Se celebrará los días 7 y 8 de enero de 2026, según informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Serán dos jornadas dedicadas a la oración, la reflexión y el intercambio fraterno entre el Pontífice y los cardenales, con el objetivo de acompañar y aconsejar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal.
Ciudad del Vaticano, martes 23 diciembre (PR/25) — El nuevo año comenzará bajo el signo de la comunión, el discernimiento y el intercambio en la Iglesia, tras el fin del Jubileo de la Esperanza y el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, previsto para el próximo 6 de enero.
En ese contexto, el Papa León XIV —como ya se había anunciado en noviembre— convocó el primer Consistorio extraordinario de su pontificado, que tendrá lugar los días 7 y 8 de enero de 2026, según comunicó oficialmente la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
«La reunión —se lee en el comunicado— se desarrollará a lo largo de dos días y estará caracterizada por momentos de comunión y fraternidad, así como por tiempos dedicados a la reflexión, el compartir y la oración». El encuentro buscará «favorecer un discernimiento común y ofrecer apoyo y consejo al Santo Padre en el ejercicio de su alta y ardua responsabilidad en el gobierno de la Iglesia universal».
¿Qué es un Consistorio?
El Consistorio es una reunión formal del Papa con el Colegio Cardenalicio, convocada para tratar cuestiones relevantes de la vida de la Iglesia. Puede ser ordinario o extraordinario, según la naturaleza y la urgencia de los temas a abordar.
Tradicionalmente, los consistorios son ámbitos privilegiados para la consulta, el intercambio de pareceres y el fortalecimiento del vínculo entre el Obispo de Roma y los cardenales, considerados sus principales colaboradores en el gobierno de la Iglesia universal.
Claves del Consistorio convocado por León XIV
Este primer Consistorio del pontificado de León XIV se inscribe en un momento particularmente significativo para la Iglesia y presenta algunas claves centrales:
Tiempo litúrgico y simbólico: se celebrará inmediatamente después del cierre del Jubileo de la Esperanza, marcando un nuevo comienzo pastoral.
Duración inusual: dos jornadas completas dedicadas no sólo al debate, sino también a la oración y la reflexión compartida.
Carácter extraordinario: indica la voluntad del Papa de abordar cuestiones de fondo y escuchar ampliamente a los cardenales.
Estilo de gobierno: pone de relieve un modo de conducción basado en la escucha, el discernimiento común y la colegialidad.
Horizonte universal: reunirá a cardenales de distintas regiones del mundo, reflejando la diversidad de la Iglesia.
Antecedentes y frutos de los consistorios
El último Consistorio extraordinario celebrado antes de esta convocatoria estuvo centrado en los desafíos pastorales contemporáneos y en procesos de reforma eclesial. Francisco fue el último Papa en celebrar un Consistorio extraordinario antes del actual,
Estos encuentros suelen dar lugar a orientaciones pastorales compartidas, fortalecen la unidad del Colegio Cardenalicio y ofrecen al Papa elementos concretos para la toma de decisiones.
Entre los frutos habituales de los consistorios se destacan una mayor comunión interna, una lectura común de los signos de los tiempos y el impulso a líneas de acción pastoral que luego se traducen en documentos, reformas o iniciativas concretas.
Un gesto inaugural del pontificado
La convocatoria de este Consistorio extraordinario en los primeros meses del pontificado de León XIV es leída como un gesto inaugural de su estilo pastoral, orientado al diálogo, la corresponsabilidad y la comunión eclesial.
En un contexto global complejo, el Papa busca apoyarse en la experiencia y el consejo de los cardenales para discernir juntos el camino de la Iglesia en el tiempo que comienza.
Ciudad del Vaticano, lunes 22 diciembre (PR/25) — En el umbral de la Navidad y en el cuarto domingo de Adviento, el papa León XIV ofreció una meditación breve, profunda y luminosa sobre la figura de san José, durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, colmada de peregrinos y familias.
Retomando una tradición que había quedado en segundo plano en años recientes, el Santo Padre bendijo las figuras del Niño Jesús que cientos de niños llevaron consigo, un gesto sencillo que preparó el clima espiritual para una catequesis centrada en la humildad y la grandeza silenciosa del custodio de la Sagrada Familia.
Un protagonista discreto de la historia de la salvación
El Papa invitó a contemplar a san José tal como lo presenta el evangelio de Mateo: un hombre frágil y falible como todos, pero al mismo tiempo “valiente y fuerte en la fe”. Recordó que el evangelista lo define como “hombre justo”, es decir, un creyente fiel a la Ley, asiduo a la sinagoga y profundamente enraizado en la tradición de Israel.
Sin embargo —subrayó León XIV—, la justicia de José no se reduce a la observancia exterior. Se manifiesta sobre todo en su corazón misericordioso y en su modo humano de enfrentar una situación desconcertante y dolorosa.
La misericordia antes que la condena
Antes de conocer el origen divino del embarazo de María, José se encuentra ante un dilema difícil de comprender. Lejos de elegir el escándalo o la condena pública, opta por el camino discreto y compasivo del repudio en secreto.
En ese gesto silencioso, señaló el Papa, José revela haber comprendido el sentido más profundo de la fe: la misericordia. Una religiosidad auténtica que no aplasta, sino que cuida; que no juzga, sino que protege.
Navegar mar adentro: la fe que suelta seguridades
Cuando Dios le revela en sueños su misión —ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías—, José da un paso decisivo. Con un gran acto de fe, abandona sus seguridades y se entrega por completo a un futuro que ya no controla, pero que está en manos de Dios.
Citando a san Agustín, el Papa recordó que fue de la piedad y la caridad de José que nació de María el Hijo de Dios, subrayando así la grandeza escondida de un consentimiento dado sin palabras, pero pleno de confianza.
Virtudes para preparar el corazón en Adviento
Misericordia, piedad, caridad y abandono confiado: estas son las actitudes que la liturgia propone en los últimos días de Adviento, destacó León XIV. Virtudes que no solo preparan para celebrar la Navidad, sino que educan el corazón para el encuentro con Cristo y con los hermanos.
El Papa animó a vivir este tiempo de gracia practicándolas en lo concreto: perdonando, alentando, sembrando esperanza en la vida cotidiana y renovando en la oración la confianza filial en la Providencia.
Ser pesebre para los demás
En el cierre de su alocución, el Santo Padre dejó una imagen tan sencilla como exigente: dejarnos transformar para ser, los unos para los otros, “pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios”.
Encomendando este camino a la Virgen María y a san José —los primeros en acoger a Jesús con fe y amor—, el Papa León XIV invitó a entrar en la Navidad con un corazón disponible, silencioso y confiado, al estilo del justo de Nazaret.
La invitación del Papa León: vencer la tentación de considerar la paz lejana e imposible, superar la «lógica agresiva y contrapositiva» según la cual la paz se persigue con la carrera al rearme.
Foto: pesebre en Gaza
Por Andrea Tornielli
Ciudad del Vaticano, domingo 21 diciembre (PR/25) — “Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente”. Son las palabras que el Papa León utilizó en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz.
Dios, el Todopoderoso, al hacerse hombre, acepta convertirse en un niño totalmente dependiente de los cuidados de una madre y un padre, según la lógica de la pequeñez, y elige venir al mundo en la pobreza de un establo y en el ocultamiento de una periferia del Imperio Romano.
“Es un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo”. Contemplar a ese Niño, protagonista de nuestros belenes, no puede dejarnos indiferentes ante el drama de tantos niños víctimas de la guerra, de aquellos fallecidos bajo las bombas en Ucrania; de aquellos asesinados en Gaza, primero por la lluvia de misiles y hoy por el frío debido a las dificultades para acceder a la ayuda humanitaria; de aquellos que han muerto en los tantos conflictos olvidados en tantas otras partes del mundo.
La invitación que el Sucesor de Pedro dirige a creyentes y no creyentes es a acoger y reconocer la paz, venciendo la tentación de considerarla lejana e imposible. La paz y la no violencia tienen para los cristianos una raíz profundamente evangélica en las palabras y en la actitud de Jesús, que ordenó a Pedro, que quería defenderlo, que volviera a envainar la espada.
La paz que Cristo resucitado anuncia al mundo es desarmada y desarmante, es una realidad que debemos custodiar y cultivar en nuestro corazón, en nuestras relaciones, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros países. La historia nos enseña cuántas veces, incluso como cristianos, lo hemos olvidado, convirtiéndonos en cómplices de trágicas guerras y violencias.
Palestina: Nacimiento entre escombros
Hoy, nos recuerda León XIV, también nosotros corremos el riesgo de considerar la paz como un ideal lejano, llegando a justificar que se haga la guerra para alcanzarla.
En el debate público y en los medios de comunicación parece prevalecer una lógica agresiva y contradictoria según la cual se convierte en una culpa el hecho de «no prepararse lo suficiente para la guerra».
Es una lógica desestabilizadora y peligrosísima que va mucho más allá del principio de legítima defensa y nos lleva al abismo de un nuevo conflicto mundial con consecuencias imprevisibles y devastadoras.
“Hoy más que nunca – escribe el Papa – es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa”.
En lugar de seguir recorriendo el camino del aumento constante del gasto en armamento, que ha alcanzado el 2,5 % del PIB mundial, en lugar de invertir miles de millones en instrumentos de muerte y destrucción destinados —lo hemos visto— a arrasar escuelas y hospitales, en lugar de hacer creer que nuestra seguridad consiste en el rearme y la disuasión, es necesario tener el valor de la paz.
Es necesario reactivar la vía de la diplomacia, la negociación, la mediación y el derecho internacional, reforzando también las instituciones internacionales.
No dejemos que la voz del Papa León sea una voz que grita en el desierto, no dejemos solo al Obispo de Roma, creamos en sus palabras y miremos a la historia para comprender cuánto realismo hay en sus intervenciones, como lo había en las de sus predecesores, con demasiada frecuencia ignorados.
Estamos llamados a «motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas, como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana».
Histórica tregua en la Primera Guerra Mundial en 1914
La paz es posible y la loca carrera al rearme no es el camino para defenderla.
Para los cristianos, la paz tiene el rostro indefenso del Niño Dios, frágil como cualquier niño: dejémonos traspasar el corazón por ese rostro y por el anuncio de paz que resonó la noche de la primera Navidad.
El rito de clausura del Año Santo en la Basílica Liberiana se celebrará la tarde del 25 de diciembre. Le seguirán, el sábado 27, la Basílica de San Juan de Letrán y, el domingo 28, San Pablo Extramuros.
Ciudad del Vaticano, domingo 21 diciembre (PR/25) — La Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor será la primera del Jubileo 2025 en ser cerrada. La ceremonia tendrá lugar el día de Navidad a las 17:00 horas y estará presidida por el cardenal arcipreste de la Basílica Liberiana, Rolandas Makrickas (foto)
A continuación, el sábado 27 de diciembre, se llevará a cabo el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán. El rito está previsto para las 11:00 horas y será presidido por el cardenal arcipreste Baldo Reina, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma.
Al día siguiente, domingo 28 de diciembre, el cardenal arcipreste de la Basílica de San Pablo Extramuros, James Michael Harvey, presidirá el rito análogo de clausura de la Puerta Santa.
El rito en Santa María la Mayor
Abierta el 1 de enero de 2025, la Puerta Santa de la Basílica Liberiana ha visto cruzar sus batientes a más de veinte millones de peregrinos y fieles. La fecha de cierre no ha sido elegida al azar: Santa María la Mayor, de hecho, es la Basílica de la Santa Navidad, custodia de las reliquias de la Sagrada Cuna donde fue colocado el Niño Jesús recién nacido.
La ceremonia comenzará con el canto de las Segundas Vísperas y, seguidamente, a las 18:00 horas, tendrá lugar el rito del cierre de la Puerta Santa, acompañado por el sonido de la Sperduta, la antigua campana de la Basílica.
Para permitir la preparación de los ritos, la Basílica cerrará al público a las 15:00 horas. El acceso se reanudará a las 16:00 horas y se permitirá, hasta completar el aforo, única y exclusivamente para participar en las celebraciones programadas. No obstante, se garantizará su transmisión en una pantalla gigante situada en la Plaza de Santa María la Mayor para beneficio de quienes se encuentren en el exterior.
El Año Santo 2025 ha representado para toda la Iglesia un evento providencial, invitando a todos los creyentes a una renovada conversión del corazón bajo el signo de la virtud de una esperanza que nunca defrauda.
Se trata de un Jubileo particular que, convocado por el Papa Francisco con la Bula Spes non confundit, fue inaugurado por el mismo Pontífice con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro el 24 de diciembre de 2024, pero será concluido por el Papa León XIV, elegido Sumo Pontífice el 8 de mayo de 2025, tras el fallecimiento del Papa argentino el 21 de abril de 2025.
El hecho extraordinario de que el rito de apertura y cierre del Año Santo ocurra bajo dos pontificados distintos sólo tiene un precedente: el Jubileo de 1700, abierto por Inocencio XII y cerrado por Clemente XI, como recuerda la Basílica liberiana en un comunicado.
Para la Basílica Papal de Santa María la Mayor, esta circunstancia ha cobrado un significado adicional, considerando que el Papa Francisco la eligió como su lugar de sepultura terrenal. La peregrinación jubilar, realizada piadosamente por millones de personas, se ha convertido así en un conmovedor y duradero homenaje a la memoria del Papa Francisco, que aún continúa.
La sencilla tumba del Papa Francisco en la Basílica de Santa María la Mayor
Las largas colas de acceso que se extienden ordenadamente por todo su perímetro se han vuelto una imagen habitual y han transmitido, de la manera más sencilla pero eficaz posible, el afecto que lo unía al pueblo de Dios.
Asimismo, cabe recordar las cerca de ochenta visitas realizadas por delegaciones oficiales de todos los países del mundo que han querido rezar ante su tumba en nombre de los pueblos y naciones de la Tierra.
El rito de cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán irá seguido de la celebración eucarística, animada por el coro de la Diócesis de Roma dirigido por monseñor Marco Frisina.
Durante el Año Santo, la Puerta Santa de San Juan de Letrán ha sido cruzada por fieles de muchísimas parroquias romanas: las comunidades parroquiales, de hecho, por sí solas o integradas en prefecturas, han optado mayoritariamente por organizar su propio Jubileo en la catedral de Roma.
Los fieles podrán acceder a la basílica con entrada gratuita, de 8:00 a 10:00 horas.
Por el contrario, en el cierre de la Puerta Santa de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros se podrá participar libremente sin necesidad de entrada.
Por último, la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro será clausurada el 6 de enero de 2026, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, por el Papa León XIV. De este modo, concluirá oficialmente el Jubileo Ordinario de 2025.
El Sumo Pontífice exhortó a asumir un rol activo en la preservación del mundo y la justicia social. “Nuestra tarea es generar, no robar”, remarcó.
El Papa León XIV en la última audiencia jubilar en la plaza de San Pedro. Foto: Agencia NA/Vaticans News
Buenos Aires, sábado 20 de diciembre (PR/25) — El papa León XIV instó hoy a escuchar el grito de la tierra y de los pobres durante la última audiencia jubilar de los sábados en la Plaza de San Pedro. El Sumo Pontífice remarcó que la riqueza del planeta se encuentra «cada vez más concentrada, injustamente» en manos de unos pocos y recordó que el destino de los bienes de la creación es para la participación de toda la humanidad.
Ante los fieles reunidos en el Vaticano este sábado, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el Obispo de Roma vinculó el concepto de la esperanza con la capacidad generativa, diferenciándola de la prepotencia y el miedo agresivo.
Durante su catequesis, centrada en el cierre del Año Santo, el Papa subrayó que la esperanza es una fuerza de Dios que «hace nacer y renacer». En relación con la crisis social y ambiental, el Pontífice se inspiró en las escrituras de San Pablo para señalar que «toda la creación gime y sufre dolores de parto hasta hoy».
Al respecto, denunció que muchos sectores de poder ignoran este reclamo: «Muchos poderosos no escuchan este grito: la riqueza de la tierra está en manos de unos pocos, muy pocos, cada vez más concentrada -injustamente- en manos de quienes a menudo no quieren escuchar el gemido de la tierra y de los pobres».
Bajo la premisa de que «esperar es generar», León XIV exhortó a los presentes a asumir un rol activo en la preservación del mundo y la justicia social, afirmando que «nuestra tarea es generar, no robar». Asimismo, puso a la Virgen María como modelo de esta virtud, señalando que la oración mariana refleja a una de nosotros que genera.
Finalmente, el Papa indicó que, si bien el Jubileo llega a su conclusión, el compromiso de los fieles debe continuar, ya que «el dolor de la tierra y de los pobres es como el de un parto» y el objetivo final es la transformación del mundo actual en la «ciudad-jardín» donde todas las criaturas convivan en armonía.