La campaña de trigo 2025/26 arrancó con exportaciones récord en diciembre

La campaña de trigo 2025/26 arrancó con exportaciones récord en diciembre

Por Matías Contardi – Franco Pennino – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio del Rosario (BCR)
Se estiman embarques de trigo por casi 2,5 millones de toneladas (Mt) en diciembre, un récord histórico para el mes que prácticamente duplica los despachos del mismo mes de 2024.

Rosario, lunes 22 diciembre (PR/25) — Cerrando el primer mes de la campaña 2025/26 de trigo, y de la mano de una producción que rompe todas las marcas históricas con una estimación de GEA- BCR de 27,7 millones de toneladas, el desfile de camiones a puertos ha marcado el paisaje del Gran Rosario.

En base al flujo de buques del nodo Up River Paraná informado por NABSA, se estiman embarques de trigo para el mes de diciembre por 2,48 Mt, un récord histórico, que prácticamente duplica el volumen del año pasado y supera, incluso, el máximo anterior de 2,3 Mt de diciembre 2021.

 

En materia de precios, Argentina actualmente registra el precio FOB de trigo más competitivo del mundo, dando impulso a los embarques del cereal que no sólo encuentran mercado en la tradicional plaza brasilera, sino que se despachan a países mucho más alejados como el sudeste asiático.

En particular, China ha completado sus primeras compras de trigo argentino en tres décadas, cuando normalmente el gigante asiático tiende a abastecerse principalmente con producción australiana, históricamente más conveniente debido a la cercanía geográfica entre los países.

En 2025 Brasil ha perdido el podio como principal destino del trigo argentino en manos de Indonesia (que lleva 0,46 Mt) y Vietnam (0,41 Mt), quedando en tercer lugar Brasil (con compras por 0,40 Mt). Si se agrega Bangladesh con el cuarto puesto (0,34 Mt), los tres países asiáticos explicarían la mitad de los embarques de trigo estimados para el último mes del año.

Se destaca que, de alcanzarse solo ese volumen de embarques a Brasil en el mes de diciembre, sería el total más bajo para el mes desde 2020 cuando se exportaron 0,31 Mt. Igualmente, es importante marcar que esto se confirmaría recién cuando se publiquen los datos oficiales de INDEC. No obstante, en parte marca cómo el mercado argentino se está inclinando para abastecer la demanda de destinos más lejanos en este momento del año.

La alta diversificación de destinos y los importantes volúmenes embarcados hacia compradores no tan habituales para esta época del año son una buena noticia para el trigo argentino, ya que la alta competitividad en precios permite colocar la abundante oferta fruto de la campaña histórica que está atravesando Argentina.

2 – Abundante oferta global y precios bajos

Las malas noticias llegan del lado de los precios. Si bien la cosecha 2025/26 está destinada a hacer historia en Argentina, los campos del resto del mundo han tenido una performance sobresaliente y más importante aún, siete de los ocho principales países exportadores incrementaron su producción este año.

Según las estimaciones de la agencia privada SOVECON, en Rusia se habrían levantado 88,8 Mt de trigo. En Australia se está terminando de cosechar una campaña apuntada en 37 Mt. En la Unión Europea, el volumen cosechado de trigo ascendió hasta los 144 Mt luego de un fatídico ciclo 2024/25. Todo ello, ha llevado a un nivel de producción récord y presionado las cotizaciones.

A la hora de evaluar los precios de exportación, el FOB argentino es el más barato, oscilando entre los US$ 198 y US$ 205/t según el nivel de proteína negociado. Esto le permite llegar a destinos que no son los habituales y poder colocar un mayor número de granos en el mercado internacional. En un escenario de oferta global abundante y de un techo que todavía no se termina de vislumbrar, el nivel de suministros le ha puesto un límite al alza en las cotizaciones.

}Primicias Rurales
Fuente: BCR: Informativo Semanal
Las proyecciones de maíz temprano le marcan el pulso a la logística 2026

Las proyecciones de maíz temprano le marcan el pulso a la logística 2026

Por Matías Contardi – Franco Peninno – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Con una proyección récord de 61 Mt para el maíz 25/26, la alta participación de siembras tempranas anticipa un flujo logístico inédito hacia marzo-abril, que podría llevar los ingresos a puerto a máximos históricos y condicionar precios y comercialización.

Rosario, domingo 21 diciembre (PR/25) — La recarga de humedad en los suelos de los últimos meses y la regularidad de lluvias en pleno desarrollo crítico del maíz en gran parte del territorio nacional generan excelentes perspectivas para el maíz temprano en Argentina.

Según la Secretaría de Agricultura Ganadería y Pesca (SAGyP) prácticamente toda el área agrícola nacional tiene niveles de humedad que van de muy buenos a excesivos y prácticamente no hay maíces que estén en condiciones regulares o malas. }

Teniendo en cuenta lo que se ha visto con el desempeño de la cosecha de trigo este año, se hace muy difícil descartar aumentos en la producción de maíz para la nueva campaña.

Ya simplemente basándose en rindes normales, la expectativa de producción para la campaña maicera 2025/26 de GEA-BCR apunta a 61 millones de toneladas (Mt), un récord histórico.

Pero si sobre esa base imputamos la alta participación de las siembras tempranas en el total, se tiene que ésta condicionará todo el flujo logístico a puerto a partir de marzo del año próximo.

Para comenzar, el área sembrada con maíz temprano alcanzó un récord este año, según estimaciones propias en base a datos de avances de labores de SAGyP. Sobre ello, haciendo un ejercicio teórico y extrapolando los rendimientos observados por cada delegación nacional en los últimos diez años, si el rinde se ubica en el promedio de la última década, la producción total de maíz temprano, que se cosecha en torno al mes de marzo, sería un 40% más alta que el promedio de los últimos cinco años. Ahora bien, si en base a las excelentes perspectivas que se tiene a la fecha el rinde alcanza el 75% de la mejor productividad histórica para cada zona, la cosecha de maíz temprano sería un 58% superior a la del último lustro y, finalmente, si iguala su mejor rendimiento, estaríamos hablando de una producción de maíz temprano un 70% superior al promedio de cinco años.

Partiendo de estos tres escenarios (rinde promedio, rinde al 75% de su mejor marca histórica y rinde máximo registrado a la fecha), y suponiendo que no hay una falla productiva generalizada, el potencial de flujo de maíz en el mercado interno sería inédito. Teniendo en cuenta que el despacho de maíz a puerto se registraría mayormente en torno al mes de marzo/abril, justo cuando comienza a cosecharse la soja, y en el marco de una producción récord de trigo, el ingreso de camiones a puertos del Gran Rosario podría ser un 80% mayor al promedio de los últimos 10 años, y entre un 25% y un 30% más alto que el máximo anterior. En otras palabras, se adelantaría la estacionalidad de descarga típica que se observa durante el mes de abril y marcaría máximos históricos para los meses de la cosecha gruesa.

En el mercado, los precios futuros de maíz ya reflejan optimismo por el lado del maíz temprano. La presión de cosecha es un viejo conocido en el mercado de granos, pero si se confirma una gran performance en la campaña 2025/26 puede acentuarse aún más.

Teniendo en cuenta las proyecciones récord para la cosecha del temprano, la relación entre los contratos de abril y julio (de referencia para el maíz temprano y tardío) es la más baja en por lo menos de la última década. Es decir, en base a la oferta esperada de maíz el año que viene, el “premio” que se negocia en el mercado de futuros por maíz temprano sobre tardío es mínimo.

Esta dinámica es aún más relevante teniendo en cuenta el ritmo de comercialización de la campaña actual de maíz y de la 2025/26. De la actual campaña 2024/25 sólo se comprometieron por contrato 31,5 Mt de maíz, 20% menos que el año pasado a esta altura. Además, teniendo en cuenta la producción de esta campaña y neteando las toneladas de autoconsumo, aún quedaría por ponerle precio al 28% de la cosecha, cuando el promedio es del 9%. Mientras tanto, por la campaña 2025/26, se comprometieron anticipadamente 7,5 Mt, de las cuáles menos de la mitad tienen precio firme.

La soja no escapa a la espiral descendente del maíz

Para cerrar, un comentario respecto a la soja, cuyos fundamentos bajistas combinados con una oleada de ventas en Chicago marcaron la tercera semana consecutiva en baja. 

En Brasil el avance de la siembra de soja ya alcanza el 94% de la superficie objetivo a nivel nacional, 3,5 p.p. por encima de la media, por lo que el ritmo de implantación ya se puso completamente al día en los campos de ese hermano país. En su última estimación mensual, CONAB, la agencia gubernamental brasilera, apuntó su proyección de soja para el año que viene en 177 Mt, 6Mt más que el año pasado y récord histórico.

La oferta sudamericana sería mayor al año pasado y las buenas condiciones en Mato Grosso y Mato Grosso do Sul apuntalan el optimismo hacia 2026. Es en este escenario donde se enmarcan las especulaciones en torno a China y su ritmo de compras actual y futuro a Estados Unidos, el FOB brasilero para el año entrante se mantiene más competitivo en precio que el norteamericano.

En Chicago, el precio de la soja ya ajustó a la baja un 9% (US$ 38/t) desde el último pico de noviembre, cuando el optimismo por el acuerdo había llegado a su cenit. En ese entonces, la posición de los fondos especulativos llegó a un máximo de cinco años marcando un rally impresionante de compras netas por 230.000 contratos en veintiséis días hábiles que impulsó el precio en US$ 50/t. Desde entonces y frente a la decepción por la mediocre materialización del acuerdo, la evolución de la cartera cambió completamente su dirección y ya se desarmó en un 30%, presionando las cotizaciones.

Más allá del desarme de posiciones largas de estas últimas semanas, los fondos mantienen una cartera comprada estimada en 168.000 contratos, máximos desde el 2023.

Por lo tanto, aún resta mucho “poder de fuego” para continuar con el desarme lo que podría acentuar la tendencia bajista en Chicago, si es que las expectativas frente al flujo internacional de soja no cambian de rumbo. 

Primicias Rurales

Fuente: Informativo Semanal de la BCR

Rindes que rompen techos: el trigo empuja una campaña excepcional y los cultivos de verano consolidan su potencial

Rindes que rompen techos: el trigo empuja una campaña excepcional y los cultivos de verano consolidan su potencial

Buenos Aires, domingo 21 diciembre (PR/25) — El último informe del Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires confirma un escenario productivo altamente favorable: el trigo alcanza rendimientos récord que elevan la producción nacional a 27,1 millones de toneladas, mientras soja, maíz y girasol muestran una evolución sólida, con perfiles hídricos adecuados y perspectivas alentadoras para el corazón agrícola del país.

Trigo: rindes récord y una producción que sigue escalando

La cosecha de trigo continúa entregando resultados excepcionales en el centro y sur del área agrícola. Según el PAS, los rindes relevados en las principales zonas cosechadas se ubican entre 6 y 11 quintales por hectárea (qq/ha) por encima de los máximos históricos zonales, e incluso hasta 13 qq/ha superiores a la estimación previa realizada por la entidad.

Este desempeño, que ya partía de proyecciones superiores a los promedios históricos, llevó a la Bolsa de Cereales a elevar la producción nacional a 27,1 millones de toneladas, un volumen que consolida al cereal como uno de los grandes protagonistas de la campaña fina y deja abierta la posibilidad de nuevas revisiones alcistas si se mantienen las condiciones actuales.

Soja: avance sostenido y buena condición del cultivo

La siembra de soja alcanza el 67,3 % del área nacional, tras un progreso intersemanal de 8,7 puntos porcentuales. En el norte del área agrícola, las labores comienzan a generalizarse luego de las recientes precipitaciones, con un 11 % de la intención ya implantada.

Del total sembrado, el 92,5 % presenta una condición hídrica Adecuada/Óptima, mientras que el 93 % del cultivo se encuentra en estado Normal/Bueno. En el centro y sur del país, la soja de primera transita su etapa final de implantación, con un 63 % en diferenciación de nudos y un 6,2 % iniciando floración. En tanto, la soja de segunda alcanza un avance del 40,6 %, con el mayor dinamismo concentrado en el Núcleo Norte.

Maíz: firme avance en la ventana tardía

La siembra de maíz con destino a grano mantiene un ritmo sostenido, especialmente desde el centro del área agrícola hacia el sur bonaerense. A nivel nacional, el avance alcanza el 69,5 %, impulsado por el buen desempeño de los núcleos productivos y el sudeste bonaerense.

Del área ya implantada, el 88 % presenta una condición Buena/Excelente, favorecida por una adecuada humedad en los perfiles del suelo. En paralelo, el 21,8 % del maíz temprano atraviesa su período crítico (VT–R1), con una disponibilidad hídrica Adecuada/Óptima en el 93 % de los casos, un dato clave para sostener las expectativas de rinde.

Girasol: rindes firmes en el NEA y buena evolución general

En cuanto al girasol, las precipitaciones recientes en el centro y norte del área agrícola permitieron sostener una condición hídrica Adecuada/Óptima en el 83,3 % del área implantada. El cultivo continúa desarrollándose de manera favorable e inicia la transición a estadios reproductivos en el centro y sur del país, con una condición Normal a Excelente en el 100 % de los lotes relevados.

En el NEA, la recolección avanza lentamente, pero con un dato destacado: los rendimientos continúan superando los 22 qq/ha, consolidando el buen desempeño de la oleaginosa. De mantenerse condiciones climáticas favorables, se espera una aceleración de las labores en los próximos días.

Un impacto agrícola que trasciende la campaña

El escenario que describe el PAS de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires no sólo marca una campaña agrícola de alto rendimiento, sino que refuerza el peso estratégico del sector en la generación de divisas, el abastecimiento interno y la dinámica logística de los próximos meses.

Con un trigo que rompe récords, cultivos de verano bien posicionados y rindes que superan expectativas, el agro parece demostrar su capacidad para traccionar la economía en un contexto donde cada tonelada cuenta.

Primicias Rurales

Fuente: PAS

Pese a la reciente baja de retenciones, el Estado se lleva un 56,3% de la renta agrícola

Pese a la reciente baja de retenciones, el Estado se lleva un 56,3% de la renta agrícola

 

Bajaron las retenciones, pero el peso de los impuestos sigue siendo alto: representan el 56,3% de la renta agrícola. (Foto: Adobe Stock)
Bajaron las retenciones, pero el peso de los impuestos sigue siendo alto: representan el 56,3% de la renta agrícola. (Foto: Adobe Stock)

Aun con esta baja, la presión fiscal en el agro continúa siendo alta: más de la mitad de lo que genera una hectárea agrícola se destina al pago de impuestos.

Los productores enfrentan diferentes costos a la hora de trabajar la tierra: las semillas, los fertilizantes, los salarios, fletes, seguros, etc. Una vez que se cosechan, venden ese cultivo, ya sea soja, maíz, trigo o girasol. La plata que les queda después de pagar todos esos costos se divide en 3: el valor de quienes alquilan la tierra para producir 27,9%, la ganancia 15,8% y los impuestos que se pagan 56,3%. Esto último es lo que medimos en el Índice FADA, cuánto es el peso de los impuestos y cómo se conforman”, agregó Fiorella Savarino, Economista de FADA.

Pese a la reciente baja de retenciones, el Estado se lleva un 56,3% de la renta agrícola

En comparación con la última medición de septiembre, cuando el Índice FADA había alcanzado el 60,9%, el indicador muestra una baja. Esta caída se explica principalmente por dos factores: la reducción permanente de las retenciones la mejora en los precios de la soja y el maíz. Estos cambios aumentaron el valor de la producción y, en consecuencia, la renta agrícola.

Además, la baja de las retenciones reduce el peso de los impuestos efectivamente sobre el productor. Las alícuotas pasaron a ser del 24% en soja (antes 26%)8,5% en maíz (antes 9,5%)7,5% en trigo (antes 9,5%) y 4,5% en girasol (antes 5,5%).

Pese a la reciente baja de retenciones, el Estado se lleva un 56,3% de la renta agrícola

Qué se puede esperar para 2026

El escenario productivo para la campaña 2025/26 se muestra favorable. Se espera una mejora cercana al 18% en la producción total de sojamaíz, trigo y girasol, lo que equivale a 16 millones de toneladas adicionales frente a la campaña 2024/25.

El crecimiento estaría impulsado principalmente por maíz, trigo y girasol.

Pese a la reciente baja de retenciones, el Estado se lleva un 56,3% de la renta agrícola

El maíz crecería un 16%, el trigo se encamina a una campaña récord con un salto del 38%, y el girasol aumentaría un 23%, mientras que la soja registraría una leve baja del 2%.

En cuanto a los precios, las proyecciones indican un “escenario neutral”, con valores similares a los actuales. Así, se espera una buena campaña en términos productivos, con más toneladas, aunque sin mejoras significativas en los precios.

Por cultivos, por jurisdicción y por provincia

De todos los impuestos que paga una hectárea agrícola, el 56,5% son impuestos nacionales no coparticipables, es decir, recursos que no vuelven a las provincias.

El 37,1% son nacionales coparticipables, 5,7% corresponde a los impuestos que cobran las provincias y un 0,7% son los municipales.

Un dato relevante es que la participación de los impuestos no coparticipables es una de las más bajas desde que se mide el Índice FADA (año 2007), esto es como resultado de la baja efectiva de las retenciones.

Mientras el Índice FADA nacional es de 56,3%, las provincias muestran diferencias según costos, producción e impuestos locales. Córdoba registra un 54,3%, Buenos Aires 54,5%, Santa Fe 53,5%, La Pampa 53,6%, Entre Ríos 60,3% y San Luis 51,4%.

A modo de resumen: en todas las provincias analizadas se paga impuesto inmobiliario rural e impuesto a los sellos para la compraventa de granos. En Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa y San Luis se pagan Ingresos Brutos con diferentes porcentajes.

Pese a la reciente baja de retenciones, el Estado se lleva un 56,3% de la renta agrícola

En Córdoba y Santa Fe la actividad está exenta. Buenos Aires y Santa Fe tienen tasas municipales, mientras que La Pampa tiene las guías cerealeras. Córdoba, San Luis y Entre Ríos no tienen imposiciones a nivel local. San Luis y La Pampa tienen impuestos al estilo de aduanas internas.

“Cada una de estas provincias enfrenta realidades distintas en cuanto a sus rindes, estructura de costos e impuestos, lo que explica la variabilidad de estos resultados”, concluyó Antonella Semadeni, Economista FADA.

“Aun con señales positivas, el Índice FADA vuelve a mostrar que el peso de los impuestos sigue siendo uno de los principales desafíos para la producción agroindustrial en Argentina”, concluyó el informe.

Primicias Rurales

Fuente: Informe FADA / TN Campo

 

¿Qué aporta el agro a la economía argentina?

¿Qué aporta el agro a la economía argentina?

Por Bruno Ferrari – Tomás Rodríguez Zurro – Guido D’Angelo – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario
Las cadenas agroindustriales explican en torno al 20% de la economía del país, uno de cada cinco puestos de trabajo, cerca del 20% de la recaudación del estado nacional y tres de cada cinco dólares exportados en la República Argentina.

Rosario, sábado 20 diciembre (PR/25) — Las cadenas agroindustriales se conforman como un conjunto de sectores claves para la economía argentina.

En el siguiente informe, se presenta un análisis exhaustivo que vislumbra el aporte que realizan las cadenas agro desde diferentes aristas para el año 2024: generación de valor agregado, exportaciones, empleo e impuestos.

 

Las cadenas agroindustriales explican en torno al 20% del valor agregado bruto nacional

En el año 2024, las cadenas agroindustriales representaron 1,8 pesos de cada 10 pesos del Valor Agregado Bruto (VAB) nacional, es decir, una participación del 18%. Esto marca un repunte tras el fallido año 2023, que producto de la histórica sequía dejó la participación del agro en un mínimo de la serie desde 2004, con un share del 16%.

En perspectiva histórica, las cadenas agroindustriales muestran un desarrollo importante en la generación de VAB anual entre 2004 a 2011, con un crecimiento para dichos años del 33,15% entre puntas. Más allá de este buen desempeño, la economía en su conjunto crece 46,7% en dicho período, lo cual lleva a una disminución en la participación de las cadenas agro en el VAB total.

En términos específicos, el share disminuye del 20,4% al 19,1% entre dichos años, teniendo en cuenta que el pico de participación se alcanza en 2005 con el 21,4%. Tras esta tendencia a la baja en el indicador, desde 2012 hacia adelante se mantiene una cierta estabilidad más allá de desviaciones al alza o a la baja dependiendo de períodos específicos.

Un punto importante para recalcar es que, tras dicho período de crecimiento general de la economía y de las cadenas agroindustriales en particular, el país deja de crecer de forma sostenida y el agro no queda exento de dicha tendencia. El pico de VAB se alcanza en 2015, y 2024 cierra 8,91% por debajo de dicho nivel.

Por otro lado, es de interés conocer cuáles son las principales ramas de actividad en la generación de valor agregado dentro de lo que consideramos las cadenas agroindustriales. Dada la desagregación del VAB por ramas de actividad a dos dígitos, se destaca que algunas de ellas son propiamente agroindustriales, mientras otras pueden incluir a otros sectores. Por lo tanto, se determinaron diferentes ponderadores en base a datos de empleo – que se presentan con un mayor nivel de desagregación – para asignar el aporte agroindustrial al valor agregado bruto de algunas actividades.

En este marco, la clasificación de actividades de las cadenas agroindustriales se divide en: “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura”, “Pesca”, “industria manufacturera”, Comercio”, “Actividades inmobiliarias y empresariales” y “Transporte, almacenamiento y comunicaciones”.

En el siguiente gráfico se puede observar el rol preponderante que tiene la “industria manufacturera” dentro del total, con una participación promedio del 40,7% para todo el período bajo análisis. Continúa en nivel de importancia la actividad primaria de “agricultura, ganadería, caza y silvicultura” con una participación promedio del 35%. De esta forma, estas dos grandes ramas de actividad representan en torno al 75,7% del VAB que generan anualmente las cadenas agroindustriales.

En nivel de importancia, le siguen “comercio” con una participación promedio del 17,6%, “actividades inmobiliarias y empresariales” con 3,3% y, por último, “transporte, almacenamiento y comunicaciones” con 1,8%.

En general, las participaciones dentro del total se mantienen estables, aunque hay algunas particularidades. Por ejemplo, en los años de sequías severas como 2009, 2018 y 2023, la actividad de “agricultura, ganadería, caza y silvicultura” muestra una caída importante en el share respecto al total. Por otro lado, el “comercio” muestra un leve incremento estructural en su nivel de preponderancia tanto en términos relativos como en valores absolutos.

El indiscutido protagonista del comercio exterior argentino

Promediando los 20 años del período 2004-2024, la agroindustria representó el 56% de las exportaciones nacionales. Con sus respectivas cosechas y picos de precios internacionales, ha llegado a explicar más del 67% de las exportaciones en años como el 2020 y 2021. Tanto en 2024 como en el primer semestre del 2025 los complejos de la agroindustria representaron el 58% de la canasta exportable argentina. 

Dentro de las exportaciones agroindustriales, se destacan las cadenas de los principales cultivos cosechados e industrializados en el país. En este sentido, los complejos soja, girasol, maíz, trigo y cebada representaron cerca del 70% de las exportaciones agroindustriales y el 41% del total exportado en 2024. No conforme con ello, de los principales diez complejos exportadores del país, siete son agroindustriales.

Además, las exportaciones de la agroindustria argentina son de las más federales del país. El agro encuentra arraigo en todas las regiones del país y en 11 de las 24 jurisdicciones del país representa más del 70% de las exportaciones provinciales.

Asimismo, la agroindustria tiene un rol esencial en el aporte neto de divisas al país por sus exportaciones. El agro y la minería fueron los dos únicos aportantes netos de divisas al país en las últimas dos décadas. En el período 2004-2024 la agroindustria hizo un aporte neto al balance cambiario por más de US$ 644.400 millones. Esto representó a su vez el 92,5% de las divisas netas de la economía argentina. 

Es decir, no conforme con ser el principal aportante de divisas al país en generación de exportaciones de altísima competitividad, el agro es también un sector con recortada necesidad de importaciones comparado con otros sectores económicos. Excluyendo al agro y la minería, el resto de los sectores económicos generó el período 2004-2024 cerca de US$ 400.000 millones en aporte negativo al balance cambiario, es decir, importaciones por encima de exportaciones.

Las cadenas agroindustriales explican 1 de cada 5 pesos recaudados por el Estado Nacional

De acuerdo con estimaciones propias, en el año 2024 el campo y las cadenas agroalimentarias y agroindustriales en nuestro país habrían generado una recaudación tributaria para el Estado Nacional de $ 26.281.595 millones. Considerando que la recaudación anual reportada por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) totalizó $ 142.031.453 millones durante el año pasado, el campo y las cadenas agroindustriales habrían representado un 19% del total, es decir, cerca de 1 de cada 5 pesos ingresados a las arcas del Tesoro.

Asimismo, tomando la recaudación en pesos constantes de 2004, el aporte del agro a las arcas estatales durante el año 2024 se mantuvo prácticamente estable respecto de 2023, creciendo 1% entre años.

De esta manera, el sector permanece en su rol clave para el sostenimiento de las finanzas públicas, manteniendo prácticamente la misma proporción sobre el total recaudado estimado para el año 2023. Cabe aclarar que este cálculo no incluye a los impuestos recaudados por las jurisdicciones provinciales ni municipales, sino que sólo abarca la recaudación del Estado Nacional.

Para el cómputo se contempló a las cadenas de oleaginosas y cereales, harinas, aceites y demás derivados de su industrialización; el sector bovino, porcino, avícola, lácteo, algodonero, pesquero, forestal, la industria del tabaco, el sector frutícola, hortícola, y las producciones agroindustriales correspondientes a las economías regionales.

Se analizaron seis eslabones que forman las Cadenas Agroindustriales: el sector primario, el sector secundario (manufacturas de origen agropecuario), el sector comercial, el sector transporte, el sector de maquinaria agrícola y los servicios conexos a la actividad. A su vez, los impuestos considerados fueron el Impuesto al Valor Agregado, Derechos de Exportación, Impuestos a las Ganancias de Sociedades y Personas Físicas e Impuestos a los Débitos y Créditos bancarios, Bienes Personales, Aportes de la Seguridad Social y Contribuciones de la Seguridad Social.

El impuesto de mayor incidencia dentro de la tributación del sector es nuevamente el IVA, que representa el 46% del total aportado por el sector, pero se observa una recuperación en la proporción que representa el aporte de los Derechos de Exportación (19% en 2024 vs. 15% en 2023). No obstante, se encuentra lejos de la participación que llegó a alcanzar en 2021 y 2022 (32% y 31%, respectivamente), años de elevados precios internacionales.

El 21% del empleo privado en Argentina está relacionado directa o indirectamente con las cadenas agroindustriales.

Para finalizar, se estima que el total de empleo estimado generado por las cadenas agroindustriales y agroalimentarias en el 2022 fue de 3.969.000 puestos de trabajo, lo que representa el 21,2% del empleo privado del país. De este total, 1.427.000 (el 36%) personas estuvieron empleadas en el sector de Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura, 24.000 en el sector Pesca, 1.282.000 en el sector de Industria Manufacturera, 1.142.000 en el sector de Comercio Mayorista, Minorista y Reparaciones; 75.000 en el sector Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones; y 18.000 en el sector de Actividades Inmobiliarias, Empresariales y de Alquiler.

En conjunto, la evidencia presentada confirma que la cadena agroindustrial es un pilar estructural de la economía argentina. Su aporte simultáneo al valor agregado, al empleo privado, a la recaudación fiscal y, especialmente, al ingreso neto de divisas, las convierte en un componente insustituible para la estabilidad macroeconómica, el desarrollo federal y la capacidad de crecimiento del país.

Primicias Rurales

Fuente: Informativo Semanal de la BCR

Diagnóstico del ciclo ganadero argentino

Diagnóstico del ciclo ganadero argentino

 Por Franco Ramseyer – Julio Calzada de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Con la faena de hembras al 47,4% y una tasa de extracción que supera el 26%, no se evidencia aún con claridad un cambio de fase en el ciclo ganadero. Pese a ello, la tasa de extracción en noviembre disminuyó de manera considerable.

Rosario, miércoles 12 diciembre (PR/25) — Un tema que se debate habitualmente en Argentina es en qué fase se encuentra el ciclo ganadero.

Este fenómeno, relacionado con los tiempos biológicos de la hacienda, puede definirse como la oscilación pendular de la actividad ganadera y de sus variables representativas.

Una manera habitual de medir el ciclo es mediante las fluctuaciones en las existencias de bovinos: estas no siguen una tendencia constante, sino que atraviesan periódicamente fases de expansión y de contracción, conocidas como “retención” y “liquidación”, respectivamente.

Las fases de liquidación son períodos en los cuales los productores se desprenden de sus existencias, generando un incremento de la oferta en el corto plazo, mientras que las fases de retención son aquellas en las que los productores retienen vientres para poder ampliar la oferta futura, generando en el corto plazo una retracción de la oferta.

La causa de este comportamiento cíclico de la oferta ganadera radica en el doble carácter del ganado vacuno hembra, que es simultáneamente un bien de consumo (en tanto puede faenarse inmediatamente para la producción de carne) y un bien de capital (dado que puede retenerse a las hembras para su procreación y aumento futuro de la oferta).

Son diversos los factores que desencadenan el paso de una a otra fase del ciclo ganadero. Un aspecto importante es el climático. Una sequía severa, como la ocurrida en 2023, puede reducir la disponibilidad y calidad de pasturas, forzando a los productores a liquidar vientres. Otro factor de relevancia es el precio de la hacienda: en contextos con precios al alza, los productores pueden verse tentados a retener hembras para incrementar la oferta futura, lo que paradójicamente genera una reducción de la oferta en el corto plazo.

También hay otros factores como los precios de los insumos, la rentabilidad relativa de la ganadería en comparación con la agricultura, los precios de los bienes sustitutos, variables macroeconómicas y también políticas. Todo esto puede generar cambios en los incentivos de los productores ganaderos, y las decisiones resultantes pueden orientar el ciclo hacia una fase u otra.

Hay diferentes enfoques para cuantificar un ciclo ganadero.

Como muestra Gluck (1977), el mismo puede medirse desde la perspectiva de las existencias, la faena, los precios, la relación faena/existencias y la proporción de vientres en la faena. A continuación, se procederá a tomar la primera de estas definiciones, es decir, el ciclo de existencias; y luego se reforzará el análisis observando los indicadores de faena/existencias y de proporción de vientres en la faena.

Se considera que, dentro de un ciclo, la fase de liquidación comienza un año después de haberse alcanzado el máximo registro de stocks, hasta el mínimo relativo siguiente, e inversamente la fase de retención comienza en el punto posterior al mínimo y se extiende hasta el siguiente máximo relativo.

 

Bajo este enfoque, el último ciclo completo en Argentina se habría desarrollado entre 2008 y 2018. Inicialmente, se produjo una fase de liquidación de tres años de duración entre 2008 y 2010, y desde 2011 comenzó una fase de retención que se extendió hasta 2018, con una breve interrupción en 20141. Desde 2019 en adelante, las existencias de bovinos cayeron todos los años con excepción de 2022, cuando presentaron un incremento del 1,5% interanual. Se considera que una fase de retención requiere de una duración mínima de alrededor de tres años (Gluck, 1977; Tobar, 1998), que es el tiempo que aproximadamente debe transcurrir entre la decisión de retener vientres, la posterior procreación y el subsiguiente engorde hasta la obtención de un novillo2. Por este motivo, se considera que los stocks de ganado se encuentran en una fase de liquidación desde 2019 en adelante, acelerada por la sequía de la campaña 2022/23, que deterioró las pasturas y forzó a la liquidación de existencias.

¿Hay señales de cambio de fase?

Eventualmente, la fase de liquidación llegará a su fin y comenzará una nueva fase de retención, para completar el ciclo comenzado en el año 2019. Lo que no se sabe exactamente es cuándo sucederá esto. Para indagar acerca de si el ciclo ganadero se está encaminando o no hacia una fase de retención, resulta relevante observar la dinámica de dos indicadores clave: el porcentaje de faena de hembras sobre el total y la tasa de extracción.

Participación de hembras en la faena

Uno de los primeros indicadores que se observan al momento de determinar si nos encontramos en una fase de retención o de liquidación es la proporción de hembras que componen la faena, siempre que se mantengan estables las tasas de extracción general. Cuando este indicador supera por varios meses límites del 47% a 49% suele estar asociado a un proceso de liquidación. Por el contrario, cuando ese porcentaje resulta inferior al rango 42% – 44%, se puede inferir que lo que está primando es una decisión de retención.

En los primeros once meses del corriente año, la faena de hembras alcanzó una participación del 47,4% de la faena total, ubicándose moderadamente por debajo del registro del 47,8% correspondiente al período enero a noviembre de 2024. En el año en curso, se remitieron a faena cerca de 169.000 hembras menos que en el mismo periodo del año anterior. Pese a ello, el indicador todavía no presenta señales que permitan inferir de manera clara un cambio de fase, dado que los registros mensuales continúan por encima del 47%, inclusive con el dato de noviembre posicionándose en 48,4%.

 

Tasa de extracción

Otro indicador que se suele observar para determinar el estado de una fase es el de la tasa de extracción, que puede ser aproximada a partir de la relación entre la faena total durante un año y el stock de bovinos al comienzo del mismo.

Siguiendo la evidencia presentada por Gluck (1977), existe un valor umbral del 24%: niveles por debajo de esta cifra suelen asociarse a períodos de retención (como ocurrió entre 2011 y 2018, donde el promedio fue del 23,2%), mientras que valores superiores sugieren una fase de liquidación.

En 2025, si la faena de diciembre sigue los patrones estacionales, este indicador podría cerrar el año en un rango de entre 26% y 26,5%, compatible con una fase de liquidación. Los años 2023 y 2024 tuvieron una tasa de extracción similar (26,8% y 26,4%, respectivamente), siendo los únicos que superaron el 26% considerando desde 2010 en adelante. En estos dichos, el stock en promedio cayó un 2,4% interanual.

A pesar de ello, en el mes de noviembre de 2025 la faena presentó una caída significativa en la serie desestacionalizada, traccionada por el buen estado de las pasturas en gran parte del país y por la fortaleza de los precios.

La tasa de extracción que surgiría de anualizar este dato mensual, filtrado por estacionalidad, se ubicaría en 24%, lo que brinda una primera señal temprana acerca de un posible cambio de fase que podría estar gestándose.

En base a los indicadores de porcentaje de faena de hembras y de tasa de extracción, se proyecta que las existencias a fines de 2025 podrían tener una caída interanual cercana al 2,2%, pudiendo ubicarse los stocks al 31 de diciembre del corriente en un registro cercano a las 50,5 millones de cabezas.

En conclusión, el análisis de las variables del ciclo ganadero no permite inferir con certeza un cambio de fase.

Por un lado, el indicador de porcentaje de hembras en la faena total se mantiene en niveles compatibles con una fase de liquidación.

Por otra parte, la tasa de extracción podría cerrar el año en un rango entre el 26% y el 26,5%, también compatible con una fase de liquidación. Pese a ello, la faena de noviembre analizada de manera aislada sí podría ser compatible con una posible transición hacia una fase de retención.

Todavía resulta temprano para confirmar este escenario, ya que los indicadores considerados no permiten una lectura unívoca; por este motivo, resultará imprescindible seguir monitoreando de cerca tanto estas variables como así también la evolución de los precios y de las existencias.

Como mencionó Rosgan en su informe de la semana pasada, si no se presenta un plan estratégico orientado a la recomposición del rodeo, estas señales tempranas de retención podrían verse interrumpidas en el corto plazo.

Fuente: BCR Informativo Semanal

Primicias Rurales

 

Bibliografía

Basualdo, E. M. y Arceo, N. (2006). Evolución y situación actual del ciclo ganadero en la Argentina. Realidad Económica, 221. 7-30.
Gluck, S. (1977). Anatomía del Ciclo Ganadero Argentino. Ensayos Económicos. Banco Central de la República Argentina. 59-89.
Silva, A. (2006). Descripción y Análisis del Ciclo Ganadero Argentino. Asociación Argentina de Economía Agraria.
Tobar, J. C. (1998). Notas sobre la estructura económica argentina. Rosario: Homo Sapiens.
1 Consideramos aquí que, por la duración y magnitud de la caída de stocks de 2014, la misma no es suficiente para constituir una fase de liquidación en sí misma, ya que sólo duró un año, con una leve caída de 0,4%. Es decir, se adopta aquí una perspectiva de mediano plazo, similar a la planteada por Basualdo y Arceo (2006). Pese a ello, cabe mencionar que en el trabajo de Gluck (1977) existe el antecedente de una fase de liquidación de un año de duración, en 1950.
2 Cabe mencionar que Silva (2006) caracterizó una fase de retención de dos años, pero en ningún caso se registra una de tan solo un año.