Cobramos el sueldo y, apenas entra, ya tiene destino: la luz, el gas, el agua y el transporte. Y ahí empieza la misma pregunta de siempre: ¿por qué, otra vez, no alcanza?
Buenos Aires viernes 24 julio (PR/26)–La respuesta tiene nombre y apellido en la economía: se llama ingreso disponible, esa plata que nos queda después de pagar los gastos fijos. Según el Changómetro, “Edición Bolsillo” de FADA, hoy ese ingreso es un 12% menor que en diciembre de 2022.
Una carrera que el sueldo nunca gana
Pensemos en una maratón: el sueldo sale a correr, pero la inflación lo pasa, y los servicios son, de lejos, los más veloces de la carrera.
Los números lo confirman: en los últimos 5 años los sueldos subieron 795%, la inflación general 925% y los servicios, muy por delante de todos, 1.210%.
“Cobramos el sueldo y pagamos los servicios. Una vez que terminamos con esos gastos básicos nos hacemos la misma pregunta cada mes: ¿cómo puede ser que otra vez no alcance? No es solo una sensación, tiene una explicación desde la economía”, explica Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa de FADA.
Menos margen para lo demás
El informe no solo mide si el sueldo le ganó o no a la inflación. Pone el foco en una pregunta distinta, y tan importante como esa: ¿cuánto queda realmente disponible en el bolsillo después de pagar lo que no podemos evitar?
“Si los servicios representan una porción cada vez mayor de nuestros ingresos, inevitablemente nos queda menos margen para comprar alimentos, ropa, salir, ahorrar o simplemente llegar con tranquilidad a fin de mes”, detalla Fiorella Savarino, economista de FADA.
En la misma línea, Antonella Semadeni, economista de FADA, resume el fenómeno con una frase simple: “una parte cada vez más grande de nuestro ingreso se nos va en cubrir costos fijos y nos queda cada vez menos en el bolsillo para el resto de las compras”.
¿Por qué pasó esto?
La explicación tiene un origen concreto. Desde fines de 2023 comenzó un proceso de actualización de tarifas de los servicios públicos, que venían con años de atraso.
Esa corrección era necesaria, pero los salarios no lograron acompañarla. “Es necesario que la actividad económica se recupere para que los trabajadores logren mejoras en los sueldos que les permitan afrontar los costos fijos de una mejor manera”, advierten desde FADA.
Desde la fundación aclaran que se trata de un promedio nacional y que la realidad cambia según la región y la familia: en los hogares donde los servicios pesan más en el presupuesto, el golpe al bolsillo también es más profundo.
Más que números, decisiones de todos los días
La inflación no solo mueve los precios: también cambia lo que decidimos hacer cada día. Antes de salir a comprar, comer afuera o darnos un gusto, hay una parte cada vez más grande del sueldo que ya tiene destino.
Y cuando eso pasa, el bolsillo se achica, aunque el sueldo, en los papeles, haya aumentado. “La sensación de que el sueldo no alcanza tiene mucho que ver con esto”, concluyen desde FADA.
La agencia oficializó los valores que regirán desde agosto con aumentos del 16,8%. Enterate del plazo límite y cómo hacer el trámite paso a paso.
Buenos Aires, jueves 23 julio (PR/26) — Atención si sos pequeño contribuyente: la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) ya puso en marcha la actualización del régimen simplificado y habilitó el trámite para ajustar tu categoría. Tenés tiempo hasta el 5 de agosto para hacer el trámite sin penalidades.
Las escalas del monotributo llegan con un incremento del 16,8% tanto en los topes de facturación como en las cuotas mensuales de todas las categorías. Este reajuste se determinó en sintonía con la inflación acumulada en el primer semestre informada por el INDEC.
Los nuevos montos comenzarán a cobrar impacto a partir del vencimiento del 20 de agosto, fecha en la que deberás abonar la cuota mensual con los importes actualizados del régimen.
¿Qué tenés que evaluar para saber si te corresponde cambiar de categoría?
Para verificar si tenés que modificar tu categoría, tenés que mirar los ingresos brutos, alquileres devengados, superficie afectada y energía eléctrica consumida en los últimos 12 meses.
No será necesario que hagas ningún trámite si mantuviste los mismos parámetros que el semestre previo o si todavía no cumpliste seis meses calendario desde que iniciaste tus actividades.
Para agilizar la gestión, el organismo mantiene activa la recategorización simplificada, una modalidad que te muestra de forma automática la facturación anual registrada si emitís comprobantes electrónicos y tenés un año de antigüedad.
Guía paso a paso para completar el trámite
El procedimiento se realiza de manera 100% digital a través de la web oficial. Lo primero que tenés que hacer es ingresar al portal de ARCA con tu CUIT y clave fiscal y seleccionar el servicio Monotributo.
Dentro de la plataforma, elegí la opción Recategorizarme, revisá detalladamente los datos que figuran en pantalla y presioná sobre el botón Continuar recategorización para actualizar la información.
Una vez confirmados los valores, el sistema generará los comprobantes definitivos. Asegurate de descargar el formulario F.184 y la nueva credencial de pago con tu categoría actualizada.
Cuáles son los nuevos topes anuales de facturación
La categoría A contempla ingresos de hasta $12.009.410,45; la B asciende a $17.595.182,74; la C alcanza los $24.670.494,31; y la D se fija en $30.628.651,43.
En el segmento medio, la E sube a $36.028.231,33; la F llega a $45.151.659,41; la G a $53.995.798,87; y la H a $81.924.660,37.
Por último, las escalas más altas quedan en $91.699.761,90 para la categoría I; $105.012.519,20 para la J; y un límite máximo de $126.610.838,75 para la K.
Montos finales de la cuota mensual desde agosto
En la categoría A la cuota será de $49.527,18 (servicios y bienes), mientras que en la B pasará a ser de $56.379,08 para ambas actividades.
Para la C abonarás $66.020,12 en servicios y $64.530,58 en bienes; en la D, $84.612,93 (servicios) y $82.564,81 (bienes); y en la E, $119.811,45 (servicios) y $108.267,51 (bienes).
En la F la cuota será de $150.784,21 (servicios) y $129.930,65 (bienes); en la G, $230.312,94 (servicios) y $158.815,05 (bienes); y en la H, $522.706,68 (servicios) y $317.895,01 (bienes).
Finalmente, la I pagará $963.747,86 (servicios) y $474.992,78 (bienes); la J, $1167.299,76 (servicios) y $580.793,69 (bienes); y la K, $1.614.446,04 (servicios) y $702.103,24 (bienes).
Riesgos de no realizar la recategorización a tiempo
Si tus números superan la escala actual y no hacés el cambio, el organismo podrá efectuar una recategorización de oficio al cruzar datos de compras, consumos o ingresos bancarios.
Cualquier decisión tomada por el ente regulador te será informada en tu domicilio fiscal electrónico, por lo que se recomienda revisar las notificaciones periódicamente.
Si no estás de acuerdo con el reajuste automático, podés presentar una apelación formal desde el servicio de Presentaciones Digitales dentro de los plazos legales previstos.
Los precios de la carne subieron por encima de la inflación en el último año.
El consumo de carne vacuna bajó en el primer semestre del año.
Buenos Aires, martes 21 julio (NA) — El consumo de carne vacuna cayó más de 11% en el primer semestre del año a la par de una aceleración en los precios de los cortes, de acuerdo a lo informado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
El reporte reflejó que el consumo aparente de carne vacuna durante el primer semestre del año se situó en 1,02 millones de toneladas, lo que representa una caída del 11,5% anual en comparación con el mismo período de 2025. En términos absolutos, el mercado doméstico absorbió unas 131.830 toneladas menos que el año anterior.
Esta retracción se refleja con claridad en el consumo por habitante. El promedio móvil de los últimos doce meses indica que el consumo per cápita anual se ubicó en 47 kilos, resultando un 8,2% menor al promedio registrado en junio del año pasado, lo que equivale a una pérdida de 4,2 kg por habitante al año.
La caída del consumo está ligada a la dinámica de los precios minoristas. Aunque el ritmo de crecimiento del nivel general de precios al consumidor se desaceleró en junio (1,9% mensual), el rubro de carnes y derivados acumuló un alza del 45,0% anual, superando el incremento del IPC general, que fue del 33,4%.
Los argentinos consumen 4,2 kg por habitante menos que el año pasado.
Al analizar específicamente los cortes vacunos, el aumento de precios fue mayor ya que escaló al 53,6% anual en junio. En contraste, el precio del pollo avanzó a un ritmo inferior, con un alza del 29,9% anual. En los últimos doce meses, el kilo de carne vacuna se encareció un 18,3% en relación con el kilo de pollo.
Sin embargo, el informe destaca que en el último trimestre se ha observado una fase de estabilización de precios. En junio, el precio promedio de los cortes vacunos registró una leve baja del 0,1% mensual.
Dentro de esta tendencia, se destacaron las caídas en el precio del asado (-1,8%), la nalga (-0,9%) y el cuadril (-0,5%), mientras que la carne picada común subió un 2,1% y la paleta un 0,6%.
La debilidad de la demanda local ha alterado la distribución de la producción nacional. En el primer semestre de 2026, el mercado interno absorbió el 71,4% de la carne producida, una cifra menor al 75,6% que representaba en el mismo periodo de 2025.
Las exportaciones de carne crecieron 10,2% interanual en el primer semestre del año.
Mientras el consumo doméstico retrocede, las exportaciones muestran una dinámica opuesta, con un crecimiento del 10,2% interanual en el volumen enviado al exterior durante la primera mitad del año.
Esta tracción externa, liderada por la ampliación de la cuota con Estados Unidos, compensa parcialmente la baja actividad de la industria frigorífica, que en junio operó con niveles históricamente bajos debido a la menor oferta de hacienda.
Con la llegada del nuevo Jefe de Gabinete se abre una etapa distinta del programa económico. Ya no alcanza con ordenar las cuentas: ahora la clave pasa por sumar a los gobernadores a una agenda de reformas que el Gobierno no puede resolver solo.
Por Osvaldo Giordano
Buenos Aires sábado 18 julio (PR/26)–Los cambios de gabinete suelen ser simples movimientos de piezas, sin demasiado peso en el rumbo de un gobierno. Esta vez podría ser distinto. Con el nuevo Jefe de Gabinete, se abre una chance concreta: involucrar mucho más de cerca a los gobiernos provinciales en las reformas que todavía faltan.
Una primera etapa que ya dio resultados
Al arrancar la gestión de Milei, la prioridad fue evitar que la economía terminara en una nueva crisis y recuperar algo de previsibilidad. Y en ese frente, los números acompañan.
El equilibrio fiscal marca un cambio de régimen. La inflación sigue bajando, el riesgo país mantiene una tendencia favorable y las reservas internacionales crecen.
A eso se suma un sector externo que funciona bien y una desregulación que, aunque incompleta, sigue avanzando paso a paso.
El empleo, la asignatura pendiente
Con la inflación cediendo, el problema que queda expuesto es otro: el funcionamiento del mercado de trabajo. El empleo de calidad lleva más de una década estancado.
A esto se suma la caída del empleo privado formal, que golpea incluso a sectores dinámicos como la producción de hidrocarburos, en medio de una reconversión productiva muy despareja entre rubros.
El punto es que sin una mejora visible en el trabajo, va a ser difícil sostener el respaldo social que necesita el programa de reformas. La estabilidad es valorada, pero no alcanza sola.
Por qué las provincias son la clave ahora
Sobre el diagnóstico hay bastante consenso. La discusión real ya no pasa por qué hacer, sino por cuándo y cómo construir las condiciones políticas para hacerlo.
Y ahí aparece un punto clave: buena parte de las reformas importantes necesitan coordinación entre Nación y provincias. En algunos casos ayuda; en otros, es directamente imprescindible.
Impuestos: la clave no es bajar, es cambiar
El caso más claro es la reforma tributaria. Los impuestos distorsivos son, para muchas empresas, uno de los principales obstáculos para sostener empleo o abrir nuevos proyectos.
Hoy la idea dominante es que bajar impuestos depende del ritmo del ajuste del gasto. Es prudente para cuidar el equilibrio fiscal, pero muy lento: las empresas tendrían que esperar más de una década para sacarse de encima ese lastre.
El problema mayor es Ingresos Brutos, pero ningún gobernador puede resignar esa fuente de recaudación de un día para el otro. Plantear su eliminación lisa y llana es, en los hechos, poco realista.
Convocar a los gobernadores con esa propuesta no seduce a nadie, y el riesgo de acordar algo que después no se cumpla es alto. El Consenso Fiscal de 2017 fracasó más por eso que por falta de voluntad política.
Hay una alternativa más atractiva: no discutir si bajar o no bajar impuestos, sino cómo reemplazar malos impuestos por mejores impuestos, cuidando el equilibrio fiscal.
En el caso puntual del impuesto a las ventas, se trataría de rediseñar el IVA junto a los gobernadores para compensar lo que se deje de recaudar por Ingresos Brutos. La experiencia de Brasil muestra que es un camino complejo, pero con más chances de éxito que repetir el fracaso de 2017.
Gasto público, jubilaciones y la nueva ley laboral
Algo parecido pasa con el gasto público: buena parte de la ineficiencia viene del solapamiento de funciones entre Nación, provincias y municipios, que genera burocracia y diluye responsabilidades.
Ordenar entre todos los niveles de gobierno quién hace qué permitiría bajar gastos innecesarios y, de paso, mejorar el control ciudadano y la calidad de los servicios.
La reforma previsional también gana viabilidad con el aval de las provincias, ya que el gasto en jubilaciones es el componente más pesado del presupuesto tanto nacional como provincial.
Y hasta la recién aprobada ley de modernización laboral necesita a las provincias para cumplir uno de sus objetivos centrales: bajar la litigiosidad. Casi la mitad de los juicios laborales nacen de reclamos por accidentes y enfermedades profesionales, algo que depende de la calidad de las pericias médicas, una responsabilidad exclusivamente provincial.
Que las provincias entren a jugar
La conclusión es siempre la misma: esta segunda etapa del programa económico va a depender mucho menos de decisiones unilaterales y mucho más de la capacidad del Gobierno para construir consensos federales.
Vista así, la llegada del nuevo Jefe de Gabinete no solo destraba una gestión que venía empantanada por los cuestionamientos a su antecesor. Llega justo cuando el programa económico más necesita del diálogo con las provincias.
La numerosa presencia de gobernadores en la asunción fue una señal política fuerte: más allá de las diferencias partidarias, dejó abierta la puerta a un diálogo clave para destrabar las reformas pendientes.
A mitad de camino, el desafío cambió de naturaleza. Ya se logró estabilizar la economía y despejar riesgos que parecían inminentes.
Sumarle a la estabilidad un crecimiento sostenido y la creación masiva de empleo de calidad no va a pasar solo. Para eso, faltan reformas que solo se pueden completar con el acuerdo de las provincias.
El PIB avanza a paso firme, sostenido por la productividad y las exportaciones, mientras el Gobierno busca recuperar iniciativa política antes de que arranque la carrera electoral. La clave del segundo semestre: que el consumo, el crédito y la inversión se sumen al envión.
Por Jorge Vasconcelos
Buenos Aires, viernes 10 julio (PR/26) — La economía argentina creció cerca de un 3,0% anualizado en el primer trimestre de 2026 respecto al último tramo de 2025. Lo llamativo es que lo hizo pese a que la tasa de inversión lleva cuatro trimestres consecutivos en baja.
El envión vino del lado de la oferta: mejoras de productividad y un saldo positivo entre exportaciones e importaciones. Son factores genuinos, pero todavía falta que se sumen con más fuerza el consumo y la inversión.
Para el segundo trimestre, la proyección es algo más moderada: un crecimiento en torno al 2,0% anualizado. Los indicadores de consumo básico y la recaudación ligada al mercado interno parecen haber tocado piso y empiezan a repuntar.
La gran incógnita para la segunda mitad del año es cuánto se puede acelerar esa recuperación, porque el crédito sigue trabado por la elevada morosidad. La buena noticia es que la baja de la inflación ayuda a recomponer el poder adquisitivo de los salarios, y cuatro meses seguidos de tasas de interés de corto plazo de entre el 20% y el 25% anual podrían aflojar un poco esa traba.
Reservas en alza y cuentas externas más ordenadas
En el frente externo el panorama es alentador. La cuenta corriente del balance de pagos acumuló un superávit de 2.000 millones de dólares en los primeros cinco meses del año, con posibilidades de cerrar el año calendario en un nivel cercano a neutro.
A eso se suma una mejora de 7.100 millones de dólares en las reservas brutas del Banco Central en lo que va de 2026. Las reservas netas ya llegan a 10.400 millones de dólares si se incluyen los compromisos de corto plazo, entre ellos los BOPREAL.
También hubo avances en el programa financiero: prácticamente se completó la refinanciación de los vencimientos de 2026 y se achicó la brecha de necesidades de financiamiento para 2027.
La demanda de dólares de las personas físicas sigue siendo un frente para monitorear de cerca. Entre enero y mayo, por cada 100 dólares de superávit comercial de bienes, 84 dólares se destinaron a la llamada «formación de activos externos» del sector privado. Aun así, ese fenómeno no impidió que las reservas siguieran recuperándose.
El desafío político detrás de los números
Como la marcha de la economía todavía es «materia opinable» en cuanto a resultados inmediatos, para el Gobierno se vuelve clave recuperar la iniciativa política, sobre todo tras las idas y vueltas por la demorada salida del Jefe de Gabinete.
Después de varios meses de deterioro, los índices de confianza en el gobierno que mide la Universidad Di Tella mostraron señales de un posible rebote en las últimas mediciones. Pero consolidar esa gobernabilidad exige más logros en el Congreso y avanzar con la implementación de las reformas ya vigentes.
Ese camino depende, en buena medida, de que el Ejecutivo logre sumar suficientes gobernadores aliados para inclinar la balanza tanto en el Senado como en Diputados. Así podría evitar que la oposición más dura logre imponer, en este segundo semestre, un funcionamiento «en modo electoral» de la economía.
En paralelo, resulta clave despejar las dudas sobre el financiamiento de los vencimientos de deuda externa de 2027 y afinar las herramientas para suavizar la volatilidad cambiaria, sin caer en la tentación de «pelear contra la corriente» de los factores que determinan el tipo de cambio.
Todavía no alcanza con el piloto automático
Las mejoras de productividad y el buen momento exportador explican buena parte del crecimiento moderado del PIB, de entre 2,5% y 3,0% anual en la medición desestacionalizada, un resultado que se apoya en las reformas iniciadas a fines de 2023.
Pero para dar el siguiente paso hace falta más combustible: que la inversión, el empleo y el consumo se recuperen con más fuerza y así consoliden, en lo económico y en lo político, los avances que ya empiezan a notarse. El contexto mundial, pese a sus turbulencias, ofrece más oportunidades que amenazas, aunque aprovecharlas exige una reconversión permanente de los sectores productivos.
Conviene tomar como referencia abril de 2024 -el piso del nivel de actividad tras el fuerte ajuste inicial- y no 2023, todavía marcado por los cepos cambiarios y comerciales, para evaluar realmente qué sectores logran crecer bajo las nuevas reglas de juego.
Desde ese piso, la mayoría de los sectores muestra números positivos. Pero hay una diferencia clara entre los que sostienen el crecimiento y los que, tras el rebote inicial, empezaron a perder parte de lo recuperado: industria, comercio y construcción.
Industria: una foto más matizada de lo que parece
Etiquetar a estos sectores como los «perdedores» del nuevo modelo sería simplificar demasiado. En muchos casos, la falta de dinamismo no tiene que ver con la competencia de productos importados, sino con problemas bien locales: falta de crédito de largo plazo, una reforma laboral que recién arranca y una presión tributaria todavía muy alta, sobre todo por impuestos distorsivos como Ingresos Brutos y las tasas municipales.
Dentro de la industria, actividades que representan un 56% del PIB sectorial muestran una notable capacidad de adaptación. La producción de Alimentos subió un 5,6% entre abril de 2024 y el mismo mes de 2026; Madera, Papel y Refinación de petróleo crecieron entre 9,4% y 9,6%; Productos Químicos avanzó 17,0% y Minerales no metálicos, nada menos que 20,4%.
Del otro lado están los sectores con más dificultades -que representan un 30,0% del valor agregado industrial-, como Maquinaria y Equipo, Industrias Metálicas básicas, Prendas de Vestir, Textiles y Automotores, con caídas de entre el 5,0% y el 10% frente a abril de 2024. Aun así, dentro de cada rubro hay empresas que lograron diferenciarse y crecer, lo que muestra que hay semillas de reconversión, aunque no alcancen para salvar a todas las firmas.
Comercio y construcción: el consumo empieza a asomar
Fuera de la industria, comercio y construcción son los otros sectores que retrocedieron en los últimos doce meses, después de haber rebotado desde el piso de actividad de mediados de 2024.
En el comercio, el problema pasa por el volumen de la demanda. Según datos de consumo masivo de Scentia, el piso se tocó en noviembre de 2025 y desde entonces la recuperación es gradual pero sostenida: en mayo de este año, el nivel ya está un 4,9% por encima de esa referencia, aunque interanualmente el consumo masivo todavía cae 1,6%.
Por debajo de la superficie, sin embargo, hay señales claras de cambio estructural: el comercio electrónico crece un 29,9% interanual, y el precio promedio de los productos de consumo masivo sube 11,8 puntos porcentuales menos que la inflación del INDEC (21,4% contra 33,2%). Esa diferencia refleja tanto el peso de los servicios en el índice oficial como la constante búsqueda de los consumidores por la mejor relación calidad-precio, un verdadero mecanismo de «defensa del bolsillo».
El mercado automotriz es otro ejemplo de la velocidad del cambio: hace dos años, el 70% de los vehículos patentados era de origen nacional y el 30% importado; hoy esa proporción se invirtió por completo. Mientras tanto, las plantas orientadas a la exportación, como las de pickups, siguen funcionando a capacidad plena.
Construcción: el piso más bajo en dos décadas
En construcción, el freno responde a varios factores. Los datos del primer trimestre de 2026 muestran a la inversión en el sector en su piso de los últimos 20 años, apenas el 6,9% del PIB.
La falta de obra pública y de crédito hipotecario para las familias pesan, pero no son la única causa: también hay un problema de competitividad, por falta de escala y de modernización de los procesos productivos, que se refleja en precios relativamente más caros que el promedio de la economía.
De todos modos, en la medición desestacionalizada, la construcción parece haber tocado piso a principios de este año, en sintonía con el consumo masivo. Son mejoras que, muy gradualmente, podrían empezar a notarse en el segundo semestre, aunque no hay que esperar milagros.
El límite invisible: la productividad de 2007
La restricción de fondo es la productividad: viene recuperándose desde 2024, pero todavía está en niveles similares a los de 2007, casi veinte años atrás.
Un indicador simple -el PIB sobre el empleo total- mejoró a un ritmo del 3,4% anual entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026, pero aun así se ubica un 8,5% por debajo del nivel de 2012, el momento en que se instalaron los cepos estrictos al cambio y al comercio.
Es, quizás, el dato más contundente sobre el fracaso de la vieja receta de hacer crecer la economía a fuerza de expandir el gasto público sin financiamiento genuino: ese esquema termina desequilibrando la macroeconomía y alimentando el clásico ciclo de «stop and go».
El gasto nacional ya se ajustó, ¿y las provincias?
Medido en dólares, el gasto público nacional muestra un cambio de escala relevante frente a episodios previos. En enero de 2016 las erogaciones eran de 213.200 millones de dólares; para octubre de 2017 habían bajado a 198.200 millones, un ajuste que resultó insuficiente frente a un déficit de cuenta corriente cercano al 5% del PIB.
Tras la crisis de 2018, tuvo que llegar una fuerte devaluación para que el gasto en dólares alcanzara un nivel de equilibrio hacia 2019, con el costo político ya conocido. Hoy, en cambio, el gasto primario nacional se ubica en 101.800 millones de dólares en los últimos doce meses, 48,6% por debajo del pico de 2017, mientras la cuenta corriente tiende a ser neutra frente al déficit de 5 puntos del PIB de aquel entonces.
Esa relación entre el gasto público en dólares y el equilibrio externo es clave para pensar la consistencia de la política macroeconómica hacia 2026/27, con menos margen para sorpresas negativas que en 2018/19.
El interrogante pasa ahora por provincias y municipios. Su gasto consolidado bajó de 19,5% a 17,5% del PIB entre 2023 y 2024, pero el ajuste fue menor y de corta vida: en 2025 ya había vuelto al 19,9% del PIB, por encima del nivel de 2023.
Impuestos distorsivos, el freno silencioso a la productividad
El financiamiento de provincias y municipios depende en buena parte de impuestos muy distorsivos, como Ingresos Brutos, Sellos y las tasas municipales. Esa carga recae sobre los sectores formales de la economía y erosiona su capacidad de competir con la informalidad.
Se forma así un círculo vicioso que golpea especialmente a sectores intensivos en empleo, como los servicios, el comercio, el transporte y varias industrias. La nueva reforma laboral ayuda a facilitar la formalización, pero mientras estos impuestos sigan castigando a quien declara sus ventas, el incentivo para «blanquear» seguirá siendo débil.
El dato final resume el desafío: el gasto consolidado de provincias y municipios hoy supera en 4,2 puntos del PIB al de 2007, justo cuando la productividad laboral volvió a niveles de aquel año. Países como India, que reemplazaron una maraña de tributos distorsivos por un «Súper-IVA» en un proceso que se completó en 2017, lograron a la vez más formalidad, menores costos y mayor inversión. Esa experiencia ya empieza a replicarse en Brasil, y la Argentina podría tomar nota.