En Arusha, Tanzania, un grupo de religiosas convirtió su carisma en un refugio de paz para viajeros de todo el mundo. Así nació el St. Carolus Retreat Centre, un lugar donde la oración, el descanso y la hospitalidad se entrelazan cada día.
Buenos Aires 18 julio (PR/26)–Todo comenzó hace más de tres siglos y medio, en una pequeña ciudad de Francia. El 18 de junio de 1652, en Nancy, Emmanuel Chauvenel fundó la Congregación de las Hermanas de la Caridad de San Carlos Borromeo, una comunidad religiosa que desde entonces no dejó de crecer ni de expandirse por el mundo.
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Hoy, en Tanzania, esas mismas hermanas siguen fieles a un mismo llamado: “Unión con Dios en el amor perseverante”, el carisma que guía cada uno de sus pasos. Es una misión que las lleva a cuidar tanto el alma como el cuerpo de cada persona que se cruza en su camino.
El camino a Tanzania
Las religiosas llegaron a Tanzania en 1985, procedentes de los Países Bajos. Su primera comunidad se instaló en Mtinko, en la diócesis de Singida, y desde allí comenzó una historia de entrega silenciosa.
Con el paso de los años, el trabajo de las hermanas se fue multiplicando: educación, catequesis y pastoral ocuparon buena parte de sus días. Pero algo faltaba todavía.

Religiosos, sacerdotes y fieles laicos empezaron a pedir lo mismo: un lugar de silencio, descanso y renovación espiritual. De esa necesidad, y de la invitación de Jesús en el Evangelio de Marcos a “retirarse a un lugar solitario a descansar un poco”, nació la idea de construir una casa de retiro.
Un refugio en Tengeru
El St. Carolus Retreat Centre abrió sus puertas de manera oficial el 14 de octubre de 2017, en Tengeru, muy cerca de Arusha.
“Nació para responder a las necesidades de nuestro tiempo y compartir el carisma de la Congregación, ofreciendo atención tanto espiritual como material”, explica la hermana Agatha, una de las religiosas que impulsó el proyecto.
Arusha es, además, uno de los principales polos turísticos e internacionales de Tanzania. Por eso el centro recibe huéspedes de los más diversos rincones del planeta, cada uno en busca de lo mismo: paz interior.
La hospitalidad como forma de servir a Dios
Para las hermanas Juliana y Michaella, encargadas de recibir a los huéspedes, la hospitalidad no es un trabajo más: es una manera profunda de servir a Dios.
“Es una gran alegría acoger y servir a los huéspedes, los que vienen de Tanzania o del extranjero. Cuando una persona llega y luego se va con alegría y serenidad en el corazón, sentimos un profundo consuelo”, cuentan las religiosas.
El intercambio, aseguran, es mutuo. “A través de este servicio aprendemos de nuestros huéspedes y, al mismo tiempo, ellos también aprenden de nosotros”, explican.
El centro no se limita a los retiros espirituales. También cuenta con una amplia sala multifuncional para seminarios, convenciones, reuniones y celebraciones como confirmaciones, bodas y ordenaciones sacerdotales.
Cuidado, sostenibilidad y autosuficiencia
Cuidar a los huéspedes también significa cuidar lo que llega a la mesa. Por eso las hermanas cultivan sus propias huertas y jardines, de donde surgen los productos frescos que se usan cada día en la cocina del centro.
“Al cultivar directamente lo que llevamos a la mesa, tenemos la certeza de ofrecer alimentos frescos y seguros, evitando el uso de productos químicos nocivos”, explica la hermana Agatha.
A esto se suman pequeñas granjas de aves de corral, ganado, cerdos y conejos. Una forma concreta de reducir costos y, al mismo tiempo, garantizar una alimentación genuina y nutritiva.
Una misión compartida con la comunidad
Fieles al espíritu de su fundador, las hermanas trabajan codo a codo con la comunidad local. Ofrecen formación catequética en escuelas y parroquias, además de cursos de habilidades prácticas para que las personas ganen mayor autonomía.
A través de esta misión compartida, las comunidades experimentan de manera concreta la presencia y el amor de Cristo, visible en el servicio diario de las religiosas.
Los frutos y los desafíos del camino recorrido
Desde su apertura, el centro de retiro de Tengeru recibió huéspedes de numerosos países para retiros espirituales, seminarios y encuentros. La constante afluencia de visitantes es, en sí misma, una prueba de confianza.
“Estamos profundamente agradecidas a los huéspedes que llegan tanto de cerca como de lejos. Sus comentarios y sugerencias nos ayudan a mejorar continuamente nuestros servicios”, afirma la hermana Agatha.
Como todo espacio de hospitalidad, el centro también enfrenta desafíos: las oscilaciones en el número de huéspedes y algunas necesidades sanitarias puntuales. Por suerte, la cercanía de centros médicos permite responder con rapidez cuando hace falta.
Un hogar lejos del hogar
El lema del St. Carolus Convent and Retreat House lo resume todo: ser “un hogar lejos del hogar”. Gracias a la experiencia de las hermanas en hospitalidad, gastronomía e idiomas, quienes hablan swahili, inglés, alemán o francés se sienten igual de bienvenidos.
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Quien busque descanso, renovación interior y nutrición espiritual, tiene las puertas abiertas a las afueras de Arusha, donde las Hermanas de la Caridad de San Carlos Borromeo siguen sirviendo a Dios a través del amor, la oración y la hospitalidad.
Primicias Rurales
Fuente: vaticannews

















