Durante el 34° Congreso Aapresid, Bunge presentó su programa de oleaginosas de invierno —colza, cártamo y camelina— como una alternativa para intensificar las rotaciones, mejorar la salud del suelo y atender la creciente demanda de materias primas con baja huella de carbono.
Rosario, jueves 6 de agosto (PR/26) – En el marco del 34° Congreso AAPRESID, Bunge realizó la charla técnica «Intensificando la rotación con colza, cártamo y camelina», un espacio en el que referentes del sector compartieron experiencias a campo sobre la incorporación de estos cultivos de invierno, sus beneficios agronómicos y las oportunidades que generan para los productores.
La actividad reunió a productores, asesores y especialistas interesados en conocer experiencias concretas sobre el manejo de estas oleaginosas, cuyo crecimiento en Argentina se aceleró en los últimos años como parte de estrategias orientadas a intensificar las rotaciones, mejorar la salud del suelo y generar nuevas alternativas productivas y comerciales.
Jorge Bassi, Director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge Argentina, fue el encargado de abrir la jornada y destacó que cualquier estrategia de transformación productiva debe construirse junto a quienes asumen el riesgo en el campo. «Lanzamos planes y programas, pero quien está en el campo y arriesga el capital es el productor. Por eso, todo lo que hacemos parte de trabajar junto a ellos y generar herramientas que permitan producir más y, al mismo tiempo, hacerlo de una manera cada vez más sustentable», señaló.
Bassi explicó que la compañía comenzó hace cuatro años a desarrollar una propuesta de intensificación agrícola basada en oleaginosas de invierno. «Intensificar la agricultura nos permite generar un doble impacto: reemplazar un período de barbecho por un cultivo que genera renta y al mismo tiempo dejar más carbono en el suelo, cuidando su estructura”, afirmó.
Esta estrategia, agregó, se integra en una agenda más amplia de descarbonización y transición energética. La agricultura tiene un papel relevante tanto por su propia huella ambiental como por su capacidad de suministrar materias primas para biocombustibles. En ese marco, remarcó la necesidad de medir las emisiones de toda la cadena, preservar el carbono de la materia orgánica del suelo, y evitar el cambio en el uso del suelo.
Para Bassi, la Argentina cuenta con una ventaja comparativa: inviernos que permiten producir y que pueden aprovecharse mediante el desarrollo de oleaginosas adaptadas a esos períodos. Al mismo tiempo, la transición del transporte abre una oportunidad adicional. «La agricultura también es parte de la transición del transporte, porque puede ser una fuente de materias primas para los biocombustibles, y ayudar al transporte a reducir sus emisiones», sostuvo.
Entre los nuevos mercados, destacó el crecimiento del Sustainable Aviation Fuel (SAF), que demandará grandes volúmenes de aceites de baja huella de carbono. Esta oportunidad para el sector agropecuario exige producir materias primas con emisiones cada vez menores. «La demanda de aceites para la industria de SAF está creciendo y, para estas empresas, la certificación es fundamental. Ya que el principal factor es la huella de carbono de la materia prima y cómo fue producida», explicó.
En ese sentido, subrayó que no alcanza con aumentar la producción: también es decisivo que se haga con un esquema de intensificación de la rotacion. La producción se desarrolla bajo convenio con productores y, de acuerdo con Bassi, en 2026 alcanzó 160.000 hectáreas certificadas entre los tres cultivos incluidos en el programa. «Es una manera de producir más, pero también de responder a una demanda que cada vez va a exigir materias primas con una menor huella de carbono»,resumió.
Durante el panel, distintos asesores técnicos compartieron casos desarrollados en diferentes regiones productivas del país y mostraron cómo la colza, el cártamo y la camelina pueden integrarse en planteos concretos, con resultados agronómicos y económicos diversos.
Cártamo: resiliencia y diversificación productiva
El Ing. Agr. Miguel Kolar, asesor técnico de AGRO Cotton Grupo Linke, relató que la incorporación del cártamo surgió como respuesta a varias campañas afectadas por la sequía. «Tuvimos que replantearnos nuestro modelo productivo y buscar alternativas que nos permitieran hacer una agricultura más resiliente», afirmó.
La primera experiencia del grupo con el cultivo fue en 2024. Desde entonces, comenzaron a incorporarlo y a evaluar su complementariedad con el resto del sistema. Según Kolar, el cártamo permite diversificar la producción y, especialmente, sostener al maíz dentro de la rotación, logrando un uso más eficiente de los recursos mediante la combinación de ambos cultivos.
La escala alcanzada refleja la importancia que adquirió la alternativa: «Hoy estamos haciendo unas 15.000 hectáreas de cártamo sobre un total de 20.000 hectáreas. Es una superficie muy significativa para nosotros y demuestra la importancia que fue adquiriendo este cultivo dentro de nuestro modelo productivo», señaló.
Colza en la zona centro: producción y aporte al suelo
El Ing. Agr. Matías Taravella, asesor técnico de Jakas Kokic Ivancich SA, compartió la experiencia de tres años de trabajo con colza junto a Bunge. En su zona, caracterizada por períodos de barbecho prolongados, las condiciones climáticas permitieron encontrar en este cultivo una alternativa para aprovechar mejor una etapa del año en la que tradicionalmente no había producción.
Taravella destacó la adaptación y el potencial productivo de la colza. «Hemos logrado lotes de hasta 30 quintales por hectárea con cosecha directa, lo que demuestra que es un cultivo que tiene un muy buen potencial productivo para nuestra región», expresó.
Además del rendimiento, remarcó los beneficios sobre el recurso suelo. Tras la cosecha, la colza deja un suelo muy mullido, condición que favorece la infiltración del agua. Para el asesor, este efecto resulta central porque la evaluación no debe limitarse al resultado de una campaña, sino considerar la capacidad del sistema para sostenerse en el largo plazo.
«La incorporación de cultivos de invierno nos permite pensar en un sistema más intensivo, en el que podamos hacer más cultivos durante el año y aprovechar mejor los recursos que tenemos disponibles», concluyó Taravella.
Colza y camelina en el sudeste bonaerense
El Ing. Agr. Pablo Calviño, asesor técnico del sudeste de Buenos Aires, planteó que el aspecto central de estos cultivos de invierno es comprender dónde encajan dentro del sistema y qué nuevas posibilidades habilitan al ocupar espacios que antes quedaban vacíos.
En su experiencia, la soja de segunda sembrada sobre camelina alcanza un rendimiento muy similar al de una soja de primera. Esto permite sumar un cultivo de invierno sin resignar de manera significativa el potencial del cultivo posterior. A su vez, explicó que el costo de implantar camelina es prácticamente equivalente al de mantener un barbecho, con la diferencia de que el lote produce, genera una renta y aporta valor al sistema.
Calviño también señaló que la camelina permitió descubrir un espacio productivo que antes no era considerado. Su incorporación posibilita adelantar la siembra de soja y comenzar entre el 20 y el 28 de noviembre, una fecha que anteriormente resultaba impensada para la zona.
«Lo interesante de estos cultivos es que no necesariamente vienen a reemplazar a los cultivos tradicionales, sino a ocupar un período que antes estaba vacío. Eso nos permite intensificar la producción y aprovechar mucho mejor cada hectárea», sostuvo.

Las presentaciones permitieron mostrar resultados obtenidos en distintas zonas productivas y analizar el manejo agronómico, la adaptación de los cultivos, su aporte a la intensificación de las rotaciones y su potencial para generar nuevas oportunidades comerciales dentro de sistemas agrícolas más sustentables.
Los casos expuestos coincidieron en una idea central: la incorporación de oleaginosas de invierno permite transformar períodos improductivos en una etapa activa de la rotación, sin plantear necesariamente una sustitución de los cultivos tradicionales.
La participación de Bunge en AAPRESID 2026 forma parte de su estrategia de acompañar la evolución de sistemas productivos cada vez más eficientes y sustentables, promoviendo alternativas que contribuyan a diversificar las rotaciones, cuidar los suelos, reducir la huella de carbono y generar nuevas oportunidades de agregado de valor para el agro argentino.
Acerca de Bunge
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Fuente: Aapresid


















