Vinos libres y rebeldes: el secreto mejor guardado de Charly García, un empresario Crea homónimo del músico

Vinos libres y rebeldes: el secreto mejor guardado de Charly García, un empresario Crea homónimo del músico

En Luján de Cuyo, Mendoza, el ingeniero Ricardo «Charly» García lidera un proyecto vitivinícola disruptivo basado en variedades no tradicionales y sistemas de conducción natural. Bajo una filosofía de mínima intervención y solidez técnica, busca consolidar su marca en el mercado local y proyectar sus primeras exportaciones a Estados Unidos.

Luján de Cuyo, miércoles 22 abril (PR/26) — En Mendoza, el empresario CREA Ricardo García apostó por vinos con variedades no tradicionales y sistemas de conducción sin poda, y logró crecer en un contexto de crisis.

Lidera un proyecto creativo en Mendoza basado en experiencias europeas y argentinas.

A Ricardo le dicen “Charly”, y su apellido es García. Pero su camino no siguió la música, sino el vino. Tras años de asesorar viñedos y bodegas, en 2018 inició un proyecto propio junto a su esposa y un amigo, donde volcó su experiencia y exploró nuevas variedades y sistemas de conducción no convencionales, con buenos resultados.

En Perdriel, Mendoza, elaboran vinos a partir de uvas propias, que buscan expresar el carácter de cada ambiente y diferenciarse de las variedades clásicas. Uno de ellos, “El jardín de Alicia”, toma su nombre del universo narrativo de Lewis Carroll, como la canción del popular músico argentino.

Recuperación y resiliencia productiva

La finca se llama Viñedos El Mirlo y forma parte del grupo CREA Vignerons, de la región Valles Cordilleranos. “Somos una empresa muy pequeña, que trabaja con prácticas sustentables”, resumió. “Estamos ubicados en Luján de Cuyo, una zona histórica de producción de uvas, tierra de Malbec. Pero cuando vas llegando a la finca, ves muchas otras que fueron abandonando el negocio en medio de una crisis muy profunda”, lamentó.

García decidió involucrarse de manera directa en la producción junto al productor Pablo Tripodi y a su esposa, Graciana Monneret.

Hace ocho años recuperaron una finca familiar de siete hectáreas que había quedado sin actividad tras la crisis de 1987, aunque se mantuvo en uso mediante alquileres para conservar los derechos de riego.

“Recolonizamos la tierra y plantamos los viñedos, primero con el objetivo de vender uvas. Obtuvimos buenos rindes y calidad, lo que nos permitió abastecer a distintas bodegas”, señaló. Durante los primeros años, la comercialización de uva representó cerca del 50% de los ingresos de la empresa, pero la ecuación empezó a cambiar cuando avanzaron en la elaboración de vinos y ganaron peso en ese segmento.

García advirtió que aún no viven del emprendimiento, aunque es un desafío hacia el futuro, y para eso apuestan a realizar nuevas inversiones. En paralelo, mantiene su rol como asesor en distintas empresas, muchas de ellas vinculadas a la red CREA.

Expresión botánica y variedades alternativas

 

La finca cuenta con dos viñedos bien diferenciados. Por un lado, el esquema tradicional, con Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Malbec conducidos en espaldero. Por otro, una unidad más pequeña —El Pichón— donde avanzan con manejos orgánicos y biodinámicos, y certifican prácticas junto a un grupo de productores locales.

“Ahí empezamos a probar cosas distintas, sobre todo en variedades”, explicó García. La experiencia acumulada en Europa le abrió otra mirada sobre el potencial de Mendoza. “Veía que había variedades que podían adaptarse muy bien a nuestra zona, pero que no se usaban. Estábamos muy cerrados en el esquema clásico de Burdeos”, señaló.

En esa búsqueda incorporaron nuevas opciones: Garnacha, Monastrell y Carignan entre las tintas, y Roussanne en blancas. Sobre un total de siete hectáreas, la mayor superficie sigue ocupada por Malbec, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon —unas dos hectáreas cada uno—, mientras que 1,5 hectáreas se destinan a estas variedades alternativas.

Say no more: viñedos en libertad

 

El cambio no se limitó a la diversidad varietal. También avanzaron sobre los sistemas de conducción, con una lógica distinta a la tradicional. “Trabajamos con formas más libres, con mayor expansión vegetativa, sin poda o con intervenciones mínimas. Buscamos que la planta exprese su hábito botánico”, describió.

Ese enfoque dio lugar a modelos diversos: vasos abiertos, estructuras voluminosas y plantas con mayor desarrollo de madera. La idea es reducir la intervención y acompañar el crecimiento natural de la vid. “Fuimos armando todo con una lógica fisiológica, mirando cómo crece la planta en su estado natural”, agregó.

El concepto también atraviesa a los vinos. El nombre de uno de ellos, “Las lianas de Carignan”, remite a las características botánicas de la especie. “La vid es una liana. Entonces tratamos de copiar ese hábito, dejar menos cortes y que la planta envejezca antes, en un buen sentido”, explicó.

Además, estos manejos generan efectos concretos en la calidad. En Malbec, por ejemplo, comentó que los sistemas libres permiten obtener taninos distintos y mayor frescura, en un contexto donde el varietal suele ser cuestionado por perfiles más redondos o pesados.

En Carignan realizaron ensayos que profundizan esa línea. Este año probaron bajar la poda y trabajar con brotes decumbentes, en lugar de erectos. Esa práctica modificó el tamaño de la uva, con granos más livianos (pasaron de 1,8 a 1,3 gramos) y mayor concentración. Al mismo tiempo, lograron sostener la productividad, ya que el mayor número de racimos compensó esa reducción.

Vinos fuera de la autopista

La empresa lanzó su primer vino en 2022, con una producción acotada. Desde entonces, el crecimiento fue gradual, siempre a partir de uvas propias. “Buscamos elaborar vinos rebeldes, saliendo de la autopista. Esa es nuestra filosofía”, resumió García.

Con el tiempo incorporaron equipamiento, con vasijas de elaboración, ánforas de arcilla y barricas. “En las ánforas pensamos hacer un vino nuevo, aunque sean pocos litros, 250 o 300 botellas, con características totalmente distintas… después me las tomaré yo”, bromeó.

El enfoque está puesto en que cada vino refleje su origen. Para eso, avanzaron en un trabajo más fino sobre el viñedo, diferenciando ambientes dentro de cada lote. “Este año zonificamos recorriendo la viña, caminándola, midiendo vigor y probando uvas”, explicó. A partir de esa zonificación, por ejemplo, en una misma superficie de Garnacha lograron múltiples expresiones. “En 0,3 hectárea hicimos seis tipos de vinos”, señaló.

“Ahora pensamos hacer una pequeña bodega en casa. Así como no compramos uva de otros lados, queremos hacer el vino nosotros”, comentó. El objetivo es consolidar un modelo de trabajo integral, donde el mismo equipo produzca la uva, elabore el vino y comercialice la botella, un concepto asociado a la tradición francesa del vigneron, que hoy ya aplican, aunque mediante elaboraciones a fasón en bodegas de terceros.

La apuesta comercial y el mercado externo

En pocos años lograron posicionar una marca con reconocimiento, aunque todavía en una escala reducida. El crecimiento fue paulatino, acompañado por la demanda. “No tenemos mucho volumen ni vivimos de esto por ahora, pero vendemos todo lo que hacemos”, explicó García. Para este año proyectan unas 5000 botellas, con la intención de escalar a 15.000 o 20.000 en el mediano plazo.

El desarrollo comercial estuvo acompañado por el trabajo en red. El grupo CREA Vignerons fue clave en esa etapa inicial, especialmente en la apertura de mercados. A fines de 2024, por invitación de Andrés Biscaisaque, productor CREA, participaron de una feria en Buenos Aires, donde presentaron vinos de Garnacha y Monastrell. “Nos fue muy bien”, resumió.

La estrategia también incluye una segunda línea más accesible, con un corte de ambas variedades y un varietal de Roussanne. La respuesta del público fue positiva, a pesar de tratarse de cepas menos difundidas. “Invitamos a los consumidores a probarlas y vendimos todo”, señaló. “Hace poco nos quedamos sin ‘La danza de los colibríes’, un blend de esas uvas. Hicimos 1000 botellas, las fraccionamos en agosto y las vendimos desde enero”, contó.

Además de aumentar la presencia en Buenos Aires, donde concentran la distribución, el empresario destacó otras mareas más directas de llegar a sus clientes:El boca a boca funciona. Cuando alguien prueba nuestros vinos, se convierte en un faro para otros”, afirmó.

La tercera para en el área de comunicación a punta a llegar al mercado externo. En ese sentido, para fines de abril esperan la visita de tres exportadores de Estados Unidos interesados en conocer los vinos.

“Tal vez podamos enviar un pallet. No tenemos mucho volumen, pero es interesante tener un pie afuera”, evaluó. “Estamos replanteando la empresa. Hay que crecer a demanda y ser sólidos en lo técnico y conceptual para permanecer más allá de la novedad”, concluyó.

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Mendoza se consolida como el epicentro tecnológico de la vitivinicultura regional

Mendoza se consolida como el epicentro tecnológico de la vitivinicultura regional

Del 12 al 14 de mayo, Sitevinitech 2026 reunirá en el Complejo Las Naves a los principales referentes del sector para presentar soluciones en competitividad, innovación digital y maquinaria de vanguardia en un mercado global en plena transformación.

 

 

 

Mendoza, sábado 18 abril (PR/26) — La cuenta regresiva para el evento más trascendente de la industria vitivinícola en Latinoamérica ya comenzó.

Con la totalidad de su superficie comercializada y una proyección de más de 10.000 visitantes, la edición 2026 de la feria Sitevinitech se perfila como un termómetro clave para medir el pulso de la producción y los negocios en el Cono Sur.

Renovación tecnológica y eficiencia operativa

 

En un escenario marcado por la necesidad de optimizar recursos, la feria presentará una superficie de

exposición superior a los 8.000 metros cuadrados. Un dato que resalta el vigor del encuentro es que el 30% de los expositores son nuevos, lo que garantiza una oferta renovada en servicios y desarrollos técnicos.

Frente a la actual coyuntura de baja en el consumo a nivel mundial, la feria se propone como una plataforma estratégica para:

  • Reducir costos operativos mediante procesos automatizados.

  • Implementar tecnología de precisión, con el uso de drones y software de análisis de fincas.

  • Exhibir maquinaria de última generación y sistemas de pulverización de alta eficiencia.

 

Sitevinitech 2026 es la feria vitivinícola y agrícola más importante de Latinoamérica, enfocada en innovación, tecnología y negocios. Se celebrará del 12 al 14 de mayo en el Complejo Las Naves, Mendoza, Argentina, reuniendo a más de 150 expositores, con demostraciones de drones, maquinaria, y rondas de negocios internacionales para el sector.

Un polo de conocimiento y exportación de servicios

Más allá de los fierros y los insumos, Mendoza reafirma su rol como exportadora de conocimiento enológico. La agenda de este año incluye rondas de negocios internacionales con delegaciones de Uruguay, Perú, Bolivia, Ecuador y México, interesadas no solo en productos, sino en servicios de diseño, marketing y gestión vitivinícola.

Durante las tres jornadas, el predio ofrecerá un ciclo de charlas y talleres de formación en conjunto con entidades como Bodegas de Argentina, enfocados en brindar herramientas concretas para mejorar la productividad y competitividad del sector.

Cómo participar

La organización ha habilitado la pre-acreditación online a través de su portal oficial. Cabe destacar que el acceso será gratuito por tiempo limitado y, debido a la alta demanda esperada, los cupos para las actividades especiales y conferencias serán restringidos.

Este encuentro no solo representa una vitrina para las empresas locales, sino que consolida a la región como un referente ineludible del hemisferio sur en materia de innovación agroindustrial.

Primicias Rurales

Malbec: el corazón de la vitivinicultura argentina celebra su dominio global

Malbec: el corazón de la vitivinicultura argentina celebra su dominio global

A 15 años de la institucionalización de su día mundial , el varietal insignia de Argentina reafirma su liderazgo absoluto en las copas del mundo, consolidándose como el motor económico y cultural del sector.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, viernes 17 abril (PR/26) — Desde que en 2011 se estableció el 17 de abril como el Día Mundial del Malbec, la cepa no ha hecho más que profundizar su raíces en suelo argentino.

Lo que comenzó como una iniciativa de promoción internacional, hoy es la confirmación de un éxito rotundo: el Malbec es el varietal más plantado, más vendido y más consumido en el país.

Radiografía de un líder en ascenso

Los datos más recientes del Informe Malbec 2026 (con base en registros del Instituto Nacional de Vitivinicultura – INV) revelan la magnitud de este fenómeno:

  • Presencia nacional: Se cultiva en 18 de las 20 provincias productoras de Argentina.

  • Superficie récord: En 2025 se alcanzaron las 46.892 hectáreas, representando casi un cuarto del total de viñedos del país.

  • Mercado interno: De los 234,7 millones de litros de vinos varietales despachados el año pasado, el 54% correspondió al Malbec, reflejando un crecimiento superior al 50% en la última década.

  • Exportación: A pesar de los desafíos del comercio exterior, esta cepa genera el 32% de las divisas de la industria, con ventas que superan los US$ 541 millones en el segmento de fraccionados.


Cinco secretos detrás de la copa de Malbec 

 

Más allá de los números, la historia de este varietal está llena de hitos poco conocidos que forjaron su identidad actual.

  1. El exilio que cambió todo: El arribo de la cepa a Mendoza se debe al agrónomo francés Michel Aimé Pouget, quien llegó a la región en 1853. Su mudanza fue motivada indirectamente por el ascenso de Napoleón III en Francia, lo que llevó a Pouget a buscar nuevos horizontes en Sudamérica bajo el ala de Domingo Faustino Sarmiento.

  2. Sobreviviente de la tragedia: Mientras que en Europa la plaga de la filoxera en 1877 y una helada devastadora en 1956 casi borran al Malbec del mapa (siendo reemplazado mayormente por Cabernet Sauvignon), en Argentina la cepa encontró un refugio donde prosperar sin interrupciones.

  3. Salta dio el primer paso: Aunque Mendoza es la capital indiscutida, los registros oficiales indican que las primeras plantas se radicaron en Salta en 1889, anticipándose por más de una década a los primeros viñedos declarados en tierras mendocinas en el año 1900.

  4. Sorpresa en la copa: el Malbec blanco: Aunque se la identifica por su color tinto profundo, la versatilidad de la uva permite la elaboración de Malbec blanco. Mediante la técnica «Blanc de Noir», se procesan las uvas tintas sin contacto con los hollejos, logrando un vino cristalino, fresco y floral que rompe con los esquemas tradicionales.

  5. ¿Malbec o Malbeck? En cavas antiguas de bodegas tradicionales aún pueden hallarse reliquias etiquetadas con una «K» al final. Además, a nivel global recibe nombres tan diversos como Côt, Pressac o Planta del Roy, aunque ninguno alcanzó la mística que el nombre Malbec logró en Argentina.

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Promueven la vitivinicultura con variedades adaptadas al clima frío

Promueven la vitivinicultura con variedades adaptadas al clima frío

Tras dos décadas de ensayos, el INTA Trelew impulsa la vitivinicultura en el Valle Inferior del Río Chubut. Con el éxito del Cabernet Franc y una sala de elaboración propia, la producción local gana premios y proyecta un crecimiento sostenido con identidad patagónica.

 

 

Trelew, Chubut, jueves 16 abril (PR/26) —  A partir de más de dos décadas de investigación, ensayos y trabajo con productores, la Estación Experimental del INTA en Trelew consolida el desarrollo del sector vitivinícola en el Valle Inferior del Río Chubut.

La adaptación de variedades como cabernet franc y la vinificación local fortalecen una producción con identidad territorial y proyección de crecimiento.

Se trata de un vino joven y frutado, elaborado a partir de la primera tanda de plantas de esta variedad cultivadas en la experimental del INTA Chubut.

Las uvas de la variedad cabernet franc, de ciclo intermedio, tuvieron resultados sorprendentes desde su implantación en 2016 en la unidad.

El vino fue distinguido como el mejor vino de la 40° Muestra Agropecuaria del Valle Inferior del Río Chubut.

 

“Cuando empezamos a implantarla teníamos dudas sobre su expresión en estas latitudes, pero se adaptó muy bien a las condiciones del Valle Inferior del Río Chubut. Esta variedad da perfiles herbales (pimiento rojo, arveja, menta) y de frutas negras a los vinos, que marca la diferencia con otras especies que se asocian a frutas rojas”, explicó Belén Pugh, especialista del INTA Chubut, responsable de la elaboración.

Y agregó que “este reconocimiento confirma el potencial de la vitivinicultura del Valle Inferior del Río Chubut y el rol del INTA como articulador de procesos de innovación productiva, agregado de valor e identidad regional”.

El desarrollo del sector vitivinícola en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCH) muestra un crecimiento sostenido en los últimos años. Las vendimias recientes reflejan una mayor participación de productores y un aumento en los volúmenes elaborados, con proyecciones que alcanzan los 15.000 litros de vino por temporada.

“La producción regional se caracteriza por vinos que expresan las condiciones particulares del territorio patagónico, donde el clima frío y los suelos del valle permiten obtener perfiles aromáticos distintivos y buena acidez natural”, explicó Pugh.

El abordaje del INTA combina experimentación, transferencia tecnológica y trabajo directo con productores. A partir de estas acciones se consolidó un grupo de vitivinicultores del VIRCH y zonas cercanas que intercambian experiencias, evalúan vinos y comparten aprendizajes productivos.

Un proceso de desarrollo territorial

El desarrollo de la vitivinicultura en el VIRCH es el resultado de un proceso de investigación y extensión que el INTA impulsa desde comienzos de los años 2000. En 2003 comenzaron los primeros ensayos de adaptación de variedades de vid en la Estación Experimental Chubut, con el objetivo de evaluar su comportamiento en las condiciones agroclimáticas del valle.

En los primeros años, las uvas producidas en la región eran enviadas al INTA Luján de Cuyo, en Mendoza, para su vinificación y evaluación enológica. Este proceso permitió analizar la calidad potencial de los vinos obtenidos y avanzar en la selección de variedades adaptadas al territorio.

Un paso clave fue la instalación de la sala de elaboración en Trelew, que comenzó a funcionar en 2011. Desde entonces, este espacio permite vinificar en la propia región y acompañar técnicamente a productores interesados en desarrollar la actividad.

Actualmente, en la sala se elaboran distintas variedades como pinot noir, malbec, cabernet franc, merlot, syrah y cabernet sauvignon, que reflejan el potencial del valle para la producción de vinos de clima frío.

“Varios productores elaboran sus vinos en la sala del INTA, mientras otros han logrado avanzar hacia proyectos propios. Este proceso colectivo permitió ampliar el conocimiento productivo, mejorar los índices de calidad y consolidar vínculos entre los actores del sector, contribuyendo al crecimiento de la vitivinicultura regional”, indicó Pugh.

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Fuente: INTA Informa