Entre discursos cruzados y negociaciones de cúpulas, la reforma laboral vuelve al centro del debate con promesas de modernización que, según miradas críticas, podrían traducirse en mayor precariedad, menos protección social y un cambio profundo en el rol del Estado frente al trabajo.
Por Sergio Marcelo Mammarelli – Especial para Primicias Rurales
Introducción: Una farsa en horario central
Buenos Aires, viernes 30 enero (PR/26) — Como en todo buen culebrón argentino, la reforma laboral tiene buenos, malos, traidores… y espectadores que no entienden el guión.
El Congreso se prepara para debatir una supuesta modernización del sistema laboral, mientras la opinión pública se divide en bandos futboleros: los que «están con el gobierno» y los que «no lo quieren», sin detenerse un segundo a revisar qué se está discutiendo en realidad. Empresarios, sindicalistas, gobernadores, bloques parlamentarios negocian como en una timba. Y los trabajadores, los reales, los de a pie, ni siquiera fueron invitados al circo.
La reforma laboral que se impulsa no tiene como objetivo central mejorar las condiciones del trabajo ni resolver el flagelo de la informalidad. Como advirtió la OIT en su «Panorama Laboral 2023», las reformas que buscan aumentar la «flexibilidad» sin una red de protección social tienden a generar más precariedad, no más empleo digno.
Pero aquí vamos otra vez: una discusión entre cúpulas que venderán sus pactos como un avance histórico.
La obsesión empresaria: despedir barato y pagar menos
El «costo laboral» es el cuco de siempre. El empresariado nacional no quiere pagar menos porque no pueda, sino porque no quiere cargar con responsabilidades colectivas. Su prioridad, expresada sin pudor, es doble: despedir sin consecuencias judiciales y pagar lo menos posible en cargas sociales. Como dice el jurista italiano Luigi Ferrajoli, «una democracia sin garantías laborales es una democracia de baja intensidad». En nombre de la eficiencia, se pide impunidad.
El modelo que se plantea para reemplazar la indemnización por despido -como el fondo de cese laboral tipo UOCRA- pretende transformar al trabajador en una póliza. La relación laboral deja de ser un vínculo jurídico para convertirse en un contrato de riesgo: si te despido, ya está cubierto. Pero como bien indicó el laboralista argentino Julio Neffa, «la función social del trabajo no puede ser reemplazada por lógicas actuariales.»
El “costo laboral” que no es laboral
El gran malentendido deliberado: lo que se llama «costo laboral» incluye aportes que no son estrictamente laborales. Se trata de contribuciones a la Seguridad Social: jubilaciones, salud, asignaciones familiares. Reducir estos «costos» implica asfixiar los pilares del Estado de Bienestar. Lo explicaba él mismo Perón, con brutal claridad: «Donde se debilita la Justicia Social, se fortalece el privilegio».
La pregunta clave: si esos aportes desaparecen, ¿quién paga la salud, la vejez, la infancia vulnerable? ¿Lo hará el Estado con impuestos generales? ¿O se pretende que cada individuo se financie su jubilación y su cobertura sanitaria? Es el modelo libertario de la selva: cada quien sobrevive con su bolsillo. Guy Standing, en «El precariado», lo denunció como el «capitalismo de la inseguridad estructural».
La mentira fundacional: que esto formaliza a los informales
«La reforma permitirá formalizar millones de trabajadores». Falso. El trabajo informal no se formaliza por decreto ni por quitar derechos. Se necesita crecimiento, fiscalización, y políticas activas. Brasil, con la reforma de Temer, prometió lo mismo en 2017. Cinco años después, según el IBGE, más del 40% del empleo sigue siendo informal y aumentaron los subocupados.
La informalidad en Argentina es estructural. Incluye desde cartoneros hasta freelancers con título universitario. No es un problema legal, es económico. Como recuerda Saskia Sassen, «el trabajo expulsado del sistema no desaparece; se reinventa en las orillas de la legalidad». Esta reforma no ataca ese problema: apenas legaliza la precariedad.
Sindicatos: guardianes de sus propios privilegios
¿Y los sindicatos? Bien, gracias. Las centrales obreras se oponen a algunos aspectos de la reforma, pero defienden con fervor sus cajas: obras sociales, aportes obligatorios, retenciones automáticas. No representan al trabajador informal ni al desocupado. En muchos casos, ni siquiera al registrado. Como denunció Rubén Giustiniani hace más de una década, «el modelo sindical argentino está hecho para administrar poder, no para ampliarlo».
La reforma no los inquieta por su contenido, sino por su impacto en sus finanzas. El conflicto real no es ideológico, es presupuestario. Se pelean por quién administra el botín. El trabajador, como siempre, afuera del despacho.
El Estado: el mayor de los farsantes
El Estado sabe todo esto. Sabe que la reforma no resolverá la informalidad, ni aumentará el empleo, ni mejorará la productividad. Pero necesita mostrar eficiencia ante los organismos multilaterales. Es el precio del aplauso del FMI, del Banco Mundial, de la OCDE. Cambiar algo para que todo siga igual, como en «El Gatopardo».
Como advertía Hannah Arendt, «cuando todos mienten al mismo tiempo, la consecuencia no es que se acepten las mentiras como verdad, sino que nadie cree ya en nada». Esa es la verdadera crisis: no laboral, sino de sentido. La política se ha convertido en una gestión de ficciones.
Todos mienten (y vos también)
Todos mienten. Los empresarios, los sindicatos, el gobierno, los opositores. Pero también mentís vos, que creés que esto no te toca. Que total sos monotributista, o independiente, o estás en blanco y esto es un tema de otros. Mentís cuando repetís sin pensar lo que dicen los que tienen micrófono. Mentís cuando decís que no importa.
Esta reforma no es técnica. Es ideológica. Define qué tipo de sociedad queremos: una donde el trabajo sea un derecho o una molestia. Una donde el Estado proteja o se borre. Una donde el mercado tenga límites o se vuelva soberano.
Y si después de leer esto seguís creyendo que es una buena idea… bueno, entonces tené cuidado. Porque la próxima reforma podría ser sobre vos.
Y no digas que no sabías. Estaba en el diario. O al menos, en este editorial.
Por Sergio Marcelo Mammarelli – Especial para Primicias Rurales
Primicias Rurales
Por Sergio Marcelo Mammarelli – Especial para Primicias Rurales
Buenos Aires, lunes 1 diciembre (PR/25) — Ni el aprendizaje sobre miserabilidades del pasado amaina la batalla entre Santiago Caputo y Karina Milei, la pugna intestina por un poder superior en el triángulo de hierro.
Raro enfrentamiento entre la hermana sanguínea y el “hermano del alma”, si uno se ata a la jerga de Mauricio Macri sobre un amigo preferido para Javier Milei.
Ni el último triunfo electoral desanimó a los dos en la interna; por el contrario, se incrementó la movilización de bandas, como si fueran el Cartel de Aragua o Los Pulpos, cada uno en busca de supremacía. Como si pudieran aplastarse.
Triángulo férreo o no tanto. Santiago sigue disputando el poder con Karina. | cedoc
No aprendieron de lo que ocurrió en un peronismo deshilachado, con influyentes efímeros repartidos en presidios o aislados en la indiferencia. Cierta necedad suele aparecer en la mayoría de los gobiernos y el Presidente parece ajeno a esa interna fraternal; los abraza a ambos con afectuoso cariño, les permite tejer una ambiciosa enredadera en la Casa Rosada mientras él se abstiene, en silencio, desde Olivos. Por ahora. Un actor es hermano de ambos.
Caputo teme una ofensiva de la hermana de Milei: vive en una ciénaga.
Caputo junior quedó peor posicionado que Karina luego del último comicio: fracasaron sus predicciones de consultor, alertas incluidas en el consejo “no vayas a esa provincia, Javier, allí vamos a perder”. Aludía a una presunta desorganización en el armado partidario, al amateurismo de la hermana presidencial.
También, por supuesto, como una multitud de encuestadores, imaginaba que a Milei no lo iba a acompañar una mayoría silenciosa en todo el país. Al revés de la hermana. Pero el oficialismo ganó, la dama se afirmó en el pináculo y ahora el oráculo monotributista debe pagar las cuentas.
Al menos, ya lo bajaron de esas aspiraciones infantiles por convertirse no solo en primer ministro como jefe de Gabinete, extender su dominio físico en otras áreas, subrogar al “Jefe” Javier prescindiendo de Karina, a quien Milei llama “el Jefe”.
Para colmo, también se resintió esa relación con la administración Trump que él parecía manejar por separado de la Cancillería, más exactamente del exministro Gerardo Werthein, al que forzó a renunciar por presuntos intereses contrapuestos al Gobierno (laboratorios).
Sería bueno que el renunciado en su cumpleaños 70, esta semana, se expresara al respecto: plata y medios comunicacionales no le faltan.
Caputo el joven quedó peor posicionado después del último comicio
Por un momentáneo reparto de queso, la visceral porfía Karina-Santiago ni se detuvo a observar un reciente episodio que podría servirle de antecedente para evitar la insistencia en errores: Alberto Fernández visitó a Julio De Vido en la prisión de Ezeiza.
“¿Qué querés?”, le preguntó el exministro de los pajaritos cuando lo recibió –a quien siempre lo hostigara durante el gobierno de Néstor y, luego, en combinación con Cristina, intentara excluirlo del gobierno por corrupto, en combinación con algún medio importante– a pesar de que había sido un factor decisivo para el triunfo de la luego viuda por visitar semanalmente intendentes, comer asados y concederles fondos para obras en cuotas.
Cuando se enteró Néstor del propósito, le prohibió a Alberto esa aventura y a su mujer le pegó una reprimenda, si un soplamocos puede considerarse una reprimenda. Un estilo diplomático ejemplar, según los machistas.
Siguió igual esa interna, nunca cesó: Alberto ni cuestionó la expulsión de diputados de De Vido, menos lo visitó después en la cárcel, aunque sí voló para abrazarse con Lula en la celda. Oportuno el hombre. Ella, con la excusa de “no pongo las manos en el fuego por nadie”, ni se movió de su trono. Es su costumbre.
Ahora, después de un duelo embarazoso en su departamento de Puerto Madero, casi sin salir a la calle ohaciéndolo en secreto durante más de dos años, Fernández habla y descubre que debe solidarizarse con De Vido, con su excompañero de
Gabinete. Y concurrir a saludarlo en el penal de Ezeiza. Los mil rostros de Jano, si hubiera mil. Tarde se dio cuenta de su fatiga interna pasada o, tal vez, opera con indudable conveniencia personal por otro motivo.
Vaya uno a saber, siempre da sorpresas. Aunque curiosamente esa conducta le sirva a Karina y Santiago para advertir la inutilidad de las peleas dentro del Gobierno, para perder lo que más no quería perder Napoleón: el tiempo.
Quisiste ser Premier por Francos y pusieron a Adorni. Quisiste ser el gran ministro del Interior y fue Santilli. La confrontación de fondo es con el Panelista que siempre se encuentra detrás de las decisiones.
Foto: Javier Milei, Karina Milei y Santiago Caputo | CEDOC
Buenos Aires, miércoles 26 noviembre (PR/25) — Sin esforzarse en exceso, con una mano atada a la espalda, Santiago Caputo, El Neo Giacomini, asesor sin firma autorizada, le produjo al presidente Javier Milei, el Panelista de Intratables, dos renuncias al hilo que ni siquiera lograron que tiemble el tembladeral del Gobierno de Consultores.
El Canciller Gerardo Werthein, Jerry, y el Premier Guillermo Francos, Amanecer, renunciaron -como corresponde a los caballeros- indeclinablemente.
Al Jerry lo cargó la toxicidad de Santiago con los tuiteros iluminados de las Fuerzas del Cielo.
Una manga de desfachatados disruptivos que se sienten políticamente postergados por imposición de la señora Karina, La Pastelera Prodigiosa, y por las sobras de la trenza ancestral de Los Menem.
Significa confirmar que efectivamente son postergados. Pero por Javier, aunque oficialmente todavía nadie lo constata.
Pero aquí se sumó también el «puenteo» groseramente explícito de Barry Bennet, Benny Hill, que suele presentarse como “asesor estratégico” de Trump, aunque según el embajador Peter Lamelas, representante institucional, “Bennet no es serio”.
Era tarde para deslegitimar a Bennet. El «asesor» ya había mantenido, por intermediación de Santiago, diálogos estrictamente confidenciales con distintos dadores voluntarios de gobernabilidad.
Para ser exactos, Benny Hill se comunicó con cuatro gobernadores indiscretos, y con tres jefes de bancadas legislativas más indiscretos aún, que enarbolan la astucia del hambre y son profesionales de la desconfianza. O del cinismo.
Por supuesto que Jerry Werthein se sintió puenteado y no podía soportar que semejantes aventureros no lo respetaran. Entonces, como mensaje de revancha, envío simplemente la renuncia, inmediatamente aprovechada por el Toto Caputo, Virgencita, tío de Santiago, para ubicar a su amigo Pablo Quirno, boceto del Mingo Cavallo pero facturado por Karina.
Paralelamente el Premier Francos sospechaba que Santiago armaba el alboroto tan humeante porque pretendía sucederlo con expreso aval del Panelista.
Entonces Amanecer envió el tuit del final y fue a relajarse al Caribe. Lo merecía.
Mientras tanto Mariano Cúneo Libarona, El Ponedor, trataba de desembarazarse también del Gobierno de Consultores.
Justamente cuando Sebastián Amerio encargaba el traje azul para jurar por Dios y por la Patria como ministro de Justicia se interpuso otra vez el “jefe” Karina, para decirle a Cúneo:
“Mariano, no te vayas todavía, aguantá hasta marzo».
Escuela Conurbana de Jesús
Técnica similar utilizó la Prodigiosa con Sergio Neiffert, el Señor 5, eficiente diplomado en la Escuela Conurbana de Jesús (Cariglino). Cuando José Francisco Lago Rodríguez -El Señor 8-, una suerte de Amerio pero de la SIDE, pretendía cargarse a Escuela de Jesús como un sicario de Santiago, volvió a interponerse Karina.
“Neiffert, aguantá un par de meses, no te vayas todavía”.
Sergio Neiffert
Escuela de Jesús temía pasar de ser el Señor 5, jefe enigmático de la SIDE -sospechado de mil conspiraciones-, a ser otro causante vulgar de Comodoro Py. Otro gil de cuarta para ir preso y ofrecer el tobillo.
En especial si accedía a estampar la firma en nombre del organismo para contratar la ONG solidaria del benemérito Leonardo Scatturice, El Atorrante de Lanús, ya demasiado elevado en Miami, firme interlocutor de Santiago y socio o jefe de Benny Hill, Bennett.
Propietario, aparte, del misterioso Bombardier que aterrizó en Buenos Aires con una sola bella pasajera que se había convertido en presidenta de la sucursal Buenos Aires de la FPAC.
“¿Te parece que desde Estados Unidos se pueden mandar 200 palos verdes en un avión sin que te pase nada? Si lo creen es porque en Argentina están enfermos”, trasciende que dijo Scatturice, rigurosamente convencido que Werthein lo desprecia.
Cisnes negros estropean la foto del poder
El Gobierno de Consultores de Los Milei marcha, después de todo, estupendamente.
Acabaron con los piqueteros obturadores, clausuraron el tsunami de la hiperinflación que venía.
Los opositores que ostentaban la centralidad ya no preocupan a nadie.
Abducido Mauricio, el Ángel Exterminador, se disolvió el colectivo Juntos por el Cambio.
Incluso fracturaron al PRO.
Los peronistas referenciados en La Doctora limitada por la tobillera están desconcertados.
Desconocen siquiera cómo pararse ante su figura. Cómo enfrentarlo.
O peor, sinceramente se preguntan si vale la pena, a esta altura, enfrentarlo.
O corresponde acaso tomar la difícil determinación de esperar por sus errores, que invariablemente se van a producir.
O que al experimento perverso de Donald Trump le vaya demasiado mal.
Que el cóctel pesado de aranceles autoritarios se le torne inmanejable.
O que el carismático musulmán Zohran Mamdani seduzca a los yanquis al extremo de convertirlos al islamismo socialista.
El Panelista tiene licencia de corso hasta marzo.
Pero infortunadamente le crecieron los enanos que alteran su credibilidad.
Asoman como cisnes negros que estropean la fotografía plácida del poder.
El primer enano fue la superchería cripto.
Derivación del tuit desacertado que se convirtió en algo peor que un negocio de pícaros.
Una catástrofe judicial transcurrida a partir del subproducto de la incultura económica, aunque el Panelista se jacte de ser experto en crecimiento. «Con o sin dinero» (detalle prescindible).
Diego Spagnuolo y Javier Milei.
El segundo enano fue la extendida locuacidad de Diego Spagnuolo, El Mito Mano, funcionario menor que volvió a imponer involuntariamente de moda la canción cubana Guantanamera, con letra ligeramente cambiada y explotada con siniestra habilidad por las fuerzas celestiales que suponen confrontar con Karina y el resto de la dinastía de los Menem, Lule y Martín.
Aunque aún no se constate, la confrontación de fondo es con el Panelista que siempre se encuentra detrás de las decisiones de Karina.
La cuenta, Santiago, es fácil. Quisiste ser Premier por Francos y lo pusieron a Adorni.
Quisiste ser el gran ministro del Interior y al final fue Santilli.
El mismo Javier que compró al contado la receta del outsider que rechazó Facundo Manes, Cisura de Rolando.
Recomendaba la receta la consultora con sede principal en Madrid que armó la base del Gobierno de Consultores de Los Milei, que ahora modifican minuciosamente la geometría y desde el acuerdo con Scott Bessent y Trump aquel triángulo antiguo de hierro (fundido) pasa a ser un polígono imperfecto con solo un vértice hegemónicamente dominante.
Lo comanda Javier, el Fenómeno, y nadie, en efecto, más.
Buenos Aires, lunes 24 octubre (PR/25) — Son días de negociaciones políticas febriles. Es una dinámica poco vista a lo largo de los dos primeros años del gobierno de La Libertad Avanza.
“Es distinto de lo que pasaba cuando hablábamos con Francos”, señalaba esta semana uno de los representantes provinciales que participan de esta ronda de conversaciones. En verdad, el problema no era el exjefe de Gabinete; el problema era Javier Milei.
Era él quien no cumplía con lo que se prometía en esos encuentros. Esa actitud del Presidente parece haber cambiado después del 26 de octubre.
Es que el triunfo electoral lo dio no sólo la reconfirmación de su poder sino también la comprensión de que el camino de la confrontación puede servir para ganar una elección, pero no para gobernar.
No ha sido menor para arribar a esa conclusión la posición del gobierno de los Estados Unidos, cuyo apoyo fue clave para generar el marco de estabilidad económica que hizo posible superar un estado de zozobra que estaba poniendo en riesgo tanto la economía como la gobernabilidad.
“Al Presidente no le quedaban muchas opciones: o cambiaba y abría la cancha o la gestión se le iba a hacer cuesta arriba, aun con el buen resultado electoral”, sentenció un allegado a un gobernador del Norte.
El rol de Guillermo Francos ha pasado ahora a ser desempeñado por el ministro del Interior, Diego Santilli. Por ahora, Manuel Adorni acompaña. Santilli, formado en el peronismo, tiene el know how que exige su cargo. Siempre ha sido un hombre hábil, con soltura política y capacidad de negociación.
Los que conocen las internas del Gobierno señalan que esa capacidad de dialogar y de entender el quid de la negociación política está inquietando al ministro de Economía, Luis Caputo. Los gobernadores piden plata a cambio de apoyar las reformas que pretende implementar Milei. Es lo que hacen siempre, gobierne quien gobernare.
Esa metodología disgusta profundamente a Caputo quien, en estas horas, salió fuerte en las redes a desmentir un artículo publicado en The Wall Street Journal en el que se informaba que la asistencia a la Argentina por parte de los bancos estadounidenses rondaría los 5 mil millones de dólares y no los 20 mil millones que se habían anunciado. “Nunca hablamos con los bancos de un rescate de 20 mil millones. Es una operación más, con la sola intención de generar confusión”, escribió.
Ante tal manifestación, fue imposible no recordar que, hace tan solo un mes, el ministro dijo en LN+ que había “un swap de 20 mil millones. Y estamos trabajando en otra facilidad por otros 20 mil millones, y ya lo dijo el secretario del Tesoro” (sic).
Caputo se siente con el poder suficiente como para aspirar a que toda negociación política esté lejos de incomodar o poner en riesgo sus objetivos. Es lógico, luego de tantos elogios derramados por el primer mandatario.
Es decisiva la floja imagen del primogénito de los Kirchner en sus apariciones
En medio de esta circunstancia, las internas dentro del oficialismo están lejos de haber cesado. Karina Milei avanza mientras Santiago Caputo retrocede. La hermana del Presidente está empeñada en moverse intensamente en lo que es su objetivo: la conformación del partido a nivel nacional.
La prioridad absoluta es la elección presidencial de 2027. El Jefe necesita seguir acumulando poder a nivel federal para contar con apoyo local en cada una de las provincias. Hay quienes dicen que aprendió la lección y que ya no busca confrontar en aquellos territorios donde le resultaría más fácil apoyarse en aliados circunstanciales
. Solo el tiempo se encargará de mostrar si este cambio de actitud es realmente cierto. “Karina aprendió muy rápido a construir y manejar el poder. Lo ejerce de forma bastante brutal y siempre se ha sentido más cómoda sin ceder un centímetro de terreno. Difícil que eso cambie”, aseguró un opositor moderado que tuvo que padecerla en carne propia.
La ventaja crucial con que cuenta el oficialismo a la hora de afianzar su poder es que tiene enfrente a un peronismo desmembrado e incapaz de encontrar una figura detrás de la cual encolumnarse. Axel Kicillof no termina de convencer y, a estas alturas, se parece más a una figura de transición que a una oportunidad de peso con chances reales de competir en 2027.
Los problemas que atraviesa la Provincia y la necesidad de conseguir financiamiento para hacer frente a sus propios vencimientos desnudaron las internas que condicionan al gobernador; en primer lugar asediado por La Cámpora. El mandatario provincial no hace caso a los incrédulos y sigue adelante con su juego de confrontación directa con Milei.
La interna entre los Kirchner y el exmimado de la señora condenada sigue teniendo de rehén al peronismo bonaerense. “No podemos continuar viviendo del pasado; hasta que no nos saquemos de encima el relato de los tiempos grandiosos de Cristina, el partido no terminará de salir del pantano y no tendremos la oportunidad de ser competitivos ni ahora ni en el 27”, graficó uno de los intendentes que le sirven de soporte al gobernador.
El territorio sigue siendo la apuesta más fuerte de Kicillof, dispuesto a enterrar a su otrora jefa política.
La intrascendencia de Máximo Kirchner al frente del PJ local condiciona sus posibilidades en las próximas elecciones por el control del partido. La paciencia se terminó y la floja imagen del primogénito de los Kirchner en sus últimas apariciones públicas fue decisiva.
Hace sólo algunos meses, La Libertad Avanza no imaginaba el cierre de año auspicioso que tendrá.
Una oportunidad única que el presidente Milei no debería dejar pasar.