El IPC de Libertad y Progreso marcó una desaceleración clave en junio. De la mano del orden fiscal y el freno monetario, el índice rompió un umbral psicológico y abre un escenario de estabilidad para el segundo semestre.
Bueno Aires jueves 2 julio (PR/26)–La economía argentina empieza a mostrar señales de una calma largamente esperada. Durante el mes de junio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) medido por la Fundación Libertad y Progreso registró una suba mensual del 1,8%, lo que representa una desaceleración de 0,3 puntos porcentuales en comparación con los registros de mayo.
Este avance consolida tres meses consecutivos de moderación y confirma que el proceso de desinflación sigue en marcha, acumulando un 16,7% en lo que va del año y una variación interanual que se plantó en un 33,4%, una cifra prácticamente idéntica a la del período anterior.
Los motores de los precios y la gran sorpresa del mes

Al mirar bajo el capó de este 1,8%, encontramos dos grandes protagonistas que lideraron los incrementos. Por un lado, Alimentos y Bebidas No Alcohólicas subió un 1,4% mensual, aportando 0,3 puntos porcentuales al índice general.
Por el otro, el rubro Transporte trepó un 2,5% impulsado principalmente por el ajuste en los servicios públicos, equiparando el impacto de la comida en el indicador final.
No se quedaron atrás Vivienda (+2,3%), afectado por el reordenamiento de las tarifas de servicios, y la gran novedad del período: Alcohol y Tabaco. Este último sector experimentó fuertes aumentos concentrados en los cigarrillos, que despertaron abruptamente tras permanecer más de tres meses sin cambios significativos.
El comportamiento de las semanas: de mayor a menor
La dinámica interna del mes tuvo un comportamiento bastante particular, moviéndose como una montaña rusa que fue perdiendo velocidad. En la primera semana, los precios corrieron rápido y alcanzaron un pico del 1% debido a una actualización generalizada en rubros que venían muy rezagados, como Educación, Transporte y Tabaco.
En este tramo, las naftas se mantuvieron estables gracias al buffer implementado por YPF, amortiguando el impacto en los surtidores. Afortunadamente, pasada esa oleada inicial, el ritmo bajó de forma drástica: la segunda semana registró apenas un 0,14% y la tercera se ubicó en 0,52%. Hacia la recta final, el rubro de alimentos volvió a presionar con un salto aislado del 1,6%, logrando que la cuarta semana cerrara con un moderado 0,48%.
La mirada de los expertos: ¿Es sostenible la tendencia?
Para los economistas de la fundación, el quiebre del piso del 2% es un hito de enorme relevancia. Iván Cachanosky, Economista Jefe, destaca que este logro responde directamente al fuerte apretón monetario aplicado desde agosto del año pasado, cuyos efectos están madurando con los rezagos naturales de la política económica.

Además, resaltó el impacto estacional a la baja de la indumentaria en el cierre del mes y anticipó que las perspectivas seguirán siendo favorables siempre que la demanda de pesos continúe normalizándose. Por su parte, Tomás Amerio coincide en que el dato consolida un sendero sólido e invita a proyectar un escenario de inflación persistentemente baja, remarcando que subas puntuales en Comunicaciones (3,2%) o Educación (3,4%) no alteran la solidez del cuadro general.
Sin embargo, el camino no está completamente libre de desafíos. Julián Leandro Neufeld advierte que, si bien junio premia el esfuerzo de una política monetaria y fiscal ordenada, la continuidad de la baja de cara a julio se enfrenta a dos factores de cuidado.

Primero, el desarme del congelamiento de combustibles mantendrá los valores altos por la lógica de los buffers comerciales. Segundo, la devaluación de la moneda superior al 5% registrada en junio podría generar ciertas presiones sobre los productos importados. Con todo, el consenso técnico subraya que los fundamentals económicos están alineados y que el segundo semestre mantendrá la tendencia de fondo hacia la estabilidad.
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Fuente: Fundación Libertad y Progreso
















