“ No hay mandamiento mayor que estos ”

“ No hay mandamiento mayor que estos ”

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34

 

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas

Palabra del Señor
“ El perdón nace del amor ”

“ El perdón nace del amor ”

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

 

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor
San José, el hombre de marzo, es nuestro modelo en Cuaresma

San José, el hombre de marzo, es nuestro modelo en Cuaresma

Así como María santísima nos enseña cómo vivir el Adviento, san José es el hombre de marzo, un símbolo y un compañero para la Cuaresma

 

España, lunes 9 marzo (PR/26) —  En la tradición de la Iglesia, marzo está dedicado a san José; y en el calendario litúrgico, la Cuaresma cae principalmente en marzo. Eso hace que José sea nuestro líder cuaresmal cada año. Tiene mucho sentido. Él es un líder cuaresmal de la misma manera que la Santísima Virgen es la «Mujer del Adviento».

María nos muestra cómo recibir a Cristo en Adviento

El Adviento trata sobre la receptividad, y eso convierte a María en «la Virgen del Adviento», como dijo San Juan Pablo II.

Mientras esperamos la venida de Cristo, la Iglesia nos señala una y otra vez las virtudes marianas, con la Inmaculada Concepción celebrando su impecabilidad el 8 de diciembre, con la (nueva) fiesta de Nuestra Señora de Loreto el 10 de diciembre celebrando el hogar que ella preparó para Jesús, y la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de diciembre, celebrando cómo ella preparó el Nuevo Mundo para Cristo en 1531.

María nos muestra cómo preparar un lugar para Jesús en nuestras vidas, tal y como ella lo hizo en el mundo.

San José y Cristo

De la misma manera, san José nos muestra cómo mantener a Cristo en la Cuaresma.

Mientras que el Adviento es la temporada de la receptividad, la Cuaresma es la temporada de la custodia, en la que cuidamos, guardamos y protegemos el gran regalo de Cristo en nuestra vida. Esperamos a Cristo en Adviento, pero esperamos con Cristo en Cuaresma. Cristo ha venido y nos ha pedido que permanezcamos con él hasta el final.

Cuando el Evangelio dice: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros», el griego dice en realidad que «tabernáculo entre nosotros». En otras palabras, el Verbo entró en la familia de José, vivió en la casa de José y se confió al cuidado de José. En el Antiguo Testamento, David se ofreció a construir una casa para Dios, pero Dios lo rechazó. Sin embargo, José, de la casa de David, construyó un hogar para Jesús, y su propia casa se convirtió en el Santo de los Santos que albergaba al mismo Dios.

Esa es nuestra tarea cuaresmal: ser mejores custodios del don de Cristo, adaptando nuestra casa a sus necesidades.

José, modelo del sacrificio de Cristo

El otro tema central de la Cuaresma es la Pasión de Cristo. Al tomar nuestra cruz y seguir a Jesús, san José vuelve a ser nuestro modelo. Toda su vida estuvo dedicada al sacrificio, la oración y la entrega, ya que vivió un matrimonio célibe centrado literalmente en Cristo y respondió con obediencia al Señor, que lo llamó una y otra vez.

Pero también fue un modelo de la Pasión en otro sentido, según la Madre Teresa. «¡San José es el ejemplo más maravilloso!», dijo. «Cuando se dio cuenta de que María estaba embarazada, solo tenía que hacer una cosa: acudir al jefe, al sacerdote, y decir: «Mi mujer tiene un hijo, pero no es mío»… La habrían lapidado; esa era la norma». En cambio, según la Madre Teresa, «él decidió: ‘Me escaparé’. Y la norma era que… si se escapaba y dejaba a su esposa embarazada, lo apedrearían».

Si eso es lo que José tenía en mente —y tiene sentido—, entonces cada mes de marzo conmemoramos al hombre en la vida de Jesús que fue un modelo por asumir los pecados de sus seres queridos.

San José es el modelo del hombre virtuoso

Por último, san José es el modelo del hombre virtuoso que la Cuaresma nos ayuda a convertirnos.

El Evangelio de Mateo identifica a José como un hombre «justo» o «recto». El Papa Benedicto XVI señaló que el público judío de Mateo habría sabido cómo se define a un «hombre justo», según el Salmo 1.

Dice: «Bienaventurado el hombre que no sigue el consejo de los malvados… cuyo deleite es la ley del Señor, y que medita en su ley día y noche». Pensemos en ello como una descripción de san José, un hombre fuerte, silencioso y constante, que no restaba protagonismo a María y Jesús, sino que los complementaba, «como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto en su temporada».

La carta del Papa Francisco sobre san José celebra a todos aquellos que, como José, son:

«Personas comunes, personas que a menudo pasan desapercibidas. Personas que no aparecen en los titulares de los periódicos y revistas, ni en los últimos programas de televisión, pero que en estos mismos días están dando forma a los acontecimientos decisivos de nuestra historia».

La Cuaresma es el momento de moldear nuestros corazones con las virtudes de José, dando forma al futuro sin fanfarria, para Cristo.

 

 

 

Primicias Rurales

Fuente: ALETEIA

“Dios camina a nuestro lado y se deja tocar”

“Dios camina a nuestro lado y se deja tocar”

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 8, 1-7. 9-13

 

En aquellos días, congregó Salomón a los ancianos de Israel en Jerusalén —todos los jefes de las tribus y los cabezas de familia de los hijos de Israel ante el rey—, para hacer subir el Arca de la Alianza del Señor desde la ciudad de David, Sion. En torno al rey Salomón se congregaron todos los varones de Israel. En el mes de Etanín, el mes séptimo, por la fiesta, vinieron todos los ancianos de Israel y los sacerdotes condujeron el Arca e hicieron subir el Arca del Señor y la Tienda del Encuentro, con todos los objetos sagrados que había en ella.

El rey Salomón y todo Israel, la comunidad de Israel reunida en torno a él ante el Arca, sacrificaron ovejas y bueyes en número no calculable ni contable.

Los sacerdotes acarrearon el Arca de la Alianza del Señor al santuario del templo, el Santo de los Santos, a su lugar propio bajo las alas de los querubines. Estos extendían sus alas sobre el lugar del Asca, cubriendo el Asca y sus varales.

No había en el Asca más que las dos tablas de piedra que Moisés depositó allí en el Horeb: las tablas de la alianza que estableció el Señor con los hijos de Israel cuando salieron de la tierra de Egipto.

Cuando salieron los sacerdotes del santuario —pues ya la nube había llenado el templo del Señor—, no pudieron permanecer ante la nube para completar el servicio, ya que la gloria del Señor llenaba el templo del Señor.

Dijo entonces Salomón:
«El Señor puso el sol en los cielos,
mas ha decidido habitar en densa nube.
He querido erigirte una casa para morada tuya,
un lugar donde habites para siempre».

 

Salmo de hoy

Salmo 131 R/. ¡Levántate, Señor, ven a tu mansión!

 

Oímos que estaba en Efratá,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies. R/.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de justicia,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 53-56

 

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.

Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios inmenso y Dios cercano

La auténtica experiencia religiosa del ser humano consiste en situarse ante un Dios que es inmenso, inabarcable, misterioso y eterno (si no, no sería Dios) y que, a la vez, es cercano, asequible, garantía del sentido de su vida, luz para su camino vital, meta absolutamente deseable, porque es capaz de dar la felicidad completa y sin fin, (de lo contrario no sería MI Dios).

Unir esa transcendencia y esa cercanía del Ser “más superior de todo lo que puedo concebir como mi superior, y simultáneamente, Aquel que es lo más íntimo de mi propia intimidad”, como explicaba san Agustín, es entrar en el misterio de lo fascinante y tremendo en que consiste la vivencia clave del ser creyente.

En la lectura de hoy, en la que se recuerda la consagración del Templo de Salomón en Jerusalén, se exponen bien esos dos aspectos: la nube que lo llena es símbolo de que Dios es Dios y la concreción del Arca dentro del Templo, señal de su cercanía misericordiosa. Y también se indican tanto el protagonismo de Dios, “El Señor ha decidido habitar en la nube oscura”, como el necesario protagonismo del pueblo, representado por Salomón: “Sí, yo te he construido la casa de tu Señorío, un lugar donde habitarás siempre”. La finalidad buscada por estos dos protagonistas, el divino y el humano, es la alianza, la cercanía, el amor fiel: «Un lugar donde habitarás para siempre».

Para nosotros no es fácil vivir en esa tensión entre transcendencia e inmanencia, entre Dios y nuestro mundo. Tendemos a separarlos. O una imagen de Dios que es simple proyección de nuestros sueños de omnipotencia, un Dios mágico e infantilizador, o, en el otro extremo, un hombre autosuficiente, cerrado en sí mismo, narcisista, que termina devorado por los límites que tiene (dolor, angustia, muerte, fracasos) y que hace tener a los demás (injusticia, guerras, violencia, desamor).

Límites que, si los vive en Dios y según Dios, se superan con la dinámica del Reino de Jesús: Dios como Padre, nosotros como hijos y hermanos, con el Espíritu que nos hace comunidad que busca y obra la justica y la paz y así, con Cristo, vence a la muerte.

En el año 587 antes de Cristo, el templo de Salomón, fue destruido y se perdió el Arca de la Alianza, los dos símbolos de la presencia generosa de Dios con su pueblo. ¿Se rompió esa unión de Yahveh con la humanidad? El pueblo había sido infiel, pero Dios mismo se va con ellos al destierro, compartiendo su suerte, sus dolores, sus crisis de fe, sus esperanzas (Ez 11, 22-24) y, con ellos, retornará a Jerusalén (Ez 43, 1-12).

Jesús: Dios con nosotros

Jesús nos muestra en el evangelio de hoy, que es uno de los sumarios-resúmenes de su actividad, cómo camina para encontrarse con las personas, para curarlas, para hacerse tocar y, a través de ese toque que une la concreción del cuerpo con la fe, se produzca la relación íntima que sana y da futuro.

Es curioso que este texto en el que Jesús y su acción es tan concreta y corporal, venga detrás del texto en que se habla de Jesús caminando sobre las aguas en medio de la tormenta del lago que amenaza a los discípulos.

En ese momento, dice el evangelio: “ellos, viéndole caminar sobre las aguas creyeron que era un fantasma y comenzaron a gritar” (Mc 6, 49).

Creyeron que era un fantasma, algo no real, fruto de la imaginación y del miedo. Esta es una tentación que nos amenaza a todos los creyentes. En medio de las dificultades, pensar que la fe, el Reino, Dios mismo, son unos fantasmas inútiles construidos por nuestros terrores y sueños.

La respuesta de Jesús es reveladora: “Animo, yo soy, no temáis” (Mc 6, 50). La causa para que venzan el miedo es el ánimo que les transmite. Y la fuente de ese ánimo es que él es el “Yo soy”, el misterioso nombre de Yahveh revelado a Moisés.

Dios con nosotros, Dios hecho carne, palpable, en una corporalidad que se continúa en los sacramentos. Dios hacia nosotros, a mi encuentro. Nunca Dios contra mí, contra nosotros, ni siquiera indiferente a mí, a nosotros.

Su cercanía y seguimiento no son, pues, fantasías, Son, de hecho, un realismo animoso y curativo.

En mi experiencia de Dios ¿uno la vivencia de su trascendencia: adoración alabanza, acción de gracias, conocimiento de él por la Escritura… con la inmanencia: Dios en mi corazón, en el hermano, en la sociedad, la Iglesia, la historia con sus gozos y esperanzas?

¿Me dejo tocar sanadoramente por Cristo (ahora resucitado) a través de los sacramentos y de la carne doliente de mi prójimo?

¿Soy, a imagen de Cristo y en su seguimiento, alguien que se acerca y cuida? ¿O voy por la vida “de fantasma?

 

Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P.Fr. Francisco José Rodríguez Fassio O.P. Convento de Santo Domingo Ra’ykuéra (Asunción, Paraguay)

Soy dominico y sacerdote, nacido en Granada en 1951. Ingresé en la Orden de Predicadores en 1968 y fui ordenado sacerdote en 1975. He cursado estudios de Filosofía y Teología en España, Roma y Múnich, y me he dedicado durante décadas a la formación y docencia en diversos ámbitos.

Evangelio de hoy en audio

Fuente: Dominicos.Org
“Sois sal y luz para el mundo”

“Sois sal y luz para el mundo”

Evangelio de hoy y lecturas

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

 

Esto dice el Señor:

«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.

Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.

Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía».

 

Salmo

Salmo 111 1, 4-5. 6-7. 8a, y 9 R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz

 

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R/.

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R/.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

 

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».