A nivel minorista, en el Banco Nación se sostuvo a $1.510 para la venta.
Buenos Aires, jueves 2 julio (PR/26) — El dólar oficial retrocedió por primera vez en cinco jornadas, se mantuvo cerca de máximos anuales y amplió la brecha con el dólar contado con liquidación (CCL) al 5,5%.
En el segmento mayorista, el tipo de cambio descendió $1 (0,1%) a $1.488 para la venta. A nivel minorista, en el Banco Nación (BNA) se sostuvo a $1.510 para la venta.
De esta manera, el dólar tarjeta se ubicó a $1.963. En tanto, de acuerdo al relevo de entidades financieras que elabora el Banco Central (BCRA), el tipo de cambio oficial marcó un promedio ponderado en los $1.512,55 para la venta.
La distancia con el techo de la banda cambiaria ($1.809,35) se ubicó a 21,3%.
El monto operado en el segmento de contado fue de casi US$ 558 millones.
Junio registró la mayor suba mensual del año para el dólar oficial, de un 5,3%.
El riesgo país argentino cae a 418 puntos, impulsado por otra suba de bonos
Este escenario, reabrió el debate sobre cuál será la dinámica cambiaria durante el segundo semestre.
Por su parte, los contratos de futuros marcaron mayoría de avances por hasta 0,1% en los tramos de 2026.
El mercado estima que el tipo de cambio mayorista se ubicará a $1.508 para fines de julio y en torno a $1.651 para el cierre de diciembre.
En total, se operaron unos US$ 1.382 millones en la jornada.
Especialistas estiman que el segundo semestre podría arrancar con oferta de divisas si el tipo de cambio motiva a liquidar nuevos granos.
Entre los paralelos, el MEP opera a $1.522,16, mientras que el CCL lo hace a $1.569,95.
En tanto, el dólar blue continúa a $1.525 para la venta.
En el mercado, sin embargo, la expectativa sigue siendo la de un ajuste gradual antes que un salto discreto.
Los contratos de dólar futuro continúan reflejando esa visión: descuentan un tipo de cambio mayorista cercano a los $1.655 hacia diciembre, muy por debajo del techo de la banda cambiaria vigente.
El fortalecimiento del dólar a nivel global, impulsado por un tono más restrictivo de la Reserva Federal (Fed) de EEUU, volvió a presionar sobre las monedas emergentes, incluida la argentina.
A nivel local también influyó el reacomodamiento de la liquidez en pesos luego de las operaciones de absorción realizadas por el BCRA durante junio, lo que modificó parcialmente la dinámica del mercado cambiario.
A partir de este miércoles 1º de julio, las tarifas de los servicios públicos y las prestaciones privadas sufrirán un nuevo ajuste en sus valores.
Llega julio y se ajustan los servicios.
Buenos Aires, miércoles 1 julio (PR/26) – A partir de este miércoles 1º de julio, las tarifas de los servicios públicos y las prestaciones privadas sufrirán un nuevo ajuste en sus valores. Este incremento se correlaciona con la inflación del 2,1% registrada en mayo y sumará presión al índice de precios del próximo mes, poniéndole un límite a la desinflación.
A continuación, el detalle rubro por rubro de cuánto costará cada servicio en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el resto del país.
Tarifas de servicios públicos: Luz, gas y agua
Los entes reguladores ya convalidaron los nuevos cuadros tarifarios que impactarán en las boletas del próximo mes de la siguiente manera:
Electricidad: el ENRE autorizó una suba promedio del 1,5% sobre las facturas de Edenor y Edesur.
Gas: el ENARGAS aprobó un incremento promedio país del 2,81% para los usuarios de Metrogas y Naturgy.
Agua corriente: AySA implementará un alza general del 3% en las boletas de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense.
Nuevo cuadro tarifario del transporte público
El transporte registrará variaciones en todas sus modalidades en el AMBA, con fuertes subas en colectivos, trenes y subterráneos.
Colectivos en CABA y Provincia de Buenos Aires
Boleto mínimo en CABA: pasa a $820,60.
Tramo inicial en Provincia (PBA): sube a $1.059,28.
Subtes y Trenes
Subte (SBASE): el pasaje costará $1.621 para los usuarios que tengan la tarjeta SUBE registrada.
Trenes Argentinos: se iniciará un esquema escalonado con un ajuste del 8,6% en julio. El boleto mínimo para la primera sección quedará en $380,10.
Peajes y Verificación Técnica Vehicular (VTV)
Moverse en auto particular también será más caro a partir de julio, tanto por los accesos como por los controles obligatorios:
Peajes de CABA (AUSA): sufrirán un aumento del 4,1%. La tarifa en las autopistas 25 de Mayo y Perito Moreno pasará a costar $4.613,65 en horario normal y $6.538,29 en hora pico.
VTV (Verificación Técnica Vehicular): el costo del trámite obligatorio para automóviles particulares se fijó en torno a los $97.000, unificando valores de referencia entre Provincia y Ciudad.
Aumentos en contratos de alquiler
El impacto de las actualizaciones de las locaciones de vivienda variará según el tipo de contrato vigente:
Contratos regulados (Ley anterior): sufrirán una actualización anual del 31,54%, determinada por el Índice para Contratos de Locación (ICL) del Banco Central.
Contratos desregulados actuales: para los acuerdos que indexan por inflación, las subas trimestrales serán del 8,1% y las semestrales del 16,7%.
Prepagas, colegios privados y telecomunicaciones
Los servicios regulados del ámbito privado también confirmaron sus respectivos esquemas de ajuste para el inicio del mes:
Medicina prepaga: las empresas notificaron subas de entre el 2,1% y el 2,9% según el plan contratado.
Colegios privados: las cuotas en la Ciudad de Buenos Aires aumentarán un 5% en promedio, mientras que en la provincia de Buenos Aires el ajuste será del 3,5%.
Internet, cable y telefonía: Las prestatarias de telecomunicaciones aplicarán un ajuste promedio del 2,5%.
Esto significó un alza de 5% en junio, una variación muy superior a la inflación, que se estima por debajo de 2%.
El dólar oficial cerró junio con un alza de 5%.
Buenos Aires, martes 30 junio (PR/26)– El dólar oficial en el Banco Nación abrió este martes a $1.450 para la compra y $1.500 para la venta, con una suba de $5 con relación al último cierre.
Al sostenerse hasta el cierre de las operaciones, significará un alza de 5% en junio, una variación muy superior a la inflación esperada para el mismo período, la cual se ubicaría por debajo de 2%.
Este crecimiento dejó en rojo las operaciones de «carry trade«, en las cuales se invierten los pesos a tasas altas para luego comprar una mayor cantidad de dólares. Según estimaciones, la pérdida de esta maniobra fue de 2,5%.
Dólar.
El menor ingreso de divisas por parte del agro y las obligaciones negociables (ON), sumado a la mayor demanda, generó la escalada del dólar durante el sexto mes.
En el segmento mayorista, el resultado es similar: cerró junio en $1.481,5 y subió 5,2% en el mes. Sin embargo, la brecha con el techo cambiario continúa siendo marcada (actualmente en $1.806,92).
Los tipos de cambio financieros terminaron muy por encima de los $1.500, donde el MEP lo hizo a $1.512,05 (+5,4% en el mes) y el Contado Con Liquidación (CCL) a $1.561,52 (+5% mensual).
El dólar «blue» o informal finalizó en $1.515 y se incrementó casi el triple (5,9%) de la inflación esperada para junio.
Banco Central.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) desaceleró el ritmo de compras y adquirió US$1.371 millones. Con el último dato que se conocerá hoy, el volumen mensual quedó como el más bajo del año.
En el frente financiero, el riesgo país cae a los 426 puntos -producto de un buen desempeño de los bonos soberanos- y las acciones argentinas que cotizan en Wall Street promedian pérdidas que superan el 4%.
A pesar del orden macroeconómico que muestra el gobierno de Milei, el agro sigue atado de manos: retenciones, liquidación obligatoria de divisas y un tipo de cambio que miente. Un análisis sin eufemismos de las distorsiones que frenan al sector más competitivo del país.
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Por Ezequiel Tamborini
Buenos Aires lunes 29 junio (PR/26)–Hay una frase que suena fuerte pero que los números respaldan sin rodeos: en la Argentina todavía opera un esquema económico con rasgos soviéticos. No en todo, claro.
El ordenamiento macroeconómico de los últimos dos años es real y nadie serio lo niega. Pero cuando uno mira en detalle cómo funciona el sector agropecuario —el principal generador de divisas del país— la comparación no parece tan exagerada.
Los derechos de exportación (retenciones) son, en esencia, una confiscación parcial del capital de trabajo de las empresas del campo.
No es una metáfora: el Estado se queda con una parte de lo que el productor genera antes de que ese dinero llegue a sus manos. Y como el agro es quien provee la mayor parte de las divisas que necesita la economía para funcionar, el daño se traslada al conjunto.
El propio ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, lo reconoció más de una vez: no puede eliminar las retenciones porque las necesita para sostener la recaudación y mantener la gobernabilidad. Es una trampa clásica: el Estado se volvió tan dependiente de ese ingreso que desarmar el esquema implica un costo político que ningún gobierno quiere pagar.
El problema del que nadie habla: los dólares del campo no son del campo
Pero hay otro mecanismo igual de dañino —y mucho menos visible— que merece estar en el centro del debate. Se trata de la liquidación obligatoria de divisas: la norma que desde 2002 obliga a los exportadores a cambiar sus dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios, entregándolos al Banco Central a cambio de pesos.
Dicho de otro modo: el productor o el exportador trabaja, vende al mundo y el Estado le confisca las divisas generadas, devolviéndole pesos. Los dólares genuinos quedan en manos del BCRA. En cualquier economía normal, los dólares que genera un exportador le pertenecen a ese exportador. Pero la Argentina no es una economía normal.
¿Qué países aplican esta misma política? Pakistán, Libia, Turkmenistán, Argelia, Madagascar y República Centroafricana. La lista no requiere más comentarios.
Lo que el RIGI reconoce, y el campo todavía no tiene
Hay una paradoja que vale la pena subrayar. El Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) —la gran apuesta del gobierno para atraer inversiones en minería e hidrocarburos— permite que los proyectos comprendidos dispongan progresivamente de sus propias divisas: 20% al primer año, 40% al segundo, 100% al tercero.
Eso no es un privilegio ni un beneficio especial. Es, simplemente, lo que debería ser la norma general: que quien genera divisas pueda disponer de ellas.
El hecho de que en el RIGI parezca una concesión extraordinaria dice mucho sobre cuán distorsionado está el punto de partida del resto de la economía.
El tipo de cambio que miente y lo que el FMI no se calla
Toda esta arquitectura de controles tiene una consecuencia directa: el tipo de cambio no refleja el valor real de las divisas, sino un precio artificialmente sostenido por regulaciones.
Eso desordena los precios relativos de toda la economía, encarece artificialmente algunos sectores y abarata otros, generando las condiciones para la próxima crisis cambiaria.
Y hay más. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que el superávit primario que muestra el gobierno argentino en realidad encubre un déficit si se suman los intereses de los títulos que emite el Estado para intervenir el tipo de cambio. Un maquillaje contable que, mientras las distorsiones persistan, seguirá siendo necesario.
Lo que hay que pedir y lo que la región ya dejó atrás
El reclamo del sector agroindustrial no puede quedarse solo en el debate sobre las retenciones, que aunque justo y legítimo, se repite tanto que ya no sorprende a nadie. Hay que ampliar la agenda e incorporar la liquidación obligatoria como una aberración equivalente.
Y sumar la exigencia de libre giro de utilidades y dividendos al exterior —hoy restringido solo a los ejercicios iniciados desde enero de 2025.
Con esas medidas, el tipo de cambio podría encontrar su nivel de equilibrio real. Y la Argentina podría dejar de ser la excepción en una región que, hace décadas, abandonó estas distorsiones institucionales y construyó economías más previsibles y competitivas.
Las anomalías no desaparecen porque no se las nombre. Persisten, se acumulan y terminan explotando en la próxima crisis. Señalarlas, una y otra vez, es la única forma de que algún día —ojalá pronto— alguien las desmantele de verdad.
El cierre de mes sacudió a los mercados con una fuerte rotación en el sector de microchips para Inteligencia Artificial, nuevos roces logísticos en el Estrecho de Ormuz y el balde de agua fría de MSCI que dejó a la Argentina en el casillero Standalone.
Por Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL
Buenos Aires domingo 28 junio(PR/26)– La última semana completa de junio nos dejó un panorama financiero completamente reconfigurado a nivel global. Lo que empezó como un tibio optimismo por ciertos acercamientos diplomáticos terminó diluyéndose ante la realidad del mercado.
Por un lado, vimos una lógica y selectiva toma de ganancias en las empresas de hardware para Inteligencia Artificial, un sector que venía volando muy alto. Por el otro, reaparecieron los fantasmas logísticos en una de las arterias comerciales más vigiladas del planeta: el Estrecho de Ormuz. Mientras tanto, a nivel local, la city se vio obligada a digerir el veredicto anual de la calificadora MSCI, que trajo una dosis de cruda realidad institucional.
Wall Street bajo la lupa: Microchips volátiles y el fantasma de las tasas altas
El mercado de semiconductores experimentó una montaña rusa de emociones. Todo comenzó cuando se supo que la surcoreana SK Hynix planeaba reasignar recursos hacia la memoria convencional DRAM, lo que encendió las alarmas y provocó un sismo bursátil en el índice KOSPI de Seúl.
Aunque a mitad de semana el gigante Micron Technology (MU) trajo alivio con un balance récord y la proyección de un mercado desabastecido de chips HBM hasta 2027 —haciendo saltar su acción un 17%—, la alegría duró poco. Apple (AAPL) enfrió los ánimos al anunciar subas de hasta USD 300 en iPads y MacBooks para mitigar los costos logísticos de sus insumos. Para colmo de males, el viernes el optimismo se terminó de congelar con los rumores de que OpenAI evalúa postergar su tan esperada salida a la bolsa (IPO).
En el frente macroeconómico de Estados Unidos, las noticias tampoco dieron tregua. El Índice de Precios de Gastos de Consumo Personal (PCE), la medida de inflación favorita de la Reserva Federal, cruzó el umbral del 4% interanual por primera vez en tres años, con una lectura núcleo que se clavó en el 3,4% anual.
Este dato no hizo más que darle la razón a la postura dura (hawkish) de la Fed liderada por Kevin Warsh. Ahora el mercado se prepara para la posibilidad de hasta dos subas de tasas de interés antes de que termine el año, lo que catapultó al Índice Dólar (DXY) a sus máximos en 13 meses.
Petróleo en baja: Los drones en Ormuz no pudieron sostener los precios
El mercado internacional del crudo borró de un plumazo las ganancias de los últimos días, revirtiendo por completo la racha alcista. La tensión máxima ocurrió cuando la administración de Donald Trump confirmó que la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC) atacó con drones comerciales al buque de carga Ever Lovely, de bandera de Singapur, en las costas de Omán.
El ataque obligó a la ONU a suspender temporalmente los planes de evacuación marítima coordinados en Suiza. Si bien este incidente disparó un rebote inicial del 2% por el regreso de la prima de riesgo geopolítico, el miedo se disipó rápido: el volumen diario de tránsito se mantuvo firme en las 54 embarcaciones.
Al cierre de la semana, el balance fue lapidario: tanto el crudo Brent como el estadounidense WTI anotaron una pérdida cercana al 9%. El Brent terminó rindiéndose en la zona de los USD 72,51 el barril, mientras que el WTI perforó el piso psicológico de los setenta dólares para cotizar en USD 69,40. Detrás de esta caída también pesó la expectativa de que el Tesoro norteamericano mantendrá bajo estricto control las cuentas de garantía humanitaria para Irán.
El «efecto MSCI Standalone» frena el entusiasmo de la city porteña
En la plaza local, las acciones de empresas argentinas intentaron construir un piso técnico sobre el final de la semana para digerir las novedades. El gran protagonista fue el veredicto de MSCI, que decidió mantener a la Argentina en la categoría de mercado Standalone para 2026.
Aunque la entidad reconoció que la flexibilización de capitales implementada en abril de 2025 fue un avance, advirtió que los controles cambiarios residuales y las trabas burocráticas para repatriar utilidades acumuladas bloquean una reclasificación automática.
A pesar del golpe del veredicto, el viernes trajo un leve alivio. Tras un desplome previo del 4,4%, las acciones argentinas en Nueva York rebotaron hasta un 2,6%, lideradas por el sector energético (Central Puerto) y bancos como Banco Macro (+2%) y Grupo Financiero Galicia (+1,6%). El índice S&P Merval recuperó un 0,9% en pesos en la última jornada para situarse en las 3.122.638 unidades.
Sin embargo, cuando miramos la foto del acumulado semanal, el saldo es negativo: una caída del 5% en pesos y del 7,22% medido en dólares CCL.
Por último, el mercado de renta fija se movió al compás de los guiños de la vocera del FMI, quien destacó las mejoras financieras del país.
Los bonos en dólares (Bonares y Globales) tuvieron variaciones marginales del -0,2% en su tramo largo, haciendo que el Riesgo País subiera levemente hasta consolidarse en las 437 unidades, manteniéndose en los techos del mes.
Con este telón de fondo, todas las miradas se dirigen ahora al Palacio de Hacienda, que enfrenta un enorme desafío financiero al anunciar una licitación clave para renovar vencimientos en pesos por la friolera de $16,2 billones.