Buenos Aires, lunes 12 enero (PR/26) — Tras más de 25 años de negociaciones, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea comienza a transitar su etapa final y genera expectativas en distintos sectores productivos.
En el caso de la cadena de ganados y carnes, el consultor ganadero Víctor Tonelli aseguró que el impacto para la Argentina será claramente positivo, especialmente en términos de acceso al mercado europeo y reducción de aranceles.
“Es una enorme alegría después de tantos años de idas, vueltas y frustraciones. Si bien todavía quedan instancias burocráticas y de aprobación, la sensación es que el acuerdo ya está cerrado. Si la comisaria europea viene a firmar a Paraguay, es porque políticamente está definido”, señaló Tonelli en diálogo con Valor Agro Argentina.
Impacto inmediato en la carne vacuna
Al analizar el capítulo ganadero, Tonelli destacó como primer beneficio concreto la eliminación del arancel para la Cuota Hilton.
“Una vez que se ponga en marcha el acuerdo, el arancel de la Cuota Hilton baja del 20% al 0%. Estamos hablando de casi 30.000 toneladas. Traducido en números, esto implica un beneficio directo e inmediato de al menos 6 millones de dólares para la Argentina”, explicó.
A esto se suma una nueva cuota adicional otorgada por la Unión Europea al Mercosur.
“Es una cuota de 100.000 toneladas equivalente res con hueso, que en productos finales son unas 66.000 o 67.000 toneladas, a repartirse entre los cuatro países del bloque. Es incremental: arranca con unas 12.000 o 15.000 toneladas y llega al total en cinco años”, detalló.
La clave, subrayó Tonelli, es el nivel arancelario: “Esa cuota entra pagando solo un 7% de arancel, contra más del 50% que hoy paga cualquier carne fuera de cuota en Europa. La diferencia es enorme”.
Un cambio de posicionamiento internacional
Para el consultor, el acuerdo también coloca al Mercosur en una nueva posición estratégica frente al mundo.
“Durante 40 o 50 años, el Mercosur prácticamente no firmó acuerdos relevantes de libre comercio y además limitó a los países miembros a hacerlo de manera individual. Este es el primer acuerdo verdaderamente importante que logra el bloque”, afirmó.
En ese sentido, remarcó que el entendimiento con la Unión Europea acerca al Mercosur a las condiciones que ya tienen países como Chile o Marruecos: “Nos posiciona como bloque regional en igualdad de condiciones comerciales”.
Las objeciones europeas y la salvaguarda agrícola
Consultado sobre las preocupaciones de ganaderos europeos, especialmente en países como España y Francia, Tonelli fue contundente.
“A muchos productores europeos alguien les hizo creer que en Argentina usamos promotores de crecimiento o drogas prohibidas, cosa que no es cierta. Eso está prohibido y controlado. Cuando haya reclamos formales, Argentina y el Mercosur van a poder demostrar que esas acusaciones no tienen sustento”, aseguró.
También se refirió al Reglamento 1115-2023 de UE y las exigencias ambientales.
“Europa aprobó normas muy rimbombantes, pero cuando bajaron a la letra chica no sabían cómo definir un bosque, qué satélites usar ni cómo validar la información. Por eso hubo postergaciones y seguramente habrá revisiones. Hoy no es un tema de preocupación central”, explicó.
“No es momento de buscar la piedra en el zapato”
En conclusión, Tonelli llamó a poner el foco en los aspectos positivos del acuerdo.
“Antes de mirar la piedra en el zapato, levantemos el pie y festejemos. Para la cadena de ganados y carnes, hasta ahora, todas las noticias son favorables”, concluyó.
Fuente: Valor Agro: Escucha Víctor Tonelli. Consultor de ganados y carnes
Por Mariano Cirio | Lartirigoyen S.A – Docente de AgroEducacion
Durante años, el agro argentino fue un reflejo del país: un negocio de oportunidades, de reflejos rápidos y decisiones financieras. Hoy, el tablero cambió. La estabilidad macroeconómica parece haber llegado —al menos por un tiempo—, pero vino acompañada de rentas más bajas y márgenes más ajustados. En este nuevo contexto, donde ya no alcanza con comprar bien, la pregunta es otra: ¿qué puedo controlar y qué no? El clima, los precios o las reglas del juego siguen fuera de nuestro alcance.
Buenos Aires, 6 de enero (PR/26) .- Pero incluso en esas variables externas, hoy existen herramientas que nos permiten gestionar el riesgo con inteligencia: modelos climáticos de alta precisión que orientan decisiones de manejo, seguros multirriesgo más sofisticados, y coberturas de precios que cobran sentido cuando se conoce con exactitud el costo por tonelada producida. En definitiva, el contexto no se controla, pero la exposición al riesgo sí se puede administrar.
Del instinto al dato
La gestión moderna del agro dejó de ser un ejercicio de intuición para convertirse en una disciplina de precisión. Hoy, el productor que mide, analiza y actúa a tiempo es el que logra sostener su rentabilidad en un mercado estable, pero sin viento de cola. La tecnología nos permite hacerlo. Drones que mapean variabilidad y aplican con exactitud quirúrgica. Inteligencia artificial (IA) que anticipa plagas, optimiza la nutrición y sugiere el momento ideal de aplicar o cosechar.
Cada hectárea tiene una historia distinta y ahora podemos escucharla en tiempo real. Esa información —que antes estaba dispersa— hoy se integra en tableros, sensores, imágenes satelitales y plataformas colaborativas. La decisión ya no se toma mirando el cielo: se toma mirando los datos.
La nueva ventaja competitiva
En esta nueva etapa del negocio agrobioindustrial, eficiencia es sinónimo de rentabilidad sostenible. Se trata de hacer más con menos, de transformar cada litro de gasoil, cada kilo de fertilizante o cada hora de trabajo en el máximo valor posible. La eficiencia técnica busca mejorar la respuesta del cultivo con precisión.
La eficiencia económica, conocer el costo real por tonelada y el retorno de cada insumo. Y la eficiencia temporal consiste en actuar en el momento justo: porque no gana el que compra más barato, sino el que compra mejor.
Casos concretos lo demuestran: reducciones del 15% en dosis sin pérdida de rinde, ahorros logísticos del 10% y márgenes 7% mayores por manejo sitio-específico. La diferencia no está en el precio, sino en el uso inteligente.
Tecnología que atrae y transforma
El campo vive una paradoja hermosa: mientras algunos creen que la digitalización lo aleja de su esencia, en realidad lo está acercando a nuevas generaciones. Los drones, las plataformas de datos y la IA son también un gancho social: los chicos vuelven a mirar al agro con curiosidad, con la sensación de que hay ciencia, desafío y propósito. La agricultura digital no reemplaza al talento humano: lo amplifica. Permite integrar disciplinas, conectar al asesor con el productor, al productor con la industria y a toda la cadena con el consumidor. El resultado es un ecosistema más inteligente, colaborativo y trazable.
Una cadena, un sistema
Ya no hablamos solo del “campo”. Hablamos de la cadena agrobioindustrial, donde la eficiencia no termina en la tranquera: continúa en el molino, en la fábrica de alimentos, en la logística y hasta en la góndola. La trazabilidad, el carbono, la calidad y la transparencia son nuevas monedas de valor. Ser eficiente no es solo gastar menos, sino entender cómo cada decisión local impacta en el sistema global. Esa mirada integral es la que diferencia al productor del empresario agroindustrial.
El contexto ya no se anticipa; se gestiona. La planificación rígida dio paso a sistemas flexibles, que aprenden y se ajustan en tiempo real. La resiliencia dinámica —apoyada en datos, automatización e inteligencia artificial— se volvió la nueva ventaja competitiva. Porque en esta era del agro moderno, no gana el que más sabe, sino el que más rápido aprende. El futuro no será del que gaste menos, sino del que use mejor.
Fuente: Mariano Cirio | Lartirigoyen S.A – Docente de AgroEducacion
La ganadería argentina llega a 2026 con precios históricamente altos, buena rentabilidad y una demanda internacional que, aun con ajustes, sigue firme. No es mérito del Estado: es resultado del mercado y de años de resiliencia productiva. La pregunta clave es otra: ¿va a acompañar el Gobierno este momento o va a dejar que se diluya, como tantas veces?
Buenos Aires, 5 de enero (PR/26) .- Porque el problema de la ganadería nunca fue la falta de potencial, sino la falta de políticas consistentes.
El primer punto es obvio: la presión impositiva. No se puede hablar de inversión ganadera de largo plazo con derechos de exportación vigentes, impuestos distorsivos y tasas locales que no vuelven en servicios. Un ejemplo concreto: productores que pagan tasas viales “para mantenimiento de caminos” y siguen sacando la hacienda por caminos intransitables. Eso no es presión fiscal: es un sobrecosto que destruye competitividad. Si el Estado no puede bajar impuestos de golpe, al menos debería poner un cronograma claro y cumplirlo.
El segundo eje es el crédito. La ganadería no se financia en 180 días. Retener vientres, mejorar genética o subir peso de faena requiere años, no meses. Hoy, salvo excepciones, el crédito no acompaña el ciclo biológico. Sin líneas a 5 o 10 años, con tasas razonables y períodos de gracia, el mensaje es claro: inviertan, pero arréglense solos. Así no hay salto productivo posible.
Pero donde el atraso ya roza lo absurdo es en los últimos tres puntos, los más urgentes.
Infraestructura rural: no hablamos de autopistas, hablamos de caminos básicos. Cada lluvia fuerte paraliza zonas productivas enteras. La mercadería no sale, el costo logístico sube y la competitividad se pierde antes de llegar al frigorífico. El Estado cobra, pero no ejecuta. Y nadie rinde cuentas. Sin control y sin obras, cualquier mejora de precios se licúa en el barro.
Sanidad e informalidad: Argentina quiere vender carne de mayor valor, pero convive con doble estándar sanitario y una informalidad que limita el acceso a mercados exigentes. Mientras competidores avanzan en trazabilidad y certificaciones, acá todavía se discute si controlar es “molestar al productor”. No: controlar bien es habilitar mejores precios. Un SENASA técnico y ágil no es un costo, es una ventaja competitiva.
Inserción internacional y previsibilidad: el caso China fue una advertencia. Se evitó un daño mayor, pero dejó en claro el riesgo de depender de un solo mercado. Estados Unidos, Asia y la Unión Europea están ahí, pero requieren diplomacia comercial activa y continuidad. Y puertas adentro, una sola condición: nunca más cierres ni cupos a la exportación. El productor invierte hoy si sabe que mañana no le cambian las reglas.
La conclusión es simple y dura: la ganadería ya hizo su parte. Produce, invierte cuando puede y responde cuando el contexto acompaña. Ahora le toca al Estado. No con discursos, sino con menos impuestos distorsivos, crédito real, caminos transitables, sanidad seria y reglas estables.
La oportunidad está servida. Si se vuelve a desperdiciar, no será por culpa del campo.
La desaceleración de las compras chinas y las excelentes perspectivas productivas en Sudamérica cambian el pulso del mercado agrícola. En Argentina, el buen estado de los cultivos y las proyecciones de cosechas abundantes en soja, maíz y trigo reordenan precios, estrategias comerciales y expectativas para los próximos meses.
Rosario, Santa Fe, viernes 2 enero (PR/26) — El mercado internacional de granos atraviesa un cambio de escenario. El entusiasmo que semanas atrás generaban las compras chinas de soja estadounidense comenzó a diluirse, mientras el foco se traslada nuevamente a Sudamérica, donde el clima acompaña y refuerza las expectativas de una campaña muy voluminosa.
“Las compras chinas avanzan, pero el mercado empieza a dudar de que se llegue a las 12 millones de toneladas comprometidas. Además, muchos de esos embarques se concentran en un período en el que Brasil ya tendrá soja nueva disponible, lo que presiona a la baja los precios del poroto sudamericano, incluida la soja argentina”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Los fondos especulativos reflejan este cambio de humor: tras una posición inicialmente muy comprada en soja, comenzaron a desarmar posiciones, en línea con un mercado que anticipa mayor oferta. En paralelo, las estimaciones privadas vuelven a ubicar la producción sudamericana cerca de 180 millones de toneladas, apoyadas en una normalización del clima tras algunas demoras en la siembra.
Cultivos bien implantados y alto potencial productivo para el país
En el plano local, las lluvias en el norte del país impulsaron con fuerza la siembra, mientras que en el centro y sur los pronósticos algo más secos ponen el foco en un enero clave para definir rindes. Aun así, el estado general de los cultivos es muy favorable.
“Hoy los cultivos en Argentina se ven muy bien. Más allá de algunas dudas climáticas hacia el sur, el nivel de humedad es mayoritariamente óptimo y sostiene expectativas de rindes elevados”, señaló Romano.
En soja, la siembra nacional alcanzó el 75,5% del área, casi 10 puntos por debajo del año pasado, pero en línea con el promedio histórico. El 96% de los lotes presenta condición hídrica óptima, especialmente tras las lluvias en el norte. Los pronósticos mantienen aportes para el centro-norte del país, aunque con menores registros hacia el sur.
“Con una Sudamérica bien abastecida y China comprando con más cautela, el mercado empieza a anticipar un escenario de precios más presionado para la soja, aun cuando la producción argentina muestra un muy buen potencial”, indicó el especialista.
Maíz: demanda firme y una campaña local muy relevante
El maíz muestra una dinámica distinta. Las compras sobre Estados Unidos siguen a muy buen ritmo y, pese a una producción elevada, los precios internacionales resisten gracias a una demanda activa.
En Argentina, la siembra ya cubre el 77,7% del área, con un avance semanal de 8 puntos. Si bien está levemente retrasada frente al año pasado, se ubica 12 puntos por encima del promedio histórico. El 87% del maíz temprano se encuentra en condición excelente o buena y ya transita su período crítico.
“Con la importante superficie de maíz temprano y lluvias que siguen acompañando, podríamos ver una cosecha cercana a las 30 millones de toneladas en esta primera etapa, lo que limita subas externas. Por eso, precios por encima de los 180 dólares resultan muy tentadores para la campaña nueva”, destacó Romano.
Para el maíz tardío, las mejoras en las lluvias del norte del país abren la posibilidad de alcanzar una producción total cercana a 60 millones de toneladas, siempre que el clima continúe acompañando.
Trigo: mucha oferta, precios atractivos y el desafío de la calidad
En trigo, el mercado internacional vuelve a sentir el peso de la oferta. Rusia definió una cuota de exportación de 20 millones de toneladas, el doble que el año pasado, moderando expectativas de una menor área en el próximo ciclo.
En Argentina, la cosecha avanza al 84,3%, con rindes promedio de 42,9 qq/ha, por encima de los promedios históricos. La recolección ya finalizó en el centro y norte del país y avanza hacia el sur, con un flujo de mercadería que se dirige principalmente a los puertos de Bahía Blanca y Necochea.
“Los precios locales en torno a 180/185 dólares por tonelada empiezan a generar interés vendedor. Con una cosecha tan grande y abundante oferta mundial, son valores que resultan interesantes”, afirmó Romano.
Sin embargo, el especialista advirtió sobre un punto clave: la baja calidad del trigo argentino, especialmente por los bajos niveles de proteína. “Esto implica descuentos de entre 5% y 8% en el precio recibido por el productor y obliga al exportador a buscar destinos forrajeros. Aun así, los altos rindes logrados compensan esos descuentos y le dan sustento económico a estos niveles de precios”.
Argentina tiene en sus suelos uno de sus mayores tesoros, pero durante décadas la agricultura intensiva los ha ido desgastando: erosión, compactación, pérdida de nutrientes y contaminación por químicos son costos invisibles que pagamos todos. Hoy, buena parte de los alimentos se deteriora antes de llegar al consumidor, perdiendo calidad nutricional y valor biológico.
Buenos Aires, 30 de diciembre (PR/25) .- La alternativa existe y es real: la producción agroecológica y orgánica, basada en la regeneración de suelos, el manejo consciente de ecosistemas y la reducción de insumos químicos. No se trata solo de producir menos; se trata de producir mejor, recuperando fertilidad natural, aumentando la resiliencia frente a inundaciones o sequías, generando empleo rural y ofreciendo alimentos más nutritivos, con mayor valor biológico y libres de residuos químicos.
El desafío para Argentina es cambiar la mirada: priorizar la ecología sobre la extracción, aprender a observar la naturaleza y diseñar sistemas de producción que trabajen con ella, no contra ella. Esta transición no solo protege el medio ambiente, sino que hace más rentable y sostenible la producción a largo plazo, incorporando costos que hoy permanecen ocultos y beneficios que rara vez se contabilizan.
Si el país logra internalizar estos principios, podrá liderar un modelo agroalimentario regenerativo, donde la productividad se mida no solo en toneladas por hectárea, sino en suelos vivos, alimentos saludables y resiliencia climática. Producir con la naturaleza no es solo deseable: es la gran
oportunidad para que el campo argentino vuelva a ser próspero, sostenible y humano.
La negociación con los gobernadores fue un test match para los nuevos protagonistas de la gestión.
Por Nelson Castro
Buenos Aires, lunes 29 diciembre (PR/25) — Fue un viernes muy, pero muy intenso. En realidad, fue una Navidad intensa. No hubo mucha paz en los espíritus ni del Gobierno ni de la oposición. Sesionar un 26 de diciembre es algo extraordinario para los legisladores.
Esta vez les tocó a los senadores.
Seguramente la mayoría de ellos no conoce cómo eran las cosas cuando la Argentina daba sus primeros pasos como república luego de la sanción de la Constitución Nacional.
En aquellos años de turbulencia y épica el período ordinario de sesiones del Congreso se extendía desde el 1° de mayo hasta el 30 de septiembre.
Esta sesión significó un test match para Patricia Bullrich.
En lo formal, era su debut como jefa del bloque del oficialismo. Pero en los hechos, su rol en el cuerpo va mucho más allá de eso. Ella ha pasado a ser la articuladora entre la Cámara Alta y el Poder Ejecutivo.
Esto es consecuencia directa del aislamiento total en el que navega la gestión de Victoria Villarruel. Emana hacia ella un profundo sentimiento de desprecio por parte de los hermanos Milei.
Aquella frase referida al Presidente que pronunció durante el reportaje con Jonatan Viale le valió el destierro de las arenas del poder. Por si alguien no lo recuerda, la vicepresidenta dijo que el pobre Milei era un “jamoncito” entre su hermana Karina y ella.
Curita. | Pablo Temes
La aprobación del presupuesto es una exigencia del Fondo Monetario Internacional. Pero, antes de eso, hay que decir que es una necesidad del país. El condimento extra es que se trata del primer presupuesto redactado de puño y letra por la administración libertaria ya que, en los últimos dos años, Javier Milei gobernó con presupuestos prácticamente ajenos y sin la aprobación del Congreso.
El presupuesto es una herramienta esencial que ordena y da previsibilidad más allá de los errores y desvíos. Este es un punto que el Presidente tuvo en cuenta en sus expresiones durante el reportaje que le concedió a Luis Majul el domingo pasado. Claramente hubo una voz –o varias– que le advirtió de la inconveniencia de aplicar un veto a lo votado por el Congreso.
Esas voces vinieron no sólo desde fuera sino también desde adentro del Gobierno. Los votos conseguidos fueron producto de la negociación. De entre ella, la más ardua fue la de Diego Santilli para quien, la aprobación del proyecto de ley de Presupuesto representa una prueba interna y externa.
En lo interno está en juego su capacidad y eficacia en la negociación con los sectores dialoguistas. En lo externo, por su parte, su credibilidad.
El problema más importante que tuvo Guillermo Francos a lo largo de toda su gestión como jefe de Gabinete fue la validez de sus promesas. Para ponerlo blanco sobre negro: Francos llegaba a acuerdos con los opositores en los que enunciaba a sus eventuales interlocutores –en este caso, gobernadores– diversas promesas que después nunca se cumplían.
Santilli, quien estuvo presente en el largo, tedioso y vacuo debate de los senadores, tiene el desafío de hacer que sus promesas se transformen en hechos. En su mensaje en la red X se encargó de resaltar “el coraje de los diputados, senadores y gobernadores que entendieron que el país cambió”.
Entre los senadores peronistas que votaron positivamente estuvieron: Guillermo Andrada de Catamarca, y Sandra Mendoza, de Tucumán. Habrán sido producto de un aporte del Grupo JaJa, integrado por los gobernadores Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, como muy ocurrente y agudamente lo definió nuestro colega Federico Mayol.
El ministro del Interior es, desde el punto de vista político, uno de los ganadores de este capítulo. “No dejó nada librado al azar, una derrota lo hubiera dejado rengo dentro y fuera del gabinete” –reconocieron en su entorno.
La otra, claramente, es Patricia Bullrich. El Presidente quien, consciente de lo que se jugaba, estuvo atento durante todo el día, no demoró un minuto en celebrar en la red X lo que, sin dudas, es un gran triunfo del Gobierno.
“Somos una montaña rusa de emociones. Hace menos de 10 días cuando Diputados le dio media sanción al proyecto, los ánimos venían muy abajo por no haber podido derogar la ley de discapacidad y de financiamiento universitario.
Hoy la historia es otra, pero deberíamos ser un poco menos ciclotímicos” –reconoció un libertario que no salía de su asombro. No le falta razón, por aquellas horas hasta corrió la versión del veto como un reguero de pólvora.
El PRO es el otro espacio político que ha ido rifando parte de su capital fagocitado por la ola violeta. Del radicalismo mejor ni hablar.
La falta de líderes capaces de ofrecer una alternativa seria al oficialismo es un problema que, más pronto que tarde, afectará a la dirigencia responsable que cree en la alternancia como llave para una democracia sana.