De la enfermedad a la música: sobrevivió a la leucemia y ofreció su vida a Dios

De la enfermedad a la música: sobrevivió a la leucemia y ofreció su vida a Dios

La conmovedora historia de Jesús Cabello, el músico español que venció un diagnóstico terminal en su infancia gracias a un milagro y hoy transforma su milagrosa supervivencia en canciones de fe y gratitud a Dios.

España, martes 16 junio (PR/26) — Diagnosticado con leucemia desde bebé, su historia estuvo marcada por una promesa y un encuentro con Dios que transformó su vocación hacía la música

Hay historias que permiten percibir el amor de Dios de forma casi tangible, especialmente cuando, en medio del dolor, aparece una luz que transforma todo alrededor.

Así sucedió en la vida de Jesús Cabello, un músico español que apenas con 18 meses de nacido le detectaron una leucemia linfoblástica y un linfoma leucemizado. Esta noticia marcaría un antes y un después.

En 1985, se sometió a un tratamiento en Europa que, en ese momento, era experimental y no había sido probado en niños. Él mismo relata que varios de sus compañeros sufrieron reacciones severas e incluso algunos fallecieron años después. Sin embargo, aunque recibió el mismo medicamento, no perdió el cabello ni la vitalidad.

 

 

A pesar de ello, el tratamiento no era suficiente para su condición, por lo que los médicos sugirieron un trasplante de médula. Su hermano era el único posible donante, pero tenía apenas 10 años, así que la familia decidió no asumir ese riesgo.

El milagro que cambió su historia

 

“A los 4 años ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de inmediato

. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y repitió su promesa”.

Cuando llegaron al hospital, tres horas más tarde, le repitieron los estudios. Esta vez, el resultado fue sorprendente: la enfermedad prácticamente había desaparecido.

Años después, cuando tenía ocho años, su madre notó una protuberancia en su cuello mientras lo peinaba. Acudieron al médico de inmediato, donde le extirparon un linfoma del tamaño de una cereza que había permanecido enquistado durante todo ese tiempo. A partir de ahí, su recuperación fue inmediata.

Jesús confiesa que, al haber vivido con esta enfermedad desde tan pequeño, nunca percibió algo fuera de lo normal. Incluso llegó a pensar que todos los niños pasaban por estudios médicos similares. No fue sino hasta que su hermana mayor le contó la verdad que comenzó a cuestionarse su propia historia:

“¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué otros compañeros del hospital han muerto? Al hacerte esas preguntas, terminas encontrándote con Dios”.

 

El encuentro que le dio sentido a todo

 

Por esos mismos años, comenzó a tocar la guitarra mientras su hermano le enseñaba algunas canciones. Aunque reconoce que al inicio no cantaba bien, la música despertó en él una alegría profunda.

Asistía a Misa con regularidad y, a los 17 años, participó en unos ejercicios espirituales que marcarían su vida.

El 18 de agosto de 2001, mientras oraba en un jardín, rompió en llanto al experimentar un abrazo, un calor y un amor que nunca antes había sentido. En ese momento comprendió el rumbo de su vida: no quería nada que no fuera Jesucristo.

Durante esos mismos ejercicios, recibió el don de la inspiración y comenzó a escribir canciones que expresaban lo que llevaba dentro. Grababa estas composiciones en CDs para amigos y familiares, pero pronto notó que comenzaban a difundirse con rapidez.

 

 

Al año siguiente, regresó planteándose la vocación sacerdotal, influido también por el camino de su hermano, que se había ido al sacerdocio. Sin embargo, fue ahí donde conoció a Paloma, quien se convertiría en su esposa.

Tras siete años de noviazgo, se casaron en esa misma casa de espiritualidad en La Zubia (Granada), porque —como él mismo dice— “allí conocimos a Dios y nos conocimos nosotros”.

 

Una fe sostenida por la Virgen

 

Jesús también compartió un momento especialmente doloroso en su vida matrimonial. En 2010, él y su esposa atravesaron un aborto. Tiempo después, su esposa comenzó a acudir con frecuencia a una iglesia con adoración al Santísimo, donde solía detenerse ante la imagen de la Virgen de Guadalupe para rezarle “de madre a madre”.

Poco tiempo después, quedó embarazada nuevamente. Su hijo nació el 12 de diciembre de 2012, justamente el día de la Virgen de Guadalupe. Desde entonces, esta advocación ocupa un lugar muy especial en su familia.

Una vocación que se vive en lo cotidiano

 

La música es una parte esencial de su vocación, aunque no la única. También es maestro de literatura para jóvenes y padre de familia. Aunque ha tenido la oportunidad de presentarse en países como Panamá, Estados Unidos, Italia o Polonia, compartiendo escenario con músicos de talla internacional, ha comprendido que el don recibido implica también una responsabilidad.

“En 2017 me propusieron mudarme a Estados Unidos para vivir de la música, con todas las facilidades, pero dije que no. Por mi forma de ser, no podría vivir solo de los focos, los aplausos y los viajes, desarraigándome de mi familia. Necesito tener los pies en el suelo, y la rutina del día a día con mis alumnos me aporta muchísimo”.

 

 

Jesús vive tres vocaciones que se integran y dan forma a la persona que es hoy. Busca compartir aquello que ha recibido:

“Cuando canto o pongo al servicio mis talentos, siento una profunda misericordia. Siento que tengo una deuda con Dios, porque me ha regalado dos vidas (al nacer y al sanarme), algo que otros compañeros no tuvieron. La música y los conciertos son solo una forma de corresponder, aunque sea mínimamente, a lo que Dios ha hecho por mí”.

Así, testimonios como este muestran cómo Dios toca el corazón de quienes se abren a Él y los acompaña en sus dones. Jesús adelantó que su nuevo disco saldrá el 17 de junio, en el que busca narrar todo lo que Dios ha hecho en su vida, convirtiéndolo en alabanza.

Jesús Cabello

Para escuchar y ver: https://www.youtube.com/watch?v=AtO0JiFLkNI
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Fuente: Aleteia
“Se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas”

“Se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas”

El pasaje del Evangelio de hoy trata de adentrarnos en la profundidad espiritual que Jesús ofrece sobre el Reino de Dios. Con total naturalidad, Jesús busca espacios en los que se encuentra con personas para aprovechar e instruir, dar una mirada nueva y profunda sobre las realidades esenciales de la vida.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 1-8

 

Querido hermano:
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.
Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

 

Salmo de hoy

Salmo 70, 8-9. 14-15ab. 16-17. 22 R/. Mi boca contará tu salvación, Señor

 

Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas, no me abandones. R/.

Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación. R/.

Contaré tus proezas, Señor mío;
narraré tu justicia, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R/.

Yo te daré gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44

 

En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:

«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».

Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.

Llamando a sus discípulos, les dijo:

«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

 

Evangelio de hoy en vídeo

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

«Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús»

La Palabra de Dios es actual y pareciera querer ser una radiografía de lo que nos sucede hoy mismo. San Pablo escribe a Timoteo, sobre las actitudes de cómo deben de ser los encargados de pastorear al Pueblo de Dios.

El mundo tiene necesidad de conocer a Dios, por ello, anima a  proclamar la Palabra. Insiste, no te canses aprovecha cualquier oportunidad, no tengas miedo o vergüenza. Exhorta, pelea si es necesario. Reprocha, lucha, no te calles…

Estamos realmente en este tiempo en el que no se soporta la sana doctrina. Tampoco queremos el compromiso y por supuesto lo que suene a sufrimiento y padecimiento que ni nos lo nombren. Queremos vivir el sueño americano, todo de color de rosa. Nos buscamos maestros a la medida que nos regalan el oído, pero no nos interpelan ni nos dicen la verdad, ya que esta señora: «duele».

Nos hacemos dioses a la medida para calmar el poco de conciencia que nos queda. Que no nos exija mucho, que no confronte nuestra vida con el evangelio, que cumplamos con lo más básico y ya está. Por ello, buscamos la fábula, el cuento, un mundo aparte idílico, para escapar de las realidades, eludir la crudeza de lo que vivimos sin descubrir lo que ofrece Jesucristo como plenitud de vida, salvación y proyecto de amor para la vida.

 

«Esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir»

 

El pasaje del Evangelio de hoy trata de adentrarnos en la profundidad espiritual que Jesús ofrece sobre el Reino de Dios. Con total naturalidad, Jesús busca espacios en los que se encuentra con personas para aprovechar e instruir, dar una mirada nueva y profunda sobre las realidades esenciales de la vida. Para crear conciencia sobre nuestro existir. Acompañar en esos interrogantes que van surgiendo en lo interno de nuestro corazón y con facilidad nos quitan la paz. Por ello, es como si el texto tuviese dos partes y en esas dos partes, muestra dos planos totalmente distintos.

Aparece al principio instruyendo al gentío. La segunda parte, más íntima, a los discípulos. La segunda parte también habla de realidades distintas: los ricos echan mucho y de los que les sobra. La viuda poco y lo que tiene para vivir.

Rápidamente nos mete en las coordenadas de Dios, no en los ejes que estamos acostumbrados de esta sociedad capitalista que busca siempre resultados asombrosos y que nos separa en vencedores y fracasados. En el tener y no en el ser.

Siguiendo el hilo de los dos planos, estamos en el Templo, lugar por excelencia de la presencia de Dios. Más concretamente en la zona del tesoro del templo, donde hay situadas trece arcas metálicas en forma de trompeta, destinadas a recoger las distintas ofrendas, promesas, donativos de los fieles. Al depositar la moneda y pasar por esa especie de trompeta emitía un sonido.

El sonido que no el ruido o el humo que muchas veces queremos ofrecer con nuestra vida. Por ello, toca la realidad de una auténtica vivencia de lo religioso: el sonido esencial para el fariseo que lo escucha el mundo. Y, el sonido esencial de la viuda que lo escucha Dios.

Los personajes también se sitúan en planos que no tienen casi nada en común. El fariseo encargado de enseñar la tradición oral y escrita del pueblo judío. Después de un proceso de aprendizaje de la ley se les nombraba «maestros», con una determinada vestimenta que los distinguía del resto del pueblo.

Vivían desde el legalismo férreo, con un control sobre la vida religiosa y social del pueblo. Jesús denunció en más de una ocasión su hipocresía. Y, esto es lo que quiere subrayar el texto al hablar de ellos cuando Jesús instruye a la gente. La forma de vivir la relación con Dios, conocer a Dios me debe llevar a ser más humano, más evangélico. El arca de la ofrenda debe sonar a humildad no a hipocresía.

El otro personaje es el opuesto. Mujer y viuda, dos requisitos que la sitúan en un plano inferior a los fariseos. Su pobreza la sitúa en un plano inferior a los ricos. Presenta esta mujer su ofrenda y no sonó para nada en aquellos artilugios en forma de trompetas que nos fabricamos los humanos.

El sonido no es capaz de alzar mucho su eco y no lo apreciaron los que pasaban por allí, unas insignificantes monedillas. Sin embargo, Jesús, reúne a sus discípulos y les hace caer en la cuenta de la importancia de la vivencia en la fe. Fiarse por completo de Dios.

El sonido que sale de la trompeta con la ofrenda de la viuda es sublime: «música celestial». Ha echado lo que tenía para vivir. La ofrenda total de la vida, se ha quedado sin nada. No hay reservas. No se ha guardado nada. No hay seguridades ningunas sobre su futuro. No ha calculado la acción. Se queda a la intemperie. Solo Dios. El resto da de lo que les sobra y para nada exponen su vida.

Y es que el amor siempre te lleva a un grado mayor, lo que has recibido gratis lo das en plenitud.

 

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.

Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Convento de Santo Domingo (Caleruega)

 

 

 

Fuente: Dominicos.Org
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Hoy celebramos a Santa Magdalena Barat, comprometida en reconstruir su país al amparo del Sagrado Corazón

Hoy celebramos a Santa Magdalena Barat, comprometida en reconstruir su país al amparo del Sagrado Corazón

Al celebrarse la memoria de Santa Magdalena Sofía Barat, recordamos el legado de la fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, quien reconstruyó el tejido social de Francia a través de la educación y el servicio a los desamparados.

 

Buenos Aires, lunes 25 mayo (PR/26) — Cada 25 de mayo, la Iglesia celebra a Santa Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Magdalena Sofía nació en 1779 en Joigny (Francia). Desde pequeña se sintió atraída por la oración y la vida religiosa, pero no sería hasta pasados los peores años de la Revolución Francesa -cuando la libertad religiosa se fue restituyendo- que descubriría el llamado a consagrarse al servicio de Dios y de la Iglesia.

Magdalena nació en un hogar humilde, no obstante, gracias a su hermano mayor -quien se convertiría en su preceptor-, recibió un tipo de educación considerada un privilegio para la época. Esto se debía, en primer lugar, a que la mayoría de familias no tenían dinero, y, en segundo lugar, las mujeres casi no tenían acceso a la educación. Su hermano, un joven sacerdote, la puso en contacto con los autores clásicos y con la tradición teológica.

Una “revolución” impulsada por la caridad

 

La pequeña Magdalena tenía 10 años cuando estalló la Revolución (1789). Este proceso histórico-político estuvo preñado de aspiraciones de libertad y justicia, pero entendidas a partir del rechazo de toda tradición. Además, los ‘revolucionarios’ se dejaron contagiar por el espíritu anticlerical de muchas de las ‘nuevas ideas’ que flotaban acríticamente en el ambiente, lo que se convirtió en caldo de cultivo para la violencia y el descontrol. Fueron tantas las atrocidades que se cometieron que la Revolución produjo uno de los capítulos más dolorosos de la historia del catolicismo francés.

Mientras Magdalena va creciendo, empieza a asumir un compromiso cada vez más sólido con su fe en un contexto bastante complicado. El movimiento revolucionario había dejado una estela de rencor y ruptura entre los franceses, y muchos de ellos se habían apartado de la fe en la que habían crecido. Es así que Magdalena Sofía percibe la necesidad de contribuir, desde el seno de la Iglesia, a reconstruir el tejido social e instaurar una auténtica ‘fraternidad’ -no de esa que devino en la guillotina y en la proliferación de patíbulos, sino una que respetase de verdad los derechos de los seres humanos-.

Cristo ha mostrado su corazón

Magdalena, entonces, se dedica a la formación de niñas y jóvenes, y a conocer y desarrollar la espiritualidad del Corazón de Cristo. En su niñez había pasado horas orando con su familia frente a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús por la liberación de su hermano, preso durante la Revolución solo por ser sacerdote. Esa experiencia marcó profundamente su espiritualidad personal y la animó a aferrarse al Sagrado Corazón. Con el tiempo, las intuiciones y sueños se fortalecieron y la impulsaron a dar pasos más sólidos en su camino vocacional: junto a cuatro compañeras realizó sus primeros votos religiosos en 1800, en la que sería la novel Sociedad del Sagrado Corazón, asumiendo un proyecto que combinaba la contemplación y el apostolado.

A inicios del siglo XIX una epidemia diezmó a parte de la sociedad francesa. La cantidad de muertos dejó un saldo terrible: muchos niños quedaron huérfanos o completamente desamparados. Sor Magdalena Sofía y sus hermanas dieron una respuesta eficaz ante el reto que tenían enfrente.

La religiosa lo resumió así: “¿No tienen madre? La Sociedad del Sagrado Corazón está fundada para ellos. Aunque no quedaran plazas en el colegio, crearía uno nuevo inmediatamente para los niños huérfanos o abandonados por sus padres”.

Amar a los pobres como Jesús

Santa Magdalena Sofía Barat solía decir: “A los pobres les daría yo mi piel”. Esa era la hermosa forma con la que expresaba cuánto amaba a Cristo y a sus hijos sufrientes. Esas palabras portaban un claro mensaje: no se guardaría nada para sí.

 

 

Y como sucede cuando alguien tiene el corazón inflamado por la caridad, la Madre Magdalena ayudó a muchos a fortalecer su amistad y trato con el Señor. Como cabeza de su institución, se preocupó también por la formación en el conocimiento y la virtud de los educadores católicos.

“Si volviera a nacer, lo haría solo para obedecer al Espíritu Santo y actuar movida por él” (Santa Magdalena Sofía Barat).

La santa partió a la Casa del Padre el 25 de mayo de 1865. Hoy, la pequeña sociedad que fundó se ha convertido en una congregación que cuenta con más de 3500 religiosas en el mundo, especialmente en Europa y América. La Madre fue canonizada en 1925 por el Papa Pio XI.

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Fuente: ACI Prensa

 

Hoy se celebra a San Gabriel de la Dolorosa, patrono de la juventud

Hoy se celebra a San Gabriel de la Dolorosa, patrono de la juventud

Gabriel fue un joven ejemplar que supo renunciar a las vanidades del mundo y poner toda su confianza en la Virgen María, Madre de todos. Además, como lo atestiguan sus últimas palabras, expresadas con su último aliento, Gabriel fue fiel devoto de la Sagrada Familia. El joven santo se despidió de este mundo diciendo: “Jesús, José y María, expire en paz, con vosotros, el alma mía”.

Hijo de Asís, hijo de San Francisco

El nombre de pila de San Gabriel fue Francisco Possenti. Fueron sus padres quienes eligieron ponerle “Francesco” en honor a San Francisco de Asís, ya que su hijo había nacido en la misma ciudad que el célebre santo italiano. Al momento del alumbramiento, los Possenti se encontraban de paso por Asís debido a las actividades del padre de Francesco, solvente comerciante que fungía al mismo tiempo de embajador de los Estados Pontificios.

El pequeño ‘Francesco’ arribó a este mundo el 1 de marzo de 1838. Fue bautizado días después en la misma pila bautismal en la que fueron bautizados San Francisco y Santa Clara. El pequeño Possenti era el undécimo de trece hermanos. Penosamente, quedaría huérfano de madre a los cuatro años, por lo que su crianza quedó en manos de su padre y sus hermanos mayores.

Un chico como cualquier otro

A Francisco Possenti lo caracterizaba su buen talante y un corazón afectuoso. A medida que iba creciendo, crecía también su sensibilidad y la conciencia del sufrimiento de tanta gente a su alrededor. Si algo le apretaba el corazón era ver gente abatida por la pobreza o el abandono.

No obstante, como le sucede a muchos, Francisco se las arregló para enfriar la llama de la compasión que ardía en su interior. Durante la adolescencia se convirtió en un jovencito bastante frívolo y vanidoso, de esos que les encanta vestirse a la moda y gastar dinero en finos atuendos y cosas superfluas.

A la par, gustaba mucho del teatro -al que asistía con frecuencia-, las novelas románticas y el baile, quizás su pasión más grande. Claro, habría que tomar en cuenta que, en muchos sentidos, no había mucho de extraordinario en su forma de vivir. Francisco era, si se quiere, como cualquier otro joven acomodado.

Quién sabe si estas formas de trato con Dios y la Virgen eran las maneras como Francisco había aprendido a acallar las voces del compromiso, o de sentirse ‘un chico bueno’. Había sido, primero, alumno de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Los Hermanos de La Salle) y después pasó al colegio de los jesuitas, con quienes hizo el liceo clásico. Francisco fue un buen estudiante y destacó siempre por su liderazgo y personalidad.

La llamada

A los 17 años se le pasó por la cabeza, por primera vez, la idea de ser sacerdote, pero no lo consideró con seriedad hasta el día que enfermó gravemente. Creyendo que moriría, prometió al Señor hacerse religioso si se salvaba. Dios hizo su parte, y el chico se recuperó, pero olvidó su promesa casi de inmediato.

Al tiempo, Francisco cayó nuevamente enfermo aunque, en esta oportunidad, se encomendó al entonces beato jesuita Andrés Bobola. Al recobrar la salud, consideró nuevamente ser religioso, pero otra vez se dejó llevar por las distracciones de la vida mundana, postergando sus inquietudes espirituales.

Un día, practicando cacería, Francisco se tropieza y se dispara accidentalmente un tiro que le roza la frente. El suceso lo dejó perplejo. Entonces entra de nuevo en un periodo de reflexión y decide darle un giro definitivo a su vida. Está convencido de que lo que pasó fue un aviso del cielo y una oportunidad más -quizás la última- de vivir intensa y plenamente la vida, no a su manera, sino a la de Dios.

Al poco tiempo, el joven retomó su discernimiento formalmente y llega a pensar que Dios lo estaba llamando efectivamente al sacerdocio. Entonces le comunica a su padre cuáles eran sus intenciones: quiere ingresar a una orden religiosa y entregarse a Dios. Su padre muestra su desacuerdo y rechaza de plano tal posibilidad.

Cuando renunciar es ganar

El 22 de agosto de 1856, durante la procesión de la “Santa Icone” (imagen mariana venerada en Spoleto, donde residía la familia Possenti en ese momento), Francisco fija la mirada en los ojos de la Virgen, y escucha en su corazón que la Madre de Dios le dice: «Tú no estás llamado a seguir en el mundo. ¿Qué haces, pues, en él? Entra en la vida religiosa».

Francisco tomó muy en serio lo dicho por la Virgen. Entonces, decide alejarse de su novia, María, e ingresa al noviciado pasionista ¡Quién podría presagiar en ese momento que aquella jovencita estaría años después presente en la ceremonia de beatificación de quien había sido su novio!

Incorporado a la Orden, Francisco recibe el hábito y toma por nombre “Gabriel de la Virgen Dolorosa”. La vida nueva que Dios le estaba regalando en ese momento fue lo que lo impulsó a escribir alguna vez: «La alegría y el gozo que disfruto dentro de estas paredes son indecibles».

A San Gabriel se le ocurrió reservar un pedacito del jardín para sembrar y cuidar flores expresamente para el altar. Aquel sencillo acto de amor constante, curaba muchas heridas e iba fortaleciendo su buen corazón.

Un tuberculoso en brazos de María

Gabriel fue enviado al convento pasionista de Isola del Gran Sasso. Allí, a sus 23 años, empezó a padecer de malestares continuos: se sentía cansado, sin fuerzas y tuvo su primera hemoptisis (expectoración de sangre proveniente de las vías respiratorias), a causa de la tuberculosis que había contraído. Sus hermanos pasionistas le dieron los cuidados debidos, sin embargo, el santo empeoró, aunque no perdió ni la serenidad ni el temple.

El 27 de febrero de 1862 solicitó su última confesión. Recibida la absolución, con los ojos dirigidos al cielo dijo: “Pronto, Mamá mía. María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndeme del enemigo y acógeme en la hora de la muerte”. Aquel día Gabriel partió de este mundo al encuentro de Dios Padre. Tenía solo 23 años.

Si deseas conocer más sobre la vida de San Gabriel de la Dolorosa, te sugerimos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Gabriel_Possenti.

Cada 27 de febrero la Iglesia celebra a San Gabriel de la Dolorosa, joven pasionista italiano y patrono de la juventud, cuya vida pasó de la frivolidad mundana a una entrega total a Dios y a la Virgen María.

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Fuente: ACI Prensa


Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

De acuerdo al Papa Benedicto XVI, “en el Renacimiento, Santa Ángela de Mérici propone un camino de santidad también para quien vive en un ámbito laico”, lo que constituyó un importante paso en el camino de comprensión del papel de quienes no están llamados a la vida consagrada dentro de la Iglesia.

La ‘pequeña amiga’ de Santa Úrsula

Santa Ángela nació el 21 de marzo de 1474 en Desenzano del Garda, localidad cercana a Brescia, en el norte de Italia. Pasó su primera infancia en el campo, al lado de sus padres, unos sencillos agricultores que trabajaban en el valle.

Fue su padre, Giovanni Merici, quien gustaba contarle historias de la vida de los santos. Ángela lo disfrutaba muchísimo mientras empezaba, casi sin querer, a desarrollar un sentimiento de cercanía por quienes siguieron los pasos de Jesús. Con mucha naturalidad, la niña empezó a relacionarse con ellos a través de la oración. De ahí el vínculo cordial que tenía con Santa Úrsula, la doncella que murió martirizada en el siglo IV, a quien Ángela terminó profesando un gran cariño y devoción. A través de los santos, o gracias a ellos, en el corazón de Ángela iba naciendo el deseo de entregar la vida a Dios por completo.

Mística precoz

Sin embargo, poco después, la hermana mayor moriría de manera intempestiva. Esto produjo una gran desazón en Ángela porque su hermana había muerto sin haber recibido los sacramentos. Grande sería el sufrimiento de la niña al no saber cuál había sido la suerte de su hermana frente a Dios.

En esas circunstancias, la santa se aferró a la intercesión de la Virgen María y a la figura de San Francisco de Asís. Se refugió por completo en la oración y en la práctica de la penitencia. En su corazón de niña, había brotado un deseo cada vez más grande de agradar a Dios y pedir su misericordia, en caso Él dispusiese conceder la salvación eterna a su hermana.

Terciaria franciscana

A los 13 años Ángela se hace terciaria franciscana. Previamente había hecho saber a sus tíos, quienes querían casarla, que ella deseaba permanecer virgen y ser religiosa.

A la muerte de su tío, cuando tenía 20 años, Santa Ángela vuelve a su tierra natal, Desenzano, donde se dedica a asistir a los pobres y a catequizar a las niñas. Convierte su casa en una suerte de escuela, convencida de que la instrucción es la mejor ayuda para quienes poseen poco o nada, de que era la herramienta más adecuada para una vida feliz, ayudar a la Iglesia y, por supuesto, obtener la vida eterna.

Ángela no era religiosa en ese momento, como corresponde a todo miembro de una tercera orden, pero había encontrado un camino de entrega total al Señor y de servicio a sus hijos más necesitados. Sin duda, un maravilloso precedente, tal como lo señalaba el Papa Benedicto XVI.

En 1516, los franciscanos le pidieron a la santa que fuera a Brescia a acompañar a una mujer que había perdido a su esposo e hijos en la guerra, y que pasaba por una experiencia de tristeza indecible. Ángela permanece dos años con ella, ayudándola material y espiritualmente. Luego decide permanecer en esa ciudad, hasta que en 1524 parte a Jerusalén con un grupo de peregrinos que se sentían convocados por su testimonio de santidad. Estando de paso en Creta, sufre de una ceguera temporal, que la obliga a ser guiada a Tierra Santa, a donde logra llegar. Milagrosamente, durante el viaje de regreso recupera la vista.

En 1525, parte a Roma y se entrevista con el Papa Clemente VII, quien la invita a hacerse cargo de un grupo de enfermeras; Ángela rechaza la oferta: «Es en Brescia donde Dios me quiere».

La santa le confiesa al Papa que había tenido una visión en la que unas doncellas ascendían al cielo en una escalera de luz. En la visión, las santas vírgenes estaban acompañadas por ángeles que tocaban dulces melodías. Todas portaban coronas con piedras preciosas. De pronto, la música cesó y Jesús la llamó por su nombre y le pidió que creara una sociedad de mujeres. De esta manera, el Santo Padre le otorgó el permiso para formar una comunidad de vida consagrada.

En una nueva visión, Santa Úrsula, su mayor inspiración, se le aparece a la santa y la nombra patrona de la fundación.

El 25 de noviembre de 1535, en la Iglesia de San Afra en Brescia, Ángela y 28 compañeras  consagraron sus vidas al servicio de la educación de las niñas. El nombre de la nueva familia espiritual fue “Compañía de Santa Úrsula”, que con el tiempo terminaría aglutinando varios institutos de vida activa y contemplativa.

El 27 de enero de 1540, Santa Ángela partió a la Casa del Padre. Las ursulinas recibieron el reconocimiento pontificio en 1544 por voluntad del Papa Pablo III. Posteriormente se establecieron como congregación en 1565. Tres años más tarde, en 1568, San Carlos Borromeo convocó a las ursulinas a Milán, persuadiéndolas de formar una rama de clausura, siguiendo la inspiración del Concilio de Trento (1545-1563).

Herederas de Santa Ángela de Mérici, sus hijas espirituales se han dedicado a la formación y educación de la juventud femenina a lo largo de los siglos.

Si deseas conocer más sobre Santa Ángela de Merici, puedes consultar la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Angela_Merici.

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Fuente: aciprensa