de religión” ocasionadas por el avance del protestantismo.

Bajo el patrocinio del Apóstol Bartolomé

 

En ese contexto la joven Ana fue creciendo y madurando la idea de un posible llamado a la vida religiosa. Sin embargo, en un momento determinado su salud se vio afectada y enfermó gravemente.

Entre sus hermanos y familiares se suscitó una gran preocupación, así que decidieron rezar una novena al Apóstol San Bartolomé para pedir por su curación.

Ese mismo año, completamente recuperada, ingresó al convento de San José de Ávila como hermana lega y eligió a San Bartolomé como su santo patrono, cuyo nombre tomaría como carmelita descalza.

 

Santa Teresa de Ávila y el espíritu de la reforma

 

Siendo novicia, conoció a Santa Teresa de Jesús, impulsora de la reforma del Carmelo. La Doctora de la Iglesia aprobó su profesión y le tomó los votos el 15 de agosto de 1572. Luego la convirtió en su secretaria particular.

Aprendió a escribir pulcramente de modo milagroso. Destacó siempre por su extraordinaria caridad, por su unión mística con Dios y por su gentileza con el prójimo.

Tras el fallecimiento de Santa Teresa, Sor Ana de Bartolomé inició el periplo que la llevaría a Francia, Bélgica y Países Bajos fundando conventos, dejando en muchos lugares hermosos testimonios de su virtud.

En su autobiografía, escrita por obediencia, dejó constancia de las abundantes gracias de las que gozó durante su vida, en especial de los regalos místicos que el Señor le concedió. No falta el recuento de sus luchas contra los ataques y tentaciones del demonio.

Tuvo el don de la bilocación. Cuando se enteró de que su confesor, el P. Juan de San Cirilo, estaba por morir, rezó por él y de pronto se vio a su lado, dándole consejos a su enfermero. También tuvo el don del conocimiento de las almas, que le aprovechó mucho para dar consejo espiritual y asistir con su oración a quienes se le acercaban.

 

Epílogo

 

En 1624 Sor Ana de San Bartolomé sufrió una apoplejía, de la que no pudo recuperarse totalmente.

El 7 de junio de 1626, luego de haber recibido la Extremaunción y la santa Comunión, cayó en éxtasis por unos minutos y entregó su alma en paz.

Ana de San Bartolomé fue beatificada en 1917 por el Papa Benedicto XV.

 

Más información de la vida de Ana de San Bartolomé aquí:

 

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Fuente: ACI Prensa
Hoy es la fiesta de San Marcelino Champagnat, fundador de los maristas

Hoy es la fiesta de San Marcelino Champagnat, fundador de los maristas

 

 

 

Buenos Aires, sábado 6 junio (PR/26) — A San Marcelino le tocó vivir tiempos en los que su Francia natal pasaba por una profunda crisis social y política.

El santo lideró la que sería la respuesta de la Iglesia a esas circunstancias: un movimiento religioso centrado en el acceso a la educación, especialmente dedicado a la formación de niños y jóvenes.

La educación, regalo del Cielo

 

Marcelino José Benito Champagnat Chirat nació el 20 de mayo de 1789 en Marlhes (Francia), en el seno de una humilde familia que habría de sufrir las consecuencias del anticlericalismo y del odio a la fe que acompañó a la Revolución Francesa.

Su madre lo consagró de pequeño a la Virgen María, y una de sus tías, que le era muy cercana, fue la que le enseñó las primeras letras. Esa tía fue quien introdujo al pequeño Marcelino en el conocimiento de la vida de los santos.

Lamentablemente, el entonces más joven de los Champagnat no pudo llegar más lejos en su formación escolar, pues su familia no tenía cómo costearla. Marcelino crecería sin asistir a la escuela, pero como sabía leer, se hizo aficionado a las lecturas piadosas que podía encontrar en casa o donde alguno de sus familiares. Con estas aprendió mucho, principalmente sobre el amor a Dios y a la Iglesia.

Al mismo tiempo, como todos los chicos del pueblo, aprendió un oficio -se hizo albañil- y descubrió cierto talento natural para los negocios. Por un tiempo, Marcelino se dedicaría a la venta de corderos, actividad que le permitió ahorrar el dinero necesario para pagar sus estudios en el futuro.

Apenas llegó a la edad necesaria, el santo se presentó al seminario menor de su pueblo. Los formadores lo admitieron y lo ayudaron a adaptarse al nuevo ambiente. Sin embargo, no le fue muy bien y empezó a mostrar dificultad para aprender las materias, a tal punto que casi fue echado del lugar.

Afortunadamente su buena conducta y el apoyo de sus amigos le permitieron continuar. Entre sus compañeros estaba nada menos que otro gran santo, el futuro Cura de Ars, San Juan María Vianney. Juan María, igual que Marcelino, tampoco destacaba en los estudios, aunque sí en piedad y fervor.

En la “escuela” de María

 

San Marcelino fue ordenado sacerdote en 1816. Casi de inmediato, sería enviado como vicario de un sacerdote anciano, a uno de esos pueblos apartados en los que la vida gira en torno a fiestas y borracheras. El santo, sin que eso le importe mucho, animó a todos a acercarse de nuevo a Dios, especialmente a los jóvenes.

El P. Marcelino se propuso que los muchachos del pueblo llegaran a la iglesia antes de las seis de la mañana para recibir la catequesis, y lo logró -algo que bien pudo ser considerado “su primer milagro”-.

El vicario adquirió la costumbre de visitar el Santuario Mariano de la Fourviere. Cuenta la historia que en una de sus visitas, en medio de su oración, recibió la inspiración de fundar una congregación religiosa dedicada a enseñar el catecismo y formar a los más jóvenes.

Por aquellos días, Marcelino había estado acompañando a un joven enfermo de muerte que carecía de toda preparación en la fe. Ciertamente pudo ayudarlo a morir en paz, pero el hecho le dejó un terrible sinsabor.

De cara al Señor, en oración, decidió juntar a algunos de sus compañeros y comenzar una obra apostólica. Entusiasmado, llegó a la convicción de que esa obra debía ser educativa: muchos jóvenes necesitaban una oportunidad para educarse, y conocer más y mejor a Dios.

 

“Todo en honor de Jesús, pero por medio de María…”

 

La fundación de la Congregación de los Hermanos Maristas se produjo el 2 de enero de 1817. La nueva comunidad, consagrada como “Compañía de María”, dio inicio a las labores escolares. Previamente, sus miembros, conocidos como “los hermanos maristas”, habían recibido de su fundador la instrucción adecuada para tan elevada misión.

El P. Marcelino envió a sus hijos espirituales a las parroquias cercanas en calidad de maestros de religión o catequistas. Con el correr del tiempo llegarían nuevos aspirantes a formar parte de la Congregación. De esta manera, ya con un número suficiente de “religiosos-educadores“ aparecieron las primeras “escuelas maristas”.

El método empleado por los maristas en las aulas estaba marcado por el ejercicio de la caridad, la práctica del canto y la participación activa de los alumnos. Todo trato humillante estaba rotundamente prohibido, así como los castigos físicos.

El P. Marcelino, además, tenía la convicción de que toda pedagogía debía centrarse en el amor a María: “Todo en honor de Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llegar hacia Jesús”.

“Nuestra comunidad -solía recordar a sus religiosos- pertenece por completo a Nuestra Señora, la Madre de Dios. Nuestras actividades deben estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar. Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y así los llevaremos más fácilmente hacia Jesucristo”.

La educación para San Marcelino Champagnat no se limita a la trasmisión de conocimientos, o a potenciar sólo la dimensión intelectual. Sin búsqueda de Dios, sin verdad que ilumine el espíritu y sin caridad el alma del joven queda cercenada. Educar es formar a la persona.

 

Formación para la santidad

 

San Marcelino Champagnat partió a la Casa del Padre el 6 de junio de 1840 con tan sólo 51 años de edad. Lo que parecía una gastritis aguda, había sido en realidad un cáncer de estómago.

Con todo, su obra educativa y espiritual mantendría el impulso fundacional que él le dio, gracias a la persistencia y cariño de sus hermanos de la Congregación. Como prueba de ello se produjo una expansión de la Orden en muchos países.

El fundador de los maristas fue canonizado en 1999 por San Juan Pablo II.

En la homilía de la Misa de canonización el Santo Padre afirmó: “San Marcelino anunció el Evangelio con un corazón ardiente. Mostró sensibilidad a las necesidades espirituales y educativas de su época, especialmente a la ignorancia religiosa y al abandono que experimentaba particularmente la juventud”.

¡San Marcelino Champagnat, ruega por nosotros!

 

 

 

Fuente: Aci Prensa
Fuente: Primicias Rurales

 

Hoy se conmemora a San Bonifacio, patrono y apóstol de Alemania

Hoy se conmemora a San Bonifacio, patrono y apóstol de Alemania

Buenos Aires, viernes 5 de junio (PR/26) .- Cada 5 de junio se conmemora a San Bonifacio de Maguncia, mártir, “el Apóstol de Alemania», obispo de origen anglosajón que evangelizó la región central de ese país.

Bonifacio fue el gran organizador de la Iglesia en la actual Alemania, en la que dejó establecida una jerarquía bajo la jurisdicción directa de la Santa Sede.

Sus dotes de incansable misionero y reformador generaron importantes frutos de santidad en la Europa del siglo VIII. Además, su nombre quedó vinculado a la historia del árbol de Navidad.

Winfrido -nombre de pila del santo- nació en el año 680 en Wessex, Inglaterra. Se incorporó muy joven a la abadía de Nursling, en la diócesis de Winchester, donde fue nombrado encargado de la escuela de teología. Estando en Nursling, San Bonifacio escribió la primera gramática latina en lengua inglesa.

El que obra el bien

A la edad de 30 años recibió el Orden sacerdotal, concentrándose con mayor dedicación en el estudio de la Biblia. En 718 el Papa San Gregorio II convocó a Winfrido para darle una misión muy concreta: llevar la Palabra de Dios a los pueblos paganos de Europa.

Tiempo después, Winfrido envió una carta a la Santa Sede con un informe satisfactorio sobre el crecimiento de la Iglesia. Entonces el Papa lo llamó de regreso a Roma con la intención de confiarle el obispado.

El día de San Andrés del año 722, Bonifacio fue consagrado obispo regional con la jurisdicción general de Alemania. El santo regresó a Hesse y como primera medida se propuso erradicar las supersticiones paganas que sometían al pueblo germano y que representaban el principal obstáculo para la evangelización.

En el año 731, el Papa Gregorio III, sucesor de Gregorio II, envió a San Bonifacio la carta con su nombramiento como obispo metropolitano de todos los territorios germanos más allá del Rhin, con autoridad para crear obispados donde lo creyera conveniente.

En su tercer viaje a Roma, fue nombrado también delegado de la Sede Apostólica. San Bonifacio y su discípulo San Sturmi fundaron en el año de 741 la abadía de Fulda, que con el tiempo se convirtió en el “Monte Cassino” de Alemania.

El 5 de junio del año 754, el santo se disponía a celebrar una Confirmación en la víspera de Pentecostés cuando apareció una horda de paganos hostiles que atacó brutalmente al grupo de cristianos con lanzas y espadas.

«Dios salvará nuestras almas», se escuchó gritar a Bonifacio mientras alzaba con sus manos el Evangelio. Una espada partió el libro y atravesó el cuerpo del santo, dándole muerte.

Sus restos descansan en el monasterio de Fulda hasta el día de hoy.

Sobre San Bonifacio, el Papa Benedicto XVI señaló en el año 2009 que “su incansable labor, su don para la organización y su carácter moldeable, amiguero y firme fueron determinantes para el éxito de sus viajes”.

Si quieres conocer más sobre la vida de San Bonifacio, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Bonifacioa

 

Primicias Rurales
Fuente: Aciprensa