Productores de Mendoza y San Juan celebran una campaña 2026 con buen rinde y calidad destacada, pero coinciden en una misma advertencia: sin diferenciación, valor agregado e incentivos a la inversión, el futuro de la olivicultura argentina está en riesgo.

 

 

 

 

 

Buenos Aires, jueves 23 julio (PR/26)–Para muchos productores, la temporada 2026 fue una de las mejores de los últimos años. Tanto en Mendoza como en San Juan, la fruta llegó con buen rinde, calidad pareja y un clima que acompañó de principio a fin.

El ingeniero agrónomo Miguel Zuccardi explicó que las heladas de comienzos de mayo no lograron dañar la producción, lo que permitió sostener la calidad hasta el cierre de la cosecha. Según su mirada, Mendoza venía de un ciclo excepcional, mientras que zonas como Chilecito y el sur sanjuanino tuvieron comportamientos dispares.

 

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En San Juan, Daniel Fernández, presidente de la Cámara Olivícola provincial, coincide con ese diagnóstico general. La provincia cosechó cerca de un 30% más de fruta que en 2025, aunque apareció una sorpresa poco festejada: el contenido graso de las aceitunas fue menor al habitual, lo que golpeó el rendimiento industrial del aceite.

A esa dificultad se sumó otra: el precio internacional, que arrancó la temporada cerca de los 5.000 dólares por tonelada, cayó hasta unos 4.150 dólares mientras el mercado espera definiciones sobre la cosecha española.

 

El verdadero desafío: dejar de competir solo por volumen

 

Si hay un mensaje que atraviesa las tres entrevistas es que Argentina no puede -ni debe- pelear con Europa por cantidad. España tiene unas 2,7 millones de hectáreas de olivos; Argentina apenas supera las 70.000 hectáreas.

Por eso Zuccardi insiste en que el camino pasa por la calidad, por aprovechar la cercanía con Brasil -segundo importador mundial de aceite de oliva- y por consolidar el oleoturismo como herramienta para posicionar la marca Mendoza en el mundo.

 

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El enólogo Gabriel Guardia va todavía más allá. Su propuesta es ambiciosa: que Mendoza deje de vender simplemente aceite de oliva y se convierta en una referencia mundial en aceites con alto contenido de polifenoles, compuestos asociados a beneficios para la salud.

La idea incluye crear un sello certificado científicamente, respaldado por instituciones como el INTI y el CONICET, médicos y nutricionistas, que permita diferenciar estos aceites y venderlos hasta cinco veces más caros que un producto convencional. Guardia lo resume con una comparación elocuente: podría ser para el aceite lo que el Malbec fue para el vino mendocino.

 

Europa, el rival que juega con otras reglas

 

La preocupación por el acuerdo Mercosur-Unión Europea apareció en las tres entrevistas, casi sin que se lo pidieran. Zuccardi recordó que los aceites europeos ingresan protegidos por un arancel que, a partir de ahora, comenzará a reducirse de forma progresiva durante los próximos quince años.

El problema de fondo, señala, es que los productores europeos reciben subsidios estatales considerables, lo que les permite competir en condiciones que la producción argentina no tiene.

 

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Daniel Fernández fue todavía más directo: aseguró que las ayudas que reciben los productores europeos representan más del 25% de sus costos de producción, algo que les permite vender aceite incluso por debajo del costo argentino. Esa presión ya se siente en Brasil, el principal destino regional de las exportaciones locales.

 

Sin rentabilidad, no hay olivares

 

Uno de los mensajes más contundentes fue el de Gabriel Guardia: ningún productor arranca un olivo por gusto. Los olivares desaparecen, simplemente, cuando dejan de ser rentables.

Por eso insiste en que el objetivo central debe ser pagar mejor la aceituna a través de productos con mayor valor agregado. Solo así, sostiene, van a volver las inversiones, las plantaciones intensivas y la modernización tecnológica que ya se ve en otras provincias, pero todavía no en Mendoza.

 

Maipú, con la mira puesta en el aceto balsámico

 

Mientras impulsa los aceites premium, Guardia trabaja además en otro proyecto ambicioso: lograr para Maipú la primera Identificación Geográfica de aceto balsámico fuera de Módena, Italia.

 

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La idea es posicionar al Aceto Balsámico Maipú como un producto de elite elaborado con uva criolla, abriendo una salida comercial nueva para esa variedad y sumando valor agregado a la vitivinicultura mendocina. Según Guardia, la calidad ya alcanzada es comparable -e incluso superior en algunos casos- a la del tradicional aceto italiano.

 

El reclamo de fondo: incentivos que no llegan

 

Antes de hablar de la cosecha, Daniel Fernández puso el foco en un problema que le preocupa tanto o más que el clima o los precios internacionales: muchas empresas agroindustriales quedan afuera de los regímenes nacionales de promoción de inversiones.

El motivo es que no cumplen las condiciones del RIGI, pero tampoco pueden acceder al RIMI. Esa situación deja a proyectos olivícolas y pistacheros sin beneficios fiscales clave, como la amortización acelerada o la recuperación temprana del IVA de inversión.

Para Fernández la consecuencia es clara: la provincia pierde inversiones millonarias en actividades que necesitan entre ocho y diez años para empezar a recuperar el capital invertido, mientras otros sectores sí cuentan con incentivos específicos para crecer.

 

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Agro Recargado / Pablo Pérez Delgado