Diego Álvarez sistematizó 23 años de decisiones productivas en Nogoyá mediante inteligencia artificial. Su objetivo es asegurar que Santos y Juana no solo reciban la tierra, sino la sabiduría necesaria para gestionarla.
Buenos Aires, Jueves 20 agosto (PR/26)–¿Qué pasaría si todo el saber que un agricultor acumuló durante décadas pudiera conservarse intacto para las siguientes generaciones? Esa misma pregunta se planteó Diego Álvarez, un ingeniero agrónomo y productor radicado en Nogoyá, Entre Ríos.
Impulsado por esa inquietud, desarrolló un novedoso sistema basado en inteligencia artificial capaz de incorporar, procesar y asimilar la forma en que él toma decisiones día a día al frente del establecimiento familiar.

Su verdadera meta no busca desplazar la mirada ni el criterio humano, según explicó en diálogo con Expoagro. Por el contrario, su foco está puesto en resguardar un valioso conocimiento que históricamente se transmitió de boca en boca.
A menudo, gran parte de ese bagaje se diluye definitivamente cuando la persona que lo construyó ya no está. Con la mirada fija en el futuro de sus hijos, Santos y Juana, diseñó una plataforma digital integral.
Este espacio tecnológico reúne metódicamente la información, los valiosos aprendizajes, los desaciertos y cada uno de los logros cosechados a lo largo de 23 años ininterrumpidos de trabajo en la finca.
«Mi viejo me dejó la tierra, y yo quiero dejarles a mis hijos algo más: el conocimiento de cómo trabajarla bien», sintetiza con profunda claridad la esencia y el propósito detrás de su creación.
La herramienta permitirá que, al momento de hacerse cargo de las 420 hectáreas, sus hijos accedan no solo a los registros numéricos, sino también a la lógica exacta con la que su padre evalúa cada paso.
Contexto propio frente a las respuestas genéricas
Para Álvarez, el verdadero secreto de la propuesta no radica de forma exclusiva en la tecnología empleada, sino en la calidad y el contexto específico con el que fue entrenada.
Sostiene firmemente que un software generalista jamás conseguirá suplir la visión de un especialista porque opera a partir de datos universales y genéricos. «Si agarrás ChatGPT y querés manejar un campo solo con eso, te va a ir mal», remarca.
Por el contrario, su plataforma se nutrió minuciosamente con registros digitales de más de dos décadas de actividad, estructurados para que el sistema pueda interpretarlos y consultarlos con total soltura.

«La gran diferencia es que esta herramienta posee contexto real. No recurre a saberes externos, sino a los míos, los que yo le cargué previamente. Funciona como un cerebro artificial: busca, analiza y devuelve respuestas útiles», aclara.
De este modo, la tecnología no sustituye el discernimiento profesional, sino que aprende directamente de su historia productiva para replicar su estilo reflexivo frente a cada imprevisto del terreno.
En el aspecto eminentemente técnico, la arquitectura se fundamenta en un modelo de indexación denominado RAG (Retrieval-Augmented Generation), que ordena los datos de forma sumamente ágil.
«Llevó un tiempo considerable procesar tanto volumen, pero una vez integrado al sistema, la IA responde con el contexto exacto de mi propiedad», precisa Álvarez al explicar el procedimiento.
El programa evita por completo formulaciones estándar y se dedica a rescatar parámetros reales y recomendaciones personalizadas, totalmente alineadas con la trayectoria del establecimiento familiar.
Una herramienta colectiva que transforma la gestión agrícola
Álvarez confía plenamente en que este desarrollo tiene la capacidad de rebasar las fronteras familiares y transformarse en una solución valiosa para otros productores, empresas y consultores del sector.
De hecho, tras compartir públicamente su vivencia, recibió una enorme cantidad de mensajes de colegas que manifestaron sentirse plenamente reflejados en esa necesidad de resguardo.
«Muchos me expresaron que pensaban seguir el mismo camino porque experimentaban la misma angustia: cuando una persona querida se va, lamentablemente se lleva todo su saber», relata conmovido.
Más allá de la innovación conceptual, Álvarez insiste en que el verdadero cambio pasa por modificar la forma en que nos relacionamos con las nuevas tecnologías.
«No hay que tenerle ningún miedo a estos avances. No vienen a quitar puestos de trabajo; son simplemente una herramienta potente y depende de la creatividad de cada usuario», asegura.
Para graficar este salto cultural, traza un paralelismo directo con la histórica irrupción de las planillas de cálculo en las labores administrativas cotidianas.
«Es exactamente igual a cuando apareció Excel. Al principio bastantes seguían con lápiz, papel y calculadora, pero hoy ya nadie cuestiona su enorme utilidad práctica», argumenta.
A juicio del especialista, la incorporación de la informática avanzada desata múltiples horizontes en el campo, donde la única frontera real reside en la imaginación humana.
«Yo todavía no encontré el techo de este sistema, y si existe alguno, va modificándose constantemente porque surgen modelos más inteligentes día a día», concluye entusiasmado.
La enorme repercusión quedó patente cuando organizó un canal de diálogo sobre inteligencia artificial aplicada al agro, alcanzando rápidamente a más de 500 miembros activos en pocas horas.
Su iniciativa evidencia con solidez que la vanguardia digital puede constituir un puente fundamental para proteger la memoria productiva y edificar un legado perdurable en la tierra.

















