Buenos Aires, martes 16 de diciembre (PR/25) — Cada 16 de diciembre recordamos a Santa Adelaida de Borgoña, esposa de Otón I, rey de Francia Oriental y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ella, a pesar de que vivió desde la cuna rodeada de las vicisitudes y glorias del poder político -era hija de Rodolfo II de Borgoña y de Berta de Suabia-, no se dejó persuadir por éste y aprendió a ponerlo en el lugar que le corresponde: al servicio de los más necesitados, de las causas justas y de la Iglesia que Cristo fundó.
Santa Adelaida trabajó incansablemente por los más pobres, por construir iglesias y monasterios, financiar misioneros y solventar la vida religiosa en general. En la parte final de su vida vivió como monja -aunque nunca profesó como tal-, dedicada a la oración y la vida espiritual.
¡Cuánto heroísmo tiene esta reina!
El año en que nació Adelaida no ha podido ser determinado de manera exacta. Probablemente nació entre los años 928 y 933, en el reino de Borgoña -ubicado entre la Francia actual y parte de la Italia del norte-.
A los 15 años, por un arreglo político, contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Quedó viuda a los 19 años cuando su marido fue asesinado en medio de una conspiración para hacerse del trono.
Berengario II de Ivrea (margrave de Italia), interesado en consolidar su poder anexando los dominios de Lotario, quiso casarla con su hijo Adalberto, pero Adelaida se negó.
Entonces, el margrave la envió a prisión y le retiró todos sus poderes. Ella afrontó aquellas terribles circunstancias confiada en Dios, con paciencia y serenidad poco comunes, aprovechando su encierro para unirse a Cristo crucificado. Sus propios carceleros decían de ella: «Cuánto heroísmo tiene esta reina ¡No grita, no se desespera, no insulta. Solo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!».
Adelaida pudo escapar de su presidio y devino en protegida del rey alemán Oton I. Ambos se enamoraron y se unieron en matrimonio en 951. Un año después, en la ciudad de Roma, Otón I sería coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Juan XII, mientras que ella, en la misma ceremonia, sería coronada emperatriz.
En el año 973, Santa Adelaida enviudó nuevamente. Nuevamente días de dolor llegaron a su vida, convirtiéndose en blanco de los maltratos de su propio hijastro, el emperador Otón II, quien aspiraba a quedarse con el poder de su padre.
Otón II estaba malamente influenciado contra su madrastra por su esposa Teofana, princesa bizantina. Otón II moriría en la guerra tiempo después, y dejaría como sucesor a Otón III, demasiado joven en ese momento para asumir el trono imperial. Fue así que Teofana se arrogó la máxima autoridad en calidad de regente y endureció el trato contra Adelaida.
Por su parte, la santa pensaba con insistencia: «Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras». Ese fue un tiempo en que Adelaida, a pesar del sufrimiento, seguiría respondiendo a las afrentas a fuerza de más bondad y mansedumbre.
“Una maravilla de gracia y de bondad”
Tras una enfermedad, Teofana terminaría muriendo en 991, y Adelaida tuvo que volver a la corte imperial como regente, quedando como tutora de su nieto, Otón III. Mientras este crecía, Adelaida usó el poder que recibió en beneficio de su propio pueblo, poniendo en primer lugar el fortalecimiento de las costumbres cristianas dentro del imperio, la asistencia a los pobres, y la construcción y restauración de monasterios e iglesias.
De esta manera, Santa Adelaida logró conquistar el cariño de sus súbditos, llegando a ser considerada como una madre bondadosa y justa.
Gobernó con espíritu evangelizador, determinado por la consciencia de que el Evangelio no sólo tenía que ser anunciado, sino que debía transformar auténticamente la vida de su pueblo. Cuando su nieto Otón III ascendió al trono imperial, ella se retiró a vivir a un monasterio, donde pasó sus últimos días dedicada a la oración.
El recurso al consejo, ayuda para alcanzar la santidad
A lo largo de su vida, la emperatriz Adelaida tuvo grandes directores espirituales, entre ellos varios santos, como es el caso de San Adalberto, San Mayolo y San Odilón.
Ella pudo recibir tal bendición gracias a su cercanía con los monjes del monasterio de Cluny, centro de la reforma espiritual del siglo X. San Odilón escribió sobre ella lo siguiente: «La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad».
Santa Adelaida murió el 16 de diciembre del año 999, a pocos días del cambio del milenio.
Sus patronazgos son múltiples: patrona de las víctimas de abuso, novias, emperatrices, mujeres que detentan poder, exiliados, prisioneros, segundas nupcias, viudas
Buenos Aires, 15 de diciembre (PR/25) .- Cada 15 de diciembre la Iglesia celebra a Santa María Crucificada de la Rosa (1813-, conocida también como Santa María de Rosa, religiosa italiana, fundadora de la Congregación de las Siervas de la Caridad.
Hija de un empresario y una condesa
Paola Francesca Di Rosa -por su nombre secular- nació en Brescia (Italia) el 6 de noviembre de 1813. Posteriormente, al hacerse religiosa, adoptaría el nombre de “Maria Crocifissa Di Rosa” (María Crucificada de la Rosa) y se convertiría en enfermera.
Su padre, don Clemente Di Rosa, fue un rico industrial, poseedor de una gran hilandería; su madre, Camilla Albani, era parte de la prestigiosa familia Albani, razón por la que ostentaba el título de condesa.
Un torrente de gracia y santidad en una fábrica
Durante su primera infancia, María fue educada por las Hermanas de la Visitación, quienes poseían un convento y una escuela en la ciudad. Lamentablemente, dejó la escuela tras la muerte de su madre en 1824. Con solo 11 años, María empezó a trabajar en la hilandería de la familia. Allí pudo conocer las duras condiciones en las que trabajaban muchas mujeres, algo que la marcaría para siempre. Años después diría: “Yo sufro viendo el sufrimiento de otros”.
Al cumplir los 17 años, María de la Rosa decidió consagrar su vida a Dios a través del servicio a los más necesitados. Por eso, animada por su fe y amor al prójimo, organizó a las trabajadoras de la hilandería con el propósito de generar vínculos de apoyo y ayuda solidaria entre sus familias. Esto fue visto con beneplácito por su padre, quien la alentó a perseverar en ese camino. Luego, por su capacidad de liderazgo y responsabilidad, don Clemente le entregaría la administración total de la hilandería. La joven acababa de cumplir los 19 años.
Solidaria con las mujeres que trabajan, atenta al llamado de Dios
María, sobre la base del grupo de ese grupo organizado de mujeres, formó una asociación religiosa en la que las trabajadoras podían profundizar y enriquecer su fe católica. Mientras tanto, alimentaba su vida espiritual participando activamente en su parroquia: organizaba retiros espirituales y obras de misión en las partes alejadas de Brescia, poniendo, como ya era habitual, su mayor atención en las mujeres abandonadas.
En 1836, la ciudad de Brescia sufrió el embate de la peste del cólera. Mucha gente murió aquel año y fueron muchísimos los niños que quedaron huérfanos. Para paliar en algo tal situación, el municipio organizó unos talleres en los que los niños podían estudiar y, al mismo tiempo, aprender algún oficio para su sustento. El alcalde le encargó a María de la Rosa el cuidado de las niñas, nombrándola directora de los talleres. A pesar de sus cortos 24 años, la joven hizo un trabajo notable y se ganó la estima y confianza de los habitantes de la ciudad.
María de la Rosa trabajó en aquel proyecto con gran dedicación durante dos años, hasta que pensó que sería mejor brindar una formación más completa y permanente. Entonces, por cuenta propia, abrió un internado para niñas en estado de abandono -fundamentalmente huérfanas y niñas muy pobres-, obra que crecería hasta convertirse en un sólido centro de formación y educación católica.
La Congregación de las Siervas de la Caridad: niñas abandonadas
María, fortalecida y animada por la gracia de Dios, no tardaría mucho en dar el siguiente gran paso: abriría otro instituto, esta vez, para niñas sordomudas.
En 1840, tocada por el Espíritu Santo, Santa María de la Rosa se embarcó en el que sería el proyecto más ambicioso de su vida: la fundación de una comunidad religiosa femenina dedicada a la atención de los enfermos en los hospitales. La nueva Orden llevaría el nombre de Congregación de las Siervas de la Caridad. El grupo inicial estuvo compuesto por cuatro jóvenes, pero tres meses después aumentaron a 32. Sor María de la Rosa fue nombrada por unanimidad superiora de la naciente comunidad.
La etapa final de la vida de María Crucificada de la Rosa estuvo dedicada a fortalecer la Orden y obtener el reconocimiento eclesiástico necesario, lo que no significó que dejara su labor como enfermera. En 1850, la Santa Sede, por voluntad expresa del Papa Pío IX, otorgó la aprobación de su congregación.
Unos años más tarde, Santa María de la Rosa moriría en olor de santidad, el 15 de diciembre de 1855, a los 44 años. Su proceso de canonización se inició durante el pontificado de San Pío X en 1913. El Papa Pio XII la beatificó el 26 de mayo de 1940 y él mismo la canonizó el 12 de junio de 1954 en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.
«Si enviáramos aquí a alguien que no quisiera estar, sería una experiencia muy difícil para esa persona», este sacerdote cuenta su experiencia
España, lunes 24 noviembre (PR/25) — Estás solo, lejos, oscuro, frío, poca gente… ¿Por qué elegiste Noruega? Sus amigos le preguntan, y él responde: «Hace 20 años llegué a Noruega como diácono, y con el padre Wojciech, el párroco de entonces, viajamos 200 kilómetros para asistir a Misa, a la que solo asistieron cuatro personas». Y yo pregunté: «¿Pero es así?». Exactamente, y… me cautivó.
El padre Rafa? Ochojski MSF, misionero de la Sagrada Familia, lleva seis años de servicio en Noruega. Actualmente es párroco de la parroquia de San Miguel Arcángel en Hammerfest, la parroquia católica más septentrional del mundo.
Anteriormente, destacó, fue un fervoroso pastor de jóvenes y, antes de eso, un vicario igualmente feliz en la parroquia de la Asunción de la Santísima Virgen María en Z?otów.
ks. Rafa? Ochojski
Aleteia: ¿Cómo descubrir a Dios en Noruega?
P. Rafa? Ochojski: La pastoral en el norte de Noruega no se basa en estadísticas, sino en personas. Aquí no contamos a los fieles en porcentajes, porque yo mismo los cuento (risas). Cada persona nueva se tiene en cuenta. Vivo profundamente la parábola evangélica de la oveja perdida. Además, Noruega es un país protestante, y aquí se da un fenómeno poco conocido: la conversión del protestantismo a la Iglesia católica. Tuve una experiencia así en mi parroquia el pasado junio. Es una experiencia muy conmovedora.
ks. Rafa? Ochojski
¿Cómo buscar a Dios?
Suelo decir en mis sermones que Dios siempre está cerca de nosotros, sin importar cuán lejos estemos de Él. ¿Cómo podemos buscarlo? Probablemente no haya una respuesta sencilla. Sin importar cuán diferentes seamos, cuán diferentes sean nuestras experiencias de vida, cuán diferentes sean las situaciones en las que nos encontremos, Dios viene a nosotros.
Podemos buscarlo en los sacramentos, porque Él está presente allí. En todo tipo de situaciones, porque Él obra a través de ellas, y de diferentes maneras. Vale la pena buscar a Dios en la vida cotidiana.
ks. Rafa? Ochojski
¿Cómo ayuda esta naturaleza de espectacular belleza en esto?
Creo que Dios no se apoyó en su teclado divino por casualidad, y esto tampoco le sucedió por casualidad (risas). ¡No es una coincidencia! Para mí, todo tiene una coherencia perfecta: lo espiritual, lo sacramental, lo humano y lo natural. Ahora que hace relativamente calor y no hay nieve, es estupendo. Un día era una mañana preciosa, sin nubes; hay una montaña detrás de la rectoría, el sol aún no se veía, pero ya empezaba a asomar.
Estaba cansado después de un viaje de 800 kilómetros, pero fui a abrir la iglesia, cogí mi bicicleta, mi breviario y me puse en marcha. Y ese es el magnetismo espiritual de la naturaleza. Para mí, es una experiencia de la gracia de Dios. ¿Por qué? Sabía que era inútil; estaba cansado del viaje, y en cuestión de segundos pude subirme a la bicicleta y pedalear.
ks. Rafa? Ochojski
¿Y en invierno?
El invierno y la noche polar son una confesión; es una época difícil. Recuerdo de mi infancia ventisqueros que me llegaban a la cintura, pero eso no es nada comparado con los inviernos de aquí. El clima de la noche polar es exigente, incluso físicamente; necesitas suplementos para mantenerte en pie. Nuestra parroquia tiene aparcamientos y garajes; los alquilamos, y cada mañana de invierno, paso dos horas paleando nieve del aparcamiento y el garaje, a veces incluso por la tarde, dependiendo de cuánta nieve caiga.
El trabajo es duro; me digo a mí mismo que voy a entrenar; a veces he tenido que quitar 14 kilómetros de nieve yo solo. Esta limpieza de nieve es diferente a la que conocemos en Polonia; no se trata solo de palear la nieve; hay que cargarla y transportarla en carretilla porque estamos en el centro de la ciudad.
¿Qué otros desafíos presenta esta misión?
Celebrar la misa fuera de casa es un desafío, ya que muchas veces es imposible llegar. Hay una aplicación de tráfico que comprueba si las carreteras están abiertas, y a veces están cerradas, y tengo que declinar. En abril, iba a un bautizo. Había una tormenta de nieve, caía de todas direcciones. Conducía por las montañas, en un terreno abierto que la quitanieves aún no había despejado.
Había medio metro de nieve recién caída en la carretera, y lo único que veía eran postes que sobresalían. Y ahora tienes que acordarte de conducir entre ellos. De noche, con nieve, postes clavados en el suelo, y en un viaje largo, no sabes si estás entrando o saliendo de la carretera. Es una experiencia agotadora.
¿Qué te sorprende de Noruega?
La diversidad de la Iglesia: En mi parroquia hay casi cincuenta nacionalidades, y al menos una docena asisten a la misa dominical. Aquí experimento la catolicidad de la Iglesia al conocer a personas de culturas tan diversas, con tantas experiencias y perspectivas, y durante la misa, nos sentimos profundamente unidos. Al mirar al altar, vemos lo mismo, sentimos lo mismo, compartimos imágenes similares y nuestro conocimiento catequético es parecido. Y en todas las iglesias católicas hoy en día, escuchamos lo mismo: las mismas oraciones, discursos y palabras; esto es muy enriquecedor.
ks. Rafa? Ochojski
¿Qué hace única a la iglesia en Noruega?
Aquí sólo hay unas pocas personas; nos conocemos todos por nuestro nombre, sé lo que le pasa a cada uno. Es una especie de ministerio pastoral de saludos. Tomo café, me siento junto a la ventana, y si pasa alguien conocido por la calle, llamo a la ventana y le saludo. A menudo, pasa el vicario de una parroquia protestante; su esposa es católica y suelen ir a misa los domingos. Estos gestos sencillos unen a las personas en su día a día.
ks. Rafa? Ochojski
Padre, usted dice que está aprendiendo la oración del ser, como mencionó el padre Badeni…
Para mí, la palabra «oración» es sinónimo de presencia. Orar en silencio, contemplación y escucha. Sabemos por el Evangelio que cuando la gente se acercaba a Jesús, era para escucharlo, y la consecuencia era la sanación. A menudo acudimos con una serie de peticiones específicas. Los noruegos usan la palabra noruega «pray» para pedir algo. Dado que es la misma palabra, podría dar la impresión de que orar significa pedir algo. Y de niño, yo oraba de la misma manera. Hoy, elijo una oración de alabanza, presencia y adoración.
¿De qué está hablando Dios?
Siempre habla de lo importante, sin detenerse jamás en trivialidades. Habla de algo diferente cada día, y a cada persona de una manera distinta. Dice que eres importante para él, porque no moriría en la cruz por alguien insignificante
La universalidad del mensaje de Dios a la humanidad reside en su amor por nosotros, que revela de muchas maneras. En Polonia, durante los retiros, les decía a las personas que el día en que fueron concebidas fue el día en que Dios declaró que el mundo ya no podía existir sin ellas. La cita original dice que fue cuando «nacieron», pero creo que fue mucho antes.
¿Por qué estás agradecido?
Tengo dos fuentes de gratitud. Una es general: por mi vida, mi sacerdocio, mi vocación y las personas cercanas a mí. La otra es la cotidiana, por haber logrado algo. La gratitud engendra generosidad, como me recuerda uno de mis hermanos. Y cuanto más agradecido estoy, más me impregna la presencia de Dios.
Ha habido muchas situaciones que, desde una perspectiva humana, sabía que no podía manejar solo. Para mí, la definición de la gracia de Dios es que cada vez que logro hacer algo que da buen fruto, aunque lo haga en contra de mis propias capacidades, deseos o predisposiciones, es prueba de la gracia de Dios obrando.
ks. Rafa? Ochojski
Y suceden cosas extraordinarias…
«Un día, después de la misa vespertina, se me ocurrió una idea: sería genial poner una estatua de la Virgen frente a la iglesia. Y enseguida, otra: ¡no sé ni por dónde empezar! Estudio construcción, pero me dedico a carreteras y puentes, no a pedestales ni estatuas. Pensé: «Vale, como es de inspiración divina, funcionará».
Hablé con mis vecinos polacos, les conté la idea, les dije que no sería una estatua pesada porque estaba hecha de resina sintética, y que tampoco sería muy cara. Me dijeron que iban a Polonia de vacaciones y que podrían traerla de vuelta.
Hablé con otra familia y les conté que nosotros también traeríamos una estatua de la Virgen de Polonia, y que estaba pensando en un pedestal. Me enteré de que el padre de familia se encargaría de colocarlo. Colocamos el pedestal, pusimos la estatua encima, y ??me di cuenta de que la iluminación sería útil, así que vino alguien de la iglesia a instalarla. ¿Cómo no sentirse protegido, cómo no sentir Su presencia?»