El cielo siempre azul de San Juan, en Argentina, ya no se refleja en muchos de sus ríos: la provincia atraviesa una escasez hídrica persistente vinculada al cambio climático, mientras la minería avanza sobre los Andes y sus miles de glaciares.
Buenos Aires, domingo 21 de Junio (PR/26)–«La situación es delicada», dice a la AFP Nicolás Yanzón, un productor de uvas, alfalfa y semillas de cebolla en su campo en Villa Media Agua, a 70 kilómetros de la capital provincial.
Por el racionamiento del agua, Yanzón cultiva menos de un tercio de sus tierras, una situación que afecta a todos los productores de esta provincia del oeste argentino.
«Si no arrancamos lo antes que se pueda, es probable que la crisis se acentúe», advierte.
Según un dicho popular, provincias andinas como San Juan son tan áridas que los peces levantan polvaredas cuando pasan por sus ríos. Solo llueve poco más de 100 milímetros al año.
En San Juan, solo el 3% de la tierra es cultivable. Eso le alcanza para ser una de las principales productoras de aceite de oliva, uvas, tomates y pistachos del país.
El agua de riego proviene casi toda de ríos que se alimentan de las nevadas y de los más de 4.000 glaciares de la provincia. Sin embargo, estos se han reducido significativamente y los caudales están en mínimos históricos.
«Estamos en un escenario de escasez permanente», señaló a la AFP el ministro provincial de Producción, Gustavo Fernández.
El ministro estima que «alrededor del 40% del agua que se utiliza en la agricultura podría ahorrarse» con inversión pública en infraestructura y métodos de riego más eficientes.
Pero hay otro problema: San Juan vive un incipiente boom de proyectos mineros que generan expectativas de empleo, pero también despiertan alarma por el uso y el manejo de sus exiguos recursos hídricos.
«Desde el punto de vista ambientalista, esto es un caos», dijo a la AFP el geofísico Silvio Pastore de la Universidad Nacional de San Juan, tras explicar que, en el ciclo hídrico actual, toda el agua de los ríos se destinará a la agricultura. Nada quedará para los diques, ya en niveles mínimos.
Según el experto, esto se debe a la disminución de las nevadas en la cordillera y a que, por el aumento de temperaturas, la nieve pasa directamente del estado sólido al gaseoso.
El fenómeno también afecta a los glaciares: los de hielo descubierto del noroeste argentino se redujeron un 17% en los últimos 10 años, según el Instituto Argentino de Nivología y Glaciología.
Glaciares discretos
La mayoría de los glaciares sanjuaninos no son las imponentes paredes blancas de la Patagonia, sino formaciones de hielo cubiertas por sedimentos o rocas mezcladas con detritos, que solo un ojo avezado puede distinguir en la montaña.
Su papel en el sistema hídrico genera debate. Pastore sostuvo que, incluso en los años de mayores sequías, los glaciares «no aportan más del 20%» de los caudales.
Para el glaciólogo Juan Pablo Milana, en cambio, su contribución nunca fue estudiada en profundidad: «El glaciar, cuando no tenés nieve, te entrega dos a tres veces más agua», destacó a la AFP.
Los glaciares estuvieron en el centro del debate este año, cuando el presidente Javier Milei sancionó una modificación a la ley que los protege.
Con la nueva norma, los gobiernos provinciales pueden redefinir las áreas protegidas para ampliar la actividad minera, por ejemplo, de cobre, clave para la transición energética.
La modificación fue impugnada en la Justicia por ambientalistas.
Límites
«¿Le harías donar sangre a una persona que está en terapia intensiva?», planteó el abogado y activista ambiental Raúl Orduña.
«Nuestro sistema hídrico está en terapia y hay políticos que no escuchan», dijo a la AFP en su casa en Barreal, en el sur de San Juan. A lo lejos se escucha el río Los Patos, por donde José de San Martín cruzó Los Andes en 1817 para liberar a Chile.
La minería supone un uso de agua mucho menor al de la agricultura, pero ante la escasez persistente, cada volumen cuenta.
Empresas y autoridades aseguran que la actividad se realiza bajo estrictos controles ambientales estrictos. Sin embargo, la desconfianza persiste por heridas abiertas, como el derrame tóxico de una mina de Barrick Gold en 2015.
«El mayor peligro de la minería es la falta de controles», afirmó Milana.
Nicolás Yanzón observa el agua que llega a su viña tras un largo recorrido.
No está en contra de la minería, pero no a cualquier costo: «Si es desarrollo, tiene que ser sostenible, porque si no, no es desarrollo».
Los datos muestran un avance dentro de los 135 municipios bonaerenses.
Las cadenas productivas recuperan terreno en Buenos Aires.
Foto: Agencia NA / Archivo
Buenos Aires, domingo 21 junio (NA) — El total de las cadenas productivas en los municipios de la Provincia de Buenos Aires (PBA) mostró un avance durante 2025, aunque sigue por debajo de la caída total de 2024.
En concreto, PBA creció 2,6% en el último año y quedó 0,8 puntos porcentuales (p.p.) por debajo del crecimiento nacional, que fue de 3,4%.
Esto significó una recuperación tras más de dos años de contracción, durante 2023 y 2024. El nivel se encuentra en valores similares a 2018.
El detalle
Durante 2025, todos los eslabones productivos, excepto el manufacturero, mostraron signos de recuperación y crecimiento.
El eslabón primario experimentó la variación más fuerte, mientras que el sector servicios fue el más significativo en términos de contribución al crecimiento general.
Comercio, servicios financieros, turismo y construcción fueron las cadenas que más aportaron al crecimiento general. En paralelo, las dos primeras fueron las cadenas con mayor aporte positivo al valor agregado provincial.
Maní, a su vez, fue muy importante para un grupo de municipios del noroeste. Lo mismo ocurrió con el comercio: la economía de Monte Hermoso creció 5%, al igual que en otros municipios de la costa atlántica, donde esta cadena tuvo mayor impacto económico.
Del otro lado quedaron las manufacturas, las cuales explicaron la caída a nivel provincial: bienes de capital, algodón textil, químicos de consumo y caucho son las que resaltaron en la variación negativa.
Desglose de los municipios
Del total de los municipios bonaerenses, 120 de 135 crecieron. Carlos Tejedor (+25,6%) y Rivadavia (+14,8%) lideraron, impulsados por la cadena maní (44% y 52% del crecimiento, respectivamente).
Le siguieron Monte Hermoso (+13,9%) por comercio y turismo, y Florentino Ameghino (+13,3%) también por maní.
A contramano se ubicaron Coronel Suárez (-5%) –soja y cuero-, Daireaux (-4%) –soja y comercio- y San Cayetano (-3,4%) –cebada y girasol.
Los municipios con la mayor variación.
Foto: Agencia NA / Captura
“El patrón es casi el inverso: municipios cebaderos y ganaderos del sudeste provincial, donde las cadenas más afectadas por precios relativos y condiciones climáticas explican la contracción”, señaló el informe elaborado por el Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
En nivel de incidencia, los municipios con mayor aporte fueron General Pueyrredón y La Matanza. En contraste, Coronel Suárez (cadenas de cueros, marroquinería y calzado) y Zárate (cadenas de bienes de capital) fueron los municipios con mayor aporte negativo.
Una especie de origen africano desafía las limitaciones de los ambientes húmedos y promete una salida productiva para miles de productores del Nordeste Argentino.
Buenos Aires, domingo 21 de junio (PR/26)–Producir en el Nordeste Argentino tiene sus propias reglas. Quien conoce esos campos sabe que el agua no siempre es una bendición: los suelos de drenaje deficiente, los anegamientos que se extienden por semanas o incluso meses, y la variabilidad permanente del clima convierten la ganadería en una apuesta exigente.
Durante años, el recurso principal de estos sistemas fueron los pastizales naturales hidrófilos, que si bien resisten el exceso hídrico, ofrecen una producción moderada y muy estacional. No alcanza. La presión sobre estos sistemas crece, y la necesidad de una alternativa real es urgente.
Ahí entra en escena el pasto Nilo (Acroceras macrum), una gramínea perenne de origen africano que llegó para cambiar las reglas del juego.
No es una especie cualquiera: tiene la capacidad de crecer donde la mayoría de los pastos colapsa, en condiciones de baja disponibilidad de oxígeno en el suelo, gracias a mecanismos ecofisiológicos muy precisos como la formación de aerénquima y el desarrollo de raíces adventicias. En palabras simples: aprende a respirar en condiciones donde otras plantas se ahogan.
Del laboratorio al potrero: lo que logró el INTA
El INTA EEA Corrientes no se quedó con la especie salvaje. Años de trabajo en mejoramiento genético permitieron desarrollar dos cultivares adaptados específicamente a las condiciones regionales: Porave INTA y Tuguy Hovy INTA. Estos materiales representan una base tecnológica concreta sobre la que los productores del NEA pueden apoyarse para incorporar la especie en sus sistemas ganaderos con mayor confianza y menores riesgos.
Ahora, el Grupo Ganadería Subtropical del INTA Corrientes —integrado por Enzo Caballero, Silvana Ferrari Usandizaga, Luis Gandara y María Mercedes Pereira— pone a disposición de técnicos y productores una guía práctica para la implantación del pasto Nilo en el NEA. }
El documento no es un manual académico: es una hoja de ruta para la acción, construida desde la experiencia real en el campo.
Paso a paso: la clave está en no apurar el proceso
El pasto Nilo no se siembra con semilla: se propaga de forma vegetativa. Eso lo hace diferente y requiere una estrategia distinta.
El protocolo propuesto por el INTA avanza por etapas claramente definidas: primero se instala un semillero con material de calidad certificada; luego se evalúa el comportamiento de las plantas y se multiplica el material; más tarde se realiza el escalamiento a potrero; y finalmente se lleva la pastura a su uso productivo pleno.
Cada paso tiene su lógica y su timing. Saltear etapas equivale a comprometer el resultado.
La preparación del sitio, la calidad del material vegetativo inicial y el monitoreo continuo del estado de las plantas durante el establecimiento son los tres pilares que, según los investigadores, definen si la pastura prospera o fracasa. No hay atajos rentables.
Más que pasto: un aporte al suelo y al futuro del sistema
Uno de los aspectos más interesantes del pasto Nilo es que su impacto va más allá de la producción forrajera. Su incorporación en ambientes degradados puede contribuir a mejorar la cobertura vegetal, la estructura del suelo y el contenido de carbono.
En ambientes que han sufrido años de presión ganadera o deterioro por exceso hídrico, esto no es un dato menor: es la diferencia entre recuperar un campo o seguir perdiéndolo.
Los investigadores del INTA son claros al respecto: la adopción del pasto Nilo, acompañada de un manejo adecuado, se plantea como una herramienta estratégica para la intensificación sostenible de la producción en el NEA.
No se trata de reemplazar los pastizales naturales, sino de sumarle opciones reales a un sistema que, durante décadas, tuvo pocas.
Para acceder al documento completo con figuras, gráficos, fotos y datos técnicos, puede descargarlo desde el Repositorio Institucional INTA. Para más información, comunicarse con la Dra. Silvana Ferrari Usandizaga: ferrariusandizaga.s@inta.gob.ar.
Una planta en Pilar cuadruplicó su rendimiento con tecnología, produce sin interrupciones climáticas y abastece a la mitad del país.
Buenos Aires, domingo 21 junio (PR/26) — En Argentina, cuando se cosecha trigo se espera el verano. Cuando se cosecha uva, se espera el otoño. Cuando se cosecha champignon en Pilar, se espera el día siguiente.
A diferencia de casi cualquier otro cultivo del país, la producción de hongos funciona de manera continua. Mientras algunas cámaras están en plena cosecha, otras atraviesan la etapa de incubación.
Otras cámaras se preparan para recibir un nuevo ciclo de cultivo. El resultado es un flujo constante de producción: más de 38.000 kilos semanales cosechados a la mañana, empacados a la tarde y en góndola al día siguiente.
Con una producción que supera los 2 millones de kilos anuales, Hongos del Pilar abastece entre el 45% y el 50% del mercado nacional de champignones y portobellos.
Un modelo que combina tecnología, planificación y trabajo manual especializado para sostener altos niveles de productividad y calidad. Cuando la actividad arrancó en los años 80, el rendimiento esperado era de alrededor de 7 kilos por metro cuadrado.
Hoy llega a entre 25 y 30. Cuatro veces más producción en el mismo espacio físico, gracias a la incorporación de sistemas de estanterías y controles automatizados de temperatura, humedad y ventilación.
Estos sistemas automatizados permiten recrear con precisión las condiciones que cada especie necesita para desarrollarse. El proceso comienza con la elaboración del sustrato a partir del compostaje de material orgánico.
Una vez pasteurizado, se inocula el hongo y se traslada a las cámaras de cultivo. La cosecha, al final del ciclo, se realiza de forma manual: uno por uno, los hongos que alcanzan su tamaño óptimo son recolectados por el equipo de producción.
«Una de las particularidades del cultivo de hongos es que trabajamos con organismos vivos que reaccionan a cada cambio de temperatura, humedad o ventilación», explica Laura Márquez, jefa de cultivo de Hongos del Pilar.
«Por eso, gran parte de nuestro trabajo consiste en monitorear permanentemente las condiciones de cultivo para que cada cámara tenga el ambiente que necesita en cada etapa del proceso», detalla la especialista.
El crecimiento de la productividad no ocurrió de manera espontánea. Detrás de esa evolución hubo un proceso sostenido de inversión y modernización tecnológica.
Desde 2019, la planta lleva invertidos más de USD 7 millones en tecnificación y expansión. El objetivo es pasar de los 2 millones de kilos anuales actuales a 3 millones para 2030.
En un contexto donde gran parte de la producción agropecuaria depende de los ciclos estacionales, el cultivo de hongos muestra otra lógica posible: producir alimentos frescos de manera continua.
Esto se logra con altos niveles de eficiencia y un proceso que combina tecnología, conocimiento y trabajo manual especializado.
«Naturaleza: el gran rompecabezas» recorre la ciudad, la selva y el mar para mostrarles a niñas y niños que en la naturaleza todo está conectado. Y que ellos también forman parte de ese entramado.
Buenos Aires, domingo 21 de junio (PR/26)–Fundación Ambiente y Medio y Fundación Vida Silvestre Argentina acaban de lanzar una propuesta educativa que nació donde mejor nacen estas cosas: en un aula de jardín de infantes. Se llama «Naturaleza: el gran rompecabezas» y es un curso audiovisual gratuito, pensado para niñas, niños, docentes y familias que quieran entender de qué se trata eso de la biodiversidad, pero sin tecnicismos ni aburrimiento.
Un viaje por Argentina: de la ciudad a las profundidades del mar
El curso está disponible en la plataforma Ecoaula Digital y se organiza en cinco capítulos que llevan a los estudiantes por distintos paisajes del país. La propuesta arranca en la ciudad —un ambiente que los chicos ya conocen— y de ahí viaja a la Selva Misionera, con todos sus estratos y habitantes, hasta llegar a las profundidades del Mar Argentino. Cada parada del recorrido ayuda a entender que cada especie, cada ambiente y cada recurso natural cumple un rol dentro de un enorme entramado de vida.
Que si una pieza falla, el rompecabezas se desarma.
La narrativa es visual, accesible y cercana. No apunta a dar una clase magistral, sino a despertar la curiosidad, a que los chicos miren distinto el árbol de la vereda o el bicho que cruza el patio.
Y también a mostrar que las acciones cotidianas tienen consecuencias reales en el equilibrio de la naturaleza: que cuidar el ambiente no es algo que hagan otros, sino algo que empieza con decisiones pequeñas y concretas.
«No se puede proteger lo que no se conoce»
Martín Font, director de Comunicación y Educación Ambiental de Fundación Vida Silvestre Argentina, explicó por qué se sumaron a esta iniciativa sin dudar: «No se puede valorar ni proteger lo que no se conoce.
La solución a los problemas ambientales requiere de un profundo cambio cultural. Comenzar a valorar nuestros recursos naturales debe ser una prioridad de nuestra sociedad, y la educación ambiental es la base de ese cambio, nuestra principal herramienta para transformar la forma en que nos relacionamos con el ambiente».
Nació en un jardín de infantes, no en una reunión de oficina
Luciana Dorigo, directora ejecutiva de Fundación Ambiente y Medio y coordinadora de Ecoaula Digital, contó cómo surgió la idea: «Este curso nació de una experiencia educativa real en una sala de jardín.
Nos inspiró el trabajo de una docente y el entusiasmo genuino de los chicos frente a la naturaleza. Entendimos que había una oportunidad enorme para transformar esa curiosidad en una herramienta educativa de calidad».
Para Dorigo, esa historia dice algo importante sobre cómo se construyen buenos contenidos educativos: «Los mejores recursos no surgen en una reunión de oficina, sino de lo que sucede todos los días en las aulas.
Escuchar a quienes enseñan, entender qué necesitan y ofrecerles materiales confiables, accesibles y pensados para su realidad cotidiana: eso es lo que buscamos hacer desde Ecoaula Digital».
El curso ya está disponible de forma gratuita en www.ecoauladigital.org y en el canal de YouTube de Fundación Ambiente y Medio.