A través del compás de un tango, «A su paso» nos invita a una entrega absoluta y a soltar el control diario para caminar en sintonía con la gracia divina. Una profunda obra musical que recuerda que la verdadera fe no se encasilla y late en cada esquina de la vida cotidiana con Jesús.
Buenos Aires, jueves 4 junio (PR/26) El cantautor venezolano Rafael Carrero compuso la canción espiritual, con ritmo de tango, titulada «A su paso». Es evangelista. El tema es un acto de rendición y entrega, donde el protagonista le pide a Dios que guíe su vida, reconociendo que sus propias fuerzas son insuficientes y decidiendo seguir el rumbo marcado por Él.
Vale la pena escucharlo aunque los católicos sabemos que Jesús habita en el Sagrario y valoramos los templos, pero tiene razón muchas veces nos olvidamos de andar a su Paso y que El dirija nuestras vidas.
Escuchalo y podés llegar a estremecerte como me sucedió a mí que intento andar a su Paso:
Aquí tenés la letra completa de «A su paso» de Rafael Carrero:
A su paso
(Rafael Carrero)
Recitado:
La gente cree que caminar con Dios es un asunto de domingo, hermano.
Pero Él no habita en las agendas ni en los templos de piedra;
Él camina contigo en la acera, en la oficina, en el silencio de la noche.
Vivir cada segundo con el Diseñador… es como un tango eterno.
Tú no llevas el paso, mi amigo, dejas que su mano en tu espalda te guíe.
Ajusta tu ritmo al de su gracia, y déjate llevar por el Rey.
Camino la calle de la prisa diaria
buscando tu luz en la noche contraria,
en cada contrato, en cada desvelo,
tu mano invisible me apunta hacia el cielo.
No vivo de ritos de una sola hora,
yo vivo del aire que tu boca aflora.
¡Qué gracia tan alta saber que en la esquina
tu paso constante mi senda ilumina!
Estribillo
Qué hermoso es andar a tu paso, mi Dios,
marcando el compás que bendice a los dos.
Si el mundo me empuja con su prisa ciega,
tu calma bendita en mi pecho se hospeda.
No llevo el control ni el camino trazado,
yo danzo la vida con el Rey al lado.
Tu paso, Señor… cada segundo es tuyo,
ya no tengo prisa, camino contigo.
Caminar por las calles de la vida cotidiana suele transformarse, casi sin darnos cuenta, en una carrera de velocidad. Nos empuja la prisa, nos abruman los desvelos y muchas veces pretendemos encasillar nuestra espiritualidad en un solo día de la semana.
Sin embargo, la verdadera fe no es un evento de agenda; es un latido constante que se vive en la vereda, en el trabajo y en el silencio de la noche.
Escuchar el tango «A su paso» es una invitación profunda a cambiar el ritmo de nuestra marcha. El tango, por naturaleza, exige conexión, escucha mutua y, sobre todo, dejarse guiar.
En esta bellísima obra, el cantautor nos propone una entrega absoluta: soltar el control y permitir que sea la mano de Dios en nuestra espalda la que marque el compás de nuestros días.
Cuando dejamos de tironear el destino y aceptamos danzar la vida con el Rey al lado, la prisa ciega del mundo se desvanece. Ya no importa si la calle se vuelve oscura o si el camino es incierto; lo que verdaderamente transforma nuestra realidad es la certeza de saber que Su paso constante ilumina cada esquina.
Hagamos una pausa en el bullicio diario para escuchar esta melodía con el corazón abierto. Animémonos a ajustar nuestro ritmo al de su gracia, a vaciar la mente de ansiedades y a caminar, sencillamente, a su Paso.
Su historia
Rafael Eduardo Carrero Márquez es un destacado músico, ingeniero de sonido, investigador, productor y videógrafo venezolano nacido en Caracas y radicado en New York.
Cuenta con 30 años de impecable trayectoria profesional rescatando la identidad sonora regional y consolidándose simultáneamente como un influyente cantautor de música cristiana contemporánea, adoración íntima y fe.
Nació en Caracas y desde niño mostró su interés por las artes. A los 13 años estudia batería en los talleres que impartía José Matos en la Escuela ‘Piña Musical’ en la capital. Hizo el ciclo básico completo en la Escuela de Historia de la UCV, mientras en paralelo continuaba con su formación como músico e ingeniero.
Esto impulsó su inquietud por la investigación, que materializa en el desarrollo de la plataforma ‘Toco y me voy’, en la que cada músico seleccionado es producto de un exhaustivo estudio y filtro por parte del equipo de producción que lo acompaña.
“Las agrupaciones que se inscriben son evaluadas y finalmente se realiza una votación. Tratamos de ser lo más objetivo posible. Hay grupos con los que tengo contacto por primera vez, el día de la grabación y que llegan allí justamente por mérito propio, no por algún tipo de cercanía”, explica y agrega:
“Asistí a ferias y mercados internacionales de la música y noté la presencia de agrupaciones venezolanas con un nivel muy alto, pero con registros audiovisuales de baja calidad. Existía un vacío muy grande en ese sentido”.
Su enfoque combina el rescate patrimonial y la devoción espiritual, lo que le ha valido un sólido reconocimiento tanto en la industria técnica musical como en los ministerios de fe especialmente evangélicos.
Pero Jesús nos une.
¿Dónde encontrar más de su música?
Plataforma Principal: Se puede escuchar su catálogo oficial completo directamente en su canal de YouTube Rafael Carrero.
Streaming de Audio: Sus canciones y lanzamientos semanales están disponibles en el perfil oficial de Rafael Carrero en Spotify y en su sección dedicada de YouTube Music.
Redes Sociales: Suele compartir las historias y reflexiones detrás de letras como éstas a través de su cuenta de Instagram Rafael Carrero.
Para ver un ejemplo de su producción musical de la búsqueda de Jesús:
Fuente: Matilde Fierro, editora de Primicias Rurales / IA / Alberto Maggi
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
¿Sabías que las mamás viven, cada día, las obras de misericordia? Descubre cómo estas acciones sencillas revelan el amor de Dios.
España, martes 30 diciembre (PR/25) — ¿Has escuchado que la maternidad es un regalo? Pero no sólo es eso, es un don que recibe la mujer por esencia, que se manifiesta de distintas maneras, y una de ellas se expresa a través de las obras de misericordia.
En este artículo profundizaremos en algunos ejemplos de la vida cotidiana, ya que si prestamos atención a nuestro alrededor, podemos ver el don de la caridad en el abrazo y el ejemplo de nuestra mamá.
Obras de misericordia corporales:
1. Dar de comer al hambriento
Las mamás buscan que su familia reciba el alimento, cuidando y procurando su bienestar. Incluso en momentos en los que ellas están cansadas, priorizan que no les falte un plato en la mesa.
2. Dar de beber al sediento
¿Cuántas veces las mamás nos preguntan si hemos bebido agua en el día? Ellas están pendientes de saber que estamos hidratados. Nos recuerdan llevar esa botellita de agua, jugo o leche a donde vayamos.
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3. Vestir al desnudo Nos ayudan a proteger nuestra dignidad vistiéndonos. No importa la edad que tengan sus hijos, ellas ven qué prenda hace falta o nos queda mejor. Compran ropa, la cosen y/o la heredan, asegurándose de que nadie esté desprotegido.
4. Dar posada al peregrino Donde hay una casa, las mamás crean el hogar. Ellas le dan ese toque acogedor que no solo lo reciben los pequeños, sino también los amigos, primos y sobrinos que buscan un refugio con una gran sonrisa y corazón.
5. Visitar al enfermo ¿Quién es la primera en preocuparse ante una gripe o un problema estomacal? Así es, las mamás. Ellas acompañan durante la enfermedad, dan el medicamento y se quedan vigilando los síntomas.
6. Visitar a los presos Aunque no podemos darle un sentido literal a esta frase, también se puede atribuir a que las mamás ayudan a sus hijos cuando se sienten limitados o atrapados en algunos errores y etapas difíciles. Ellas acompañan y corrigen en esos momentos.
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7. Enterrar a los muertos Ante una pérdida familiar, uno de los bastiones más fuertes en ese momento es la mamá. Ella enseña a despedirse con amor y da su mano para recibir consuelo en medio de la tristeza.
Obras de misericordia espirituales:
8. Enseñar al que no sabe
Nuestras primeras maestras son las mamás. Ellas nos enseñan con su ejemplo cómo vivir la vida; cómo hablar, caminar y saber cómo reaccionar ante ciertas situaciones. Y todo lo hacen con una hermosa paciencia.
9. Dar buen consejo al que lo necesita
Nada como un buen consejo de madre. Ellas nos escuchan y saben qué decirnos en momentos en los que nos hemos sentido mal o no sabemos qué decisión tomar.
10. Corregir al que se equivoca
¿Cuántas veces no nos hemos equivocado en el camino? Es inevitable, pero las mamás, al notarlo, nos corrigen desde el cariño, procurando nuestro bien. Incluso en momentos en los que sentimos que son injustas, ellas saben lo que es mejor a través de la experiencia.
11. Perdonar las ofensas
Las mamás nos enseñan a pedir disculpas cuando nos ofenden. Pero los hijos también pueden haber ofendido a mamá sin haberse dado cuenta, y ellas ejercen esa obra de perdón.
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12. Consolar al triste Cuando estamos tristes, las mamás lo notan. En algunas ocasiones no es necesario decirles, porque ellas saben que algo no está bien con nuestro actuar. Escuchan, dan un abrazo y rezan por nuestros sufrimientos.
13. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
Los hijos no somos perfectos, aunque a veces pensamos lo contrario. Tenemos defectos o hacemos acciones que cansan a las mamás. Y ellas, con todo el amor y paciencia, los soportan.
14. Orar por vivos y difuntos
¿Quién crees que menciona tu nombre continuamente con un rosario en mano? Las mamás encomiendan la vida de sus hijos a Dios. Piden por sus alegrías, sus preocupaciones, sus aspiraciones.
Como podemos ver, las mamás son una presencia del amor de Dios en nuestras vidas. En ellas se refleja ese rostro femenino del Creador que nos hace sentir acompañados y amados.
Por eso, cada día es una oportunidad para agradecer por nuestras mamás y por todo lo que hacen.
Por Osvaldo Larrosa, ingeniero agrónomo, integrante de ABOPA
Buenos Aires, martes 26 noviembre (PR/25) — Lo vi por ahí,me gustó, ¿a vos?
A mi edad pienso que mi generación es un puente entre dos mundos: uno hecho de caminos de tierra y cartas escritas a mano, y otro lleno de satélites y pantallas que caben en el bolsillo.
Nací en una casa sin aire acondicionado.
El verano olía a polvo y sonaba a ventilador de caja.
Conocíamos a los vecinos por su nombre, y si se rompía la cadena de la bici, tocabas cualquier puerta y alguien salía con una llave inglesa. Crecimos con paciencia: esperando el correo, esperando que abriera la biblioteca, esperando que la radio repitiera esa canción que tanto nos gustaba.
Y entonces el mundo se aceleró.
Los teléfonos se encogieron, la música se volvió invisible, y las noticias ya no tardaban días: llegaban a la palma de la mano antes del desayuno.
Aprendimos a escribir en teclados diminutos, a deslizar, a tocar la pantalla. Aprendimos a hablarle a las máquinas… y a escucharlas responder. Aprendimos, porque siempre tuvimos que hacerlo.
Hemos visto cómo dejaban la leche en botellas de vidrio en la puerta y cómo hoy escaneamos las compras sin cajero.
Hemos tirado monedas en teléfonos públicos y hecho videollamadas cruzando continentes.
Conocimos el sonido del silencio —sin notificaciones, sin zumbidos— y el ruido de un mundo entero vibrando al mismo tiempo.
A veces los jóvenes creen que nos quedamos atrás. Pero te voy a decir algo: nosotros conocemos los dos mundos.
Sabemos sembrar tomates y enviar correos electrónicos.
Sabemos contar historias sin Google y luego verificarlas con él. Sabemos lo que pesa una carta escrita a mano, porque la sostuvimos; y también sabemos lo que se siente apretar “enviar” y recibir una respuesta al instante desde miles de kilómetros.
Somos la prueba de que uno puede cambiar sin perderse.
De que se puede honrar el pasado y, al mismo tiempo, aprender hacia dónde va el futuro.
Hemos enterrado amigos y recibido nietos.
Hemos visto desaparecer enfermedades… y llegar otras nuevas.
Hemos usado mapas de papel y GPS, postales y emojis, paciencia y urgencia.
Y tal vez ése sea nuestro verdadero regalo: llevamos en la memoria un mundo más lento y silencioso, y en las manos, las habilidades para sobrevivir en uno veloz y ruidoso.
Podemos enseñarle a los jóvenes que no todo tiene que pasar de inmediato… y recordarle a los mayores que nunca es tarde para aprender algo nuevo.
Somos el puente.
El capítulo del medio.
El enlace entre lo que fue y lo que está por venir»