En lo que va del año se viene registrando un contundente ajuste en el nivel de faena. Sin embargo, los corrales de engorde aún sostienen niveles de encierre récord, que podrían aportar un volumen importante de animales terminados durante los próximos meses
Rosario, jueves 17 septiembre (PR/26) —De acuerdo con los datos recientemente publicados por la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario, entre enero y agosto la faena vacuna alcanzó las 8.130.170 cabezas, lo que representa una caída del 10% respecto de los registros de un año atrás.
El dato no sorprende, puesto que el mercado ya esperaba una baja significativa en los volúmenes faenados durante este año, frente a la clara necesidad de retención de determinadas categorías de animales que venían extrayéndose a tasas muy elevadas, en especial las hembras.
Asimismo, en paralelo, se profundizó un cambio en los sistemas de producción tendiente a alargar los ciclos de recría y engorde, que sin duda también ha afectado temporalmente la cantidad de animales disponibles para su ingreso a faena.
Pero ¿cuánto de esta baja en los niveles de faena responde a un cambio estructural, asociado a una mayor retención general del rodeo, y cuánto obedece a un bache temporal de oferta que, de ser así, debería comenzar a traducirse en una mayor salida de animales terminados durante los próximos meses?
Lo cierto es que agosto refleja el 14.º mes consecutivo en el que la cantidad de animales ingresados a faena resulta inferior a la registrada en igual mes del año previo, dando cuenta de una tendencia descendente que ya se extiende por más de un año.
A su vez, en este contexto de menor faena, la proporción de hembras resulta significativamente más baja que la registrada durante los últimos ciclos. En efecto, agosto marcó una participación de hembras del 43,1%, el menor porcentaje desde junio de 2021, cuando, como consecuencia de una drástica intervención sobre los mercados, se restringieron las exportaciones con el objetivo de limitar la faena.
Esta vez, sin necesidad de una intervención, el propio mercado parece haber comenzado a regularse, con una mayor retención orientada a preservar la capacidad productiva futura.
Paralelamente, coexiste otro tipo de retención temporal de hacienda, producto del cambio en los sistemas de producción, que lentamente retornan hacia esquemas que años atrás eran habituales en nuestra ganadería: la recría.
Desde el año pasado a la fecha se viene observando una intensificación muy marcada de estos procesos como etapa previa al ingreso a corrales de engorde y terminación.
Actualmente, los feedlots aportan cerca del 38% del total de animales que llegan a faena. Su participación viene creciendo de manera prácticamente ininterrumpida desde 2020, cuando su oferta representaba cerca del 30% de la faena total.
Es por ello que comprender la dinámica de los corrales resulta clave para proyectar los niveles futuros de faena y producción de carne.
Según los datos informados por el SENASA al 1º de septiembre de 2026, los feedlots alojaban un total de 2,086 millones de vacunos, un 5,6% más que lo registrado un año atrás. Esta relación positiva se viene reafirmando desde comienzos de año y, más precisamente, a lo largo de los últimos diez meses.
Sin embargo, la estadística de ingreso y salida de los corrales no muestra la misma performance.
Durante agosto, según los registros del SENASA, salieron de los corrales de engorde 431.280 animales terminados, esto es, un 7,3% menos que un año atrás. Del mismo modo, esta dinámica de menores salidas mensuales se viene repitiendo durante los últimos once meses.
En el caso de los ingresos, también se observa una performance inferior a la del año pasado, aunque con caídas más pronunciadas. Desde mediados de 2025 los feedlots vienen recibiendo mensualmente menos hacienda que un año atrás.
En agosto de este año ingresaron, según SENASA, 341.098 animales, un 14% menos que en agosto del año pasado.
Por lo tanto, al contrastar ambas series, vemos que mientras el nivel de stock reportado por los feedlots viene superando sistemáticamente los registros del año previo —al punto de marcar un récord histórico de encierre—, el movimiento de ingreso y salida de animales no refleja el mismo comportamiento.
La diferencia es relevante: mientras los ingresos cayeron un 14%, los egresos lo hicieron un 7,3%. Esta combinación, junto con el stock acumulado de los meses anteriores, ayuda a explicar por qué los corrales mantienen actualmente un nivel de existencias tan elevado pese a estar recibiendo menos animales. En definitiva, un comportamiento compatible con el alargamiento de los ciclos productivos que se viene reflejando en todo el sistema ganadero.
Esta dinámica también se refleja en el peso medio de los animales faenados.
En efecto, los datos de industrialización muestran un crecimiento sostenido en el peso medio de la res faenada. En agosto, este indicador alcanzó un promedio de 246 kilos por res, unos 11 kilos más que en el mismo mes de 2025 y el máximo histórico en más de 30 años. Este incremento -consistente con un alargamiento de los ciclos productivos de recría y engorde- permite compensar parcialmente la menor cantidad de animales faenados con una mayor cantidad de kilos producidos por animal.
Sin embargo, en los próximos meses el factor climático volverá a poner a prueba a los sistemas de producción, tanto pastoriles como de confinamiento.
Las perspectivas de un año Niño, con lluvias por encima de lo normal, podrían generar dificultades operativas en distintas zonas productivas. En los sistemas pastoriles, el exceso de precipitaciones puede afectar el acceso y utilización de los potreros, mientras que en los corrales de engorde también puede restringir la capacidad de recepción y reducir sus márgenes por menor utilización.
En este contexto, la estacionalidad histórica de los movimientos de los feedlots adquiere especial relevancia.
Los próximos cuatro meses —septiembre, octubre, noviembre y diciembre— serán determinantes para establecer cuánto de la hacienda actualmente encerrada terminará convirtiéndose en oferta efectiva de faena.
De acuerdo con el comportamiento histórico, los egresos de los corrales suelen alcanzar niveles elevados durante este período, con octubre entre los meses de mayor salida. En tanto, septiembre, noviembre e incluso diciembre presentan habitualmente niveles de ingreso algo más moderados, aunque todavía superiores al promedio general.
En definitiva, de sostenerse este comportamiento, durante los próximos meses los feedlots deberían estar entregando, en promedio, cerca de 400.000 animales mensuales.
Considerando el período septiembre-diciembre, esto implicaría una oferta potencial cercana a 1,6 millones de cabezas provenientes de los corrales durante los últimos cuatro meses del año.
Este volumen, sin embargo, no debe interpretarse necesariamente como una oferta adicional o extraordinaria. Se trata de una estimación de los animales que podrían salir de los corrales durante el período y que, en buena medida, responden al stock actualmente acumulado y a la dinámica de permanencia dentro del sistema.
Por lo tanto, será clave observar cómo evolucionan las salidas de los feedlots en relación con el nivel de faena total.
Si efectivamente la actual dinámica de mayor permanencia en los corrales comienza a traducirse en una mayor oferta de animales terminados, la participación del feedlot dentro de la faena debería crecer por encima del 38% actual.
En cambio, si su participación se mantiene en torno a los niveles actuales, una oferta de aproximadamente 1,6 millones de animales terminados provenientes de los corrales durante septiembre-diciembre implicaría una faena total para el período cercana a los 4,2-4,3 millones de cabezas.
Sumados a los 8,1 millones de animales faenados hasta agosto, estos volúmenes llevarían la faena anual a un rango de aproximadamente 12,3-12,4 millones de cabezas.
El verdadero interrogante, por lo tanto, no es únicamente cuánto de la oferta futura está actualmente encerrada, sino a qué velocidad esos animales comenzarán a transformarse en oferta efectiva de faena.
En los primeros seis meses de 2026, el sector minero alcanzó una facturación histórica de US$ 4.742 millones y duplicó sus máximos anteriores, impulsado por el fenómeno imparable del litio y cotizaciones récord.
Buenos Aires miércoles 16 septiembre (PR/26)– Las exportaciones mineras de Argentina alcanzaron un récord absoluto de US$ 4.742 millones durante el primer semestre de 2026. Se trata del nivel de facturación más alto de la historia para un periodo similar desde que existen registros oficiales.
Este formidable desempeño representa un impresionante crecimiento del 75% con respecto a los US$ 2.712 millones obtenidos en el mismo lapso de 2025. Asimismo, opaca de manera contundente los US$ 1.852 millones generados en el año 2024. Al analizar estas cifras en perspectiva histórica, la escala del logro impacta con fuerza. El récord semestral previo se remontaba a 2011 con US$ 2.260 millones, una marca que el desempeño actual logra duplicar holgadamente.
Si la mirada se extiende hacia dos décadas atrás, las ventas externas de minerales se multiplicaron por más de ocho. Este salto cuantitativo sepulta definitivamente una larga década de estancamiento donde las exportaciones difícilmente superaban el techo de los dos mil millones.
El mapa de los minerales: la potencia del litio y la fortaleza del oro
El dinamismo de la actividad no obedece a un único factor aislado. El oro se mantiene como el líder de la canasta exportadora al generar el 61% del total semestral, registrando un valor de venta notablemente superior a sus promedios históricos.
Por su parte, la plata consolidó su posición como el tercer mineral más comercializado. No obstante, ambos metales atraviesan un contexto productivo complejo con menores volúmenes extraídos y mayores costos de operación.
El verdadero empuje exportador para el oro y la plata provino directamente del contexto internacional de precios elevados, que compensó ampliamente cualquier ajuste en los volúmenes físicos producidos dentro del país. Sin embargo, la transformación estructural más importante la encabeza el litio, afianzado como el segundo mineral más valioso del país. Su protagonismo creció velozmente desde representar menos del 5% hace una década.
En la actualidad, el metal blanco explica casi una cuarta parte de las exportaciones mineras totales. Este salto exponencial se debe al despliegue y ampliación de proyectos en el norte argentino, que impulsaron un alza del 68% en cantidades.
Confianza inversora: el stock de capital extranjero marca un hito histórico
Paralelamente a la bonanza comercial, el sector registra el mayor nivel de Inversión Extranjera Directa (IED) de su historia. Según datos del Banco Central, el stock acumulado llegó a los US$ 24.849 millones en marzo de 2026.
Esta cifra representa un incremento notable frente a los US$ 22.049 millones del trimestre previo, confirmando la llegada masiva de capitales internacionales destinados a expandir la capacidad productiva nacional. A diferencia de los flujos temporales, el stock refleja la foto fija del capital efectivamente radicado en el país. Se trata de recursos inmovilizados en activos de larga vida como minas, equipamiento e infraestructura.
El proceso de acumulación inversora ha sido vertiginoso. En apenas dos años, el stock de IED se duplicó desde los US$ 12.402 millones registrados en marzo de 2024, demostrando una aceleración sin precedentes.
En un horizonte más amplio, la inversión extranjera acumulada casi se triplicó en menos de siete años, considerando que en septiembre de 2019 se situaba en torno a los US$ 8.361 millones.
Sectores clave y la consolidación de un nuevo ciclo de desarrollo
La distribución de las inversiones muestra que el mayor volumen se volcó a la explotación de minas y canteras. Este segmento saltó de US$ 1.000 millones en 2017 a más de US$ 13.000 millones en el presente.
El flujo de capitales del primer trimestre de 2026 tocó un récord histórico de US$ 2.799 millones netos. Este impresionante monto superó en un 36% a la marca trimestral anterior alcanzada a mediados de 2024.
El panorama actual contrasta radicalmente con el periodo 2017-2021, cuando la llegada de divisas raramente superaba los US$ 500 millones trimestrales y registraba desinversiones severas por la inestabilidad económica local. A partir de 2024, la tendencia se consolidó con ingresos firmes por encima de los US$ 1.000 millones por trimestre. La continuidad de estas divisas explica directamente la posterior expansión de los embarques.
La convergencia entre marcas históricas de venta y llegada de capitales confirma que la minería vive un ciclo inédito. Esta combinación refleja la maduración de emprendimientos junto a la llegada de nuevos proyectos.
Con una participación del 10% en las exportaciones totales de la Argentina, la actividad minera consolida su rol estratégico como motor fundamental para la generación de divisas y el crecimiento económico del país.
Primicias Rurales
Fuente: Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) – Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Las compras al exterior de alimentos y bebidas casi se duplicaron desde 2024. Un informe detallado revela el impacto en fideos, galletitas y panificados, impulsado por gigantes locales y cambios económicos.
Buenos Aires martes 15 septiembre (PR/26)– Las compras de determinados alimentos al exterior prácticamente se duplicaron desde 2024. Este avance registró un ritmo sensiblemente mayor en comparación con las importaciones totales de la Argentina.
Según un documento al que se accedió a través de Indicadores.ar —elaborado sobre la base de declaraciones aduaneras de ARCA—, los montos pasaron de USD 1.215 millones a USD 2.110 millones desde 2024, mientras que las compras globales del país subieron un 34%.
Dentro de este panorama general, el movimiento más llamativo se concentró en los productos de consumo masivo. En tan solo dos años, el ingreso de pastas se multiplicó por 3,8 y el de galletitas por 2,7, con una aceleración marcada desde abril de 2025.
El fenómeno encierra una curiosa paradoja: entre los mayores importadores destacan grandes marcas que producen localmente y cadenas de supermercados. Los operadores pasaron de 114 a 209, incluyendo a firmas como Arcor, Coto, Carrefour, Nestlé, Mondelez, Ferrero, Fargo, McCain y Establecimiento Las Marías.
Las claves económicas detrás del fenómeno importador
De acuerdo con las estadísticas analizadas, el alza no obedeció a una rebaja de aranceles. El derecho de importación abonado por productos fuera del Mercosur se ubicó en 15,9% en 2026, nivel similar al 15,2% anotado en 2020.
Sin embargo, sí se modificaron otras condiciones estructurales del comercio exterior. La carga impositiva total en Aduana descendió del 84,7% al 75,7% tras la eliminación del Impuesto PAÍS en diciembre de 2024.
A este escenario se sumó la eliminación de las licencias previas y la presencia de un tipo de cambio que corrió por debajo de la inflación. Esta combinación abarató la elaboración en plantas del exterior, como las de Brasil, frente a los costos locales.
El sorpresivo despliegue de los fideos instantáneos
En el segmento de las pastas, las importaciones sumaron USD 18,8 millones entre enero y agosto de 2026, lo que representa un salto rotundo frente a los USD 4,9 millones de igual período de 2024.
Asimismo, se modificó el origen de los embarques. China se posicionó como el principal origen con USD 6,2 millones, desplazando a Brasil (USD 5,8 millones) y a Italia (USD 3 millones).
Hasta hace dos años, las pastas importadas constituían un nicho acotado a marcas italianas tradicionales. La explicación de este reciente salto masivo radica en los fideos instantáneos tipo ramen, cuya fabricación nacional es prácticamente nula.
De los USD 18,8 millones ingresados en pastas durante los primeros ocho meses de 2026, unos USD 13,4 millones corresponden exclusivamente a sopas instantáneas. En esta categoría, China y Brasil encabezan los despachos.
La compañía Arcor destaca como la mayor importadora de fideos instantáneos desde ambos países, mientras que la producción china restante es adquirida por mayoristas que abastecen a supermercados de la colectividad.
Galletitas y pastelería: el impulso de las plantas regionales
En el rubro de galletitas y panificados, las compras alcanzaron los USD 60,8 millones a agosto de 2026. Brasil lidera los despachos con el 46%, seguido por Paraguay (18%) y China (3%).
El incremento no respondió al pan artesanal o tradicional. Los productos como pan de molde, pan dulce y tostadas sumaron apenas USD 3 millones (un 5% del total). La expansión fuerte ocurrió en la galletería industrial.
Las importaciones de wafers se duplicaron al pasar de USD 7,4 millones a USD 14,7 millones, con Nestlé, Arcor y Mondelez trayendo mercadería desde Brasil. En pastelería industrial el salto fue de USD 10,7 millones a USD 32,1 millones, liderado por Fargo (Bimbo) desde México y Chile.
Este fenómeno reafirma que no se trata solo del ingreso de competidores nuevos al mercado local. Son las propias empresas fabricantes radicadas en el país las que complementan su oferta importando desde sus plantas regionales.
La balanza comercial y el nivel de apertura de la economía
A pesar del crecimiento de las compras externas, la Argentina sostiene una posición de exportador neto en estos rubros, aunque el superávit comercial evidenció un recorte considerable.
En pastas, las exportaciones cayeron un 23%, al pasar de USD 17 millones a USD 13 millones. Sin embargo, al analizar únicamente las pastas secas y rellenas de amplia producción local, se exportaron USD 12,2 millones e importaron USD 5,4 millones.
La industria local elabora entre 350.000 y 415.000 toneladas anuales de pastas, según cifras de la UIFRA. Con estas magnitudes, el total de las importaciones representa tan solo cerca del 1% del volumen transformado en el país.
En el rubro de galletitas y panificados, las exportaciones avanzaron de USD 65,6 millones a USD 76,5 millones, pero las importaciones saltaron de USD 22,7 millones a USD 60,8 millones. Por ende, el superávit cayó de USD 43 millones a USD 16 millones.
Especialistas destacan que el proceso ocurre en un contexto de apertura modesta: en 2025 las importaciones representaron el 10,5% del PIB argentino frente al 22,5% del promedio global. Las importaciones totales del país a agosto de 2026 marchan estables en torno a USD 51.500 millones.
Noticias Argentinas accedió a esta información a través de Indicadores.ar, una plataforma de datos económicos que reúne información de 1,3 millones de compañías del sector público y privado.
Las previsiones para el comercio exterior argentino alcanzaron su nivel más optimista del año, impulsadas por un fuerte incremento exportador y la desaceleración de la inflación local, mientras el mercado laboral estadounidense expone signos de solidez.
Buenos Aires lunes14 septiembre (PR/26)– Las expectativas para el saldo comercial argentino experimentaron un salto cuantitativo de enorme magnitud durante 2026. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el Banco Central (BCRA), la proyección que en diciembre de 2025 era de US$ 10.965 millones trepó en agosto a unos impactantes US$ 25.034 millones.
Semejante corrección positiva responde a una combinación perfecta: un salto sustancial en las expectativas de exportaciones y un recorte considerable en la estimación de importaciones.
En apenas ocho meses, los envíos al exterior previstos crecieron de US$ 91.407 millones a US$ 100.895 millones, al tiempo que las compras internacionales bajaron de US$ 80.442 millones a US$ 75.861 millones, ampliando el superávit proyectado en más de US$ 14.000 millones.
Un resultado histórico que supera marcas previas
De consolidarse este escenario, el balance del intercambio comercial registrará el máximo nivel histórico de la economía argentina. El nuevo cálculo dejaría atrás los US$ 18.928 millones logrados en 2024 —que ostentaban el récord hasta la fecha— superándolos por casi un 32%, además de duplicar holgadamente los US$ 11.320 millones del año 2025.
La marcha efectiva de los números respalda el optimismo privado: entre enero y julio de 2026, el saldo favorable suma USD 16.079 millones, producto de exportaciones por USD 58.365 millones e importaciones por USD 42.286 millones. Este desempeño real supera con holgura lo que el mercado anticipaba apenas hacia abril.
Convergencia en las metas de inflación nacional
En el terreno de los precios, los pronósticos también mostraron un proceso de acoplamiento progresivo hacia los datos reales del INDEC. Si bien al comenzar el año las previsiones del REM pecaron de conservadoras —con el pico de brecha en marzo, al estimar un 3,0% frente a un registro del 3,6%—, la brecha comenzó a angostarse en forma sostenida a partir de abril.
Ese mes la estimación fue de 2,6% ante un dato oficial de 2,8%, mientras que durante mayo y junio las consultoras anticiparon números por encima de los reales, esperando en junio un 2,0% ante el 1,6% efectivamente medido por el organismo estadístico.
Para julio, la estimación privada del 2,0% resultó sumamente cercana al 2,1% registrado. Finalmente, en agosto se logró una convergencia perfecta: el 1,7% proyectado por la mediana coincidió de forma exacta con el dato del INDEC, marcando además la menor variación mensual registrada desde junio de 2025.
Resiliencia del trabajo en Estados Unidos y tasas internacionales
En el ámbito internacional, la economía de Estados Unidos dio muestras de solidez en su mercado laboral durante agosto al generar 162.000 nuevos empleos no agrícolas, dejando atrás los modestos incrementos de 31.000 y 21.000 puestos contabilizados en junio y julio.
A la par de este repunte, la tasa de desempleo se mantuvo estable en un 4,1%, mientras la tasa de participación laboral trepó del 61,4% al 61,6%, reflejando una mayor incorporación de trabajadores a la fuerza activa.
Esta firmeza laboral brinda argumentos a la Reserva Federal para mantener su orientación monetaria restrictiva en el combate contra la inflación, tornando crítico el seguimiento de las próximas métricas de precios y contratación para definir el rumbo de las tasas de interés.
Las dudas apuntan a si los precios internacionales seguirán acompañando este salto que cuadriplicó el desempeño de 2025, de acuerdo a un informe.
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Buenos Aires, lunes 14 septiembre (PR/26) — Entre enero y julio las exportaciones argentinas crecieron 22,9% y el superávit comercial se cuadruplicó, aunque aún es prematuro para sacar conclusiones acerca de si lo que el país está atravesando es un cambio de época en la inserción comercial, o simplemente un año extraordinario que no debería repetirse.
Así lo indicó un informe de la consultora LP Consulting al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, en el que se señaló que «detrás de la foto auspiciosa conviven una campaña agrícola irrepetible, una mejora de precios internacionales que puede revertirse y un cambio estructural en la matriz exportadora que sí parece estar para quedarse: energía y minería».
«Si hay un dato que resume la macroeconomía argentina de 2026, es este: entre enero y julio las exportaciones de bienes superaron los US$ 58.000 millones, un salto de 22,9% respecto de igual período de 2025, mientras las importaciones cayeron 3,5%. El resultado fue un superávit comercial de US$ 16.000 millones, más de cuatro veces el de un año atrás», planteó este estudio.
No obstante, advirtió que «como suele ocurrir con los datos agregados, la fotografía completa esconde matices que conviene desagregar antes de sacar conclusiones apresuradas. Y en este caso los matices no son un detalle menor porque definen si lo que estamos viendo es un cambio de época en la inserción comercial argentina, o simplemente un año extraordinario que no debería repetirse».
El informe planteó que «un primer punto que merece atención académica es la descomposición entre precio y cantidad, el ABC de cualquier análisis de comercio exterior», y remarcó: «De los aproximadamente US$ 10.900 millones adicionales exportados este año, cerca de la mitad —unos US$ 5.000 millones— responde a mayores volúmenes físicos vendidos al mundo, mientras que la otra mitad, algo más de US$ 5.000 millones, responde a mejores precios internacionales. Dicho de otro modo: la Argentina no sólo produjo y exportó más, sino que además el mundo le pagó más caro por lo que exportó».
«Esta distinción no es un tecnicismo de manual. El componente de cantidades tiende a ser más persistente en el tiempo —una vez que se expande la producción de petróleo o litio, esa capacidad no desaparece de un año para el otro—, mientras que el componente de precios internacionales es, por definición, más volátil y está sujeto a ciclos que Argentina no controla», se subrayó.
Al respecto, se indicó que uno de los hallazgos más relevantes del año, y quizás el que más contradice el sentido común, es que el boom exportador de 2026 no tuvo al agro como principal responsable.
El complejo sojero, tradicionalmente la columna vertebral de las exportaciones argentinas, tuvo una incidencia marginal en el crecimiento: harina, pellets y aceite de soja explicaron en conjunto apenas unos US$ 300 millones del incremento total.
En cambio, el verdadero protagonista fue la energía: las exportaciones de petróleo crudo treparon 59% interanual hasta los US$ 5.722 millones, aportando por sí solas casi una quinta parte de todo el crecimiento exportador del país.
A eso se sumó el oro, con cerca de US$ 975 millones adicionales impulsados casi enteramente por el precio internacional, y el litio, que sumó US$ 760 millones combinando mejores cotizaciones con un salto de casi 60% en las cantidades vendidas. Entre combustibles, energía y manufacturas industriales se explica el 57% de todo el incremento exportador del año.
El agro, de todos modos, tuvo lo suyo: las exportaciones agroindustriales alcanzaron un récord de 74 millones de toneladas en siete meses, con un trigo que exportó 53% más en cantidades pese a precios 9% inferiores.
Las exportaciones argentinas de sebo bovino se multiplicaron por veinte en la última década, impulsadas por el auge del diésel renovable en Estados Unidos.
Por Ana Rubicondi – Bruno Ferrari – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Rosario, domingo 13 septiembre (PR/26) — En 2025, Argentina envió al exterior cerca 154.808 de toneladas (t )de sebo bovino, un volumen inimaginable 10 años atrás. En este sentido, se propone un recorrido que aborde los últimos acontecimientos que llevaron a la reconfiguración de este mercado.
En 2015, la Argentina había colocado 6.819 toneladas de sebo bovino en el mercado externo. En 2025 exportó 154.808 toneladas equivalentes a 125,2 millones de dólares: el volumen se multiplicó por más de 20 en 10 años, convirtiendo a un subproducto de bajo perfil en una de las categorías con mayor crecimiento del complejo en apenas unos años.
Las causas del salto, sin embargo, son más externas que internas. La producción local de sebo depende de la faena bovina, ya que se trata de un subproducto obtenido durante el faenado y el desposte del ganado en los frigoríficos. Y durante un período de casi quince años el volumen faenado creció un 25%, mientras los envíos externos de sebo lo hicieron un 4.480%. Lo que cambió fue la demanda internacional, empujada sobre todo por la política energética de Estados Unidos, que reordenó por completo el mapa de un mercado hasta entonces marginal en el comercio agroindustrial.
Sebo bovino: de un subproducto más de la faena a multiplicar sus exportaciones
El sebo bovino es la grasa que se obtiene del procesamiento de los subproductos de la faena. En el frigorífico el producto principal es la carne, pero del mismo proceso salen también cueros, menudencias, huesos y tejido grasoso. Este último se destina a plantas de rendering, donde se cocina a altas temperaturas para separar el componente líquido del sólido. De ahí se obtienen dos productos principales: sebo y harina de carne y hueso.
Durante siglos ese sebo tuvo un destino previsible: jabones, cosméticos, velas y alimentación animal. Mercados de valor moderado, estables y poco disputados. Eso empezó a cambiar en la última década.
El motor de la demanda: el diésel renovable estadounidense
Desde 2020, Estados Unidos desarrolló una industria de diésel renovable de escala considerable. Según datos de la Energy Information Administration (EIA), la producción pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025, con la mayor parte de la expansión concentrada en 2022 y 2023.
A diferencia del biodiésel tradicional, el diésel renovable se elabora mediante hidrotratamiento y resulta químicamente equivalente al diésel de origen fósil, lo que permite utilizarlo sin límites de mezcla. Esa característica amplió el mercado potencial y motivó la conversión de refinerías de petróleo existentes, que sumaron capacidad de procesamiento y pasaron a requerir aceites y grasas en volúmenes significativos.
El sebo, que hasta entonces competía en mercados de valor moderado, pasó a integrar la canasta de insumos de una industria energética en crecimiento. El consumo estadounidense de grasa bovina para biocombustibles trepó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a un máximo cercano a las 450.000 a fines de 2025: un crecimiento superior al 720% en menos de cinco años.
¿Por qué grasa bovina?
La preferencia por el sebo responde a factores de dos órdenes distintos.
En el plano técnico, se trata de una grasa con un alto grado de saturación, con un perfil de ácidos grasos comparable al del aceite de palma. Esa característica la hace apta para los procesos de hidrotratamiento con los que se elaboran el diésel renovable y el combustible de aviación sostenible.
El segundo factor, y probablemente de los más determinante, es de orden regulatorio: el sebo califica con una intensidad de carbono menor que la de los aceites vegetales. La intensidad de carbono (CI, por su sigla en inglés) mide las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a todo el ciclo de vida del combustible, por unidad de energía, e incluye desde el origen del insumo hasta la combustión final. A esto hay que sumarle que la EPA (Agencia de Protección Ambiental), fijó para 2026 y 2027 los volúmenes obligatorios de mezcla de biocombustibles más altos para la historia del país.
En cuanto a la forma de medición de la intensidad de carbono, formalizado en el modelo GREET del Argonne National Laboratory (base metodológica de los programas estadounidenses), parte de que el animal se cría para producir carne, de modo que la huella de la actividad ganadera se asigna a ese producto principal.
El cálculo correspondiente al sebo comienza en el proceso de rendering, sin incorporar las etapas previas. El mismo criterio se aplica al aceite vegetal usado, una materia prima aún más limpia por tratarse enteramente de un residuo.
El aceite de soja, en cambio, es el producto primario del cultivo y por lo tanto incorpora en su cálculo las labores agrícolas, los fertilizantes, el transporte del grano y la molienda.
Son dos esquemas los que resumen, para Estados Unidos, los beneficios de incorporar materias primas con un CI bajo:
El crédito 45Z del Departamento del Tesoro es un crédito impositivo de hasta un dólar por galón cuyo monto varía en función inversa de la intensidad de carbono del combustible. Reemplazó a un esquema anterior que pagaba un monto fijo por galón, sin considerar la intensidad de carbono ni el origen de la materia prima, y que venció a fines de 2024.
El Low Carbon Fuel Standard de California, por su parte, obliga a reducir la intensidad de carbono promedio del combustible comercializado en ese estado y genera créditos proporcionales. Sus enmiendas de noviembre de 2024 incorporaron un tope a los créditos provenientes de biodiésel elaborado con aceites de soja y canola vírgenes.
Un mercado mundial reordenado
El desarrollo de esta industria dejó su marca en la estadística de comercio internacional. El volumen mundial importado de sebo bovino se mantuvo relativamente estable durante los últimos años, en torno a los 2 millones de toneladas anuales, aunque con algunas oscilaciones. Lo que se modificó fue la composición de esa demanda.
Estados Unidos, que a comienzos de la serie explicaba una porción marginal de las importaciones mundiales, pasó a concentrar más de la mitad en 2025. En paralelo, el conjunto de los demás destinos redujo sus compras de manera sostenida.
La lectura que sugieren estos datos es que buena parte del sebo que antes se destinaba a jabonería, oleoquímica y alimentación animal se fue reasignando hacia el nuevo uso energético. Al dejar de ser un residuo de bajo costo, terminó reemplazado parcialmente en esos usos tradicionales por otras materias primas, como derivados sintéticos o de origen vegetal para la producción de jabones.
Del lado de la oferta, el movimiento fue igualmente marcado. Estados Unidos, que en 2015 era el segundo exportador mundial, descendió al sexto lugar en 2025: el país pasó a retener su propia producción para abastecer a su industria de combustibles. Ese espacio fue ocupado por proveedores del hemisferio sur.
El caso más notable es el de Brasil. Hace diez años se ubicaba en el puesto 31, con exportaciones menores a las 1.000 toneladas anuales; hoy es el segundo exportador mundial de grasas bovinas, con envíos por 402.000 toneladas, un volumen prácticamente similar al de Australia, que encabeza el ranking.
El caso de Argentina es similar al de su vecino. En 2015 se ubicaba en el puesto 15 del ranking mundial, con una participación del 0,4% en el comercio internacional de la posición. En 2025 alcanzó el cuarto lugar, con el 7,8% del total, detrás de Australia, Brasil y Canadá.
El caso argentino
El crecimiento del volumen exportado argentino tuvo como contrapartida una reorientación completa de los mercados de destino. En el promedio del período 2018-2022, los principales compradores eran Países Bajos y Brasil, mientras que Estados Unidos representaba una porción menor de los envíos. En el promedio 2023-2026, con el último año todavía en curso, Estados Unidos concentró cerca del 60% del total y Uruguay una cuarta parte, en tanto que la participación brasileña se redujo de manera marcada.
Hay además un rasgo del caso argentino que merece atención: a diferencia de lo que ocurre en otros países productores, la industria local de biocombustibles no utiliza grasas animales como insumo. El biodiésel argentino se elabora a partir de aceite de soja, según consigna la Secretaría de Agricultura. La totalidad del sebo disponible queda entonces orientada al mercado externo o a los usos industriales tradicionales.
Sin embargo, conviene hacer una aclaración. A partir de 2026, el crédito 45Z excluye de elegibilidad al sebo bovino importado. En ese sentido, los envíos hacia Estados Unidos en los primeros 7 meses del año registraron una caída moderada (-4% interanual para el mismo período en 2025) y dos factores contribuyen a explicarlo.
Por un lado, la demanda estadounidense excede su capacidad de abastecimiento interno: los operadores del mercado señalan que, con obligaciones de mezcla en aumento, los volúmenes importados continuarían siendo un componente relevante de la oferta. Por otro, el sebo mantiene sus destinos industriales tradicionales (oleoquímica, jabonería, alimentación animal).
En ese sentido, la fuerte absorción interna que Estados Unidos viene realizando de su propia producción es lo que abrió el espacio que proveedores como Brasil y Argentina ocuparon en el mercado internacional, tanto para uso energético como para los segmentos tradicionales de demanda.