Cagnoli se consagró en Caminos y Sabores gracias al esfuerzo coordinado de cada uno de sus trabajadores, consolidando un ícono gastronómico con Denominación de Origen.
Buenos Aires martes 1 septiembre (PR/26)– Hace pocas semanas, la prestigiosa firma Cagnoli obtuvo el galardón al Mejor Salame en Caminos y Sabores, la feria gastronómica más destacada e importante del país.
Este valioso reconocimiento nacional fue posible gracias al increíble compromiso colectivo y a la dedicación diaria de todo su equipo de trabajo, quienes cuidan cada detalle de la elaboración.
Hoy nos adentramos en el verdadero detrás de escena de este logro histórico, relatado en primera persona por sus propios protagonistas, valorando el esfuerzo en el Día del Trabajador del Chacinado.

Con casi un siglo de trayectoria, Cagnoli representa un pilar fundamental de la chacinería en Tandil y un emblema indiscutible de fiambres de alta calidad en toda la Argentina.
Detrás de este gran galardón hay historias humanas, experiencia artesanal y una labor constante que se construye día tras día con valores que hoy nos llena de orgullo celebrar.
Un esfuerzo colectivo que marca la diferencia
El embutido distinguido no fue la consecuencia de una labor individual u aislada, sino el fruto de un objetivo compartido por decenas de especialistas motivados por la misma pasión.
“Esto fue un gran trabajo en equipo”, sintetiza con emoción Florencia Barba, integrante del sector de elaboración que acompañó minuciosamente cada fase del trayecto productivo.

Se trata de una construcción colectiva que involucra a numerosas familias y representa un verdadero motivo de orgullo para Tandil, proyectando su tradición a nivel nacional.
Desde quienes seleccionan la materia prima y preparan las especias, hasta los encargados del picado, el embutido y el meticuloso atado a mano, cada paso es crucial.
Posteriormente, el proceso continúa con el colgado, la maduración, el secado y el etiquetado. Cada trabajador cumple un rol fundamental para preservar la calidad única del Salame DOT.
Este nivel de excelencia respeta de manera rigurosa la receta tradicional protegida por la prestigiosa Denominación de Origen de Tandil, garantizando un sabor auténtico e inigualable.
Según relata Florencia, el apasionante recorrido hacia el éxito comenzó mucho antes de someter el producto al veredicto final del jurado de expertos en la gran feria gastronómica.
Demandó numerosas pruebas, análisis minuciosos y una perfecta coordinación entre sectores de la fábrica para garantizar que cada pieza alcanzara los estándares más exigentes del mercado.
“Sabíamos que el producto sería evaluado por especialistas rigurosos y por eso le realizamos un seguimiento especial, manteniendo siempre nuestro criterio de excelencia artesanal”, destaca Barba.
El valor de cada eslabón en un producto vivo
Por su parte, Fernando Diz, responsable del área de secado, explica que al tratarse de un producto esencialmente “vivo”, existen múltiples factores variables que pueden alterar el resultado final.
Variables climáticas y físicas como la temperatura o los niveles de humedad resultan completamente determinantes para lograr la textura, aroma y consistencia perfectas del salame.

“Junto al departamento de calidad, llevamos a cabo un seguimiento diario y exhaustivo junto a las personas que integran enérgicamente cada etapa del proceso”, concluye Fernando.
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Fuente: www.eleco.com.ar

















