Mientras el mundo enfrenta tensiones geopolíticas, desafíos energéticos y una creciente demanda de alimentos, Argentina y Brasil tienen en sus manos una oportunidad única. Sin embargo, para transformarse en una potencia exportadora global deberán resolver problemas internos que llevan décadas frenando su desarrollo.
Buenos Aires, miércoles 3 de junio (PR/26) — Durante años, Argentina y Brasil fueron presentados como rivales naturales en el negocio agropecuario. Soja, maíz, carne, lácteos y biocombustibles parecían ubicar a ambos países en una competencia permanente por los mismos mercados.
Sin embargo, la discusión planteada en el CAMBRAS Business Day dejó una idea mucho más interesante: el verdadero potencial de la región no está en competir, sino en complementarse.
La oportunidad es enorme. Juntos, Argentina y Brasil reúnen algunas de las tierras agrícolas más productivas del planeta, abundancia de agua dulce, capacidad tecnológica creciente y recursos energéticos estratégicos.
A ello se suma un contexto internacional favorable: una población mundial que superará los 9.700 millones de habitantes hacia mediados de siglo y una demanda creciente de alimentos, energía y materias primas sostenibles.
Pero los datos revelan que el potencial no siempre se traduce en resultados.
Uno de los ejemplos más contundentes surgió durante el panel agroindustrial. Argentina produce prácticamente el mismo volumen de leche que hace tres décadas. En ese mismo período, Brasil logró triplicar su producción.
La diferencia no radica únicamente en las condiciones naturales o en la productividad de los productores. Según los empresarios del sector, la clave estuvo en la previsibilidad de las políticas y en una visión estratégica orientada a la exportación.
La lección es simple: ningún comprador internacional construye relaciones comerciales de largo plazo con proveedores que pueden cerrar exportaciones cada vez que los precios internacionales suben. La confianza también es una ventaja competitiva.
Otro dato que expone una brecha significativa está relacionado con la innovación. Mientras en Brasil ocho de cada diez productores pagan por la tecnología que utilizan en sus cultivos, en Argentina apenas tres de cada diez lo hacen.
Esta diferencia impacta directamente sobre la capacidad de las empresas para reinvertir en investigación y desarrollar nuevas semillas, herramientas biotecnológicas y mejoras productivas.
Y la tecnología será cada vez más determinante. Los avances en análisis genómico, inteligencia artificial, robótica y edición génica están reduciendo drásticamente los tiempos necesarios para desarrollar nuevas variedades vegetales.
Lo que antes demandaba entre ocho y doce años hoy puede lograrse en apenas dos a cuatro años. En un mercado global donde la productividad define la competitividad, quedarse atrás ya no es una opción.
A este escenario se suma un factor que pocos países poseen: la energía. La expansión de Vaca Muerta puede convertirse en un complemento estratégico para el agro regional, reduciendo costos, fortaleciendo la competitividad exportadora y generando nuevas cadenas de valor.
La trazabilidad aparece como otro de los grandes desafíos y oportunidades. Los consumidores internacionales ya no solo compran alimentos; también exigen conocer su origen, su impacto ambiental y las condiciones bajo las cuales fueron producidos. En este terreno, Argentina y Brasil podrían construir estándares comunes que transformen la transparencia en una ventaja competitiva regional.
Además, el contexto geopolítico agrega un elemento inesperado. La creciente disputa tecnológica entre Estados Unidos y China abre espacios para que Sudamérica actúe como un socio confiable y estable para ambos bloques.
En un mundo fragmentado, la región puede convertirse en un puente para el desarrollo tecnológico aplicado al agro.
La conclusión es tan simple como desafiante. Argentina y Brasil ya tienen recursos naturales, conocimiento, empresas competitivas y mercados para abastecer. Lo que aún falta es construir reglas estables, incentivos adecuados y una visión compartida de largo plazo.
El mundo demanda más alimentos y más energía. La pregunta ya no es si la región tiene condiciones para convertirse en una potencia exportadora global. La verdadera pregunta es si será capaz de aprovechar una oportunidad que quizás no vuelva a repetirse con la misma magnitud.
Primicias Rurales
Fuente: CAMBRAS

















