Sep 11, 2026 | Actualidad, Agua, Especial
La comunidad diaguita denunció represión, heridos y disparos durante un operativo en defensa del territorio y el agua. El jefe de Policía de Catamarca negó que haya existido represión y aseguró que los efectivos intervinieron para restablecer el orden.
Catamarca, viernes, 11 de septiembre 2026 (PR/26) — La tensión se profundizó en Peñas Negras, departamento Belén, Catamarca que empezó los primeros días del mes, a raíz del conflicto generado por el avance de proyectos de exploración minera y las posiciones enfrentadas entre integrantes de comunidades indígenas respecto de la actividad.
VIDEO
La comunidad diaguita de Peñas Negras denunció el ingreso de empresas como Elevado Gold S.A. y Amalaya S.A. para realizar tareas de exploración de oro y cobre, y sostuvo que el ingreso se produjo sin autorización ni una consulta previa, libre e informada.
En ese contexto, los comuneros denunciaron operativos de seguridad, represión y personas heridas con balas de goma, además de advertir que se encuentran en estado de alerta máxima en defensa del agua y la tierra.
“Nos dispararon a bala”, afirmó una de las comuneras al describir la situación registrada en el territorio.

La Policía niega que haya existido represión
Frente a estas denuncias, el jefe de Policía de Catamarca, comisario general Manuel Herrera, negó que los efectivos hayan ejercido represión contra los manifestantes y calificó como “erróneas y falsas” las versiones que hablaban de violencia policial.
En declaraciones a Radio Valle Viejo, Herrera explicó que su intervención se produjo luego de un encuentro entre comunidades que mantenían posiciones diferentes respecto de la actividad minera.
Según el jefe policial, la presencia de los efectivos tuvo como objetivo “resguardar y restablecer el orden y que no pase a mayores”, además de garantizar la seguridad de las personas que se encontraban en el lugar.
Dos posiciones enfrentadas
Herrera aseguró que, durante el desarrollo de los acontecimientos, algunas comunidades manifestaron su intención de acompañar a la empresa minera en sus actividades.
“Fui testigo de que querían avanzar, acompañar a la empresa minera”, sostuvo el jefe policial, quien explicó que a partir de esa situación se decidió reforzar la seguridad en la zona.
De acuerdo con su relato, el personal policial buscó garantizar la protección de quienes se trasladaban hacia el área donde se desarrollaban las actividades mineras, ante la presencia de grupos que se oponían al proyecto.
Un disparo al aire, según la versión policial
Uno de los puntos centrales del descargo oficial fue el uso de un arma durante el operativo.
Herrera reconoció que se efectuó un disparo disuasivo al aire, aunque aseguró que tuvo como finalidad restablecer el orden ante la situación de tensión.
“Eso fue todo”, afirmó el jefe policial, al explicar que posteriormente los efectivos se concentraron en contener la situación y proteger a las comunidades presentes.
La versión oficial contradice así las denuncias realizadas por integrantes de la comunidad, quienes aseguran haber sufrido represión y disparos durante el operativo.
El reclamo por la consulta previa
Más allá del episodio puntual, uno de los principales reclamos de la comunidad diaguita está relacionado con el derecho a participar en las decisiones que puedan afectar su territorio.
Los integrantes de Peñas Negras sostienen que cualquier proyecto que pueda impactar sobre sus tierras y recursos naturales debe contemplar una consulta previa, libre e informada, en el marco del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), incorporado al ordenamiento jurídico argentino.
La comunidad también advierte sobre la importancia de preservar el agua y el ambiente en una zona de alta montaña ubicada alrededor de los 3.000 metros sobre el nivel del mar.
La tensión continúa
Mientras las comunidades mantienen posiciones enfrentadas respecto de la actividad minera, la Policía informó que continuará monitoreando la situación para garantizar la seguridad y el cumplimiento de los acuerdos alcanzados.
El conflicto de Peñas Negras vuelve a poner en escena una discusión que atraviesa distintos sectores de Catamarca: el desarrollo de proyectos mineros frente a los reclamos de comunidades originarias por la defensa del territorio, el agua y el derecho a ser consultadas.
Por el momento, las versiones sobre lo ocurrido durante el operativo son contrapuestas: la comunidad denuncia represión y disparos, mientras que la Policía niega haber reprimido y sostiene que actuó para evitar que el conflicto pasara a mayores.
Movilizaciones en la capital: Hoy, viernes 11 de septiembre +, grupos de autoconvocados y organizaciones socioambientales realizaron un «cartelazo» frente al Ministerio de Minería en San Fernando del Valle de Catamarca, exigiendo el cese inmediato del hostigamiento policial y el retiro de las multinacionales.
El trasfondo del conflicto: Pueblos Originarios vs. Megaminería
La disputa gira en torno a los proyectos de exploración de oro y cobre denominados Aguas Calientes I, II y III, cuyos permisos fueron renovados por el Ministerio de Minería provincial a pesar del rechazo de los habitantes ancestrales.
| Factor en Disputa |
Postura de la Comunidad Diaguita |
Postura de las Empresas y Gobierno Provincial |
| Derechos Territoriales |
Exigen el cumplimiento del Art. 75 inc. 17 de la Constitución y el Convenio 169 de la OIT (Consulta Previa). |
Sostienen que cuentan con las autorizaciones gubernamentales para la prospección mineral. |
| Recursos Hídricos |
Denuncian que la megaminería destruirá las vegas y aguadas, generando una crisis hídrica irreversible en la Puna. |
Promueven la actividad extractiva como un eje clave para el desarrollo económico y el empleo provincial. |
| Estrategia Política |
Buscan la articulación regional con comunidades vecinas (como Laguna Blanca y Jasimaná) para bloquear los avances en bloque. |
El gobernador Raúl Jalil apela al «diálogo» argumentando que varios caciques de la zona sí avalan los proyectos. |
En el ámbito legislativo, la oposición provincial ha solicitado formalmente la interpelación de la Ministra de Seguridad de Catamarca para que rinda cuentas por el violento accionar de las fuerzas policiales, el cual fue catalogado por diputados opositores como una «violación a los derechos humanos».
Primicias Rurales
Fuente: catamarcactual.com.ar / IA / Otros
Sep 11, 2026 | Actualidad, Clima, Informes Técnicos
El fenómeno climático se fortalece a un ritmo poco habitual y llegaría a su punto máximo justo cuando arranca la siembra gruesa. La historia agrícola argentina muestra que estos episodios suelen dejar mejores rindes, aunque con matices que cambian mucho según la zona y el cultivo.
Buenos Aires, viernes 11 de septiembre (PR/26)– El clima es una de las variables más determinantes para el campo argentino, y también una de las pocas que ningún productor puede controlar. En un país donde la agricultura depende en gran medida de la lluvia, la disponibilidad y la distribución del agua condicionan de manera decisiva el resultado de cada campaña, junto con otros factores clave como los precios internacionales, los costos y la política tributaria del sector.

Aunque no pueda torcer el clima a su favor, el productor lo sigue de cerca, casi como quien mira el termómetro antes de salir de viaje. Las perspectivas hídricas influyen sobre qué cultivo elegir, cuándo sembrar, qué tecnología aplicar y, en definitiva, sobre cada decisión de inversión que se toma antes y durante la campaña.
Para anticipar el escenario climático de los cultivos de verano, una de las referencias más consultadas es el ENSO —El Niño-Oscilación del Sur—. Sus distintas fases cambian las probabilidades de lluvia y temperatura en buena parte de la región productiva, aunque el efecto no es igual en todas las zonas ni en todos los cultivos. A continuación, un repaso de lo que viene pasando con el fenómeno durante 2026, hacia dónde se dirige la campaña 2026/27 y qué enseña la experiencia de las últimas décadas sobre el vínculo entre El Niño y los rindes.
El Niño vuelve al centro de la escena
Durante 2026, las condiciones del Pacífico ecuatorial cambiaron a una velocidad fuera de lo común. El índice MEI.v2 pasó de -1,03 en febrero-marzo y -0,64 en marzo-abril a +0,27 en abril-mayo, +1,52 en mayo-junio y +2,41 en junio-julio. En pocos meses, el sistema climático saltó de un cuadro típico de La Niña a un episodio de El Niño de alta intensidad.
El último registro disponible se ubica entre los valores más altos de toda la serie histórica y es el mayor observado para un período junio-julio desde 1979, es decir, en casi medio siglo de mediciones.
Y todo indica que el fenómeno todavía no llegó a su techo. En su actualización del 19 de agosto, el International Research Institute for Climate and Society (IRI) mostró una coincidencia notable entre los modelos: para el trimestre octubre-diciembre, 25 de los 26 modelos analizados proyectan anomalías en la región Niño 3.4 iguales o superiores a +2°C, y 15 de ellos las ubican por encima de +3°C. El escenario más probable es que la máxima intensidad se alcance hacia fines de 2026.
Las proyecciones también hablan de persistencia. El IRI le asigna una probabilidad prácticamente plena a que El Niño continúe durante la primavera y el verano, que se mantiene en 97% para marzo-mayo y todavía llega a 78% para abril-junio de 2027. En otras palabras: lo más probable es un Niño muy intenso durante los meses clave de la campaña 2026/27, que podría estirarse —aunque debilitándose— durante buena parte del primer semestre del año siguiente.

La perspectiva histórica ayuda a entender lo particular de este episodio. Desde fines de 1979, las condiciones de El Niño ocuparon apenas una cuarta parte de las observaciones del MEI.v2, y los episodios de mayor intensidad fueron todavía más escasos. Sobresalen especialmente los de 1982/83, 1997/98 y 2015/16. El valor de junio-julio de 2026 ya superó el máximo de 2015/16 y solo queda por debajo de algunos registros de 1982/83 y 1997/98, pese a que el episodio actual recién está en una etapa temprana de su desarrollo.
El comportamiento de 2026 combina, entonces, dos rasgos poco frecuentes: una transición muy rápida desde La Niña hacia El Niño y una intensidad que ya se ubica en el extremo superior de la serie histórica. Si las proyecciones se cumplen, el Niño 2026/27 podría convertirse en uno de los episodios más fuertes de las últimas décadas.
Esto vuelve especialmente relevante pensar en sus consecuencias para la agricultura argentina, porque la mayor intensidad prevista coincide justo con la primavera y el verano, los meses decisivos para la implantación, el desarrollo y la definición de los rendimientos de los principales cultivos. Sin embargo, que el fenómeno sea muy fuerte en el Pacífico no significa que su impacto regional lo sea en la misma proporción. Un Niño más intenso aumenta la probabilidad de que se manifiesten los patrones climáticos típicos de esta fase, pero no garantiza efectos proporcionalmente mayores ni más lluvia en toda la región productiva.
Los pronósticos regionales reflejan justamente esa falta de uniformidad. Las proyecciones del SISSA anticipan una mayor probabilidad de condiciones muy húmedas en distintas áreas del centro y norte de Sudamérica durante la primavera y el inicio del verano, mientras que en la principal región agrícola argentina la señal varía según la zona y el momento del año.

Por eso, entender qué puede significar este episodio para la campaña 2026/27 exige ir más allá de anunciar que se viene un Niño muy fuerte. La pregunta central es otra: ¿cómo respondió, en la práctica, la producción agrícola argentina bajo las distintas fases del ENSO? ¿Qué pasó con los rindes durante Niño y durante Niña, qué tan grandes fueron esas diferencias y hasta qué punto se repitieron entre cultivos y regiones? Esa evidencia es la que permite pasar de la foto climática general a una lectura más concreta del posible impacto productivo.
¿Qué muestra la evidencia para la agricultura argentina?
El vínculo entre el ENSO y el desempeño agrícola argentino no es un descubrimiento reciente: distintos trabajos lo vienen documentando desde hace más de dos décadas. Podestá et al. (1999) encontraron, para la Región Pampeana, que los episodios cálidos suelen coincidir con mayores rendimientos de maíz, mientras que las fases frías se asocian con rindes más bajos; en soja identificaron un deterioro similar durante La Niña. El vínculo estaría explicado, en buena medida, por las anomalías de lluvia durante la primavera y el arranque del verano.
Otros estudios confirman que la respuesta cambia tanto según el cultivo como según el territorio. Travasso et al. (2003) mostraron que la señal del ENSO sobre los rindes tiene una importante variabilidad espacial dentro de la principal región productiva del país, y de la Casa et al. (2021) hallaron una asociación significativa entre distintos indicadores del ENSO y los rendimientos de maíz y soja en Córdoba, con diferencias entre departamentos.
Más recientemente, AgroENSO —desarrollado por investigadores del CONICET y el INTA— sistematizó 35 años de información productiva y climática, y volvió a confirmar una respuesta diferenciada según la fase del ENSO, el cultivo y el territorio. Sus resultados marcan una relación clara para maíz y soja, y muestran que los promedios generales pueden esconder diferencias importantes entre regiones y departamentos.
A partir de esa base, se construyó un ejercicio propio que replica la metodología de AgroENSO para seis de las principales provincias agrícolas del país. El objetivo no es pronosticar el rinde de 2026/27, sino cuantificar cuál fue, históricamente, el cambio en los rindes esperados cuando una campaña transcurrió bajo condiciones Niño, Niña o neutrales.
¿Qué pasó con los rindes en cada fase del fenómeno?
La evidencia de las últimas 28 campañas muestra una asociación clara entre las fases del ENSO y el desempeño de los principales cultivos de verano. El análisis abarca 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero, sobre una superficie cosechada promedio de algo más de 18 millones de hectáreas. En ese período se identificaron 10 campañas de El Niño, 12 de La Niña y 6 neutrales.
Tomando en conjunto las seis provincias, los rendimientos se ubican de manera sistemática por encima de su nivel histórico durante los episodios de El Niño, y por debajo durante La Niña. En maíz, la brecha llega en promedio a +10,3% en las campañas Niño y -9,9% en las Niña, una diferencia de 20,2 puntos porcentuales entre ambas fases. En soja total la asociación es todavía un poco mayor: +10,8% durante Niño y -9,8% durante Niña, con una amplitud de 20,6 puntos.

La intensidad también cambia según el tipo de soja. En soja de primera, la diferencia entre Niño y Niña llega a 19,5 puntos porcentuales, mientras que en soja de segunda sube a 27 puntos. Este cultivo tiene, además, un segundo frente de exposición: durante las campañas La Niña no solo cae el rendimiento, sino que también aumenta la proporción del área sembrada que finalmente no se cosecha, que pasa de 1,9% durante Niño a 6,4% durante Niña. En maíz, en cambio, la superficie no cosechada ronda el 21% sin importar la fase del ENSO, lo que sugiere que ahí pesan más factores estructurales —como el destino forrajero o silero— que el clima.
La respuesta tampoco resulta proporcional a la intensidad del índice ONI: la correlación entre el ONI de octubre-diciembre y los rindes es positiva pero moderada, y solo en parte de las series es estadísticamente significativa. De hecho, clasificar las campañas en Niño, Niña y Neutral predijo mejor los rindes fuera de muestra que usar el ONI como una variable continua. Dicho de otro modo: el ENSO funciona mejor como una foto del escenario climático que enfrenta la campaña que como una regla matemática para calcular cuánto va a subir o bajar el rinde.
Una misma señal, con intensidades bien distintas entre provincias
Al abrir los datos por provincia aparece una heterogeneidad considerable. En términos generales se observa un gradiente: mayor sensibilidad en el Litoral y el centro de la región agrícola, y una respuesta mucho más débil en Santiago del Estero. Pero ese patrón no se repite igual para todos los cultivos.

El caso más marcado es Entre Ríos. En maíz, los rindes se ubicaron 18,4% por encima del nivel histórico durante Niño y 20,4% por debajo durante Niña: casi 39 puntos porcentuales de diferencia entre ambas fases. La regularidad, además, es muy alta: 9 de las 10 campañas Niño terminaron por encima del nivel típico, y 11 de las 12 Niña, por debajo. Esto convierte al maíz entrerriano en uno de los casos donde la información del ENSO tiene mayor capacidad para anticipar cómo arranca una campaña.

Santa Fe también muestra una respuesta importante, sobre todo en soja: la amplitud entre Niño y Niña llega a 19,7 puntos porcentuales en soja total, frente a 23 puntos en maíz. Córdoba exhibe una configuración parecida, con una amplitud elevada en soja (22,3 puntos) y algo menor en maíz (17,1 puntos). En Buenos Aires, la sensibilidad aparece más equilibrada entre ambos cultivos: cerca de 21,5 puntos en maíz y 19,7 en soja.
La Pampa presenta un comportamiento más heterogéneo. El maíz muestra una sensibilidad relativamente moderada, con 13,2 puntos de diferencia entre Niño y Niña, pero la soja —y en particular la soja de segunda— responde con mucha más fuerza: en este último caso, la amplitud llega a casi 44 puntos porcentuales, aunque conviene leer ese número teniendo en cuenta que se trata de un cultivo de menor peso relativo en la provincia, desarrollado en el margen occidental del área agrícola.
En el otro extremo aparece Santiago del Estero. El maíz muestra apenas 0,9 puntos porcentuales de diferencia entre Niño y Niña, y prácticamente no se correlaciona con el ONI. También es mucho menor la frecuencia con la que las campañas se comportan en la dirección esperada, en comparación con la región pampeana y el Litoral. La soja conserva una señal algo más visible, pero igualmente débil. Todo indica que la capacidad del ENSO para anticipar condiciones favorables o desfavorables se debilita a medida que uno se desplaza hacia ambientes donde otros mecanismos climáticos pesan más.
La heterogeneidad no se detiene en el límite provincial
Cuando el análisis baja al nivel de departamento, aparece una organización territorial bastante definida: las zonas de mayor y menor sensibilidad tienden a agruparse geográficamente, en vez de repartirse al azar.
En Buenos Aires, el maíz muestra una respuesta particularmente intensa en el norte y nordeste de la provincia: partidos como Mercedes, Suipacha, Baradero, San Nicolás y otros del corredor norte registran caídas de entre 13% y 21% durante las campañas La Niña. Hacia el sudeste y el sudoeste, en cambio, las pérdidas históricas son mucho menores: Balcarce, General Pueyrredón, Tornquist y zonas cercanas se ubican entre 5% y 7% por debajo de su nivel típico. Aun dentro de una misma provincia, la exposición al ENSO puede ser muy distinta.

En Santa Fe, la mayor sensibilidad aparece en varios departamentos del centro y norte provincial —entre ellos 9 de Julio, San Justo, Garay, San Cristóbal y La Capital—, mientras que el sur agrícola muestra respuestas algo más moderadas. En Córdoba, los resultados apuntan a una menor sensibilidad hacia los sectores occidentales y serranos, y una respuesta mayor en el este y el centro-sur. En Entre Ríos, finalmente, el este y el sudeste provincial concentran algunas de las mayores caídas de toda la muestra durante los episodios La Niña.
Este nivel de detalle territorial pide más cautela que los resultados generales. La estimación por departamento incorpora un esquema de regularización o partial pooling hacia la provincia, pensado para reducir el ruido que genera contar con pocas campañas de cada fase. El peso de la información propia de cada departamento es mayor en maíz que en soja, por lo que las diferencias territoriales de maíz admiten una lectura más fina que las de soja, donde conviene quedarse con los patrones provinciales y regionales antes que con rankings entre departamentos puntuales.
Una señal probabilística, no un pronóstico determinístico
Nada de esto implica que una campaña El Niño garantice buenos rindes, ni que una campaña La Niña termine necesariamente mal. Los datos históricos muestran excepciones importantes: la campaña 2023/24, por ejemplo, estuvo asociada a un Niño fuerte y, sin embargo, distintos factores productivos y sanitarios limitaron los rindes de maíz en algunas regiones. El ENSO cambia las probabilidades y las condiciones ambientales que enfrenta el cultivo, pero no determina por sí solo el resultado final.
La regularidad histórica importa tanto como la brecha promedio. En Entre Ríos, 11 de las 12 campañas La Niña terminaron con rindes de maíz por debajo del nivel típico; en Santa Fe fueron 11 de 12, y en Buenos Aires, 10 de 12. La forma correcta de decirlo no es que “La Niña siempre reduce los rindes”, sino que las campañas La Niña estuvieron asociadas, con una frecuencia elevada, a rendimientos inferiores a los esperables una vez descontado el avance tecnológico.

La cautela es todavía mayor al mirar departamento por departamento. La señal general es clara y se sostiene con distintos métodos de análisis, pero no todos los resultados locales tienen la misma solidez. Con un criterio exigente para evitar diferencias que sean pura casualidad, el método original de AgroENSO no permite señalar departamentos específicos con total confianza. Otros enfoques estadísticos, y los intervalos de incertidumbre, respaldan el patrón en muchos casos, aunque las diferencias chicas entre localidades no deberían leerse como un ranking exacto de sensibilidad.
Apreciaciones finales
La evidencia histórica deja una primera conclusión clave para la campaña que empieza: la presencia de El Niño mejora de manera significativa el punto de partida estadístico de los principales cultivos de verano, pero esa mejora no es pareja ni funciona como una garantía de buenos rindes. En las seis provincias analizadas, las campañas Niño se asociaron de forma sistemática con rindes superiores a los de La Niña, aunque el tamaño de esa diferencia cambia bastante entre cultivos y territorios. La señal es especialmente fuerte en soja de segunda y en distintas zonas del Litoral y la región pampeana, y se debilita hacia ambientes como Santiago del Estero.
La segunda conclusión es que el tamaño anunciado del fenómeno no debería traducirse mecánicamente en una expectativa de rindes excepcionalmente altos. Los resultados muestran que la fase del ENSO aporta más información que la intensidad puntual del ONI: saber que la campaña transcurre bajo condiciones Niño ayuda a inclinar las probabilidades, pero un Niño de +2 o +3 no implica necesariamente el doble de beneficio que uno más moderado. Importan, además, la distribución en el tiempo y el espacio de las lluvias, las temperaturas en los momentos críticos, el agua disponible en los perfiles al arrancar la siembra, y todos los demás factores agronómicos y sanitarios que entran en juego durante la campaña.
Lo que sí cambió de manera sustancial en las últimas décadas es la cantidad de producción expuesta a esa diferencia climática. Aplicando las brechas históricas estimadas a una escala productiva similar a la de las últimas campañas, un escenario Niño podría significar para la Argentina alrededor de 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja respecto de los rindes típicos. A precios FOB de USD 240 y USD 500 por tonelada, respectivamente, ese diferencial de producción rondaría los USD 4.000 millones.
El Niño 2026/27 es, en definitiva, una señal favorable para la agricultura argentina, pero no un cheque en blanco. Si el episodio evoluciona como anticipan hoy los modelos, y sus efectos regionales se parecen a los observados históricamente, las probabilidades van a estar inclinadas hacia mejores rendimientos en buena parte de la región productiva. Cuánto de ese potencial se transforme finalmente en toneladas va a depender, como siempre, de dónde y cuándo llueva.
Primicias Rurales
Fuente: novedadeseconomicas.ieral.org
Sep 11, 2026 | Actualidad, Agricultura, Economía / Economía del Agro, Opiniones
Con el barril acercándose a los U$S 100, el Parlamento avanza en biocombustibles y en el mercado de carbono, la Rural define su nueva conducción y Chicago responde firme: así fue el arranque de un septiembre movido.
Buenos Aires viernes 11 septiembre (PR/26)– Septiembre llegó con un combo de noticias que combinan lo económico, lo político y lo climático, y que ya empiezan a marcar el rumbo del agro argentino en las próximas semanas.
El precio del petróleo casi tocando los U$S 100 el barril fue, sin duda, uno de los datos más comentados. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente y el tráfico en su nivel más bajo desde mayo en el Estrecho de Ormuz encendieron las alarmas energéticas en todo el mundo.
Esa tensión se sintió de inmediato en Chicago. La reapertura de ayer, tras el feriado del lunes, mostró una plaza firme, especialmente para la soja y el trigo. A eso se suma que la guerra entre Rusia y Ucrania —dos gigantes en la producción de cereal y girasol— sigue restringiendo el comercio desde esa región.
En paralelo, el folklore político también tuvo protagonismo. Esta semana se definen las elecciones divididas en la Sociedad Rural Argentina, con Pino y Pereda como protagonistas de una interna que el sector sigue de cerca.

Otra buena noticia llegó desde el Congreso: todo indica que se rechazará la propuesta de reactivar la Ley de Ecocidio, una iniciativa que generaba preocupación —con razón— entre los productores. En simultáneo, el dictamen de comisiones sobre la Ley de Biocombustibles sumó respaldo, ahora también de una veintena de entidades que reclaman su aprobación cuanto antes.
El clima tampoco se quedó afuera del combo: frío, nevadas y hasta granizo en distintas zonas marcaron el último fin de semana, completando un arranque de mes con mucho para seguir.
La actividad parlamentaria no se detuvo ahí. También avanzó en comisiones el estratégico Mercado de Créditos de Carbono, aunque no sin generar cierto revuelo. Desde CRA, los ruralistas fueron claros: remarcaron que la titularidad de esos activos debe pertenecer, exclusivamente, a los productores agropecuarios.

La entidad ratificó, en distintas comunicaciones, su acompañamiento al desarrollo de un mercado nacional de carbono, entendido como una oportunidad para atraer inversiones, fortalecer la sostenibilidad y generar nuevas fuentes de ingresos para el sector. Eso sí, siempre y cuando la futura legislación garantice seguridad jurídica y respete el derecho de propiedad de los productores.
¿Brasil, el espejo en el que mirarse?
El éxito agroindustrial de Brasil en los últimos 25 años —con una tendencia que arrancó ya en los años 70 y 80 y se consolidó en lo que va del siglo XXI— no deja de sorprender. El país vecino logró desplazar a la Argentina en rubros donde antes era protagonista, como la carne vacuna, algunas frutas y varios cultivos anuales.
Por eso despertó tanto interés la presentación de un análisis del CIPPEC, el think tank que dirige el economista y ex diputado nacional por Santa Fe, Luciano Laspina. El trabajo no solo aporta datos: también habilita comparaciones ineludibles.

Un repaso rápido por la ganadería alcanza para entender la magnitud del fenómeno. En los años 70, Argentina y Brasil tenían rodeos similares, de unos 60 millones de cabezas cada uno, aunque con una diferencia sensible en calidad.
Hoy el panorama es otro: Argentina tiene 10 millones de cabezas menos que entonces, mientras que Brasil ronda los 200 millones —aunque podría «rebotar» tras su actual liquidación—. El país vecino, además, cuenta con más mercados de exportación abiertos, gracias a su estatus de país libre de aftosa sin vacunación, y logró una calidad carnicera destacada.
Los números del Cippec son elocuentes. Desde el año 2000, Brasil produjo unas 1.550 millones de toneladas adicionales de granos respecto de la Argentina, con un valor estimado en U$D 475.000 millones.
La brecha también se nota en el bolsillo del productor. Entre 2002 y 2025, por cada tonelada vendida, el productor argentino recibió, en promedio, el 60% de lo que percibió un colega brasileño en soja, el 65% en maíz y el 72% en trigo. En soja, la facturación por hectárea del argentino fue apenas el 53% de la brasileña durante todo el período analizado.
El crecimiento del agro brasileño también transformó la geografía humana del país. Entre 1992 y 2022 surgieron 319 nuevas ciudades y más de 5 millones de personas se mudaron a las nuevas zonas agropecuarias.
La economía en su conjunto también sintió el impacto. Entre 1995 y 2025, mientras el PIB total de Brasil se duplicó aproximadamente, el PIB del agronegocio se multiplicó por 3,3. En dos de cada tres años, el agronegocio creció más que el resto de la economía.
El Centro-Oeste brasileño es quizás el ejemplo más claro de esa transformación. Pasó de representar apenas el 3% de las exportaciones del país en el año 2000, al 16% en 2025. Y en términos per cápita, el salto fue de U$D 160 —la mitad del promedio nacional— a U$D 3.156, casi el doble del promedio per cápita de todo Brasil.
Más allá de los números, lo que realmente interesa es entender por qué se invirtieron las tendencias entre estos dos socios del Mercosur, hasta dónde puede la Argentina achicar esas brechas, y si las políticas brasileñas son, efectivamente, replicables.
El análisis preliminar del Cippec apunta a una definición estratégica que Brasil sostuvo en el tiempo, y hacia la cual hizo confluir sus políticas económicas —especialmente la tributaria—, sumada a una decisión geopolítica clave: conquistar el oeste y sumarlo a la producción, además del sur y la costa, que ya eran las regiones agrícolas tradicionales.
El derecho a la propiedad privada se ató directamente al crecimiento económico, lo que permitió, entre otras cosas, desactivar al Movimiento Sin Tierra.

Un dato no menor: Brasil no tiene retenciones, y sus bienes de exportación no pagan Ingresos Brutos sobre los insumos. La comparación con la Argentina, que aún sostiene un aporte que supera los U$S 5.000 millones al año en retenciones —que llegaron a ser más del doble—, es inevitable. Brasilia, en cambio, otorga un subsidio al crédito de U$S 56 por hectárea, equivalente a unos U$S 3.000 millones anuales.
En definitiva, y según los datos del Cippec, Brasil combinó una definición estratégica clara, una planificación territorial sostenida en el tiempo —que incorporó nuevas áreas productivas— y una batería de herramientas de política tributaria y crediticia. El resultado está a la vista (MDZ).
La soja vuelve a ser protagonista
La soja también tuvo su capítulo destacado. Con una molienda que superó los 4 millones de toneladas en julio, y que acumula casi 24 millones de toneladas en los primeros siete meses del año, volvió a convertirse en uno de los motores de la agroindustria.

Ese ritmo permitió que las fábricas alcanzaran un uso del 84% de su capacidad instalada, incluyendo la soja de importación. El impulso no fue exclusivo de la soja: el girasol también aportó lo suyo, con una molienda récord de 3,4 millones de toneladas en el mismo período, un 25% más que en los primeros siete meses del año pasado.
Según el monitor agroindustrial de agosto que publica Ciara-CEC, julio dejó otros tres récords históricos de exportación: 5,5 millones de toneladas de maíz, 62.000 toneladas de girasol en grano y 222.000 toneladas de harina de girasol.
La liquidación de divisas acompañó ese buen momento. Agosto fue el tercer mejor mes del siglo para este indicador, con U$S 2.751 millones, lo que llevó el acumulado del año a superar los U$S 19.000 millones, un 12% por encima del promedio 2008-2025.
El crédito mejora, pero todavía no alcanza
En materia de financiamiento, las señales son mixtas. La Secretaría de Agricultura informó que el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) ya otorgó más de $ 67.000 millones en créditos a Valor Producto, unos U$S 45 millones.

Sin embargo, un estudio de las cooperativas de Coninagro advierte que, aunque el crédito agropecuario creció un 37% interanual, todavía resulta insuficiente para las necesidades del sector.
Según ese trabajo, el saldo agregado llegó a U$D 12.303 millones en junio de 2026, una mejora del 37% respecto al mismo mes del año anterior, equivalente a una inyección adicional de U$D 3.329 millones en la economía productiva.

Aun así, se trata de apenas un cuarto de la inversión productiva anual, un porcentaje que resulta aún más acotado si se considera la profunda descapitalización que enfrenta el sector, erosionado durante más de dos décadas.
Coninagro también recuerda que la producción agropecuaria contó históricamente con créditos de evolución, una herramienta que hace años dejó de existir. A eso se suma la cantidad de campos que quedaron fuera del sistema financiero formal —sin carpetas aprobadas— y que hoy solo se sostienen con crédito comercial.
Parte de esa limitación tiene una explicación clara en las tasas de interés. En pesos, el promedio subió de 49,3% a 52,4% interanual. El sector bovino fue el más castigado, con tasas promedio del 59%, consolidándose como el segmento de mayor costo financiero.
El panorama es distinto en dólares, donde el crédito trajo alivio: la tasa promedio bajó de 7,8% en 2025 a 5,7% a mediados de 2026, una caída del 27%. Este tipo de financiamiento fue traccionado, especialmente, por el sector cerealero.
Lo acotado del aporte financiero queda en evidencia con un dato contundente: la cobertura de crédito sobre la producción nacional anual apenas alcanza entre el 7% y el 10% del Valor Bruto de Producción (VBP) para los granos anuales y la ganadería, dos de los principales rubros del sector.
En cuanto a los créditos a Valor Producto del BICE —una herramienta bastante más amigable para los productores y disponible para los sectores ganadero, tambero y porcino, según detalla Agricultura— los cerca de U$S 45 millones entregados en los últimos dos años a 440 productores son una buena señal, aunque siguen resultando exiguos frente a las necesidades de recomposición que enfrenta el principal sector generador de divisas que todavía tiene el país (MDZ).
Primicias Rurales
Fuente: Radio Mitre / Varios
Sep 11, 2026 | Actualidad, Ganadería, Informes Técnicos
Un estudio de Elizade & Riffel halló que aún con la actual relación grano/novillo muy favorable, hay ciertos alimentos que pueden dar resultados pobres o negativos. Cómo inciden el costo del concentrado proteico y el sistema de suministro en feedlots de pequeña y mediana escala.
Buenos Aires, viernes 11 de setiembre (PR/26) .- Con una relación maíz/novillo muy favorable (56 kg novillo por ton maíz en 2026 vs 102 promedio en diez años) muchos engordadores pequeños y medianos utilizan cada vez más raciones con grandes cantidades de grano entero y concentrado proteico; y las ofrecen mediante autoconsumo ya que se requiere menos personal.

Juan Elizalde y Sebastián Riffel.
En este contexto, la consultora Elizalde & Riffel presenta los resultados económicos de animales livianos con cuatro planteos de terminación: 90% de maíz-concentrado proteico y 68% de maíz-afrechillo, distribuidos mediante autoconsumo o en forma diaria.
Un ejercicio que pone en evidencia dónde está la trampa del maíz barato en feedlots de escalas limitadas para diluir costos fijos.
Es decir, lo que se buscó es dilucidar si la ventaja del actual precio del grano sumada a la reducción de los costos operativos del autoconsumo mejora el resultado por cabeza, algo clave en un negocio de márgenes muy finitos.
Los modelos
Se compararon distintos modelos de feedlots pampeanos de 500 a 2.000 cabezas/año que engordan animales livianos:
– Silos autoconsumo con ración de 90% maíz entero + 10% concentrado proteico comercial.
– Silos autoconsumo con ración seca de 68% maíz entero + 28% pellet trigo + 4% premix terminación pelleteado.
– Suministro diario dos veces por día (mañana y tarde) en comederos con lectura diaria. Ración 90% maíz entero + 10% concentrado proteico comercial.
– Suministro diario dos veces por día (mañana y tarde) en comederos con lectura diaria. Ración seca con 68% maíz entero + 28% pellet trigo + 4% premix terminación pelleteado.
Dar de comer
Los costos operativos fueron calculados considerando la diferencia en el tiempo efectivo de trabajo del personal y en los gastos de combustible y mantenimiento de maquinaria entre los métodos de ofrecimiento.

Costo de autoconsumo vs suministro diario con maíz-concentrado proteico vs maíz-afrechillo, para distintas escalas de feedlots.
Tal como se ve en el gráfico, el costo operativo del sistema de autoconsumo con maíz y concentrado proteico es levemente menor (4%) al autoconsumo con maíz-afrechillo debido a que hay que mezclar menos ingredientes.
Por otra parte, los costos del autoconsumo son inferiores (12%) comparados con el suministro diario (con ambos tipos de raciones) para las escalas menores, aunque esto se revierte en las superiores a 1.000 cabezas. Esto último se debe a que es necesario preparar la ración en un mixer y distribuirla en los silos con un chimango, lo cual requiere más personal.
Con estas consideraciones, se confirma la presunción del productor: alimentar con silos de autoconsumo es más económico para escalas chicas de 1.000 cabezas o menos.
Sin embargo, esto no significa que se trate de un sistema de mejor resultado económico por kilo producido ya que se debe tener en cuenta también el costo de ambos tipos de raciones.
Mirando el todo
Los resultados económicos fueron simulados asumiendo que la eficiencia de conversión es la misma en los dos tipos de alimentos. En tal sentido, existen evidencias de que las raciones menos concentradas (maíz 68%) ofrecidas en forma diaria tienen eficiencias similares a las más energéticas (maíz 90%), dado que estas generan potencialmente más riesgos de acidosis.
En cuanto a las categorías de engorde, se modelizaron animales livianos (machos y hembras de 180 a 320 kg) y los precios de compra y venta fueron fueron $/kg 6.250 y $/kg 5.300, con gastos comerciales (incluyendo fletes y comisiones) del 6 y 3%, respectivamente.
El costo de la ración fue calculado en función de los precios actuales (fines de agosto 2026), considerando el maíz propio (VNR=precio pizarra – gastos comerciales) y el resto de los componentes a valores de mercado. De este modo, ese costo en base seca fue de $/ton 351.278 para maíz + concentrado proteico y de $/ton 319.354 para maíz + afrechillo.
Por lo tanto, la ración elaborada con tres ingredientes (maíz + afrechillo trigo pelleteado + premix pelleteado) es un 10% más barata que la mezcla maíz + concentrado proteico.
La pregunta es cuánto impacta este ahorro en el margen bruto por cabeza.

Margen bruto de categorías livianas. Autoconsumo vs suministro diario combinado con maíz + concentrado proteico vs maíz + afrechillo, para distintas escalas.
Ración casera, clave
El margen bruto promedio fue de $/cab 4.690 para la ración maíz + concentrado proteico y $/cab 32.127 para maíz + afrechillo, datos que surgen de resultados negativos o levemente positivos. Sin embargo, el tipo de ración hace más negativo el negocio cuando se opta por maíz + concentrado ya que el cambio por maíz + afrechillo genera $/cab 27.437 de diferencia, independientemente de la forma de suministro.
El sistema de alimentación, en cambio, tiene menor relevancia ya que pasar de autoconsumo a oferta diaria genera, en promedio, una diferencia de tan solo $/cab 5.386 ($21.112 versus $15.715 para autoconsumo y suministro diario, respectivamente).
Esto demuestra que el resultado económico depende más del tipo de ración que del método de suministro.
Otro cuestión importante, como se dijo más arriba, es que la escala tiene una gran incidencia en el margen bruto. Para encierres de 500 animales, la ración maíz-concentrado en autoconsumo, la más utilizada por el productor, genera márgenes negativos siendo la ración maíz-afrechillo la única que da positivo.
En concreto, si se quiere mejorar el margen económico (o acotar la pérdida como en este último caso) hay que elegir la ración en primera instancia y luego el sistema para ofrecerla, ya que este punto es menos relevante.
Con maíz barato y caro
Esta conclusión acerca de la conveniencia de la ración casera para escalas chicas y medianas se repite en forma consistente durante los diez años en que Elizalde& Riffel han llevado este seguimiento.
La diferencia en el margen bruto (en u$s/cab) entre la ración maíz-afrechillo respecto de la de maíz-concentrado proteico durante el período 2017 a 2026, resulta de u$s/cab 20 promedio ($/cab 30.400 valor actual). Es más, aun con las variaciones del precio del maíz y otros ingredientes entre años, las diferencias son siempre favorables para la ración maíz-afrechillo.

Diferencias en u$s/cab en el margen bruto entre raciones basadas en maíz-afrechillo versus maíz-concentrado proteico.
Así las cosas, para un encierre de unas 1.000 cabezas, la diferencia entre elegir una ración u otra a lo largo de 10 años ascendería a u$s200.000. Es plata que queda en el bolsillo del productor.
Para tener en cuenta
Las raciones basadas en grandes cantidades de maíz y concentrados proteicos generan resultados pobres o negativo para feedlots de 500 a 2000 cab/año, independientemente del sistema de suministro, incluso en tiempos de granos baratos.
La mejor combinación para estos encierres es fabricar una ración simple a campo con componentes secos y luego ofrecerla en silos de autoconsumo, si la escala es de hasta 1.000 cab/año o en forma diaria si se sobrepasa esa cantidad.
Por: Ing. Agr. Juan C. Elizalde, Ph.D.
Ing. Agr., M. Sci. Sebastián L. Riffel
Redes: @elizalderiffel
Trabajo realizado en el marco de un convenio con Phibro Animal Health
Fuente: Valor Carne
Primicias Rurales
Sep 11, 2026 | Actualidad, Especial
En el marco del Año Internacional de los Pastizales, Fundación Vida Silvestre Argentina reunió en el Congreso de la Nación a referentes de Argentina, Paraguay y Colombia para discutir cómo proteger estos ecosistemas sin dejar de producir. Los pastizales ocupan más de la mitad del territorio argentino, pero menos del 4% se encuentra protegido.
Buenos Aires, viernes 11 de septiembre (PR/26) .- El martes 8 de septiembre, Fundación Vida Silvestre Argentina llevó la discusión sobre el presente y futuro de los pastizales al Congreso de la Nación. El encuentro, realizado en el Auditorio de la Honorable Cámara de Diputados, reunió a representantes del ámbito legislativo, gobiernos provinciales, organizaciones ambientales y referentes vinculados con la producción y la conservación.
La pregunta que atravesó la jornada fue cómo conservar los pastizales sin dejar de producir. A partir de allí, se discutió el papel de las políticas públicas, el ordenamiento territorial y las alternativas de producción sustentable, además de la necesidad de generar acuerdos entre gobiernos, Congreso, productores y organizaciones de la sociedad civil.
Los pastizales ocupan más de la mitad del territorio argentino y albergan una enorme diversidad de especies. También sostienen la producción de alimentos y distintas actividades productivas, almacenan carbono, contribuyen a regular el agua y el clima y protegen los suelos. No son simplemente una superficie cubierta de pasto: son ecosistemas complejos que cumplen funciones ambientales, sociales y productivas.
Sin embargo, su conservación enfrenta importantes desafíos. Menos del 4% de los pastizales argentinos se encuentra protegido y, entre 2000 y 2019, se perdieron más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales.
Durante la jornada se compartieron experiencias de gestión de Nación, Santa Fe y Buenos Aires. El intercambio puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer las políticas públicas y el ordenamiento territorial, pero también de superar una mirada que plantea la conservación y la producción como opciones contrapuestas.
“Poder discutir, pensar, reflexionar y definir qué tipos de políticas públicas tienen que ver con cómo protegemos y, al mismo tiempo, podemos sostener de manera sostenible uno de los ecosistemas más importantes, que son los pastizales”, señaló Maximiliano Ferraro, diputado nacional y autor de iniciativas parlamentarias para la protección de los pastizales y su fauna.
Para Enrique Estévez, ministro de Ambiente y Cambio Climático de la provincia de Santa Fe, contar con herramientas normativas es parte de ese desafío: “Entendemos que no hay forma de cuidar el ambiente si no es con leyes de presupuesto mínimo”.
Desde la provincia de Buenos Aires, Tamara Basteiro, subsecretaria de Política Ambiental, destacó la importancia de la articulación entre el Estado y otros actores: “Es muy importante un Estado presente que tenga la agenda ambiental en el centro de la agenda, (…) y también poder articular con otros actores, con organizaciones de la sociedad civil, con otros gobiernos.”
La producción ganadera ocupó otro de los ejes de la conversación. Pablo Preliasco, especialista en ganadería sustentable de Fundación Vida Silvestre Argentina, explicó la importancia ecológica de los pastizales y el impacto que su transformación y fragmentación tienen sobre la biodiversidad. Como ejemplo, tomó al venado de las pampas, una especie emblemática de estos ambientes.
Preliasco también presentó los beneficios económicos del manejo sustentable de los pastizales y planteó que conservarlos puede ser compatible con la actividad ganadera. “Lo que se ve en el largo plazo es que manejando pastizales gana más plata que reemplazándolos”, sostuvo.
La discusión económica se vinculó también con la capacidad de estos sistemas para afrontar escenarios de cambio. Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina, destacó: “No solo es más barato a largo plazo, sino que genera modelos de producción mucho más resilientes en un contexto de cambio climático, en un contexto de volatilidad de los mercados, de las oportunidades financieras”.
El encuentro tuvo además una dimensión regional. Referentes de WWF Paraguay, WWF Colombia y Fundación Vida Silvestre Argentina compartieron experiencias de conservación y producción sustentable en distintos países y señalaron que los pastizales, sabanas y humedales forman parte de ecosistemas conectados que no se detienen en las fronteras nacionales.
“Los pastizales, entre los que se encuentran sabanas, humedales y cerrados, son ecosistemas amenazados que albergan una importante biodiversidad”, señaló Lucy Aquino, CEO de WWF Paraguay.
Desde Colombia, Sofía Rincón, coordinadora del Programa Orinoquía de WWF Colombia, puso el foco en la construcción de acuerdos entre distintos actores: “Lo queremos ver como una oportunidad para que, a través del diálogo multiactor, podamos llegar a construir agendas colectivas que permitan el ordenamiento territorial productivo.”

La mirada regional puso en evidencia la necesidad de fortalecer la cooperación entre países y de generar políticas coordinadas y alianzas entre organizaciones, gobiernos, productores y comunidades. En ese contexto, durante la jornada también se presentó el trabajo de IKI Pastizales y la necesidad de avanzar hacia modelos productivos libres de conversión de ecosistemas.
Del encuentro participaron Maximiliano Ferraro, diputado nacional; Enrique Estévez, ministro de Ambiente y Cambio Climático de la provincia de Santa Fe; Tamara Basteiro, subsecretaria de Política Ambiental de la provincia de Buenos Aires; Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina; Lucy Aquino, CEO de WWF Paraguay; Sofía Rincón, coordinadora del Programa Orinoquía de WWF Colombia; Pablo Preliasco, especialista en ganadería sustentable de Fundación Vida Silvestre Argentina; y Raimundo Ruiz, representante de la Embajada de Alemania en Argentina. También estuvieron presentes otros referentes del ámbito legislativo, la conservación, la producción y las políticas públicas.
El encuentro se realizó en el marco del Año Internacional de los Pastizales, una oportunidad para poner el foco sobre ecosistemas que tienen un papel central en la biodiversidad, la producción de alimentos, el agua, el suelo y el clima.
La discusión dejó planteado un desafío que atraviesa a toda la región: encontrar formas de producir que permitan conservar los pastizales y los servicios que brindan, con políticas públicas y acciones coordinadas que acompañen ese proceso.
Primicias Rurales
Fuente: Fundación Vida Silvestre Argentina
Sep 11, 2026 | Actualidad, Animales
Primicias Rurales
Fuente: La Nación/ Senasa