La tecnología interviene de manera decisiva en ambos lados del proceso de selección: mientras los candidatos adoptan herramientas avanzadas para optimizar sus candidaturas, las empresas enfrentan el desafío de rediseñar sus métodos para evaluar el verdadero talento.
Buenos Aires domingo 13 septiembre (PR/26)– Cada vez más personas recurren a soluciones de inteligencia artificial para impulsar su búsqueda de empleo. Según un exhaustivo relevamiento de Adecco, el 48% de los consultados ya utilizó estas plataformas para redactar o adaptar su CV.
Asimismo, la encuesta reveló que un 10% de las personas empleó herramientas tecnológicas para rastrear nuevas oportunidades laborales, mientras que un 8% las aprovechó de forma directa con el objetivo de entrenar y preparar sus entrevistas de trabajo.
La progresiva incorporación de estos recursos no solo transforma la manera en que los candidatos presentan su perfil profesional. También genera un reto inédito para las empresas: ante postulaciones perfeccionadas por algoritmos, ¿cómo medir con exactitud el potencial real de cada aspirante?
¿Entrevistas con máquinas? El nuevo dilema de los candidatos
Afrontar un primer filtro de selección conducido enteramente por un sistema automatizado ya es una realidad natural para muchos. De hecho, el 36% de los postulantes afirma sentirse sumamente cómodo realizando una primera entrevista gestionada por IA.
Por su parte, un 29% adicional aceptaría atravesar esa instancia tecnológica, aunque manifestaron que continuarían prefiriendo la calidez de un interlocutor humano durante el contacto inicial del proceso de selección.
No obstante, el avance de la tecnología despierta cautela. Un 28% de los encuestados admitió estar muy preocupado si una firma analiza su perfil con algoritmos, sumado a un 30% que siente cierta inquietud al respecto.
Estos datos reflejan una apertura sostenida hacia la innovación digital en las fases tempranas de evaluación, aunque confirman que la empatía humana sigue siendo un pilar indispensable en la experiencia del postulante.
De la simple lectura del CV a la comprobación de habilidades
Frente a este escenario, los departamentos de gestión humana deben revisar los criterios para tomar decisiones de contratación. El currículum tradicional mantiene su vigencia, pero pierde peso como único parámetro para medir el talento real de un candidato.
“La IA obliga a repensar las reglas de juego. Si un postulante optimiza su perfil con tecnología, las organizaciones deben renovar sus métodos de evaluación de competencias”, sostiene Victoria Loza, directiva de Recursos Humanos de Adecco Argentina & Chile.
La especialista enfatiza que ya no basta con observar un historial laboral impecable. Resulta indispensable evaluar conocimientos prácticos y habilidades en escenarios reales, recordando que el criterio profesional insustituible guía todo el proceso.
Si bien las plataformas digitales agilizan la revisión de datos masivos y optimizan etapas clave, las empresas deben discernir claramente qué fases de la selección laboral pueden automatizarse y cuáles demandan una mirada analítica profunda.
Integrar herramientas inteligentes no consiste en mecanizar cada paso, sino en recabar información de valor para tomar decisiones estratégicas. El verdadero reto radica en combinar la agilidad digital con una valoración profunda de las capacidades humanas.
Según un informe privado que comparó ambos períodos.
Exportaciones. Infografía Agencia NA.
Infografía Agencia NA.
Buenos Aires, sábado 12 septiembre (PR/26)- Las exportaciones argentinas crecieron casi 50% entre 2023 y el primer semestre de 2026, impulsadas por la expansión de la minería y la energía, según un informe privado que comparó ambos períodos.
El valor exportado aumentó 47,8%, un salto que no se explica únicamente por el rebote estadístico tras la sequía, sino por un cambio más amplio en el régimen de comercio exterior y en la composición de los sectores que venden al exterior. Informe PwC.
El estudio elaborado por PwC mostró que el principal motor del crecimiento fue el mayor volumen colocado en el exterior: las cantidades exportadas subieron 48%, mientras los precios promedio cayeron 0,1%. La consultora destacó que los máximos históricos registrados en varios complejos productivos descartan la idea de que la base baja de 2023 esté exagerando los resultados. Análisis de volúmenes
En energía y minería, el avance se apoya en inversiones de largo plazo, como las de Vaca Muerta y distintos proyectos mineros, que ya estaban en marcha antes del período analizado. La participación argentina en las exportaciones mundiales de bienes, que había caído a 0,29% en 2023, subió a 0,34% en 2024 y a 0,37% en 2025, aunque todavía por debajo del máximo de 2011. Contexto internacional
El crecimiento alcanzó a todos los grandes rubros. Combustibles y energía lideró con un aumento del 101,7% en valor, impulsado por un salto del 102,8% en cantidades. Los productos primarios crecieron 74%, con volúmenes 107,5% mayores y precios 16,2% más bajos. Las manufacturas de origen agropecuario subieron 25,4%, mientras que las manufacturas industriales avanzaron 36,4%, con un mayor peso del precio. Desglose sectorial
El informe también mostró un cambio en la composición del crecimiento. En 2024 la recuperación se explicó por los complejos oleaginoso y cerealero tras la normalización de la cosecha. En 2025 y el primer semestre de 2026, la mejora fue más equilibrada, con mayor aporte del petróleo, la petroquímica, la minería, el litio y las exportaciones de carne y leche. Composición del crecimiento
El análisis por complejos entre el primer semestre de 2026 y el mismo período de 2023 confirmó la diversificación. El minero metalífero y litio creció 227,9% en valor; el petrolero y petroquímico, 104,5%; el cerealero, 58,5%; el bovino y lácteo, 44%; el farmacéutico, 44,5%; el oleaginoso, 29,1%. El único retroceso fue el automotriz, con una caída del 2,1%. Comparación por complejos
En minería, PwC destacó el salto del carbonato de litio, que aumentó 2062% en valor por un incremento del 3198% en cantidades, pese a menores precios. También crecieron las ventas de oro para uso no monetario y de minerales de plata y sus concentrados, que compensaron la baja de las exportaciones siderúrgicas. Detalle minería
El mapa provincial reflejó la mayor participación de sectores extractivos: las provincias mineras y energéticas fueron las que más crecieron, con las cantidades como motor en las jurisdicciones energéticas y los precios con mayor peso en las mineras.
El fenómeno climático se fortaleció a una velocidad inusual durante 2026 y ya se perfila como uno de los episodios más intensos de las últimas décadas. La historia agrícola argentina dice que suele ser una buena noticia para los rindes de maíz y soja, aunque advierte que no hay garantías: todo dependerá, como siempre, de dónde y cuándo llueva.
Buenos Aires, sábado 12 de septiembre (PR/26).– El clima es una de las variables centrales para la agricultura argentina y, al mismo tiempo, una de las que el productor no puede controlar. En un sistema productivo que depende en gran medida de la lluvia, la disponibilidad y la distribución de las precipitaciones condicionan de manera decisiva el resultado de cada campaña.
Por supuesto, no es la única variable en juego: los precios internacionales, los costos y la política tributaria del sector pesan tanto como el cielo. Pero aunque no pueda torcerle el brazo al clima, el productor lo sigue de cerca, porque las perspectivas hídricas influyen sobre qué cultivo elegir, cuándo sembrarlo, qué tecnología aplicarle y, en definitiva, sobre cada decisión de inversión que se toma antes y durante la campaña.
Una de las principales referencias para anticipar el escenario climático de los cultivos de verano es el ENSO —El Niño-Oscilación del Sur—. Sus distintas fases modifican las probabilidades de determinados patrones de lluvia y temperatura en buena parte de la región productiva, aunque sus efectos no son parejos entre zonas ni entre cultivos.
Esta nota repasa qué viene pasando con el ENSO durante 2026, cuáles son las perspectivas para la campaña 2026/27 y, a partir de la experiencia de las últimas décadas, qué puede esperarse de un episodio El Niño sobre los rindes agrícolas.
El Niño vuelve al centro de la escena
Durante 2026, las condiciones del Pacífico ecuatorial cambiaron con una velocidad poco habitual. El índice MEI.v2 pasó de -1,03 en febrero-marzo y -0,64 en marzo-abril a +0,27 en abril-mayo, +1,52 en mayo-junio y +2,41 en junio-julio.
En apenas unos meses, el sistema pasó de condiciones claramente asociadas con La Niña a un episodio El Niño de elevada intensidad. El último registro disponible se ubica entre los valores más altos de toda la serie histórica y es el mayor observado para un período junio-julio desde 1979.
Las proyecciones disponibles sugieren, además, que el fortalecimiento todavía no habría tocado su techo. En su actualización del 19 de agosto, el International Research Institute for Climate and Society (IRI) muestra una elevada coincidencia entre los modelos en torno a un evento excepcionalmente intenso.
Para el trimestre octubre-diciembre, 25 de los 26 modelos considerados proyectan anomalías en la región Niño 3.4 iguales o superiores a +2 °C, y 15 de ellos las ubican incluso por encima de +3 °C. El escenario central, entonces, es que la máxima intensidad se alcance hacia fines de 2026.
Las proyecciones también anticipan una elevada persistencia del fenómeno. El IRI le asigna una probabilidad prácticamente plena a que El Niño continúe durante la primavera y el verano, una chance que se mantiene en 97% para marzo-mayo y todavía alcanza 78% para abril-junio de 2027.
El escenario más probable combina, entonces, un Niño muy intenso durante los meses críticos de la campaña 2026/27 con un episodio que podría prolongarse —aunque debilitándose— durante buena parte del primer semestre de 2027.
La perspectiva histórica ayuda a dimensionar lo singular del episodio. Desde fines de 1979, las condiciones El Niño ocuparon apenas una cuarta parte de las observaciones del MEI.v2, y los episodios de mayor intensidad fueron todavía menos frecuentes. Sobresalen especialmente los eventos de 1982/83, 1997/98 y 2015/16.
El valor alcanzado en junio-julio de 2026 ya supera el máximo registrado durante 2015/16 y sólo queda por debajo de algunos registros de 1982/83 y 1997/98, aun cuando el episodio actual todavía está en una etapa relativamente temprana de su evolución.
El comportamiento de 2026 combina, así, dos rasgos poco habituales: una transición muy rápida desde La Niña hacia El Niño y una intensidad que ya se ubica en el extremo superior de la distribución histórica. Si las proyecciones actuales se confirman, el Niño 2026/27 podría convertirse en uno de los episodios más intensos de las últimas décadas.
Esto vuelve especialmente relevante analizar sus posibles consecuencias para la agricultura argentina, ya que la mayor intensidad prevista coincide justo con la primavera y el verano: los meses decisivos para la implantación, el desarrollo y la definición de rindes de los principales cultivos estivales.
Sin embargo, la magnitud del fenómeno en el Pacífico no se traslada de manera mecánica a sus impactos regionales. Un Niño más intenso aumenta la probabilidad de que se manifiesten los patrones climáticos habituales de esta fase, pero no implica efectos proporcionalmente mayores ni garantiza más lluvias en toda la región productiva.
Los pronósticos regionales reflejan justamente esa heterogeneidad. Las proyecciones del SISSA anticipan una mayor probabilidad de condiciones muy húmedas en distintas áreas del centro y norte de Sudamérica durante la primavera y comienzos del verano, mientras que en la principal región agrícola argentina la señal varía según la zona y el período considerado.
Por eso, para evaluar qué puede significar el actual episodio para la campaña 2026/27, no alcanza con decir que se espera un Niño muy fuerte. La pregunta relevante es cómo respondió históricamente la producción agrícola argentina bajo las distintas fases del ENSO: qué pasó con los rindes durante Niño y Niña, qué magnitud tuvieron esas diferencias y hasta qué punto la respuesta fue pareja entre cultivos y regiones.
Esa evidencia es la que permite pasar de la caracterización climática general a una evaluación más concreta de los posibles impactos productivos.
¿Qué muestra la evidencia para la agricultura argentina?
La relación entre el ENSO y el desempeño agrícola argentino viene siendo documentada desde hace tiempo. Podestá et al. (1999) encontraron, para la Región Pampeana, que los episodios cálidos tienden a coincidir con mayores rendimientos de maíz, mientras que las fases frías se asocian con rindes inferiores; para la soja también identificaron un deterioro durante La Niña.
El vínculo estaría explicado, en buena medida, por las anomalías de lluvia durante la primavera y el comienzo del verano.
Otros estudios confirman que la respuesta depende tanto del cultivo como del territorio. Travasso et al. (2003) muestran que la señal del ENSO sobre los rindes presenta una importante variabilidad espacial dentro de la principal región productiva argentina, mientras que de la Casa et al. (2021) encuentran una asociación significativa entre distintos indicadores del ENSO y los rendimientos de maíz y soja en Córdoba, con diferencias entre departamentos.
Más recientemente, AgroENSO, desarrollado por investigadores del CONICET y el INTA, sistematizó 35 años de información productiva y climática, y volvió a mostrar una respuesta diferenciada según la fase ENSO, el cultivo y el territorio. En particular, sus resultados señalan una relación clara para maíz y soja, y muestran que los promedios agregados pueden esconder diferencias importantes entre regiones y departamentos.
Sobre esa evidencia previa se construyó un ejercicio propio que replica la metodología de AgroENSO para seis de las principales provincias agrícolas del país. La intención no es pronosticar el rinde de 2026/27, sino cuantificar cuál fue, históricamente, el cambio en los rindes esperados cuando una campaña transcurrió bajo condiciones Niño, Niña o neutrales.
¿Qué ocurrió con los rindes en las distintas fases del fenómeno?
La evidencia de las últimas 28 campañas muestra una asociación clara entre las fases del ENSO y el desempeño de los principales cultivos de verano. El análisis realizado comprende 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero, sobre una superficie cosechada promedio de algo más de 18 millones de hectáreas.
En ese período se identifican 10 campañas asociadas a El Niño, 12 a La Niña y 6 a condiciones neutrales.
Considerando las seis provincias en conjunto, los rendimientos se ubican sistemáticamente por encima de su nivel histórico durante los episodios El Niño y por debajo durante La Niña. En maíz, la brecha alcanza en promedio +10,3% en las campañas Niño y -9,9% en las Niña, una diferencia de 20,2 puntos porcentuales entre ambas fases.
En soja total la asociación es levemente mayor: +10,8% durante Niño y -9,8% durante Niña, con una amplitud de 20,6 puntos.
La intensidad de la asociación también cambia entre los distintos tipos de soja. En soja de primera, la diferencia entre Niño y Niña llega a 19,5 puntos porcentuales, mientras que en soja de segunda trepa a 27 puntos.
Esta última presenta, además, un segundo canal de exposición: durante las campañas La Niña no sólo cae el rendimiento, sino que también aumenta de manera significativa la proporción del área sembrada que finalmente no se cosecha. En soja de segunda, esa superficie pasa de 1,9% durante Niño a 6,4% durante Niña.
En maíz, en cambio, la proporción no cosechada ronda el 21% cualquiera sea la fase ENSO, lo que sugiere que allí predominan factores estructurales —como el destino forrajero o silero— antes que climáticos.
La respuesta tampoco parece proporcional a la intensidad del índice ONI. La correlación entre el valor del ONI de octubre-diciembre y los rindes es positiva pero moderada, y sólo una parte de las series presenta una relación estadísticamente significativa.
La validación del modelo indica, además, que clasificar las campañas en Niño, Niña y Neutral predice mejor los rendimientos fuera de muestra que usar el ONI como una variable continua. Dicho de otro modo: el ENSO funciona mejor como indicador del escenario climático al que se enfrenta la campaña que como una regla lineal para determinar cuánto va a subir o bajar el rinde.
Una misma señal, pero con intensidades diferentes entre provincias
La apertura provincial muestra una heterogeneidad considerable. En términos generales aparece un gradiente: mayor sensibilidad en el Litoral y el centro de la región agrícola, y una respuesta mucho más débil en Santiago del Estero. Pero ese patrón no se repite igual para todos los cultivos.
El caso más marcado es Entre Ríos. En maíz, los rindes se ubicaron 18,4% por encima del nivel histórico durante Niño y 20,4% por debajo durante Niña: casi 39 puntos porcentuales de diferencia entre ambas fases. La regularidad histórica, además, es elevada: 9 de las 10 campañas Niño terminaron por encima del nivel típico y 11 de las 12 Niña, por debajo.
Esto convierte al maíz entrerriano en uno de los casos donde la información del ENSO tiene mayor capacidad para caracterizar las condiciones de partida de una campaña.
Santa Fe también exhibe una respuesta importante, particularmente en soja. La amplitud entre Niño y Niña alcanza 19,7 puntos porcentuales para soja total, frente a 23 puntos en maíz. Córdoba muestra una configuración similar: la soja presenta una amplitud elevada, de 22,3 puntos, mientras que en maíz se reduce a 17,1.
En Buenos Aires, la sensibilidad resulta algo más equilibrada entre ambos cultivos, con aproximadamente 21,5 puntos en maíz y 19,7 en soja.
La Pampa presenta un comportamiento más heterogéneo. El maíz registra una sensibilidad relativamente moderada, con 13,2 puntos de diferencia entre Niño y Niña, pero la soja —y particularmente la soja de segunda— responde con mucha mayor intensidad: en esta última, la amplitud llega a casi 44 puntos porcentuales.
Ese resultado debe leerse, sin embargo, teniendo en cuenta que se trata de un cultivo de menor peso relativo en la provincia y desarrollado en el margen occidental del área agrícola.
En el extremo opuesto aparece Santiago del Estero. El maíz muestra una amplitud de apenas 0,9 puntos porcentuales entre Niño y Niña y prácticamente no presenta correlación con el ONI. También la frecuencia con la que las campañas se comportan en la dirección esperada es mucho menor que en la región pampeana y el Litoral.
La soja conserva una señal algo más visible, pero también considerablemente más débil. Esto sugiere que la capacidad del ENSO para anticipar condiciones favorables o desfavorables disminuye a medida que el análisis se desplaza hacia ambientes donde otros mecanismos climáticos ganan protagonismo.
La heterogeneidad continúa dentro de cada provincia
Las diferencias no terminan en los límites provinciales. Cuando el análisis baja a nivel departamental aparece una organización territorial bastante definida: las zonas de mayor y menor sensibilidad tienden a agruparse geográficamente, en lugar de repartirse al azar.
En Buenos Aires, por ejemplo, el maíz muestra una respuesta particularmente intensa en el norte y nordeste provincial. Mercedes, Suipacha, Baradero, San Nicolás y otros partidos del corredor norte registran caídas de entre aproximadamente 13% y 21% durante las campañas La Niña.
Hacia el sudeste y el sudoeste, en cambio, las pérdidas históricas son bastante menores: Balcarce, General Pueyrredón, Tornquist y otros partidos se ubican alrededor de 5% a 7% por debajo de su nivel típico. Así, aun dentro de una misma provincia, la exposición histórica al ENSO puede diferir ampliamente.
En Santa Fe, la mayor sensibilidad aparece en varios departamentos del centro y norte provincial —entre ellos 9 de Julio, San Justo, Garay, San Cristóbal y La Capital—, mientras que los departamentos del sur agrícola muestran respuestas algo más moderadas.
En Córdoba, los resultados sugieren una menor sensibilidad hacia los sectores occidentales y serranos y una respuesta mayor en las áreas del este y centro-sur. En Entre Ríos, finalmente, el este y el sudeste provincial concentran algunas de las mayores caídas observadas en toda la muestra durante los episodios La Niña.
Este detalle territorial debe interpretarse con más cautela que los resultados agregados, ya que la estimación departamental incorpora un esquema de regularización —o partial pooling— hacia la provincia, para reducir el ruido que genera disponer de pocas campañas de cada fase.
El peso de la información propia del departamento es considerablemente mayor en maíz que en soja. Por eso las diferencias territoriales de maíz admiten una lectura departamental más fina, mientras que en soja resulta más prudente concentrarse en los patrones provinciales y regionales antes que en rankings entre departamentos individuales.
Una señal probabilística, no un pronóstico determinístico
Estos resultados no implican que una campaña El Niño garantice buenos rindes, ni que una campaña La Niña necesariamente termine mal. Los datos históricos muestran excepciones importantes: la campaña 2023/24, por ejemplo, estuvo asociada a un Niño fuerte y, sin embargo, distintos factores productivos y sanitarios limitaron los rindes de maíz en algunas regiones.
El ENSO modifica las probabilidades y las condiciones ambientales que enfrenta el cultivo, pero no determina por sí solo el resultado final.
La regularidad histórica resulta, por eso, tan relevante como la brecha promedio. En Entre Ríos, 11 de las 12 campañas La Niña terminaron con rindes de maíz inferiores al nivel típico; en Santa Fe fueron 11 de 12, y en Buenos Aires, 10 de 12.
La formulación más adecuada no es entonces que «La Niña reduce siempre los rindes», sino que las campañas La Niña estuvieron asociadas, con una frecuencia elevada, a rendimientos inferiores a los esperables una vez descontado el progreso tecnológico.
Esta cautela es todavía más necesaria al mirar departamento por departamento. La señal general es clara y se mantiene cuando se aplican distintos métodos, pero no todos los resultados locales tienen la misma solidez.
Al utilizar un criterio exigente para reducir el riesgo de encontrar diferencias por puro azar, el método original de AgroENSO no permite señalar departamentos específicos con suficiente confianza. Otros enfoques estadísticos y los intervalos de incertidumbre respaldan el patrón en numerosos casos, aunque las diferencias pequeñas entre localidades no deberían leerse como un ranking exacto de sensibilidad.
Apreciaciones finales
La evidencia histórica ofrece una primera conclusión importante para la campaña que empieza: la presencia de El Niño mejora de manera significativa el punto de partida estadístico de los principales cultivos de verano, pero esa mejora no es uniforme ni constituye una garantía de buenos rindes.
En las seis provincias analizadas, las campañas Niño se asociaron sistemáticamente con rindes superiores a los registrados durante La Niña, pero la magnitud de esa diferencia cambia considerablemente entre cultivos y territorios. La señal es especialmente marcada en soja de segunda y en distintas zonas del Litoral y la región pampeana, mientras pierde fuerza hacia ambientes como Santiago del Estero.
La segunda conclusión es que el tamaño anunciado del fenómeno no debería traducirse mecánicamente en una expectativa de rindes excepcionalmente altos. Los resultados muestran que la fase ENSO contiene más información que la intensidad puntual del ONI: saber que la campaña transcurre bajo condiciones Niño ayuda a inclinar las probabilidades, pero un Niño de +2 o +3 no implica necesariamente el doble del beneficio de uno más moderado.
Importan la distribución temporal y espacial de las lluvias, las temperaturas durante los períodos críticos, la disponibilidad inicial de agua en los perfiles y todos los demás factores agronómicos y sanitarios que intervienen en la campaña.
Lo que sí cambió de manera sustantiva en las últimas décadas es la cantidad de producción expuesta a esa diferencia climática. Aplicando las brechas históricas estimadas a una escala productiva similar a la de las últimas campañas, un escenario Niño podría significar para la Argentina alrededor de 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja respecto de los rindes típicos.
A precios FOB de USD 240 y USD 500 por tonelada, respectivamente, ese diferencial de producción rondaría los USD 4.000 millones.
El Niño 2026/27 constituye, por lo tanto, una señal favorable para la agricultura argentina, pero no un cheque en blanco. Si el episodio evoluciona como anticipan actualmente los modelos, y sus teleconexiones se manifiestan de manera semejante a la observada históricamente, las probabilidades estarán inclinadas hacia mejores rendimientos en buena parte de la región productiva.
Cuánto de ese potencial termine efectivamente transformándose en toneladas dependerá, como siempre, de dónde y cuándo llueva.
El Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires informó avances en las labores de maíz temprano y girasol, mientras el trigo continúa su desarrollo con una elevada condición hídrica y de cultivo.
Buenos Aires, sábado 12 septiembre (PR/26) — Tras una semana sin lluvias, se aceleraron las labores de siembra de maíz temprano y girasol en distintas regiones del área agrícola.
Según el Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el maíz con destino a grano comercial de la campaña 2026/27 alcanza el 5,5 % del área proyectada.
La superficie prevista para el maíz 2026/27 es de 8,4 millones de hectáreas. Durante la última semana, las labores avanzaron 4 puntos porcentuales.
A nivel nacional, el avance de la siembra presenta un adelanto de 1,7 puntos porcentuales respecto de la campaña anterior.
Las tareas se concentran principalmente en el Centro-Norte de Santa Fe, Núcleo Norte y Centro-Este de Entre Ríos, regiones donde las condiciones permitieron acelerar la implantación.
En el Núcleo Sur, en cambio, la siembra presenta un avance todavía incipiente, debido a que las bajas temperaturas del suelo podrían retrasar la emergencia del cultivo.
En cuanto al maíz de la campaña 2025/26, la cosecha alcanzó el 96,9 % del área apta, por lo que comienza a transitar su tramo final.
A pesar de este avance, las labores mantienen una demora interanual de 3,1 puntos porcentuales.
Los rindes relevados continúan en línea con las expectativas planteadas para la campaña, por lo que la Bolsa de Cereales mantiene su proyección de producción nacional en 64 millones de toneladas.
Los rindes de maíz en las distintas regiones
El rinde promedio nacional alcanza los 7.780 kilos por hectárea.
En el NOA, el rendimiento llega a 5.770 kg/ha, mientras que en el NEA se ubica en 5.710 kg/ha.
El Centro-Norte de Córdoba presenta un rinde de 8.300 kg/ha, mientras que el Sur de Córdoba registra 7.710 kg/ha.
En el Centro-Norte de Santa Fe, el rendimiento informado es de 7.140 kg/ha. En el Núcleo Norte, alcanza los 9.560 kg/ha, uno de los valores más elevados del relevamiento.
El Núcleo Sur registra 9.380 kg/ha, mientras que el Centro-Este de Entre Ríos presenta 6.560 kg/ha.
En el Norte de La Pampa-Oeste de Buenos Aires, el rinde alcanza 8.870 kg/ha. En el Centro de Buenos Aires, se ubica en 6.960 kg/ha.
En el Sudoeste de Buenos Aires-Sur de La Pampa, el rendimiento llega a 6.520 kg/ha, mientras que en el Sudeste de Buenos Aires se ubica en 6.420 kg/ha.
Para San Luis, el PAS informa 6.690 kg/ha. En la Cuenca del Salado, el rinde es de 6.430 kg/ha.
Finalmente, en Otras regiones, el rendimiento alcanza 6.570 kg/ha.
La cosecha acumulada alcanza 8.005.858 hectáreas, sobre un área sembrada de 8.400.000 hectáreas.
La superficie perdida asciende a 134.156 hectáreas, mientras que el área cosechable llega a 8.265.844 hectáreas, con una producción acumulada estimada de 62.258.129 toneladas.
Girasol: la siembra alcanza el 23,4 % del área prevista
La implantación de girasol 2026/27 también tomó ritmo durante la última semana.
El PAS señala que la siembra cubre el 23,4 % de las 3 millones de hectáreas proyectadas, luego de registrar un progreso intersemanal de 4,1 puntos porcentuales.
El avance se encuentra 5,1 puntos porcentuales por encima del promedio histórico y 6,7 puntos porcentuales por encima del promedio de las últimas cinco campañas, mostrando un ritmo de implantación particularmente dinámico para esta etapa del ciclo.
Las labores se concentran principalmente en el norte y centro del área agrícola, con especial participación del Centro-Norte de Santa Fe, donde la siembra se aceleró y ya alcanza el 50 % del área proyectada.
La ausencia de lluvias durante la última semana favoreció el ingreso de las máquinas a los lotes y permitió avanzar con mayor rapidez en las zonas que presentaban condiciones adecuadas para la implantación.
En el NEA, la siembra de girasol alcanza el 94 % del área prevista, ubicándose prácticamente en la etapa final.
En cambio, en Santiago del Estero, las labores permanecen a la espera de nuevas precipitaciones que permitan continuar con la implantación.
Hacia el sur del área agrícola, la siembra de girasol todavía no se ha iniciado.
En el conjunto nacional, las hectáreas sembradas alcanzan 700.778 hectáreas sobre las 3 millones de hectáreas proyectadas para la campaña 2026/27.
La superficie regional proyectada
El comportamiento regional muestra diferencias importantes.
En el NEA, la superficie proyectada para 2026/27 alcanza 557.100 hectáreas, con 523.674 hectáreas sembradas, equivalentes al 94 %.
En el Centro-Norte de Córdoba, se proyectan 94.800 hectáreas, con 7.584 hectáreas implantadas, equivalentes al 8 %.
En el Centro-Norte de Santa Fe, la superficie proyectada llega a 309.900 hectáreas y ya se sembraron 154.950 hectáreas, el 50 % del total.
En el Núcleo Norte, la superficie proyectada es de 62.400 hectáreas, de las cuales se implantaron 9.360 hectáreas, equivalentes al 15 %.
En el Centro-Este de Entre Ríos, sobre 22.100 hectáreas proyectadas, se sembraron 2.210 hectáreas, el 10 %.
El Norte de La Pampa-Oeste de Buenos Aires proyecta 382.600 hectáreas, mientras que el Centro de Buenos Aires alcanza una proyección de 188.000 hectáreas.
En el Sudoeste de Buenos Aires-Sur de La Pampa, la superficie prevista llega a 480.400 hectáreas.
En el Sudeste de Buenos Aires, la superficie proyectada asciende a 585.800 hectáreas, mientras que en San Luis se estiman 74.500 hectáreas y en la Cuenca del Salado, 95.800 hectáreas.
Para Otras regiones, la proyección alcanza 3.000 hectáreas, de las cuales ya se implantaron las 3.000 hectáreas, completando el 100 % de la superficie prevista en esa zona.
En comparación con la campaña 2025/26, la superficie nacional proyectada pasa de 2.850.000 a 3.000.000 de hectáreas, lo que representa una expansión del área prevista para el nuevo ciclo.
Trigo: avanza el macollaje y aumenta la encañazón
Mientras avanzan las siembras de los cultivos de verano, el trigo continúa desarrollando sus distintas etapas fenológicas a nivel nacional.
El PAS informa que el 53 % del área se encuentra en pleno macollaje, mientras que otro 41 % se encuentra en encañazón.
El desarrollo fenológico es mayor en el NOA y el NEA, donde el cultivo atraviesa un invierno caracterizado por temperaturas cálidas y pocas horas de frío.
Esta situación genera incertidumbre respecto de los rendimientos que finalmente podrían alcanzarse.
A nivel nacional, el 89 % del área implantada presenta una condición hídrica Adecuada a Óptima, mientras que la condición general del cultivo mejoró 2 puntos porcentuales durante el período analizado.
De esta manera, el 95,9 % del área triguera presenta actualmente una condición de cultivo ubicada entre Normal y Excelente, reflejando un escenario general favorable para el desarrollo de los lotes.
En ambos núcleos agrícolas, el cereal avanza desde el macollaje hacia la encañazón.
Los lotes más adelantados se encuentran próximos a alcanzar hoja bandera y cuentan con una buena disponibilidad hídrica.
Hacia el sur del área agrícola, el desarrollo del cultivo es más lento.
Allí predominan los lotes que todavía se encuentran en pleno macollaje, aunque los perfiles presentan óptima humedad, condición que favorece la continuidad del desarrollo.
Durante los últimos días se registraron heladas en ambas regiones del sur, por lo que el comportamiento de las temperaturas continuará siendo un factor relevante para la evolución del cereal.
En materia sanitaria, se generalizan las aplicaciones preventivas de fungicidas, principalmente destinadas al control de mancha amarilla y roya, enfermedades que requieren seguimiento a medida que avanza la fenología del cultivo.
Toda el área triguera ya fue implantada
La superficie proyectada para el trigo 2026/27 alcanza 6,5 millones de hectáreas, frente a los 6,7 millones de hectáreas de la campaña 2025/26.
El PAS registra el 100 % de la superficie proyectada ya sembrada, por lo que las principales variables de seguimiento pasan ahora por la evolución fenológica, disponibilidad de humedad, estado sanitario y potencial de rendimiento.
Por regiones, el NOA cuenta con una superficie proyectada de 382.200 hectáreas; el NEA, con 551.400 hectáreas; el Centro-Norte de Córdoba, con 547.000 hectáreas, y el Sur de Córdoba, con 241.800 hectáreas.
El Centro-Norte de Santa Fe concentra 587.100 hectáreas, mientras que el Núcleo Norte alcanza 718.000 hectáreas y el Núcleo Sur, 666.900 hectáreas.
El Centro-Este de Entre Ríos presenta una superficie de 506.500 hectáreas; el Norte de La Pampa-Oeste de Buenos Aires, 447.100 hectáreas; el Centro de Buenos Aires, 272.000 hectáreas, y el Sudoeste de Buenos Aires-Sur de La Pampa, 692.200 hectáreas.
El Sudeste de Buenos Aires concentra 760.900 hectáreas, mientras que San Luis registra 11.900 hectáreas, la Cuenca del Salado, 92.000 hectáreas, y Otras regiones, 23.000 hectáreas.
El informe del Panorama Agrícola Semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, elaborado con información relevada al 9 de septiembre de 2026, muestra así un escenario marcado por el avance de la siembra de maíz temprano y girasol, el cierre progresivo de la cosecha de maíz 2025/26 y la continuidad del desarrollo del trigo, con buena disponibilidad hídrica en gran parte del área implantada.
El fenómeno climático se fortalece a un ritmo poco habitual y llegaría a su punto máximo justo cuando arranca la siembra gruesa. La historia agrícola argentina muestra que estos episodios suelen dejar mejores rindes, aunque con matices que cambian mucho según la zona y el cultivo.
Buenos Aires, viernes 11 de septiembre (PR/26)– El clima es una de las variables más determinantes para el campo argentino, y también una de las pocas que ningún productor puede controlar. En un país donde la agricultura depende en gran medida de la lluvia, la disponibilidad y la distribución del agua condicionan de manera decisiva el resultado de cada campaña, junto con otros factores clave como los precios internacionales, los costos y la política tributaria del sector.
Aunque no pueda torcer el clima a su favor, el productor lo sigue de cerca, casi como quien mira el termómetro antes de salir de viaje. Las perspectivas hídricas influyen sobre qué cultivo elegir, cuándo sembrar, qué tecnología aplicar y, en definitiva, sobre cada decisión de inversión que se toma antes y durante la campaña.
Para anticipar el escenario climático de los cultivos de verano, una de las referencias más consultadas es el ENSO —El Niño-Oscilación del Sur—. Sus distintas fases cambian las probabilidades de lluvia y temperatura en buena parte de la región productiva, aunque el efecto no es igual en todas las zonas ni en todos los cultivos. A continuación, un repaso de lo que viene pasando con el fenómeno durante 2026, hacia dónde se dirige la campaña 2026/27 y qué enseña la experiencia de las últimas décadas sobre el vínculo entre El Niño y los rindes.
El Niño vuelve al centro de la escena
Durante 2026, las condiciones del Pacífico ecuatorial cambiaron a una velocidad fuera de lo común. El índice MEI.v2 pasó de -1,03 en febrero-marzo y -0,64 en marzo-abril a +0,27 en abril-mayo, +1,52 en mayo-junio y +2,41 en junio-julio. En pocos meses, el sistema climático saltó de un cuadro típico de La Niña a un episodio de El Niño de alta intensidad.
El último registro disponible se ubica entre los valores más altos de toda la serie histórica y es el mayor observado para un período junio-julio desde 1979, es decir, en casi medio siglo de mediciones.
Y todo indica que el fenómeno todavía no llegó a su techo. En su actualización del 19 de agosto, el International Research Institute for Climate and Society (IRI) mostró una coincidencia notable entre los modelos: para el trimestre octubre-diciembre, 25 de los 26 modelos analizados proyectan anomalías en la región Niño 3.4 iguales o superiores a +2°C, y 15 de ellos las ubican por encima de +3°C. El escenario más probable es que la máxima intensidad se alcance hacia fines de 2026.
Las proyecciones también hablan de persistencia. El IRI le asigna una probabilidad prácticamente plena a que El Niño continúe durante la primavera y el verano, que se mantiene en 97% para marzo-mayo y todavía llega a 78% para abril-junio de 2027. En otras palabras: lo más probable es un Niño muy intenso durante los meses clave de la campaña 2026/27, que podría estirarse —aunque debilitándose— durante buena parte del primer semestre del año siguiente.
La perspectiva histórica ayuda a entender lo particular de este episodio. Desde fines de 1979, las condiciones de El Niño ocuparon apenas una cuarta parte de las observaciones del MEI.v2, y los episodios de mayor intensidad fueron todavía más escasos. Sobresalen especialmente los de 1982/83, 1997/98 y 2015/16. El valor de junio-julio de 2026 ya superó el máximo de 2015/16 y solo queda por debajo de algunos registros de 1982/83 y 1997/98, pese a que el episodio actual recién está en una etapa temprana de su desarrollo.
El comportamiento de 2026 combina, entonces, dos rasgos poco frecuentes: una transición muy rápida desde La Niña hacia El Niño y una intensidad que ya se ubica en el extremo superior de la serie histórica. Si las proyecciones se cumplen, el Niño 2026/27 podría convertirse en uno de los episodios más fuertes de las últimas décadas.
Esto vuelve especialmente relevante pensar en sus consecuencias para la agricultura argentina, porque la mayor intensidad prevista coincide justo con la primavera y el verano, los meses decisivos para la implantación, el desarrollo y la definición de los rendimientos de los principales cultivos. Sin embargo, que el fenómeno sea muy fuerte en el Pacífico no significa que su impacto regional lo sea en la misma proporción. Un Niño más intenso aumenta la probabilidad de que se manifiesten los patrones climáticos típicos de esta fase, pero no garantiza efectos proporcionalmente mayores ni más lluvia en toda la región productiva.
Los pronósticos regionales reflejan justamente esa falta de uniformidad. Las proyecciones del SISSA anticipan una mayor probabilidad de condiciones muy húmedas en distintas áreas del centro y norte de Sudamérica durante la primavera y el inicio del verano, mientras que en la principal región agrícola argentina la señal varía según la zona y el momento del año.
Por eso, entender qué puede significar este episodio para la campaña 2026/27 exige ir más allá de anunciar que se viene un Niño muy fuerte. La pregunta central es otra: ¿cómo respondió, en la práctica, la producción agrícola argentina bajo las distintas fases del ENSO? ¿Qué pasó con los rindes durante Niño y durante Niña, qué tan grandes fueron esas diferencias y hasta qué punto se repitieron entre cultivos y regiones? Esa evidencia es la que permite pasar de la foto climática general a una lectura más concreta del posible impacto productivo.
¿Qué muestra la evidencia para la agricultura argentina?
El vínculo entre el ENSO y el desempeño agrícola argentino no es un descubrimiento reciente: distintos trabajos lo vienen documentando desde hace más de dos décadas. Podestá et al. (1999) encontraron, para la Región Pampeana, que los episodios cálidos suelen coincidir con mayores rendimientos de maíz, mientras que las fases frías se asocian con rindes más bajos; en soja identificaron un deterioro similar durante La Niña. El vínculo estaría explicado, en buena medida, por las anomalías de lluvia durante la primavera y el arranque del verano.
Otros estudios confirman que la respuesta cambia tanto según el cultivo como según el territorio. Travasso et al. (2003) mostraron que la señal del ENSO sobre los rindes tiene una importante variabilidad espacial dentro de la principal región productiva del país, y de la Casa et al. (2021) hallaron una asociación significativa entre distintos indicadores del ENSO y los rendimientos de maíz y soja en Córdoba, con diferencias entre departamentos.
Más recientemente, AgroENSO —desarrollado por investigadores del CONICET y el INTA— sistematizó 35 años de información productiva y climática, y volvió a confirmar una respuesta diferenciada según la fase del ENSO, el cultivo y el territorio. Sus resultados marcan una relación clara para maíz y soja, y muestran que los promedios generales pueden esconder diferencias importantes entre regiones y departamentos.
A partir de esa base, se construyó un ejercicio propio que replica la metodología de AgroENSO para seis de las principales provincias agrícolas del país. El objetivo no es pronosticar el rinde de 2026/27, sino cuantificar cuál fue, históricamente, el cambio en los rindes esperados cuando una campaña transcurrió bajo condiciones Niño, Niña o neutrales.
¿Qué pasó con los rindes en cada fase del fenómeno?
La evidencia de las últimas 28 campañas muestra una asociación clara entre las fases del ENSO y el desempeño de los principales cultivos de verano. El análisis abarca 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero, sobre una superficie cosechada promedio de algo más de 18 millones de hectáreas. En ese período se identificaron 10 campañas de El Niño, 12 de La Niña y 6 neutrales.
Tomando en conjunto las seis provincias, los rendimientos se ubican de manera sistemática por encima de su nivel histórico durante los episodios de El Niño, y por debajo durante La Niña. En maíz, la brecha llega en promedio a +10,3% en las campañas Niño y -9,9% en las Niña, una diferencia de 20,2 puntos porcentuales entre ambas fases. En soja total la asociación es todavía un poco mayor: +10,8% durante Niño y -9,8% durante Niña, con una amplitud de 20,6 puntos.
La intensidad también cambia según el tipo de soja. En soja de primera, la diferencia entre Niño y Niña llega a 19,5 puntos porcentuales, mientras que en soja de segunda sube a 27 puntos. Este cultivo tiene, además, un segundo frente de exposición: durante las campañas La Niña no solo cae el rendimiento, sino que también aumenta la proporción del área sembrada que finalmente no se cosecha, que pasa de 1,9% durante Niño a 6,4% durante Niña. En maíz, en cambio, la superficie no cosechada ronda el 21% sin importar la fase del ENSO, lo que sugiere que ahí pesan más factores estructurales —como el destino forrajero o silero— que el clima.
La respuesta tampoco resulta proporcional a la intensidad del índice ONI: la correlación entre el ONI de octubre-diciembre y los rindes es positiva pero moderada, y solo en parte de las series es estadísticamente significativa. De hecho, clasificar las campañas en Niño, Niña y Neutral predijo mejor los rindes fuera de muestra que usar el ONI como una variable continua. Dicho de otro modo: el ENSO funciona mejor como una foto del escenario climático que enfrenta la campaña que como una regla matemática para calcular cuánto va a subir o bajar el rinde.
Una misma señal, con intensidades bien distintas entre provincias
Al abrir los datos por provincia aparece una heterogeneidad considerable. En términos generales se observa un gradiente: mayor sensibilidad en el Litoral y el centro de la región agrícola, y una respuesta mucho más débil en Santiago del Estero. Pero ese patrón no se repite igual para todos los cultivos.
El caso más marcado es Entre Ríos. En maíz, los rindes se ubicaron 18,4% por encima del nivel histórico durante Niño y 20,4% por debajo durante Niña: casi 39 puntos porcentuales de diferencia entre ambas fases. La regularidad, además, es muy alta: 9 de las 10 campañas Niño terminaron por encima del nivel típico, y 11 de las 12 Niña, por debajo. Esto convierte al maíz entrerriano en uno de los casos donde la información del ENSO tiene mayor capacidad para anticipar cómo arranca una campaña.
Santa Fe también muestra una respuesta importante, sobre todo en soja: la amplitud entre Niño y Niña llega a 19,7 puntos porcentuales en soja total, frente a 23 puntos en maíz. Córdoba exhibe una configuración parecida, con una amplitud elevada en soja (22,3 puntos) y algo menor en maíz (17,1 puntos). En Buenos Aires, la sensibilidad aparece más equilibrada entre ambos cultivos: cerca de 21,5 puntos en maíz y 19,7 en soja.
La Pampa presenta un comportamiento más heterogéneo. El maíz muestra una sensibilidad relativamente moderada, con 13,2 puntos de diferencia entre Niño y Niña, pero la soja —y en particular la soja de segunda— responde con mucha más fuerza: en este último caso, la amplitud llega a casi 44 puntos porcentuales, aunque conviene leer ese número teniendo en cuenta que se trata de un cultivo de menor peso relativo en la provincia, desarrollado en el margen occidental del área agrícola.
En el otro extremo aparece Santiago del Estero. El maíz muestra apenas 0,9 puntos porcentuales de diferencia entre Niño y Niña, y prácticamente no se correlaciona con el ONI. También es mucho menor la frecuencia con la que las campañas se comportan en la dirección esperada, en comparación con la región pampeana y el Litoral. La soja conserva una señal algo más visible, pero igualmente débil. Todo indica que la capacidad del ENSO para anticipar condiciones favorables o desfavorables se debilita a medida que uno se desplaza hacia ambientes donde otros mecanismos climáticos pesan más.
La heterogeneidad no se detiene en el límite provincial
Cuando el análisis baja al nivel de departamento, aparece una organización territorial bastante definida: las zonas de mayor y menor sensibilidad tienden a agruparse geográficamente, en vez de repartirse al azar.
En Buenos Aires, el maíz muestra una respuesta particularmente intensa en el norte y nordeste de la provincia: partidos como Mercedes, Suipacha, Baradero, San Nicolás y otros del corredor norte registran caídas de entre 13% y 21% durante las campañas La Niña. Hacia el sudeste y el sudoeste, en cambio, las pérdidas históricas son mucho menores: Balcarce, General Pueyrredón, Tornquist y zonas cercanas se ubican entre 5% y 7% por debajo de su nivel típico. Aun dentro de una misma provincia, la exposición al ENSO puede ser muy distinta.
En Santa Fe, la mayor sensibilidad aparece en varios departamentos del centro y norte provincial —entre ellos 9 de Julio, San Justo, Garay, San Cristóbal y La Capital—, mientras que el sur agrícola muestra respuestas algo más moderadas. En Córdoba, los resultados apuntan a una menor sensibilidad hacia los sectores occidentales y serranos, y una respuesta mayor en el este y el centro-sur. En Entre Ríos, finalmente, el este y el sudeste provincial concentran algunas de las mayores caídas de toda la muestra durante los episodios La Niña.
Este nivel de detalle territorial pide más cautela que los resultados generales. La estimación por departamento incorpora un esquema de regularización o partial pooling hacia la provincia, pensado para reducir el ruido que genera contar con pocas campañas de cada fase. El peso de la información propia de cada departamento es mayor en maíz que en soja, por lo que las diferencias territoriales de maíz admiten una lectura más fina que las de soja, donde conviene quedarse con los patrones provinciales y regionales antes que con rankings entre departamentos puntuales.
Una señal probabilística, no un pronóstico determinístico
Nada de esto implica que una campaña El Niño garantice buenos rindes, ni que una campaña La Niña termine necesariamente mal. Los datos históricos muestran excepciones importantes: la campaña 2023/24, por ejemplo, estuvo asociada a un Niño fuerte y, sin embargo, distintos factores productivos y sanitarios limitaron los rindes de maíz en algunas regiones. El ENSO cambia las probabilidades y las condiciones ambientales que enfrenta el cultivo, pero no determina por sí solo el resultado final.
La regularidad histórica importa tanto como la brecha promedio. En Entre Ríos, 11 de las 12 campañas La Niña terminaron con rindes de maíz por debajo del nivel típico; en Santa Fe fueron 11 de 12, y en Buenos Aires, 10 de 12. La forma correcta de decirlo no es que “La Niña siempre reduce los rindes”, sino que las campañas La Niña estuvieron asociadas, con una frecuencia elevada, a rendimientos inferiores a los esperables una vez descontado el avance tecnológico.
La cautela es todavía mayor al mirar departamento por departamento. La señal general es clara y se sostiene con distintos métodos de análisis, pero no todos los resultados locales tienen la misma solidez. Con un criterio exigente para evitar diferencias que sean pura casualidad, el método original de AgroENSO no permite señalar departamentos específicos con total confianza. Otros enfoques estadísticos, y los intervalos de incertidumbre, respaldan el patrón en muchos casos, aunque las diferencias chicas entre localidades no deberían leerse como un ranking exacto de sensibilidad.
Apreciaciones finales
La evidencia histórica deja una primera conclusión clave para la campaña que empieza: la presencia de El Niño mejora de manera significativa el punto de partida estadístico de los principales cultivos de verano, pero esa mejora no es pareja ni funciona como una garantía de buenos rindes. En las seis provincias analizadas, las campañas Niño se asociaron de forma sistemática con rindes superiores a los de La Niña, aunque el tamaño de esa diferencia cambia bastante entre cultivos y territorios. La señal es especialmente fuerte en soja de segunda y en distintas zonas del Litoral y la región pampeana, y se debilita hacia ambientes como Santiago del Estero.
La segunda conclusión es que el tamaño anunciado del fenómeno no debería traducirse mecánicamente en una expectativa de rindes excepcionalmente altos. Los resultados muestran que la fase del ENSO aporta más información que la intensidad puntual del ONI: saber que la campaña transcurre bajo condiciones Niño ayuda a inclinar las probabilidades, pero un Niño de +2 o +3 no implica necesariamente el doble de beneficio que uno más moderado. Importan, además, la distribución en el tiempo y el espacio de las lluvias, las temperaturas en los momentos críticos, el agua disponible en los perfiles al arrancar la siembra, y todos los demás factores agronómicos y sanitarios que entran en juego durante la campaña.
Lo que sí cambió de manera sustancial en las últimas décadas es la cantidad de producción expuesta a esa diferencia climática. Aplicando las brechas históricas estimadas a una escala productiva similar a la de las últimas campañas, un escenario Niño podría significar para la Argentina alrededor de 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja respecto de los rindes típicos. A precios FOB de USD 240 y USD 500 por tonelada, respectivamente, ese diferencial de producción rondaría los USD 4.000 millones.
El Niño 2026/27 es, en definitiva, una señal favorable para la agricultura argentina, pero no un cheque en blanco. Si el episodio evoluciona como anticipan hoy los modelos, y sus efectos regionales se parecen a los observados históricamente, las probabilidades van a estar inclinadas hacia mejores rendimientos en buena parte de la región productiva. Cuánto de ese potencial se transforme finalmente en toneladas va a depender, como siempre, de dónde y cuándo llueva.
Un estudio de Elizade & Riffel halló que aún con la actual relación grano/novillo muy favorable, hay ciertos alimentos que pueden dar resultados pobres o negativos. Cómo inciden el costo del concentrado proteico y el sistema de suministro en feedlots de pequeña y mediana escala.
Buenos Aires, viernes 11 de setiembre (PR/26) .- Con una relación maíz/novillo muy favorable (56 kg novillo por ton maíz en 2026 vs 102 promedio en diez años) muchos engordadores pequeños y medianos utilizan cada vez más raciones con grandes cantidades de grano entero y concentrado proteico; y las ofrecen mediante autoconsumo ya que se requiere menos personal.
Juan Elizalde y Sebastián Riffel.
En este contexto, la consultora Elizalde & Riffel presenta los resultados económicos de animales livianos con cuatro planteos de terminación: 90% de maíz-concentrado proteico y 68% de maíz-afrechillo, distribuidos mediante autoconsumo o en forma diaria.
Un ejercicio que pone en evidencia dónde está la trampa del maíz barato en feedlots de escalas limitadas para diluir costos fijos.
Es decir, lo que se buscó es dilucidar si la ventaja del actual precio del grano sumada a la reducción de los costos operativos del autoconsumo mejora el resultado por cabeza, algo clave en un negocio de márgenes muy finitos.
Los modelos
Se compararon distintos modelos de feedlots pampeanos de 500 a 2.000 cabezas/año que engordan animales livianos:
– Silos autoconsumo con ración de 90% maíz entero + 10% concentrado proteico comercial.
– Silos autoconsumo con ración seca de 68% maíz entero + 28% pellet trigo + 4% premix terminación pelleteado.
– Suministro diario dos veces por día (mañana y tarde) en comederos con lectura diaria. Ración 90% maíz entero + 10% concentrado proteico comercial.
– Suministro diario dos veces por día (mañana y tarde) en comederos con lectura diaria. Ración seca con 68% maíz entero + 28% pellet trigo + 4% premix terminación pelleteado.
Dar de comer
Los costos operativos fueron calculados considerando la diferencia en el tiempo efectivo de trabajo del personal y en los gastos de combustible y mantenimiento de maquinaria entre los métodos de ofrecimiento.
Costo de autoconsumo vs suministro diario con maíz-concentrado proteico vs maíz-afrechillo, para distintas escalas de feedlots.
Tal como se ve en el gráfico, el costo operativo del sistema de autoconsumo con maíz y concentrado proteico es levemente menor (4%) al autoconsumo con maíz-afrechillo debido a que hay que mezclar menos ingredientes.
Por otra parte, los costos del autoconsumo son inferiores (12%) comparados con el suministro diario (con ambos tipos de raciones) para las escalas menores, aunque esto se revierte en las superiores a 1.000 cabezas. Esto último se debe a que es necesario preparar la ración en un mixer y distribuirla en los silos con un chimango, lo cual requiere más personal.
Con estas consideraciones, se confirma la presunción del productor: alimentar con silos de autoconsumo es más económico para escalas chicas de 1.000 cabezas o menos.
Sin embargo, esto no significa que se trate de un sistema de mejor resultado económico por kilo producido ya que se debe tener en cuenta también el costo de ambos tipos de raciones.
Mirando el todo
Los resultados económicos fueron simulados asumiendo que la eficiencia de conversión es la misma en los dos tipos de alimentos. En tal sentido, existen evidencias de que las raciones menos concentradas (maíz 68%) ofrecidas en forma diaria tienen eficiencias similares a las más energéticas (maíz 90%), dado que estas generan potencialmente más riesgos de acidosis.
En cuanto a las categorías de engorde, se modelizaron animales livianos (machos y hembras de 180 a 320 kg) y los precios de compra y venta fueron fueron $/kg 6.250 y $/kg 5.300, con gastos comerciales (incluyendo fletes y comisiones) del 6 y 3%, respectivamente.
El costo de la ración fue calculado en función de los precios actuales (fines de agosto 2026), considerando el maíz propio (VNR=precio pizarra – gastos comerciales) y el resto de los componentes a valores de mercado. De este modo, ese costo en base seca fue de $/ton 351.278 para maíz + concentrado proteico y de $/ton 319.354 para maíz + afrechillo.
Por lo tanto, la ración elaborada con tres ingredientes (maíz + afrechillo trigo pelleteado + premix pelleteado) es un 10% más barata que la mezcla maíz + concentrado proteico.
La pregunta es cuánto impacta este ahorro en el margen bruto por cabeza.
Margen bruto de categorías livianas. Autoconsumo vs suministro diario combinado con maíz + concentrado proteico vs maíz + afrechillo, para distintas escalas.
Ración casera, clave
El margen bruto promedio fue de $/cab 4.690 para la ración maíz + concentrado proteico y $/cab 32.127 para maíz + afrechillo, datos que surgen de resultados negativos o levemente positivos. Sin embargo, el tipo de ración hace más negativo el negocio cuando se opta por maíz + concentrado ya que el cambio por maíz + afrechillo genera $/cab 27.437 de diferencia, independientemente de la forma de suministro.
El sistema de alimentación, en cambio, tiene menor relevancia ya que pasar de autoconsumo a oferta diaria genera, en promedio, una diferencia de tan solo $/cab 5.386 ($21.112 versus $15.715 para autoconsumo y suministro diario, respectivamente).
Esto demuestra que el resultado económico depende más del tipo de ración que del método de suministro.
Otro cuestión importante, como se dijo más arriba, es que la escala tiene una gran incidencia en el margen bruto. Para encierres de 500 animales, la ración maíz-concentrado en autoconsumo, la más utilizada por el productor, genera márgenes negativos siendo la ración maíz-afrechillo la única que da positivo.
En concreto, si se quiere mejorar el margen económico (o acotar la pérdida como en este último caso) hay que elegir la ración en primera instancia y luego el sistema para ofrecerla, ya que este punto es menos relevante.
Con maíz barato y caro
Esta conclusión acerca de la conveniencia de la ración casera para escalas chicas y medianas se repite en forma consistente durante los diez años en que Elizalde& Riffel han llevado este seguimiento.
La diferencia en el margen bruto (en u$s/cab) entre la ración maíz-afrechillo respecto de la de maíz-concentrado proteico durante el período 2017 a 2026, resulta de u$s/cab 20 promedio ($/cab 30.400 valor actual). Es más, aun con las variaciones del precio del maíz y otros ingredientes entre años, las diferencias son siempre favorables para la ración maíz-afrechillo.
Diferencias en u$s/cab en el margen bruto entre raciones basadas en maíz-afrechillo versus maíz-concentrado proteico.
Así las cosas, para un encierre de unas 1.000 cabezas, la diferencia entre elegir una ración u otra a lo largo de 10 años ascendería a u$s200.000. Es plata que queda en el bolsillo del productor.
Para tener en cuenta
Las raciones basadas en grandes cantidades de maíz y concentrados proteicos generan resultados pobres o negativo para feedlots de 500 a 2000 cab/año, independientemente del sistema de suministro, incluso en tiempos de granos baratos.
La mejor combinación para estos encierres es fabricar una ración simple a campo con componentes secos y luego ofrecerla en silos de autoconsumo, si la escala es de hasta 1.000 cab/año o en forma diaria si se sobrepasa esa cantidad.
Por: Ing. Agr. Juan C. Elizalde, Ph.D. Ing. Agr., M. Sci. Sebastián L. Riffel Redes: @elizalderiffel Trabajo realizado en el marco de un convenio con Phibro Animal Health