Hoy 4 de junio es fiesta de San Francisco Caracciolo, a quien Dios curó de una terrible enfermedad

Hoy 4 de junio es fiesta de San Francisco Caracciolo, a quien Dios curó de una terrible enfermedad

De lo que rebosa el corazón, habla la boca

A Francisco lo llamaban “el predicador del amor de Dios» porque en su prédica aludía constantemente a la misericordia de Dios con los pecadores.

El P. Francisco, al mismo tiempo, fue siempre un fiel devoto de la Santísima Virgen. Dios le concedió el don de curar enfermedades, y en reiteradas ocasiones pudo devolver la salud a personas enfermas con solo hacer la señal de la cruz sobre ellas.

De mente inquieta y de alma dócil a las mociones del Espíritu Santo, encabezó, a lo largo de su vida religiosa, varias iniciativas con el deseo de extender el Reino de Dios.

Francisco fue el fundador de uno de los más grandes conventos de Nápoles (Italia), que pronto se llenaría de vocaciones, e hizo lo mismo en España, en las ciudades de Madrid, Valladolid y Alcalá.

Él, sintiéndose perdido, volvió sobre el Señor, al que pidió que lo salve. En su oración de súplica le prometió a Dios que le daría un sentido distinto a su vida y que si lo curaba, se haría sacerdote y dedicaría su vida al apostolado.

La fundación

En 1588 el Papa Sixto V dio su aprobación a la nueva Congregación que Francisco y sus compañeros fundaron. El Papa, a continuación, dejó bajo el cuidado de la nueva Orden la residencia que está junto a la famosa Basílica de Santa María la Mayor, en Roma.

Los clérigos menores -a los que se conoce como “caracciolos” o “caracciolinos”- trabajaban en cárceles y hospitales, anunciando al Señor en esas difíciles circunstancias, además de hacerlo recorriendo calles o pueblos enteros.

Francisco entregó lo mejor de su vida trabajando para la extensión del Reino de Dios en la tierra, labor dura y exigente, principalmente porque muchas almas se encontraban endurecidas.

El tiempo que el santo dedicaba a la oración y a la vida en común con sus hermanos fueron los pilares que lo sostuvieron.

Aferrado a lo esencial

En 1607 el P. Francisco Caracciolo renunció al cargo de superior general que se le había encomendado para dedicarse exclusivamente a la oración y la meditación.

Gracias a la guía y los cuidados de Francisco, sus hijos espirituales desarrollaron un estilo de vida en el que se equilibraba la predicación (la pastoral) con la vida contemplativa.

Para el santo, toda obra en favor de los que sufren tenía que tener un sustento espiritual. Es en el esfuerzo por acompañar a sus hijos que Francisco empieza a desarrollar las características del místico.

En su habitación del convento de Nápoles, se le encontró varias veces tirado en el suelo en éxtasis, con los brazos en cruz, de cara a su crucifijo.

La vuelta a casa

El 4 de junio del año 1608, a los 44 años, San Francisco Caracciolo fue llamado a la Casa del Padre, tras sufrir de unas fiebres intensas.

Fue beatificado por el Papa Clemente XIV el 4 de junio de 1769, y canonizado por el Papa Pío VII el 24 de mayo de 1807.

Si quieres conocer un poco más sobre San Francisco Caracciolo, te recomendamos leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Francisco_Caracciolo.

 

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    Fuente: Aciprensa
Hoy 3 de junio se celebra a San Carlos Lwanga y compañeros mártires de Uganda

Hoy 3 de junio se celebra a San Carlos Lwanga y compañeros mártires de Uganda

 

Los 22 misioneros eran integrantes de la “Sociedad de los Misioneros de África”, cuyos miembros eran conocidos como los “Padres Blancos”, en alusión a las vestimentas que usaban, todas de color blanco. Esta comunidad, una Sociedad de Vida Apostólica, se había constituído años antes en Argelia (1868) con el objetivo de evangelizar a las naciones africanas.

 

Dispuestos a morir por Cristo

En los inicios de su labor misionera, los Padres Blancos se encargaron de la región de Uganda (en ese entonces, Buganda) como parte del Vicariato del Nilo Superior, establecido en 1878. Los evangelizadores consiguieron ingresar a la región, establecerse y ganar muchas almas para Dios.

En un principio, el rey Mutesa I, padre y predecesor de Mwanga, favoreció la llegada de misioneros y vio con cierto beneplácito a los nativos conversos. Algunos de ellos, laicos, llegaron a ser parte de su corte, como fue el caso de José (Joseph) Mukasa, quien fuera su mayordomo.

Lamentablemente, poco después, empezarían las tensiones cuando Mutesa se percató que la “nueva religión” se había convertido en un auténtico obstáculo para el comercio de esclavos que él patrocinaba. La actitud del rey obligó a los cristianos a alejarse.

El inicio de la escalada

 

José Mukasa, quien seguía siendo parte de la corte, moriría decapitado por haber reprochado a Mwanga el asesinato de un grupo de misioneros anglicanos. José tenía solo 25 años y era uno de los líderes de la comunidad católica, que para entonces tenía unos 200 miembros.

Lo que buscaba Mwanga aparecía con claridad: el escarnio de los cristianos. José, por su parte, les advirtió a sus verdugos antes de morir: «Un cristiano que entrega su vida por Dios no tiene miedo de morir». José Mukasa fue ejecutado el 15 de noviembre de 1885.

A partir de ese momento, Mwanga endureció su posición y organizó una persecución en todo el país. No estaba dispuesto a tolerar cuestionamiento alguno a sus caprichos, en especial la rotunda negativa de los cristianos a participar de los rituales sexuales -los que incluían la pedofilia- que eran de su agrado. Por haber resistido a las propuestas inmorales del rey, a los veintidós se les conoce también como “los mártires de la pureza”.

Mientras tanto, los cristianos, lejos de atemorizarse, continuaron con sus actividades. Carlos Lwanga, laico catequista y amigo favorito del rey, reemplazó a José como jefe de la comunidad cristiana. Sus oraciones y su capacidad de diálogo permitieron que Mwanga desistiera de toda persecución por 6 meses.

Sin embargo, en mayo del año siguiente la violencia volvió a desencadenarse. Muchos fueron capturados y llevados ante la presencia del rey. Este les preguntó si tenían la intención de seguir profesando su religión, «¡Hasta la muerte!», fue la respuesta de cada uno de ellos. Entonces, el rey ordenó ejecutarlos en un lugar llamado Namugongo.

 

La masacre

 

El 3 de junio de 1886 doce misioneros católicos fueron quemados vivos por órdenes de Mwanga. Ese mismo día un grupo de veinte misioneros anglicanos correría la misma suerte. En primera instancia, a todos se les ofreció la libertad si renegaban de su fe, pero, en vistas a que nadie quiso hacerlo, el rey se limitó a mandarlos ejecutar.

Finalmente, un segundo grupo conformado por otros diez misioneros católicos compareció ante el monarca. Todos murieron descuartizados a machetazos.

Carlos Lwanga, Andrés Kagwa, y otros 20 jóvenes fueron beatificados el 6 de junio de 1920 por el Papa Benito XV. Posteriormente fueron canonizados por San Pablo VI el 18 de octubre de 1964.

Si quieres saber más sobre “los mártires ugandeses de la pureza”, puedes consultar el artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Mártires_ugandeses_de_la_pureza.

 

 

 

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Fuente: Aciprensa

 

Hoy celebramos a San Félix, que descubrió el valor de las pequeñas cosas en la vida

Hoy celebramos a San Félix, que descubrió el valor de las pequeñas cosas en la vida

San Félix nació en la ciudad siciliana de Nicosia (Italia) en el año 1715. Su nombre de pila fue Filippo Giacomo Amoroso. A los 20 años, pidió ser admitido en el convento de los franciscanos capuchinos en condición de hermano lego, ya que, por ser analfabeto, no podía aspirar a ser clérigo.

Fue rechazado durante 8 años consecutivos, hasta que finalmente fue admitido en el convento de Mistretta, Sicilia. Hizo su profesión perpetua el 10 de octubre de 1774, y, de inmediato, fue enviado al convento de Nicosia, su pueblo natal.

Limosnero, pero rico

Durante gran parte de su vida religiosa ejerció el oficio de limosnero. Cada día recorría las calles de su pueblo llamando a las puertas de los ricos, invitándolos a compartir sus bienes y a acudir a Dios, de quien todos somos deudores.

Luego, tocaba las puertas de los pobres, ofreciendo asistencia en sus necesidades y recordándoles que aún en medio de la pobreza hay mucho que ofrecer y compartir. De esta manera, él mismo se convirtió en nexo de unión entre unos y otros, ayudando a romper los muros sociales.

Iletrado, pero sabio

Aunque era analfabeto, conocía bien las Sagradas Escrituras y la doctrina cristiana, pues se esforzaba en retener los pasajes bíblicos que le resultaban más significativos, así como los textos de los maestros espirituales que se leían en el convento durante las comidas.

Fue un gran amante de la Eucaristía (se pasaba horas rezando ante el Sagrario). Profesó una devoción particular a la Virgen de los Dolores (llevó en su pecho durante treinta años una imagen de Ella) y a la Pasión de Cristo (solía meditar sobre el sacrificio de Cristo en la Cruz con los brazos cruzados).

Dócil instrumento de Dios

San Félix tenía como mayor aspiración corresponder lo mejor posible al amor de Dios. Sabía que si a Dios se aferraba, todo lo restante calzaría en su lugar. Sabía también que si había que preocuparse de algo, debía ser de poner a Dios en primer lugar, siempre.

El Señor, sabiéndose reparado por la piedad del humilde santo, adornó su vida con el don de curar enfermedades, tanto del cuerpo como del alma. En nombre de Cristo obró muchos milagros. Es conocido, además, que el buen Hno. Félix recibió el don de la bilocación, gracias al cual sirvió a más gente.

El santo murió el 31 de mayo de 1787 en el convento de Nicosia, su hogar, a la edad de 78 años. Fue beatificado el 12 de febrero de 1888 por el Papa León XIII y canonizado el 23 de octubre del 2005 por el Papa Benedicto XVI.

«Sea por amor de Dios»

En la homilía de la Misa de canonización, el Papa pronunció unas palabras dedicadas a San Félix: «”Sea por amor de Dios”. Así podemos comprender bien cuán intensa y concreta era en él la experiencia del amor de Dios revelado a los hombres en Cristo. Este humilde fraile capuchino, hijo ilustre de la tierra de Sicilia, austero y penitente, fiel a las expresiones más auténticas de la tradición franciscana, fue plasmado y transformado gradualmente por el amor de Dios, vivido y actualizado en el amor al prójimo. Fray Félix nos ayuda a descubrir el valor de las pequeñas cosas que enriquecen la vida, y nos enseña a captar el sentido de la familia y del servicio a los hermanos, mostrándonos que la alegría verdadera y duradera, que anhela el corazón de todo ser humano, es fruto del amor».

 

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Fuente: Aciprensa 
Hoy es la fiesta de San Justino, quien nos anima a buscar y amar la verdad

Hoy es la fiesta de San Justino, quien nos anima a buscar y amar la verdad

Cada 1 de junio la Iglesia celebra a San Justino, filósofo, teólogo y mártir, a quien el Papa Benedicto XVI llamó «el más importante entre los Padres apologistas del siglo II».

San Justino, inicialmente pagano, dedicó su vida al saber y a la búsqueda de la verdad. Precisamente en ese esfuerzo descubrió la fe y la necesidad de dar razón de ella. Llegó a ser un eximio filósofo cuyo talento fue puesto al servicio de la doctrina cristiana.

Una vez convertido a la causa de Cristo, Justino se dedicó a defender las verdades reveladas por Dios haciendo uso de las herramientas conceptuales con las que nos provee la razón. Persuadido por la Verdad que viene de lo alto, se comprometió a tal punto con Cristo que no dudó en entregar su vida en el martirio.

Buscador de la verdad, servidor de la Verdad

San Justino nació alrededor del año 100, en la antigua región de Siquem, en Samaria. Sus padres fueron paganos de origen griego y le otorgaron una educación privilegiada en Filosofía y Letras, lo que le permitió, llegado el momento, aproximarse al cristianismo con profundidad y reverencia.

Un día, mientras meditaba acerca de Dios, se le acercó un sabio anciano que le recomendó estudiar la religión cristiana a través de la Escritura, “porque es la única que habla de Dios debidamente y de manera que el alma queda plenamente satisfecha”, le dijo.

Posteriormente, San Justino fundó una escuela en Roma, en la que enseñaba gratuitamente a quienes querían conocer la nueva religión que se expandía por el imperio. Justino consideró al saber revelado como una verdadera filosofía y fuente para aprender el arte de vivir con rectitud.

El haber enseñado esta luminosa doctrina le acarreó ser denunciado y condenado a muerte. Como otros tantos mártires, se le dio la oportunidad de adorar dioses extraños a cambio de respetar su vida. San Justino no aceptó tan indigna oferta y fue ejecutado. Murió decapitado alrededor del año 165 en tiempos de Marco Aurelio, perseguidor de la Iglesia.

El término “apologista” o “apologeta” equivale a “defensor”; y fue justamente ese papel el que San Justino asumió contra aquellos que rechazaban al cristianismo.

El santo escribió varios textos, la mayoría desaparecidos, pero hay algunos que han llegado hasta nuestros días. Entre estos destacan las famosas “Apologías” (defensa del cristianismo en dos partes), escritas para el emperador Tito Aurelio (Antonino Pío), los miembros del Senado y las principales autoridades romanas.

En ellas, Justino tiene la intención de dar a conocer las razones por las que los cristianos no deberían ser perseguidos y a su vez sus costumbres deberían ser respetadas.

Tanto la primera como la segunda apología ofrecen, además, detalles sobre la vida y costumbres de los cristianos antes del año 200, por lo que constituyen una fuente invalorable que ha hecho posible que hoy podamos comprender y apreciar muchos de los rasgos característicos de la Iglesia primitiva. Las Apologías gozaron de gran difusión y fueron ampliamente conocidas desde el Asia Menor hasta Roma.

Además de las “Apologías”, también se conserva el llamado “Diálogo con Trifón”. Este texto, igualmente de carácter apologético, se aboca a las semejanzas y diferencias entre el cristianismo y el judaísmo. Su propósito es afirmar que Jesucristo representa la plenitud de la Ley y que, por lo tanto, debe ser reconocido por el pueblo judío como el Mesías esperado.

Para conseguir ese objetivo, San Justino se apoya constantemente en la Escritura, echando mano del recurso literario del diálogo (ficción argumentativa), en el que discute con un rabino de nombre “Trifón”.

El Papa Benedicto XVI señaló en torno a las obras del santo: “Ilustran ante todo el proyecto divino de la creación y de la salvación que se cumple en Jesucristo, el Logos, el Verbo de Dios, del que participa todo hombre, como creatura racional. Su primera Apología es una crítica implacable a la religión pagana y a los mitos de entonces” (Benedicto XVI, 2007).

Si quieres conocer más sobre la vida y obra de San Justino, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Justino_Mártir.

 

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a Santa Petronila de Roma que se cree fue la hija de San Pedro

Hoy celebramos a Santa Petronila de Roma que se cree fue la hija de San Pedro

En Roma, en el cementerio de Domitila, en la vía Ardeatina, santa Petronila, virgen y mártir.

Cada 31 de mayo la Iglesia Católica conmemora a Santa Petronila, virgen y mártir del siglo I vinculada por la tradición hagiográfica como hija espiritual de San Pedro, cuyo relato exalta la fidelidad absoluta a Cristo frente a las propuestas mundanas.

 

 

 

Buenos Aires, domingo 31 mayo (PR/26) —  La historia de Santa Petronila, presunta hija del apóstol y primer Papa, San Pedro, se centra en las Vitae Sanctorum y las Actas de los Martirios, textos dedicados a ensalzar la fe y virtudes de los santos, aunque no siempre con rigor histórico.

Destacan su propósito de inspirar a los creyentes, priorizando la exaltación de las cualidades heroicas, milagros y actos de los protagonistas sobre la precisión histórica.

Estas obras buscan generar devoción más que documentar hechos, presentando relatos llenos de fervor y elementos sobrenaturales.

Una prolongada enfermedad la obliga a guardar cama, pero su fortaleza espiritual y aceptación del sufrimiento asombran a quienes la rodean. Las dudas sobre el poder de San Pedro para sanarla surgen entre los creyentes romanos, pero estas se disipan cuando él la instruye a levantarse y servir una comida, logrando un milagroso aunque momentáneo restablecimiento.

Petronila, tras regresar a su estado de enfermedad, dedicó su vida a la oración y la caridad, impactando a la comunidad cristiana de Roma. Su bondad y milagros atrajeron a numerosos necesitados, mientras su vida inspira una creciente veneración.

Un joven noble, Flaco, solicitó casarse con ella. Petronila rechazó esta propuesta, alegando tres días para reflexionar.

Durante ese tiempo, se entregó al ayuno y la oración, reafirmando su compromiso de amor exclusivo a Cristo.

Al final de este retiro espiritual, recibió la Comunión del presbítero Nicodemus y falleció piadosamente al pie del altar. Sus funerales, presididos por las criadas del decepcionado Flaco, convirtieron lo que sería una ceremonia nupcial en un cortejo fúnebre.

La vida de Petronila, tal como se describe, no siguió estándares históricos, dejando clara su naturaleza hagiográfica y devocional, concebida para glorificar su fe y convertirla en modelo de fidelidad cristiana.

Las fuentes no concuerdan sobre ello, pero sí es cierto que fue sepultada en el cementerio de Domitila

Junto a este personaje hay otros santos y mártires a los que también se les celebra este domingo 31 de mayo como los siguientes:

Beata Bautista Varano (s. XVI)

San Hermias de Comana (s. III)

San Félix de Nicosia (s. XVIII)

Beato Jacobo Salomoni (s. XIV)

Beato Mariano de Roccacasale (s. XIX)

Beato Nicolás Barré (s. XVII)

San Noé Mawaggali (s. XIX)

San Silvio de Toulouse (s. IV)

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Fuente: Infobae / IA / Vatican News

De la hoguera a los altares: El juicio político y los milagros que convirtieron a Juana de Arco en Santa

De la hoguera a los altares: El juicio político y los milagros que convirtieron a Juana de Arco en Santa

 La Iglesia Católica conmemora hoy la festividad de Santa Juana de Arco, la joven campesina que cambió la historia de Francia. Su camino a los altares implicó superar una farsa judicial y la validación de tres milagros científicos.

 

 

La Iglesia Católica celebra hoy, 30 de mayo, la festividad litúrgica de Santa Juana de Arco, la célebre «Doncella de Orleans». Esta fecha evoca el aniversario de su trágico martirio en la hoguera en 1431, en plena juventud.

Hoy es venerada en todo el mundo como patrona de Francia y de los soldados, consolidándose como un símbolo universal de resistencia. Su historia entrelaza un profundo fervor místico con las intrigas de la Guerra de los Cien Años.

Una fe inquebrantable en el campo de batalla

Nacida en Domrémy en 1412, Juana creció en el seno de una humilde familia campesina y analfabeta, pero con una fe notable. A los 13 años afirmó escuchar voces divinas del arcángel San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita.

Estas visiones sobrenaturales le encomendaron la misión de expulsar a las fuerzas inglesas del territorio galo. El mandato divino también exigía lograr la coronación del legítimo rey Carlos VII.

Con solo 17 años y sin ninguna experiencia militar previa, la joven convenció al delfín Carlos de confiarle el ejército. Vestida con una armadura blanca, lideró a las tropas y logró la histórica liberación de Orleans.

La farsa jurídica: un juicio netamente político

Su vertiginoso ascenso militar terminó de forma abrupta cuando fue capturada por los borgoñones y vendida a las fuerzas inglesas. El proceso judicial iniciado en Ruan es considerado hoy una parodia de juicio político.

El tribunal fue dirigido por el obispo Pierre Cauchon, un aliado incondicional de Inglaterra y sus intereses. El objetivo real de las autoridades era desacreditarla para anular la legitimidad del rey francés.

A la joven de 19 años se le negó un defensor y se la acusó de idolatría, brujería y blasfemia. Incluso se utilizó el uso de ropa masculina en prisión como una supuesta abominación teológica.

Desgastada psicológicamente, firmó una abjuración, pero días después volvió a vestir prendas de hombre para protegerse de abusos. Al hacerlo, fue declarada hereje relapsa y reincidente, lo que selló su destino final.

El 30 de mayo de 1431, la joven campesina fue ejecutada de forma brutal y consumida por las llamas en la hoguera de Ruan. Su muerte conmovió a los testigos de la época y marcó el inicio de una leyenda espiritual inquebrantable.

De la rehabilitación a la canonización oficial

La reparación histórica de la heroína gala comenzó apenas 25 años después de su fallecimiento en la plaza pública. A pedido de su familia, el Papa Calixto III ordenó revisar minuciosamente todo el caso.

Aquel tribunal eclesiástico original fue completamente anulado y la Iglesia declaró a Juana mártir e inocente de todo cargo. El largo camino hacia los altares modernos fue impulsado con fuerza por el Papa Pío X.

Para proceder a su santidad, la Congregación para las Causas de los Santos exigió la comprobación científica de milagros. Se validaron tres curaciones médicas inexplicables de monjas francesas con dolencias terminales.

Tras certificar teológicamente estas sanaciones y luego de su beatificación, el Papa Benedicto XV firmó el decreto definitivo. De esta manera, Juana de Arco fue declarada santa oficial el 16 de mayo de 1920.

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