Ene 23, 2026 | Especial, Opiniones
Frente a la circulación de versiones que hablan de una “crisis profunda” en la vitivinicultura, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines desmiente que el sector atraviese una situación de colapso y advierte sobre operaciones especulativas en la previa de paritarias
Buenos Aires, 23 de enero (PR/26) .- En los últimos días crecieron las noticias que dan por sentado que la vitivinicultura argentina está “en rojo” y atravesando una crisis profunda. Si bien la actividad enfrenta desafíos derivados de la caída del consumo interno y de un contexto económico complejo, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) expresa su total desacuerdo y entiende que estos factores no constituyen una crisis terminal, sino condiciones que vienen siendo gestionadas y analizadas por los actores del sector.
En este sentido, el reconocido referente de la industria Walter Bressia – presidente de Bodegas de Argentina – afirmó recientemente que “el 2026 va a ser un año de crecimiento mesurado, hay que ser cautos y no perder el foco”, subrayando que la vitivinicultura no está en situación de colapso, sino transitando un proceso en el que se observan señales de repunte y estabilidad relativa tras un período difícil.
Desde FOEVA también se destaca que la caída del consumo no implica necesariamente quiebras generalizadas ni pérdida de empleos, y que situaciones empresariales particulares —como la de algunas bodegas que están en reestructuración o negociación de deudas— deben analizarse como casos aislados y no como diagnóstico de la industria en su conjunto.
“Hasta el momento ni FOEVA ni los sindicatos de base hemos recibido comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas, ni ningún informe oficial que demuestre una caída estructural de la actividad que amerite tal nivel de alarma”, afirma Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA
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Desde FOEVA reconocen que la baja del consumo interno y el contexto económico general generan dificultades, pero remarcan que esto no puede ser presentado como una crisis estructural del sector.
“No nos resulta llamativo que en esta instancia del año el sector empresario instale discursos de crisis profunda. Es parte del folclore de la cosecha, en la previa de la paritaria y del inicio del año productivo propiamente dicho”, señala Romero.
En ese sentido, el gremio advierte que la instalación de escenarios alarmistas suele coincidir con el inicio de las negociaciones salariales, con el objetivo de condicionar las discusiones y limitar los reclamos de recomposición salarial.
“Cuando se habla livianamente de crisis, lo que muchas veces se busca es justificar la falta de voluntad para pagar salarios dignos a los trabajadores y trabajadoras del sector”, agregaron desde la Federación.
Respecto a casos puntuales de grandes bodegas, FOEVA aclaró que no pueden extrapolarse situaciones empresariales individuales a toda la vitivinicultura.
“La situación de Bodegas Bianchi es el resultado de una administración basada en la especulación y con escasa proyección al momento de endeudarse. Incluso la propia empresa ha manifestado que existe una propuesta de regularización de sus deudas, lo que demuestra que no se trata de un escenario de derrumbe generalizado, sino de un problema puntual”, explicó Romero.
Asimismo, desde FOEVA manifestaron su preocupación por la falta de un abordaje integral por parte de las autoridades provinciales. “Nos llama la atención que el ministro de Producción de Mendoza, con pleno conocimiento de la realidad del sector, no presente un plan de contingencia ante estas situaciones, más allá de amplificar diagnósticos alarmistas que no reflejan la totalidad de la actividad”, señalaron.
Finalmente, FOEVA ratificó su compromiso con la defensa del empleo, los salarios y la sustentabilidad real del sector vitivinícola: “estamos atentos y en estado de alerta permanente, pero hasta el momento no hemos sido notificados oficialmente de ninguna crisis que justifique el clima que se intenta instalar”, concluyó Romero, y llamó a dar discusiones responsables, basadas en datos concretos y no en operaciones coyunturales que terminan generando incertidumbre innecesaria entre los trabajadores y la sociedad.
Fuente: FOEVA
Primicias Rurales
Ene 21, 2026 | Actualidad, Opiniones
Un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y el INAI analiza el impacto del acuerdo Mercosur–Unión Europea sobre los derechos de exportación y proyecta un fuerte aumento de la producción y las exportaciones agrícolas argentinas hacia 2035, impulsado por mayor previsibilidad y mejores incentivos para el sector.
Buenos Aires, miércoles 21 enero (PR/26) — La reciente firma del Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, tras más de 25 años de negociaciones, abre un nuevo escenario para la agroindustria argentina, con impactos significativos sobre la producción y las exportaciones de cereales y oleaginosas.
Así lo señala un informe conjunto de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y el Instituto Nacional de Asuntos Internacionales (INAI), que analiza en particular los efectos del acuerdo sobre los derechos de exportación (DEX).
El entendimiento introduce un marco comercial más previsible y estable, uno de los principales reclamos históricos del sector agroindustrial.
Entre sus compromisos centrales, se establece que, a partir del tercer año desde su entrada en vigor, la Argentina no aplicará derechos de exportación a los productos destinados a la Unión Europea, con excepciones puntuales para algunas cadenas estratégicas, entre ellas la soja.
En el caso del complejo sojero —que incluye porotos, aceite, harinas, pellets y biodiesel— el acuerdo fija topes máximos a los DEX.
Según detalla el INAI, a partir del quinto año se consolida un límite del 18%, que comenzará a reducirse de manera gradual desde el séptimo año hasta alcanzar un máximo del 14% en el décimo año de vigencia del acuerdo.
El estudio advierte que, en la práctica, resulta poco viable aplicar derechos de exportación diferenciados según el destino de la mercadería, debido a la estructura operativa de las cadenas agroindustriales, donde el impuesto se traslada al precio interno y el destino final del producto no suele conocerse en las primeras etapas de comercialización.
Por ese motivo, el análisis asume que los límites acordados tenderían a influir sobre el esquema general de incentivos del sector.
Para medir los posibles impactos, el informe evalúa tres escenarios prospectivos mediante un modelo de equilibrio parcial del sector agrícola: un escenario base sin acuerdo, uno con reducción de DEX y un tercero que incorpora, además, un cierre gradual de brechas tecnológicas y mejoras de productividad.
Los resultados muestran que hacia la campaña 2034/35 la producción total de cereales y oleaginosas podría pasar de 155 millones de toneladas en el escenario base a 160 millones con la reducción de derechos de exportación, y hasta 173 millones de toneladas en un escenario más dinámico con mejoras tecnológicas.
Los mayores incrementos se observarían en trigo, maíz y soja.
Este mayor nivel de producción se traduciría en un fuerte aumento de las exportaciones. Medidas a precios constantes, las ventas externas del complejo agrícola podrían crecer desde los USD 33.230 millones actuales hasta valores cercanos a los USD 42.000 millones en el escenario de mayor dinamismo productivo.
El informe destaca además que los beneficios del acuerdo no se limitan a la cuestión arancelaria. El compromiso de limitar el uso de mecanismos discrecionales, como los registros o autorizaciones previas para exportar, contribuiría a reforzar la previsibilidad normativa y mejorar la competitividad sistémica del sector.
Si bien los autores aclaran que se trata de ejercicios de simulación sujetos a supuestos técnicos, coinciden en que el acuerdo Mercosur–Unión Europea podría constituir un paso relevante para consolidar a la Argentina como un proveedor confiable de alimentos en los mercados internacionales, en un contexto de creciente demanda global y mayores exigencias regulatorias.
Primicias Rurales
Fuente: Bolsa de Cereales de Buenos Aires e INAI
Ene 20, 2026 | Economía / Economía del Agro, Opiniones
Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, advierte que la sorpresa negativa del informe mensual de oferta y demanda agrícola del USDA presionó fuerte a los mercados, mientras que en Argentina la falta de lluvias en la zona núcleo empieza a sumar incertidumbre, especialmente para la soja.
Rosario, Santa Fe; 20 de enero (PR/26). – La última publicación del informe mensual de oferta y demanda agrícola del USDA generó un fuerte impacto en los mercados agrícolas internacionales, con efectos directos sobre Argentina. El dato más disruptivo llegó desde el maíz: Estados Unidos proyectó una cosecha récord de 432 millones de toneladas, casi 7 millones más de lo que esperaba el mercado, cuando los analistas anticipaban un recorte significativo. La reacción fue inmediata, con una baja abrupta de precios que arrastró al resto de los granos.
“El mercado esperaba un escenario mucho más ajustado y se encontró con una producción récord. Ese desfasaje explica la fuerte caída inicial en Chicago”, explica Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. No obstante, señala que, tras el impacto inicial, comenzaron a aparecer fundamentos que podrían aportar sostén a los valores.
Entre ellos, Romano destaca que “a estos precios vuelve a aparecer la demanda, con exportaciones semanales firmes, y además hay riesgos productivos en Sudamérica que el mercado empieza a mirar con más atención”. En Brasil, la siembra tardía de soja pone en duda el desarrollo de la safrinha de maíz, mientras que en Argentina el clima más cálido y seco en algunas regiones comienza a generar señales de alerta.
El escenario local es seguido de cerca por los operadores. Las lluvias vienen esquivando el norte de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el sur de Córdoba, afectando la condición de los cultivos. “Si bien los niveles productivos siguen siendo históricamente altos, la falta de agua en el centro del país agrega incertidumbre, especialmente para la soja”, advierte Romano. En el caso del maíz tardío, la situación es más heterogénea: el norte recibió lluvias a tiempo, pero el sur de Córdoba continúa comprometido por la sequía.
En soja, el informe mensual de oferta y demanda agrícola del USDA también dejó un sesgo negativo, aunque con cambios más acotados. Se proyectó una producción algo mayor en Estados Unidos y se redujeron las exportaciones, incorporando el impacto de una menor demanda por parte de China. A esto se suma el inicio temprano de la cosecha en Brasil y la expectativa de una producción nuevamente elevada. “El verdadero problema para la soja es el exceso de oferta global que se está configurando; ese es el principal factor de preocupación hacia adelante”, señala el especialista.
El trigo muestra un comportamiento diferente. Aunque el mercado ya digirió la noticia de una cosecha mundial récord 2025/26, en los actuales niveles de precios comienza a aparecer un mayor interés comprador. “Se están cerrando buenos negocios semana tras semana, lo que podría ponerle un piso al mercado”, explica Romano. En Argentina, la cosecha cerró con un récord histórico de 27,8 millones de toneladas, y tras salir de la presión de cosecha, los precios lograron estabilizarse en valores más razonables.
“La buena noticia para Argentina es que a estos precios somos competitivos en el mercado internacional y las exportaciones vienen muy firmes”, concluye Romano. Sin embargo, aclara que sostener ese ritmo requerirá mantener valores relativamente bajos hasta empalmar con el próximo ciclo.
En síntesis, el golpe inicial a los precios del maíz podría encontrar compensaciones más adelante, pero el foco de atención del mercado —y de Argentina— está puesto en la soja, donde la abundancia de oferta global y la evolución del clima local serán determinantes para el rumbo de los precios en los próximos meses.
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Fuente: Universidad Austral – Dante Romano
Primicias Rurales
Ene 17, 2026 | Actualidad, Opiniones
La concreción del entendimiento entre ambos bloques constituye un hito relevante para la inserción internacional de la Argentina y abre un marco de previsibilidad y oportunidades para el desarrollo de las cadenas productivas y agroindustriales
Buenos Aires, sábado 17 enero (PR/26) — Las Bolsas de Comercio y Cereales del país destacan la firma del Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea por parte de los presidentes de los países miembros, un paso significativo en el proceso de integración y cooperación entre ambos bloques y en el fortalecimiento de los vínculos comerciales, económicos y productivos entre las dos regiones.
En este sentido, el acuerdo presenta un potencial significativo para la agroindustria argentina, al ampliar las oportunidades de acceso a mercados y mejorar las condiciones de inserción internacional de las cadenas agroalimentarias, especialmente aquellas orientadas a productos con mayor valor agregado y a destinos de alta exigencia.
Asimismo, el nuevo escenario abre perspectivas favorables para el desarrollo de inversiones productivas, el fortalecimiento de la capacidad exportadora y la consolidación de los complejos agroindustriales, en un contexto que, aun con una implementación gradual, contribuye a ordenar expectativas y a generar incentivos sostenidos para la producción y la industrialización.
Finalmente, desde las Bolsas de Comercio y Cereales del país se subraya la relevancia que este proceso puede tener para el entramado logístico y portuario del país, cuyo desempeño resulta clave para acompañar una mayor integración del país a los flujos del comercio internacional.
La ganadería se verá favorecida.

ROSGAN es el mercado ganadero de la Bolsa de Comercio de Rosario compuesto por 12 operadores. Aguirre Vazquez S.A., Alzaga Unzue S.A., Colombo y Colombo S.A., Cooperativa Guillermo Lehmann, Cooperativa Ganaderos de Ceres, Edgar E. Pastore y Cía., Etchevehere Rural S.R.L., Ferialvarez S.R.L., Gananor Pujol S.A., Ildarraz Hnos., Reggi y Cía, Riboldi S.A,. (RIGRAN).
Primicias Rurales
Fuente: Bolsas / Rosgan
Ene 15, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Especial, Opiniones
Por Luz Mihanovich, directora ejecutiva de Accenture Argentina.
Ciberseguridad financiera en la era de la IA: tres acciones que los bancos pueden comenzar a implementar hoy
Buenos Aires, 15 de enero (PR/26) .- La rápida adopción de la inteligencia artificial está transformando a la banca y desbloqueando nuevas fuentes de valor. Sin embargo, este progreso viene acompañado de riesgos significativos en ciberseguridad, lo que plantea el desafío de encontrar el delicado equilibrio entre velocidad y seguridad mientras aceleran el uso de la IA.
A medida que los ciberdelincuentes se vuelven más sofisticados, los bancos deben cambiar su estrategia. El foco ya no puede estar únicamente en la prevención de amenazas. En cambio, debe evolucionar hacia la construcción de resiliencia, mediante una mejor detección, una respuesta rápida y capacidades efectivas de recuperación.
En este contexto, hay tres acciones clave que los bancos pueden comenzar a implementar hoy. La primera es el uso de gemelos digitales para asegurar el core digital. El sector bancario cuenta hoy con sistemas centrales legados, un entramado de soluciones y actualizaciones acumuladas por décadas, que no están preparados para la era de la IA. El sector avanza con lentitud debido al temor a los riesgos de intervenir su core digital. Para avanzar hacia una modernización segura, los bancos pueden usar gemelos digitales para probar nuevas arquitecturas, validar la efectividad de las medidas de seguridad y asegurar que el core modernizado cumpla con los estándares requeridos de seguridad y desempeño.
La segunda acción clave es proteger la data. Esto implica garantizar el acceso autorizado a los datos, mantener su confiabilidad y asegurar que estén disponibles cuando se necesiten. Los bancos pueden aprovechar la IA para fortalecer los controles de acceso, mejorar el cifrado y optimizar las prácticas de almacenamiento de datos. La inteligencia artificial también puede mejorar de forma significativa la detección de amenazas y los tiempos de respuesta, predecir posibles brechas de seguridad y automatizar protocolos de protección de datos sensibles.
En tercer lugar, los bancos deben construir resiliencia cuántica desde ahora. La computación cuántica avanza a gran velocidad y ofrece a la banca oportunidades transformadoras para optimizar portafolios, acelerar el análisis de riesgos y perfeccionar modelos de pricing. Pero estas mismas tecnologías también representan un riesgo importante: pronto los ciberdelincuentes podrían abusar de computadores cuánticos para romper los métodos tradicionales de cifrado. Por ello, los bancos deben comenzar cuanto antes la transición hacia estándares de criptografía poscuántica (PQC), tanto dentro de sus organizaciones como a lo largo de su cadena de suministro.
Sin embargo, ninguna de estas acciones será suficiente sin una cultura de seguridad sólida. Un estudio reciente de Accenture muestra que solo 33% de los bancos a nivel global integra la ciberseguridad desde el inicio de sus iniciativas de transformación. Con demasiada frecuencia, la seguridad se trata como un aspecto posterior, agregado de manera fragmentada. Los bancos deben construir una cultura donde la seguridad sea percibida como una responsabilidad de todos. Esto requiere un enfoque de aprendizaje permanente, capacitando a los colaboradores en todos los niveles para identificar y reportar posibles incidentes, y dotándolos de políticas y procedimientos claros para su gestión.
Así también, nada de lo anterior se puede realizar sin el apoyo claro del directorio. Dada la complejidad inherente del problema, la velocidad de evolución de las amenazas y la necesidad de inversión continua, la construcción de defensas sólidas exige un patrocinio activo del C-Level, que reconozca la importancia de las tres acciones expuestas y avance con decisión hacia su implementación. Solo así los bancos podrán navegar de forma segura en la era de la inteligencia artificial.
Primicias Rurales
Fuente: JeffreyGroup Latin America Marketing |
Ene 13, 2026 | Actualidad, Opiniones
El agro argentino deja atrás un año atravesado por tensiones climáticas, presión de costos y mercados volátiles, pero también por una aceleración histórica en adopción tecnológica. La digitalización, la trazabilidad y la inteligencia artificial pasan de promesa a requisito para competir en 2026.
Buenos Aires, 13 de enero (PR/26) .- El 2025 cerró como un año bisagra para el agro argentino. No por un único factor, sino por varios: la superposición de las inundaciones en la zona núcleo, algunas sequías regionales, ajustes de márgenes, reacomodamientos en los mercados internacionales y, sobre todo, por un cambio profundo en la forma en que el productor compra, vende y gestiona su negocio.
Lo que hasta hace algunos años era una promesa —la digitalización del campo— hoy es una realidad consolidada, con impacto directo en la productividad, los costos y la velocidad de toma de decisiones.
Un año marcado por tensiones, adopción tecnológica y resiliencia
A nivel estructural, el agro tuvo que navegar un 2025 que combinó presión en los costos, incertidumbre política y cambios en las dinámicas de exportación. Pero, a la vez, fue un año que aceleró comportamientos que venían creciendo en silencio: la adopción tecnológica, la gestión por datos y el uso de nuevas plataformas digitales para comercializar hacienda y planificar inversiones.
Según datos citados por especialistas del sector, el 70% de los productores argentinos ya utiliza alguna herramienta tecnológica para gestionar su negocio (Cámara Argentina de Agtech, 2025). Esta cifra refleja un cambio cultural profundo: el productor dejó de ver la tecnología como “accesorio” y pasó a elegir soluciones que le permiten mejorar tiempos, reducir costos y ganar previsión.
“A través de la tecnología hoy los productores pueden cotizar gratis y sin compromiso de venta, obtener una referencia real de mercado para tomar decisiones estratégicas y gestionar de manera autónoma sus cobros y pagos, brindando mayor previsibilidad financiera”, explica Emilio Herz, CEO de deCampoaCampo, el mercado ganadero digital más grande del país, y agrega: “En medio de un escenario económico desafiante, los productores que logran planificar con información precisa —y no con corazonadas— son los que marcan la diferencia”.
Uno de los movimientos más claros del año fue el crecimiento del comercio digital de ganado. En 2025, productores, consignatarios, frigoríficos e incluso cadenas de supermercados están utilizando marketplaces digitales para operar a distancia, validar información sanitaria y cerrar acuerdos de forma más eficiente.
El mercado digital dejó de ser complementario para convertirse en parte del canal principal de comercialización. Y hay datos concretos que lo respaldan: la plataforma deCampoaCampo —uno de los jugadores más relevantes del ecosistema— ya reporta más de 3.5 millones de cabezas comercializadas y más de 150.000 usuarios registrados en su ecosistema digital.
A ese número se suma un dato clave: en 2025 el crecimiento en volumen operado fue del 40%, el más alto desde la creación de la compañía hace 15 años. “Si bien todos los años crecimos, nunca lo hicimos a este ritmo. Y no solo en volumen: todas las métricas acompañaron ese crecimiento, tanto en usuarios nuevos como en la cantidad de sociedades que operan habitualmente con la plataforma”, explica Pedro López Meyer, Gerente de Planificación, Soporte y Gestión de deCampoaCampo.
Pero el diferencial del último año no estuvo solo en sumar usuarios, sino en la adopción genuina de la tecnología. “Antes muchos productores descargaban la aplicación pero entraban esporádicamente o no la usaban de manera activa. En 2025 eso cambió: los ingresos a la plataforma para consultar precios crecieron más de un 100%, y la autogestión de cotizaciones y compras pasó del 40% al 85%, demostrando que los usuarios se volcaron a manejar de manera autónoma la plataforma”, detalla López Meyer.
El uso de deCampoPagos, la herramienta para la gestión de cada pago de las operaciones, también creció en adopción: prácticamente el 100% de los usuarios activos, tanto productores como transportistas, autogestionan el saldo de sus operaciones.
Estos datos confirman que la digitalización dejó de ser exploratoria y pasó a formar parte de la operatoria diaria del negocio ganadero, con un nuevo estándar: información, trazabilidad, inmediatez, logística y operación, todo dentro de una misma interfaz.
Tecnología, trazabilidad y datos: la agenda que viene
Otro de los ejes del año fue la consolidación de la agenda AgTech en Argentina. El Gobierno y distintos observatorios sectoriales impulsaron iniciativas ligadas a Agricultura 4.0, sensores, automatización, monitoreo remoto, big data y soluciones para ganadería inteligente.
Este marco público-privado aceleró la adopción de herramientas móviles y modelos predictivos. Para el 2026, tres vectores serán determinantes:
1. Trazabilidad obligatoria y mejores estándares. La presión de los mercados internacionales —particularmente en la demanda de carne certificada, baja huella ambiental y mayor control sanitario— obliga a incorporar sistemas de seguimiento digital. Europa, China y Medio Oriente ya dan señales en esa dirección, condicionando precios y cupos.
2. Integración de datos y predicción. Los productores empiezan a centralizar información de clima, genética, sanidad, costos y mercados en plataformas únicas. Esto habilita pronósticos más precisos y decisiones tomadas con menos intuición y más evidencia.
3. Inteligencia artificial aplicada al campo. La IA tendrá un rol transversal en 2026: desde modelos de pricing y análisis de riesgo hasta asistentes que recomiendan cuándo vender, qué insumos comprar o cómo mejorar la performance del rodeo.
Sin dudas, los beneficios que le dan las soluciones tecnológicas a los productores son infinitas: “Cualquier empresa tecnológica que encuentre un problema concreto del productor y logre mejorarle la diaria —ya sea en tiempo, costos o eficiencia— va a ser bienvenida y adoptada rápidamente”, expresa Herz. El desafío, sin embargo, es que la solución tenga idioma de productor: simple de implementar, simple de usar y que le agregue valor.
Muchas soluciones quedan a mitad de camino por falta de usabilidad o por intentar resolver un problema que no es prioritario en la operación diaria. En este contexto, la plataforma se prepara para un salto cualitativo: convertirse no solo en un marketplace, sino en la estructura de procesamiento digital de todas las operaciones del productor, aun cuando hayan sido realizadas fuera del ecosistema de la app.
“En 2026 vamos a permitir que cualquier usuario procese la operación —ya sea que la haya realizado con deCampoaCampo o con cualquier otro canal— dentro de nuestra plataforma”, adelantan desde la empresa. Esto incluye coordinación de transporte, procesamiento de pagos, integración con factoring y gestión del saldo operativo.
El objetivo es claro: que deCampoaCampo funcione como la herramienta que procesa todo lo que entra y sale del campo, agilizando la administración, reduciendo errores y permitiendo al productor tener trazabilidad financiera y operativa en un solo lugar.
2026: un año para decidir
Si el 2025 fue el año de la aceleración, el 2026 será el año de las decisiones estratégicas. Los especialistas coinciden en una agenda mínima que definirá competitividad:
● Más trazabilidad para cumplir normas internacionales.
● Integración de datos para reducir incertidumbre operativa.
● Comercialización digital como eje central del negocio, no como un complemento.
● Automatización y eficiencia para enfrentar márgenes cada vez más ajustados.
● Adopción de IA para mejorar predicción y minimizar riesgo.
La pregunta para el sector no es si la digitalización seguirá avanzando, sino qué tan rápido podrá cada productor sumarse al nuevo modelo productivo que ya domina la actividad.
Sobre deCampoaCampo
Único Mercado Ganadero Digital que le permite a los productores controlar el 100% de su negocio, eligiendo sus propias condiciones comerciales de compra y venta garantizando transparencia y rentabilidad para el productor.
Con 15 años de operación, y el respaldo de Pedro Genta y Cía, consignataria con más de 100 años de trayectoria en el mercado, deCampoaCampo se ha consolidado como una de las cinco empresas que más operan en el país, con más de 3 millones de cabezas comercializadas y un promedio mensual de 40.000 cabezas operadas en todo el territorio.
Además, con su billetera virtual, deCampoPagos, ofrece máxima flexibilidad y control sobre los cobros, permitiendo a los productores acceder a su saldo desde el momento de la carga del lote, realizar pagos de servicios y gestionar plazos de pago de manera eficiente.
Primicias Rurales
Fuente: deCampoaCampo